¡Continuar la lucha hasta vencer, por la república catalana de los trabajadores y el pueblo!

El sábado 11 de Noviembre una impresionante movilización de más de un millón de personas desbordaba los más de 3,3 kilómetros de la Carrer Marina de Barcelona exigiendo la libertad de los presos políticos. Esta demostración de fuerza representa un salto cualitativo en la lucha contra la represión del Estado centralista y el gobierno del PP.

Las masas quieren ir hasta el final

Millones de personas han comprendido que la aplicación del artículo 155 y la supresión del autogobierno de Catalunya, y el encarcelamiento de los Jordis y los ocho consellers del Govern representan un ataque sin precedentes a los derechos democráticos. Hoy son ellos, mañana, con las mismas excusas que hoy utilizan el PP, Cs y el PSOE para justificar estas medidas autoritarias sería posible enviar a prisión a cualquier activista sindical, juvenil o vecinal, a miembros de la PAH o de las mareas en defensa de la sanidad y la educación públicas, a militantes o dirigentes de la izquierda que osen cuestionar al régimen reaccionario del 78 y su Constitución.

Como en otros momentos de los dos últimos meses, el látigo reaccionario del bloque españolista ha empujado a millones a tomar nuevamente las calles con la misma determinación que ya mostraron el 1 de Octubre, cuando defendieron su derecho a decidir contra la represión salvaje de la policía, o el 3 cuando paralizaron Catalunya con la huelga general. La impresionante manifestación del 11N se produjo sólo tres días después de otra gran jornada de lucha. El 8N, pese a la campaña de calumnias de los medios de comunicación, el miedo esparcido por la patronal y las grandes empresas, y la oposición de los dirigentes de CCOO y UGT a la huelga general, centenares de miles de jóvenes y trabajadores tomamos las calles y protagonizamos decenas de paros, cortes de tráfico y vías de tren, y manifestaciones espontáneas a lo largo y ancho de toda la geografía catalana.

Venezuela y Rusia

Es difícil encontrar precedentes de una movilización sostenida en el tiempo tan potente y masiva, y sus consecuencias se están dejando sentir en el bloque reaccionario monárquico. La campaña de manipulación y mentiras vertidas a todas horas desde los medios de comunicación contra el pueblo catalán no parece tener fin, y a cada paso se hace más grotesca, señalando la deriva autoritaria y antidemocrática del sistema.

Ahora el gobierno, nuevamente con el apoyo del Cs y el PSOE, se saca de la manga que la crisis catalana la han provocado Putin y Maduro, “saturando” las redes sociales con “desinformación” sobre Catalunya. Las portadas y los reportajes en diarios como El País y otros semejantes, rebosan supuestas pruebas de ello, dejando claro que las movilizaciones de masas en Catalunya son el fruto de la intervención de “potencias extranjeras”. Es imposible no comparar estas acusaciones delirantes con las campañas de propaganda que el régimen franquista realizaba acusando al complot judeo-masónico internacional, financiado por Rusia, de estar detrás de las revueltas sociales y las huelgas obreras que desafiaban la dictadura.

Esta campaña culpando al “enemigo exterior” de la crisis política más aguda del Régimen del 78, es una muestra de desesperación. De hecho, ya se está insinuando la posible “injerencia” de Rusia y Venezuela en las elecciones catalana del 21 de diciembre, construyendo así un “relato” que permita cuestionar sus resultados si son desfavorables para el bloque reaccionario.

Malestar y búsqueda de alternativas entre las bases de la izquierda

El 1 y 3 de Octubre, después de que las masas derrotaran mediante su acción directa la represión, en Catalunya se abrió una crisis revolucionaria. La burguesía española, catalana y europea, lo han entendido mejor que muchos dirigentes reformistas de la izquierda. Por eso están aplicando medidas sin precedentes en las últimas décadas. Quieren cerrar esa crisis revolucionaria dando un escarmiento a las masas y borrar la idea de que “sí se puede” desafiar a sus leyes y su Estado.

Los acontecimientos están poniendo a todas las organizaciones a prueba, provocando agrios debates, crisis, e incluso escisiones. El PSOE de Pedro Sánchez y las cúpulas burocráticas de CCOO y UGT, se han arrastrado tras de Rajoy respaldando la aplicación del 155. Despreciando la lucha del pueblo de Catalunya contra la opresión nacional y por la república, las direcciones del PSOE y de CCOO y UGT han ampliado el foso que los separa de los sectores más avanzados de los trabajadores, de la inmensa mayoría de la juventud, y de las capas medias empobrecidas. Su conservadurismo y sus intereses materiales los empujan a fusionarse con el Estado, convencidos de que su destino está ligado a la estabilidad del sistema.

A su vez, fuerzas que se proclaman republicanas y transformadoras como Podemos e IU, en lugar de defender la legitimidad del referéndum del 1-O, explicar claramente a los trabajadores del resto del Estado lo que está en juego y organizar en las calles la lucha contra la represión, han trazado la estrategia de la “equidistancia”, reclamando al mismo Estado y a los mismos poderes políticos que reprimen con saña el derecho a decidir un acuerdo para lograr un “referéndum legal y con garantías”. Desaprovechando la gran oportunidad de vincular la defensa de la república catalana con la lucha por derribar al gobierno corrupto del PP, acabar con los recortes y la austeridad, y abrir paso a la república de los trabajadores en el resto del Estado, los dirigentes de Unidos Podemos han renunciado a contrarrestar de manera efectiva la campaña del nacionalismo españolista.

Por supuesto hay matices y diferencias. Alberto Garzón, coordinador general de IU, es quien más lejos ha llegado. Garzón niega a los dirigentes de ANC y Omnium y los consellers del Govern encarcelados la condición de presos políticos, haciendo incluso afirmaciones de que “sabían a lo que se atenían” y “Puigdemont no se puede ir de rositas”. Esta posición es indigna de alguien que se declara marxista o comunista. La primera tarea de cualquier revolucionario, como decía el Che Guevara, es combatir cualquier injusticia y ataque a los derechos democráticos allí donde se produzca. Presentar al movimiento de masas en apoyo a la república catalana como un movimiento de las élites catalanas es  falsear la realidad.  Los dirigentes del PDeCAT y la burguesía catalana se han visto completamente desbordados por el movimiento, mientras la proclamación de la república catalana es vista por centenares de miles de personas como un paso decisivo para romper con el régimen del 78, acabar con los recortes y avanzar hacia su liberación, tanto nacional como social. 

Decir que la república catalana va contra los intereses de la clase obrera, y que los comunistas no pueden apoyarla, como ha afirmado Garzón, significa una burda manipulación y falsificación de las ideas del marxismo. Éste ha defendido siempre el derecho de las naciones a la autodeterminación, entendido como la lucha contra cualquier intento de mantener a una nación dentro de unas fronteras contra su voluntad, impidiéndole proclamar su independencia si así lo desea.  Las ideas planteadas por Garzón están siendo utilizadas por la burguesía para fomentar la confusión y los prejuicios españolistas dentro y fuera de Catalunya.

Pablo Iglesias ha rechazado mucho más claramente que Garzón las medidas autoritarias del gobierno y el Estado en Catalunya y denunciado la existencia de presos políticos. Pero eso no basta si luego se renuncia a movilizar en las calles contra la represión, a explicar el significado revolucionario de la movilización de las masas por la república catalana y se afirma incluso que el resultado del 1-O es ilegítimo. ¿Qué mayor legitimidad que la de una votación conquistada contra las porras y pelotazos de goma de la policía y donde, además, la participación de 2,2 millones superó a la de las elecciones europeas y el apoyo a la república catalana consiguió más votos afirmativos que el Estatut?

Estas posiciones que anteponen el respeto a la legalidad y al Estado —una legalidad y un Estado heredados del franquismo y que velan por el orden capitalista— frente a la voluntad democrática de la población, representan una renuncia a los principios e ideas que han permitido avanzar a Podemos en los últimos años como alternativa a una socialdemocracia rendida. No en vano Podemos se presentó ante la población como la formación que acabaría con el régimen del 78, que pondría fin a una política anclada en la austeridad, en el paro masivo, la precariedad, y el saqueo de los recursos públicos para beneficiar a la gran banca y las grandes empresas.

Precisamente esta contradicción entre el discurso y la práctica es lo que ha llevado a la escisión de Podemos en Catalunya y la salida del  coordinador general de Podem, Albano Dante Fachin, que ha mantenido ante estos acontecimientos una posición mucho más fiel a los principios originarios de Podemos. El compañero Albano Dante, al tiempo que se ha identificado como internacionalista, ha defendido correctamente que los militantes de Podem debían estar en primera línea de la lucha, primero para celebrar el referéndum del 1 de Octubre, y ahora porque se proclame y ejecute el resultado defendiendo la república catalana contra la represión estatal. Esta posición ha hecho de Dante uno de los dirigentes más aclamados en las movilizaciones de masas en Catalunya.

Desautorizando y minando la labor de Albano Dante, la dirección estatal de Podemos lo ha empujado finalmente a dimitir y abandonar la organización. Este acoso contrasta con la indulgencia mostrada con dirigentes que reproducen los prejuicios españolistas como Bescansa, o en el caso de la confluencia de Podem en Catalunya (Catalunya Si que es Pot) con el dirigente de Iniciativa, portavoz parlamentario y ex secretario general de CCOO, Joan Coscubiela.

Si la dirección estatal de Podemos hubiese tenido una postura de apoyo decidido a las ideas que proponía Albano Dante, hubiera sido mucho más fácil fortalecer el puente entre el movimiento de masas que está luchando por la república y contra la represión del Estado, y sectores de la clase obrera catalana que están contra el PP pero ven con desconfianza el movimiento hacia la república por el papel que en el juegan Puigdemont y los políticos burgueses del PDeCAT. Esta es precisamente la tarea: arrancar la dirección del movimiento de liberación nacional de estos políticos y ligarlo a la lucha por transformar la sociedad y acabar con la opresión de la oligarquía catalana y española.

Entre los militantes de los “comunes”, incluso más aún entre decenas de miles de sus votantes,  existe insatisfacción con la posición mantenida por la gran mayoría de sus dirigentes. Este malestar se ha expresado en los cambios de posición de Ada Colau, en la decisión de  las bases de Barcelona en Comú de romper el gobierno municipal con el PSC en protesta por el apoyo entusiasta de este partido a la represión estatal o en hechos como que, según diferentes encuestas, más de un tercio de votantes de CatComú apoyaría en estos momentos la independencia de Catalunya.

Continuar la movilización hasta vencer

Tras la fuerza mostrada el 8 y 11 de Noviembre, es necesario que las organizaciones de la izquierda que lucha, que los Comités de Defensa de la República (CDR) que han adquirido fuerza y empuje en estas últimas jornadas, tracen un plan de acción que impulse una movilización contundente, masiva y continuada hasta vencer. Esta es también la mejor manera de derrotar en las elecciones del 21D al bloque reaccionario españolista formado por PP, Ciudadanos y PSOE.

Sería un gravísimo error concebir la movilización en las calles como un auxiliar secundario de la contienda electoral. Es exactamente al revés: sólo podremos derrotar la represión del Estado y defender y hacer realidad la decisión democrática del pueblo expresada el 1 de Octubre manteniendo el camino que hasta ahora nos ha permitido avanzar. Cada vez que ha habido una convocatoria seria a la movilización, las masas han superado todas las expectativas. Cada vez que se ha abandonado la calle, los sectores más a la derecha del movimiento, encabezados por los dirigentes burgueses del PDeCAT han intentado retroceder y el resultado ha sido envalentonar a la reacción.

Los ejemplos son abundantes. La estrategia seguida por la defensa de Carme Forcadell y el resto de miembros de la mesa del Parlament, declarando la proclamación de la república “simbólica” y comprometiéndose a “mantenerse dentro del marco constitucional”, representa un error.  Si el Tribunal Supremo ha actuado con Forcadell y el resto de encausados de manera diferente a como lo hizo la Audiencia Nacional con los Jordis o el Govern, no se debe a estas concesiones, sino al miedo a la recuperación del movimiento de masas. Centenares de miles de personas, en especial sectores significativos de la clase obrera que se movilizaron el 1 y el 3 contra la represión y posteriormente no habían vuelto a movilizarse, han salido nuevamente a la calle el 8 y el 11. Los representantes más lúcidos de la burguesía temen que el rechazo a la represión del PP y sus aliados, unido al creciente descrédito de la monarquía y el régimen del 78, pueda crear las condiciones para que sean ganados de manera definitiva a la causa de la república catalana.

No derrotaremos la salvaje campaña del miedo organizada por la burguesía española y catalana, o el intento criminal de generar divisiones dentro de la clase obrera introduciendo el veneno del “españolismo”, retrocediendo. La aceptación del marco constitucional por Forcadell y sus declaraciones considerando la proclamación de la república como un acto meramente simbólico, ya están siendo utilizadas por los reaccionarios españolistas para sembrar dudas y confusión.

No será con retórica ni con argucias legales como venceremos. Ese es el método de los políticos burgueses catalanes, que en cada ocasión oportuna retroceden para traicionar las profundas aspiraciones de cambio mostradas por el movimiento. El único modo de derrotar al régimen antidemocrático del 78 es luchando por hacer realidad la república catalana y dando a ésta un contenido social, contra las políticas que han llevado a cabo el PP y el PDeCAT, poniendo fin a los recortes, los desahucios, la corrupción, garantizando una educación y una sanidad públicas y de calidad, puestos de trabajo dignos y la nacionalización de la banca bajo control democrático de la población. Sólo planteando la lucha por una república socialista catalana que acabe con la opresión de clase, que garantice los recursos suficientes para satisfacer todas las necesidades de la mayoría de la población, se podrá unir al conjunto del movimiento obrero y la juventud de dentro y de fuera de Catalunya. Ello permitiría además ganar la simpatía de millones de jóvenes y trabajadores en Europa, debilitando la capacidad represiva del Estado español.

Por un frente unitario de la izquierda que lucha. Por la república catalana de los trabajadores y el pueblo

La profundidad de la crisis revolucionaria abierta en Catalunya, las impresionantes reservas y empuje que ha vuelto a manifestar el movimiento durante los últimos días, está empezando a tener su reflejo dentro de las organizaciones y provocando cambios políticos importantes. ERC bajo la presión de sus bases se ha negado a repetir coalición con el PDeCAT. Recientemente se divulgaban las críticas de amplios sectores de la ANC ante lo que consideraban inoperancia y falta de una respuesta a la altura por parte de su dirección a la represión del estado. El domingo 12 de Noviembre los militantes de Catalunya en Comú decidían por un 54% de votos romper la colaboración en el gobierno municipal de Barcelona con el PSC. Poco antes, Albano Dante y un sector significativo de ex dirigentes y ex militantes constituían Som Alternativa, que en estos momentos discute su posible confluencia con otras candidaturas defensoras de la república catalana como CUP o ERC.  El mismo domingo 12, los militantes de la CUP en su asamblea general daban un giro de 180º a la táctica de apoyo al PDeCAT seguida por la dirección durante los dos últimos años. Esta táctica ha sido un completo error, pues ha facilitado a los convergentes mantenerse al frente del “procés” frenándolo en momentos decisivos, impidiendo incorporar reivindicaciones sociales y dificultando el objetivo de ganar a sectores significativos de la clase obrera catalana.

Desde Esquerra Revolucionaria llamamos a la CUP, Podem, Catalunya en Comú, Som Alternativa, a formar un frente unitario de la izquierda que lucha contra el régimen del 78 y basarse en la organización y extensión de los CDR para desarrollar una movilización generalizada, continuada y contundente en las calles que permita derrotar el bloque españolista reaccionario y hacer realidad una república catalana del pueblo y los trabajadores.

Afíliate a Esquerra Revolucionària para luchar por una República Socialista Catalana:

  • ¡Abajo el 155! Libertad para todos los presos políticos. Retirada de las fuerzas de la policía nacional y la guardia civil de Catalunya.
  • Derogación de las contrarreformas laborales y de las pensiones. Jubilación a los 60 años con el 100% del salario y contratos de relevo para la juventud.
  • Salario mínimo de 1.100 euros y 35 horas semanales sin reducción salarial.
  • Prohibición por ley de los desahucios. Parque de viviendas públicas con alquileres sociales, expropiando los pisos vacíos en manos de los bancos.
  • Remunicipalización de los servicios públicos privatizados, manteniendo y ampliando las plantillas y respetando los derechos laborales.
  • Derogación de la LOMCE y el 3+2. Enseñanza pública de calidad, democrática y gratuita desde infantil hasta la universidad.
  • Derecho a la sanidad pública digna, gratuita y universal.
  • Solidaridad real y concreta con los refugiados: ni cupos ni campos de internamiento. Derogación de la Ley de Extranjería y de los CIEs.
  • Plenos derechos democráticos de expresión, reunión y organización. Derogación de la Ley Mordaza.
  • Nacionalización de la banca y los sectores estratégicos de la economía, para rescatar a las personas y garantizar el bienestar de la mayoría.
  • Por el derecho de autodeterminación de Catalunya, Euskal Herria y Galiza. Por la república socialista catalana, y una república socialista federal, basada en la unión libre y voluntaria, de los pueblos y naciones que componen actualmente el Estado español y que así lo decidan.


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