¡La república de los trabajadores, la juventud y el pueblo la conseguiremos en las calles!

¡Presos políticos libertad!

La Diada de este año está marcada por las históricas movilizaciones del pueblo de Catalunya en defensa del derecho de autodeterminación y para hacer realidad la república por la que votó mayoritariamente el 1 de octubre de 2017. Se produce también tras una ofensiva represiva sin precedentes por parte del régimen del 78 y los partidos que lo sostienen, que ha llenado de presos políticos catalanes las cárceles y provocado el exilio de muchos dirigentes independentistas, y después de una moción de censura que hizo caer al gobierno del PP y llevó a Pedro Sánchez a la Moncloa.

La reacción no renuncia a su estrategia y los gestos del PSOE no cambian nada

La decisión del gobierno del PSOE de acercar a Catalunya a los consellers presos, y los contactos entre Torra y Pedro Sánchez, han instalado en la opinión pública una imagen falsa de distensión. En realidad, los mismos problemas que dieron lugar a los acontecimientos del curso político pasado siguen sin resolverse.

No se trata únicamente de que PP y Cs hayan vuelto a exigir la aplicación del 155 tras unas declaraciones de Torra, o estén alentando la persecución de quienes colocan lazos amarillos para reivindicar la libertad de los presos políticos, envalentonando a las bandas fascistas y haciendo que las agresiones físicas contra ciudadanos y activistas independentistas se multipliquen. Catalunya se ha convertido desde hace tiempo en la punta de lanza de una estrategia que se extiende a otros muchos terrenos, como evidencian las declaraciones xenófobas de Albert Rivera y Pablo Casado contra los inmigrantes, y que hunde sus raíces en la naturaleza del capitalismo español y el régimen del 78, cuyo aparato estatal —empezando por la Corona y siguiendo por su sistema judicial, ejército y policía, heredados directamente del franquismo— confirman en cada una de sus actuaciones su carácter antidemocrático, españolista, machista y racista. 

Desde el cambio de gobierno, el secretario general del PSOE y varios miembros de su gabinete se han apresurado a excluir el derecho de autodeterminación, la liberación inmediata y sin cargos de los presos políticos o el retorno de los exiliados de cualquier diálogo sobre Catalunya. En la práctica la causa general contra el independentismo que abrieron el PP y Cs, y que los dirigentes del PSOE permitieron con su respaldo a Rajoy y el 155, sigue abierta. 

Los dirigentes del PSOE siguen siendo un baluarte de la “sagrada unidad de España” y de una institución tan antidemocrática, arcaica y reaccionaria como la monarquía.  El resultado de esta aceptación, y de que se consideren un pilar del régimen capitalista del 78, sólo puede conducir a negar los derechos democráticos fundamentales para Catalunya y Euskal Herria, a sostener los recortes y la austeridad, a las medidas represivas contra las mujeres, los inmigrantes y refugiados —incluyendo las escandalosas “deportaciones en caliente” y los CIEs— y a  la continuidad de las contrarreformas de las pensiones, la LOMCE y la Ley Mordaza.

Si algo demuestra la experiencia es que sólo hay un modo de defender los derechos democráticos y sociales: con la movilización masiva y continuada en las calles. Ese fue el factor decisivo que creó las condiciones políticas para la caída del gobierno del PP, empezando por la lucha de masas por la república en Catalunya, y siguiendo con la huelga general feminista del 8M, las manifestaciones multitudinarias de los pensionistas, las que se han celebrado a favor de los jóvenes de Altsasu o contra la justicia patriarcal que ampara a violadores. 

Intentos desesperados por imponer la “normalidad” y la paz social

Tras la caída del PP y la formación del gobierno de Pedro Sánchez, la izquierda parlamentaria española parece que tiene un gran interés por recobrar la paz social. Pablo Iglesias y Alberto Garzón en lugar de organizar e impulsar la lucha de masas en defensa de las reivindicaciones por las que han peleado millones de personas durante los últimos años, han otorgado un cheque en blanco a Pedro Sánchez alentando grandes expectativas en la formación de un gobierno de coalición que, como ya ha quedado claro, no se saldría de los límites del sistema.

Respecto a la lucha por hacer realidad la republica catalana, vemos algo parecido. La voluntad de millones de personas movilizándonos por el derecho a decidir, votando masivamente por la república catalana, y venciendo la represión salvaje del Estado español, choca con la política de los dirigentes del PDeCAT y muchos dirigentes de ERC que, en la práctica, pretenden meter en el congelador la república y plantean que la prioridad es lograr un “govern efectiu” para restablecer la negociación con el Estado.

El propio Torra, a pesar de sus sonoras declaraciones sobre “atacar al Estado español” y “luchar por la república” (que sólo buscan aplacar el descontento de amplios sectores del independentismo con su política), ha planteado negociar un “referéndum pactado” con el gobierno y el Estado y se ha negado en redondo, bajo presión de ambos, a impulsar movilizaciones coincidiendo con los últimos actos de Felipe VI en Catalunya, tal como exigían los CDR y amplios sectores de las bases de ANC y Omnium. 

¡Como si el Estado español, empezando por Felipe VI y continuando por sus jueces, fiscales, militares y policías no hubiese dejado suficientemente claro que su única respuesta a las aspiraciones democráticas y sociales del pueblo catalán son los porrazos, las balas de goma o la cárcel! ¡Como si el propio Pedro Sánchez y varios de sus ministros, cediendo nuevamente ante la derecha españolista, no hubiesen afirmado que cualquier propuesta de referéndum es innegociable! 

El papel de la derecha catalanista

La saña de la burguesía española, y catalana, contra la república no cae del cielo. Saben que si la república se hace efectiva mediante los métodos de la lucha de masas, sería la señal para agudizar la crisis revolucionaria. La población de Catalunya, después de una victoria semejante, no permitiría la continuidad de un gobierno que abogara por los recortes y la austeridad. Una nueva fase de la lucha de clases aún más convulsa —donde el capitalismo se cuestionará abiertamente— se abriría. Y una situación así traspasaría las fronteras de Catalunya, contagiando a los trabajadores y la juventud del Estado español.

Toda la actuación de la burguesía española y catalana después del 1-O y de la huelga general del 3-O, ha tenido como objetivo cerrar la crisis revolucionaria que esos acontecimientos abrieron y mandar a las masas a casa utilizando todos los medios posibles. Intensificaron la propaganda españolista en Catalunya y en el conjunto del Estado, amenazaron con el colapso económico con el traslado de miles de empresas, recurrieron a los tribunales, la cárcel, el exilio y el 155. También convocaron elecciones en diciembre, en una atmósfera antidemocrática. Pero su estrategia fracasó en muchos aspectos gracias a la continuidad de la movilización y la voluntad del pueblo catalán.

Estos hechos han dejado aún más al desnudo la estrategia de los políticos burgueses del PDeCAT. Para ellos la independencia siempre ha sido una consigna con la que desviar la atención de su política de recortes mientras negocian con la burguesía española cómo repartirse prebendas y corruptelas. Una república catalana resultado de la acción independiente y revolucionaria de las masas representa una amenaza mortal para sus intereses. Hoy sabemos, porque así lo han reconocido dirigentes como Marta Rovira, Clara Ponsatí y otros, que el Govern de JxSi discutió el mismo 1-O suspender el referéndum.  “Íbamos de farol”, declaró Ponsatí. Pero los millones que acudimos a votar no íbamos de farol, íbamos muy en serio. Tanto que ni la burguesía española ni la catalana pudieron derrotar o suspender el referéndum. Éste fue organizado y defendido por la población mediante su acción directa: a través de miles de asambleas, de los CDR y de la resistencia protagonizada por las bases de ANC y Òmnium.

Por la república catalana de los trabajadores, la juventud y el pueblo

Pese a todos los intentos de la burguesía española y el Estado por acabar con el movimiento de masas en Catalunya mediante la represión, y los de la burguesía catalana y el aparato del PDeCAT de hacerlo con maniobras y jarros de agua fría, hasta el momento no han podido conseguir su objetivo. Millones de personas en Catalunya hemos decidido romper con el régimen del 78 y construir la república, tal como mostró la impresionante movilización de un millón y medio de personas del 15 de abril y confirmaron —pese al freno de los dirigentes— los centenares de miles que volvieron a movilizarse el 14 de julio en Barcelona.

Dentro el movimiento por la liberación nacional de Catalunya siempre ha habido dos tendencias con intereses de clase opuestos. Por un lado, los millones de jóvenes, trabajadores y sectores de las capas medias que hemos sido golpeados duramente por la crisis económica, y estamos hartos de que el Estado español nos niegue el derecho a decidir. Nosotros somos los que hemos puesto la fuerza y la decisión para traer la república, una república que conquiste la liberación social y nacional y sirva para acabar con el paro, la pobreza, los desahucios y los recortes. La otra tendencia, muy minoritaria pero con mucho poder institucional y económico, está formada por esos sectores de la burguesía y la derecha catalanista que pretenden mantener bajo su control el movimiento para seguir aplicando políticas similares a las de la burguesía española.

Si queremos hacer realidad la liberación nacional y social de Catalunya debemos arrebatar a estos sectores la dirección del movimiento, dejando claro que no queremos una república para seguir igual sino para dar respuesta a las reivindicaciones y necesidades del conjunto de los trabajadores y el pueblo. Esta es también la única manera de ganar para la lucha a sectores de la clase obrera catalana que, aunque se ven golpeados por la crisis y no comparten las políticas reaccionarias y represivas de la derecha, desconfían del procés a causa del papel de los dirigentes del PDeCAT, de quienes sólo han recibido ataques sociales, recortes y desprecio. 

Desde Esquerra Revolucionària defendemos que hay que dar un paso adelante, y levantar un frente único de la izquierda, con la CUP, los CDR, la militancia de ANC y Òmnium, el movimiento feminista, las organizaciones estudiantiles y el sindicalismo de clase y combativo, para luchar por la república catalana de los trabajadores, la juventud y el pueblo, apoyándonos en la movilización masiva de la población.

¡Afíliate a Esquerra Revolucionària para luchar por este programa!

  


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