¡Por el derecho de autodeterminación y el socialismo!
¡La CUP deben romper con Mas y Convergencia!

La resolución pactada por Convergencia, Esquerra Repúblicana (Junts pel sí) y la CUP planteando la “desconexión democrática con el Estado” e iniciar la marcha hacia una declaración unilateral de independencia, ha desatado la histeria en las filas del gobierno, entre los barones del PSOE y, por supuesto, entre el aparato del Estado y los medios de comunicación del régimen.

Diarios como El País, por no citar a La Razón o ABC, han publicado editoriales incendiarios en los que no ahorran calificativos: “golpe insurreccional al Estado”, “propuesta subversiva”, “capitulación ante los admiradores de Kropotkin y Durruti”, un lenguaje llamativamente parecido el que utilizaban los propagandistas del régimen franquista.

Las apelaciones tremebundas al “respeto de la Ley y los tribunales” y a la “inviolabilidad de la Constitución” hechas desde los poderes que violan esas mismas leyes cuando se trata de defender los intereses de los grandes bancos y empresas, es el ruido ensordecedor con el que se escamotea el debate de fondo.

Si se trata de defender la democracia y la voluntad popular ¿porqué los órganos del Estado, y la cúpula del PP y del PSOE, se niegan en redondo a ceder la palabra a los catalanes en un referéndum sobre el derecho de autodeterminación? ¿Por qué una aspiración democrática legítima se criminaliza y se persigue?

Un aparato de Estado heredado del franquismo y sin depurar

El PP y el aparato del Estado han sido motor de este conflicto, atizando constantemente el nacionalismo españolista más rancio, la represión y el autoritarismo. Ellos son los responsables de que el sentimiento de opresión entre millones de catalanes haya aumentado en los últimos años exponencialmente Los constantes ataques a la lengua, a lo “catalán”, al derecho a decidir, y las amenazas contra el “secesionismo” —esgrimiendo como si fuera un garrote el artículo 155 de la Constitución que prevé suspender la autonomía catalana—, parten de una depurada estrategia de la provocación.

Como ya es tradicional, el PP vuelve a la mano dura contra el independentismo con el ojo puesto en las elecciones generales, tratando de galvanizar apoyos y responder así a las críticas de su base social más ultraderechista. El partido de Rajoy, hijo legítimo del franquismo, no hace más que envenenar la situación, alimentando el enfrentamiento en líneas nacionales sin satisfacer ninguna aspiración democrática. En este empeño le siguen los dirigentes del PSOE, que no han dudado en ofrecer sus servicios a la derecha. Parece que los resultados de las elecciones del pasado 27S en Catalunya, y el crecimiento de Ciudadanos, les ha hecho ver lo rentable que es explotar el españolismo de cara al 22D. Pero con política lejos de solucionar la cuestión nacional catalana sólo la radicalizará.

Mas y Convergencia: un expediente cargado de represión, recortes y corrupción

Mas y Convergencia, aunque pretendan aparecer como víctimas de los ataques del Estado para capitalizarlos en beneficio propio, no pueden ocultar el expediente que cargan. Este partido burgués, corrompido hasta la médula, siempre se ha situado a la ofensiva contra los derechos de los trabajadores y la juventud: en los recortes sociales y los desahucios, en la represión contra el 15-M y las huelgas generales, votando y ejecutando todas las leyes del PP que benefician a la patronal (como la reforma laboral), o amparando otras que criminalizan a los movimiento sociales y penaliza el ejercicio de la democracia (Ley Mordaza)…

Son la burguesía catalana, los que construyeron en Catalunya un régimen simétrico al que en el resto del Estado se levantaba a partir de 1978, el que ha salvaguardado los intereses de los ricos, del gran capital financiero e industrial sometiendo a la explotación más humillante a generaciones de trabajadores. Son los enemigos declarados del movimiento obrero y también de la libertad de Catalunya, a no ser que por libertad de Catalunya se entienda la impunidad de la que disfrutan los empresarios catalanes para seguir amasando beneficios a costa del sufrimiento de la mayoría.

Ahora CDC y Mas se encuentran en una situación muy complicada y de gran debilidad. Con el caso Pujol y la investigación de las mordidas del 3%, las políticas de latrocinio llevadas por Convergencia desde hace 40 años han pasado de ser un secreto a voces a convertirse en un escándalo público. El propio Mas, por mucho que mire a otro lado, no puede borrar el pasado: fue Conseller en los Gobiernos de Pujol desde 1995 hasta el 2003 , y posteriormente Presidente de la Generalitat desde el año 2010. Mientras desangraban la educación, la sanidad o los servicios sociales, alegando entre otras cosas que no había recursos, las arcas públicas eran saqueadas por Mas y sus acólitos para financiar al partido, exactamente igual que hacía el PP.

Por una política de independencia de clase, socialista y anticapitalista

La posición del portavoz de la CUP el día después de las elecciones del pasado 27S, hizo ganar muchos apoyos a la izquierda independentista: negándose a investir a Mas y exigiendo el fin de la política de recortes sociales, situó en el centro del debate las reivindicaciones de clase, que están completamente unidas a la defensa de los derechos democráticos nacionales.

Por eso, la insistencia de estas últimas semanas en que se puede caminar hacia la independencia de la mano de Mas y sus secuaces, de una parte fundamental de la burguesía catalana, es dar la espalda al problema de fondo. La resolución presentada con Junts pel Sí en el Parlament de Catalunya para iniciar el proceso de “desconexión hacia la independencia”, se aleja de los planteamientos puestos encima de la mesa hasta ahora por Baños y la CUP. Este movimiento da oxígeno a un Mas y a una Convergencia acosados por la corrupción, a cambio de una declaración genérica carente de contenido y de cualquier aspecto social y de clase. La burguesía puede hacer grandes declaraciones y promesas, pero en el día a día, como hemos visto hasta ahora, aplica implacablemente su política.

No queremos un régimen capitalista en el Estado español que niega el derecho a decidir de los pueblos, pero una Catalunya independiente gobernada por los mismos banqueros y la misma patronal no es ninguna alternativa para los trabajadores, para la juventud, para los desempleados catalanes. Precisamente con esta política de acuerdos con Mas, se echa a un sector de la clase obrera, que considera este tipo de independencia como un tinglado de las élites privilegiadas, en brazos de la demagogia de Ciudadanos.

La CUP tiene una gran responsabilidad: debe unir a los trabajadores, a la juventud, y a los oprimidos de Catalunya, y debe ligar la lucha por la autodeterminación al combate contra el capitalismo. Abandonar los pactos con la burguesía catalana, desenmascarar su utilización torticera del derecho a decidir, basarse en una política de independencia de clase, socialista y anticapitalista. Esta es la tarea del momento.

La CUP y Catalunya si que es pot deben huir de cualquier lógica parlamentaria que sea ajena a los intereses de los que estamos en las calles. Tienen que defender consecuentemente el derecho a decidir, su ejercicio real, y denunciar la política de la burguesía, tanto del PP como de CiU, y su intento de dividir a la clase trabajadora con el fin de seguir aplicando las mismas políticas procapitalistas de recortes que llevan adelante todos los Gobiernos europeos bajo el mandato de la Troika y el FMI. No basta con llegar a las instituciones, es necesario continuar organizando el movimiento, impulsarlo con audacia, y romper de una vez por todas con las reglas del juego del sistema. Hay que pasar de las palabras a los hechos, y poner encima de la mesa la agenda de los trabajadores y los oprimidos.


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