Cuando todavía se están digiriendo las noticias sobre el debilitamiento de la economía china y la caída de los precios del petróleo, los problemas de Deutsche Bank en Alemania, y la crisis económica y financiera de Italia, señalan que el descenso a los infiernos de la economía mundial puede ser mucho mayor. Desde todos los rincones del planeta, los factores que amenazan con precipitar una nueva depresión global no dejan de aumentar.

Italia no es Grecia

Las tendencias recesivas globales se han hecho visibles estas semanas con el desplome de las bolsas de todo el mundo, y especialmente de las europeas. De estas últimas, la más afectada ha sido la bolsa de Milán, arrastrada además por la caída abrupta de las acciones de la banca que ha destapado lo que ya era un secreto a voces. A finales de 2015 se hizo público que los bancos italianos tenían 200.000 millones de euros en activos tóxicos, lo que ha desencadenado una batería de acciones para impedir un crack generalizado.

La quiebra de cuatro pequeños bancos italianos el pasado mes de noviembre hizo que 12.500 ahorradores vieran evaporarse todo su dinero. Uno de ellos, un pensionista de 68 años que había perdido los ahorros de toda su vida (110.000 euros), se suicidio y provocó una oleada de protestas contra la banca. El gobierno de Matteo Renzi  intentó detener el malestar con el anuncio de un “fondo de solidaridad” de 100 millones de euros para compensar las pérdidas, una cantidad que sólo cubre una pequeña parte del problema. Dos meses más tarde, el 24 de enero, el gobierno italiano intervino para evitar la bancarrota del Monte dei Paschi di Siena (MPS), el banco más antiguo del mundo, después de que sus acciones cayeran hasta los 50 céntimos. El MPS sólo es uno de los seis bancos italianos que cuentan en sus balances con grandes cantidades de activos tóxicos. Para hacernos una idea de la magnitud del problema basta con decir que la riqueza neta del MPS asciende a 10.000 millones de euros, pero el valor de los préstamos malos del banco asciende a 24.000 millones de euros.

El gobierno también ha llegado a un acuerdo con la UE para un plan de rescate de hasta 200.000 millones de euros para los bancos italianos, además reobtener luz verde a la creación de un “banco malo” en el que los entidades afectadas pudieran volcar todos sus activos tóxicos. A cambio, la UE ha exigido un plan de austeridad similar al que se ha aplicado en Grecia, Portugal o España. Obviamente, la situación de la economía italiana preocupa mucho porque el volumen de su PIB es muy superior al de Grecia (se trata de la tercera economía de la zona euro) y su caída tendría unos efectos desastrosos para la economía europea.

Malas noticias desde Alemania: El Deutsche Bank ahora es un completo desastre

El otro punto oscuro de la economía europea es la crisis que atraviesa el Deutsche Bank (DB), el banco más importante de Alemania y el mayor banco de inversiones de Europa. Después de anunciar que 2015 cerró con las mayores pérdidas de su historia, 6.740 millones de euros, a lo que hay que sumar el despido de 35.000 empleados y el abandono de sus actividades en diez países, los rumores sobre su solvencia se acrecentaron. Aunque a principios de 2016 la dirección del banco emitió un comunicado asegurando que disponía de medios suficientes para afrontar el pago de los intereses de la deuda durante este año y el siguiente, lejos de calmar a los mercados este gesto sólo ha servido para provocar más incertidumbre. El precio de las acciones ha continuado cayendo: si en 2015 cerraron a 22,3 euros por acción, un mes después estaban a 13,82, una caída del 40%.

El problema principal del DB es su altísima exposición a derivados especulativos de dudoso cobro y que ha alcanzado cifras que pueden llevar a su colapso. El dinero que DB tiene por el mundo invertido en operaciones financieras dudosas alcanza los 67 billones de euros, veinte veces el PIB alemán y el 75% del mundial. Con estos datos, a nadie se le escapa que el destino del DB tendrá enormes repercusiones sobre la economía alemana y Europea. Precisamente la magnitud del banco en la economía alemana es lo que lleva a algunos a pensar que el gobierno no permitirá la caída de DB, ya que quiebra no habrá suficiente dinero en Europa para reflotarlo. En definitiva, dejarlo caer provocaría un desastre mayor que el de Lehman Brothers arrastrando detrás a todo el sistema financiero europeo y global.

Pero además de su implicación en la especulación de alto riesgo, el DB ha tenido que pagar 8.000 millones de euros en multas a la UE por prácticas corporativas corruptas, a lo que sumar otros 7.000 millones de euros gastados en los tres últimos años en el pago de abogados y recursos judiciales por las irregularidades y litigios en los que está envuelto ¡sólo en Rusia tiene pendientes más de 6.000 causas judiciales! Ahora debe pagar una multa de 2.500 millones de dólares impuesta por los supervisores financieros de EEUU y Gran Bretaña por haber manipulado durante cuatro años el tipo de interés que se toma como referencia en hipotecas y préstamos, una práctica en la que participaron Barclays, Citigroup, JPMorgan Chase, Royal Bank of Scotland y HSBC entre otros.

Tras la crisis financiera de 2008 muchos se apresuraron a garantizar la solvencia y solidez de la banca europea, pero después de recibir 661.000 millones de euros en ayudas públicas durante estos últimos ocho años (datos de la Comisión Europea), a los que hay que añadir las inyecciones de liquidez del BCE (las expansiones cuantitativas EQ, que superan el billón de euros), regresamos al punto de partida: nada se ha solucionado, aunque las repercusiones que puede tener para la economía europea y mundial son mucho más aterradoras.

Ya no se puede ocultar la realidad putrefacta del sistema financiero europeo. Una realidad que echa por tierra los argumentos con los que los gobiernos del continente han justificado los planes de austeridad y los recortes. Cientos de miles de millones de dinero público se han gastado en rescatar a la banca, mientras los trabajadores hemos pagado un precio sin precedentes en recortes de derechos laborales, desmantelamiento de la sanidad y educación pública y empeoramiento de nuestras condiciones salariales. Mientras Europa condena a 124 millones de personas a vivir en la pobreza, la oligarquía bancaria que nos gobierna ha succionado el patrimonio de todos.


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