La caída de Rajoy ha sido especialmente celebrada en Catalunya. ¡No podía ser de otro modo! Acabar con el gobierno que ordenó golpear brutalmente a la población el 1-O, que desató una escalada represiva sin precedentes contra nuestros derechos democráticos, azuzando además la peor ola de catalanofobia y chovinismo españolista desde la dictadura franquista, es un motivo de enhorabuena.

Cambio de gobierno y movilización social

Frente a las numerosas lecturas de los medios de comunicación del sistema, necesitamos partir de un análisis de clase sobre lo sucedido. El cambio de gobierno ha sido resultado directo del tremendo descrédito acumulado por el PP y Rajoy. Pero es importante señalar que los sangrantes casos de corrupción han contado con un telón de fondo excepcional: las movilizaciones multitudinarias iniciadas en Catalunya contra la represión y por la república, y que han sido continuadas y ampliadas en los territorios del Estado por la gran huelga feminista del 8-M, las manifestaciones masivas contra la sentencia de La Manada, la Marea Pensionista o por la libertad de los jóvenes de Altsasu, entre otras muchas.

Tres semanas después, millones de personas esperan medidas que supongan un cambio real respecto al gobierno anterior. Sin embargo, las primeras acciones de Pedro Sánchez han sido gestos, promesas y un lenguaje calculado que busca la paz social y ensanchar su apoyo electoral, y que no dan respuesta en absoluto a las reivindicaciones sociales más sentidas por la población.

Pedro Sánchez ha prometido “abordar política y no judicialmente” la cuestión catalana, “revisar” el pacto constitucional, y acercar los presos políticos a Catalunya. A corto plazo, esto le da tiempo y algún margen de maniobra. Entre los sectores de la clase obrera, de la juventud y las capas medias que votaron por la república hay una cierta expectativa por ver el resultado de estas promesas. Y es completamente lógico cuando una parte importante de la “dirección” del movimiento de liberación nacional catalán, los políticos de JxCat y de ERC, está trabajando activamente por la desmovilización y la vuelta al autonomismo.

También entre los votantes del PSC, y muchos de los que votaron a Ciudadanos empujados por la campaña del miedo, se espera que la tensión en torno a la cuestión nacional remita. El problema es que ninguna de las medidas que el PSOE puede aplicar resolverá los problemas de fondo que han llevado a que millones de personas en Catalunya hayamos decidido romper con el régimen del 78 y queramos una república ya. La crisis del capitalismo, la precariedad y la pobreza, la negación del derecho a la autodeterminación y la represión contra el movimiento por la república continuarán.

¿Vuelta a la normalidad? No, hay que cumplir con el mandato del 1 de octubre

Mientras hablan de diálogo, los ministros y dirigentes del PSOE han dejado clara su posición a favor del actual orden constitucional, es decir de la España una, grande y libre. No ha sido sólo la designación de Josep Borrell como ministro de Asuntos Exteriores. Este 20 de junio hemos asistido a un golpe de mano revelador: el PSC, con el apoyo del PP y Cs, derribaba en Badalona el gobierno de la confluencia de izquierdas encabezado por Dolors Savater, de la CUP, y la primera decisión del alcalde “socialista” fue retirar de la fachada del ayuntamiento, entre celebraciones de los fascistas, el lazo amarillo a favor de la libertad de los presos políticos.

Es más que evidente que a los dirigentes de PSOE y PSC les han sobrado las oportunidades para desmarcarse del PP durante el último año, pero en todas las cuestiones decisivas actuaron como sus fieles escuderos defendiendo el 155 y la represión. Éstas son las consecuencias de su sumisión total al sistema capitalista y el régimen del 78.

A un gobierno que jamás reconocerá el derecho a la autodeterminación de Catalunya, y que ha actuado en esta crisis de la manera que todos conocemos, es un completo error ofrecerle un cheque en blanco. El sí a la moción de censura contra Rajoy, planteado por Unidos Podemos, fue correcto. Pero la política de Pablo Iglesias y los dirigentes de Catalunya en Comú está siendo subordinarse a Pedro Sánchez y alentar la desmovilización social. Una estrategia que perjudica claramente la lucha por la república, no sólo en Catalunya sino en el resto del Estado, y que sólo beneficia a los planes de la clase dominante para estabilizar la situación y lanzar nuevos ataques en cuanto puedan.

Por su parte, la derecha nacionalista, de la que Torra es su fiel representante, está utilizando el cambio de gobierno para alentar a la gente a abandonar las calles y recuperar la negociación con el Estado español. No hay que dejarse deslumbrar por sus declaraciones rimbombantes sobre la república: Torra quiere sintonizar nuevamente con la burguesía catalana, fusionada en este asunto con la española, y reconectar con la estrategia tradicional de CiU.

La inauguración de los Juegos del Mediterráneo prueba muy bien lo que decimos. Los CDR y sectores de la base de ANC y Òmnium abogaban correctamente por una gran manifestación a favor de los presos políticos, aprovechando la presencia de Felipe VI en Tarragona. Pero Torra, el Govern, los dirigentes del PdeCAT, de JxCat y muchos de ERC sabotearon cualquier posible movilización. Posteriormente, Torra ha anunciado una supuesta “ruptura con la Casa Real” para calmar el descontento de las bases. Pero esta “ruptura” es una burla: consiste en no asistir a “actos que organice la Casa Real en Catalunya”.

Una vez más, dentro del movimiento por la liberación nacional de Catalunya vemos dos tendencias irreconciliables. Una minoría de derechas, con gran poder institucional, que utiliza demagógicamente la lucha contra la opresión españolista para desviar la atención de sus recortes y políticas capitalistas, como expresaba en sus bochornosas declaraciones la exconsellera Clara Ponsatí cuando afirmó que el 1-O “íbamos de farol”. Frente a ellos estamos los millones de jóvenes y trabajadores que hemos demostrado que no vamos “de farol”; para quienes la república no es “simbólica” ni un cambio de bandera para que todo siga igual, los millones que queremos una república socialista que acabe con la opresión nacional, con la justicia patriarcal, los recortes, los desahucios, la pobreza y el desempleo.

Sólo este programa permitirá ganar el apoyo del conjunto de la clase obrera y los oprimidos, incluidos quienes hoy, dentro y fuera de Catalunya, desconfían del procés a causa de las actuaciones y declaraciones de la derecha catalanista. Desde Esquerra Revolucionària llamamos a que la CUP, los CDRs, la militancia de ANC y Òmnium, el movimiento feminista, las organizaciones estudiantiles y el sindicalismo de clase y combativo, levantemos un frente único de la izquierda por la república catalana de los trabajadores, la juventud y el pueblo, apoyándonos en la movilización masiva de la población.

¡Organízate en Esquerra Revolucionària para luchar por este programa!


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