Podemos irrumpe con fuerza en Euskal Herria

En la Comunidad Autónoma Vasca (CAV) el PP pierde 53.000 votos , lo que significa una caída del 34,6% respecto a 2011, todavía más acusada que la de la media estatal (28,8%). Pasan de cuarta a quinta posición, con menos del 10% del electorado. En Vizcaya la pérdida alcanzó un 42,2%, en Guipúzcoa (donde se han quedado con un solo juntero en la diputación foral) un 44%; incluso en Álava, donde el PP concentró todas sus energías, pierde el 11,8%, aunque han logrado salvar en Vitoria la alcaldía de Javier Maroto, que prometió una paga de 600 euros al año a las pensiones más bajas.

Tras las elecciones se ha sabido que la medida afecta únicamente a 1.200 personas. Propaganda engañosa, para no variar. Este desplome no ha sido compensado ni por Ciudadanos (que obtiene 22.199 votos, el 2%, en toda la CAV), ni por el ascenso del PNV (que aumenta 26.000 votos, 2 puntos porcentuales). Así que la derecha, en su conjunto, ha descendido.

El PSE-PSOE, que sigue sin romper sus amarras con el PP y con el PNV, continúa su implacable descenso al pasar de 180.851 votos en 2011 a 147.210 (pierde 33.641 votos) y del 17,18% al 13,82% del electorado, cayendo a la cuarta posición. En Vitoria ha perdido dos concejales y ha sacado únicamente 14.242 votos frente a los 20.727 en 2011, cuando ya obtuvo unos pésimos resultados.

Uno de los datos más llamativos de las elecciones del 24-M en la Comunidad Autónoma Vasca ha sido el castigo recibido por EH Bildu. La izquierda abertzale obtuvo en 2011 unos resultados históricos (tras años de ilegalización) convirtiéndose en la primera fuerza en número concejales y segunda en número de votos. Fue la expresión de un amplio rechazo a la brutal represión de los derechos democráticos y a la política de recortes. Cuatro años después, EH Bildu ha perdido más de 68.000 votos respecto a los 310.000 obtenidos entonces (33.213 en Guipúzcoa, 31.431 en Vizcaya y 3.711 en Álava), una quinta parte de su electorado, así como posiciones tan importantes como la diputación de Guipúzcoa y la alcaldía de Donostia (donde pasa a ser la tercera fuerza, por detrás del PNV y PSE) y localidades emblemáticas como Mondragón, Tolosa, Arrasate, Zarautz, Beasain, etc., algunas de ellas muy castigadas por la crisis industrial.

La explicación de este retroceso ha sido la política de la dirección de EH Bildu cuya prioridad absoluta ha sido constituir un frente soberanista con el PNV, dejando de lado la movilización social contra los recortes, de los que la burguesía vasca es responsable directa, y propiciando un clima de paz social completamente artificial. En plena campaña electoral, los jóvenes que protestaban en Vitoria pacíficamente contra las penas de seis años de cárcel impuestas a algunos de ellos fueron salvajemente apaleados por la Ertzantza, dirigida por el PNV. La base electoral y los militantes de la izquierda abertzale esperaban que su irrupción en las instituciones sirviese de palanca para avanzar en la movilización en la calle en defensa de los derechos democrático nacionales y para impulsar la lucha contra los recortes y retrocesos en derechos sociales. Sin embargo, la actitud condescendiente de la dirección hacia el PNV le ha pasado factura.

La izquierda abertzale ha declarado estar dispuesta a escuchar y hacer una reflexión, sin embargo su dirección está echando la culpa de su pérdida electoral a haber ido “demasiado deprisa” con los impuestos a las grandes fortunas y la recogida de basuras puerta a puerta. Y sigue insistiendo en su acercamiento al PNV, haciéndole llamamientos para construir un frente soberanista. Esto es un completo error. Buscar la solución al problema nacional vasco en el marco del capitalismo y el acuerdo con la burguesía vasca es, en la práctica, propiciar un lavado de cara al PNV al que se presenta como una burguesía capaz de resolver los problemas que sufrimos, dando el mensaje equivocado de que la solución a nuestros problemas pasa por la independencia y no por acabar con el capitalismo.

¡Por un Frente de Izquierdas!

La izquierda abertzale ha perdido votos fundamentalmente por su izquierda. Es muy significativo que Podemos haya irrumpido con tanta fuerza también en la CAV, obteniendo 148.346 votos, un 14% del total, situándose como tercera fuerza, por delante del PSE. Estos votos suman bastante más que lo perdido por la EH Bildu, el PSE e Irabazi (IU y Equo) juntos, en total 108.650 votos. Esto demuestra el tirón que los procesos estatales están teniendo también en Euskadi.

Podemos ha logrado su máximo apoyo en los barrios y núcleos obreros. En las elecciones forales de Bilbao es la segunda fuerza más votada, con 24.423 votos y el 15% del total, y también lo es en Santurtzi con el 18,7%; en Sestao con el 17,23%; en Erandio con el 19,95%; en Leioa con el 20,07%. En ciudades de Guipúzcoa como Irún y Rentería es la tercera fuerza con el 20,25% y el 18,09%, respectivamente. Podemos entra también con fuerza en las diputaciones: en Bizkaia, 82.107 votos (el 14,53%) y 6 junteros, otros 6 en Guipúzcoa donde saca 43.136 votos (el 12,06%), mientras que en Álava saca 8 junteros con 23.103 votos (el 14,52%). Este voto expresa la existencia de un fuerte sentimiento de unidad de la clase trabajadora vasca, que entiende perfectamente la necesidad de organizarse y luchar unidos por encima de fronteras nacionales contra los recortes sociales impulsados por la burguesía a escala global.

En todo caso, la irrupción de Podemos es una nueva oportunidad para, sobre la base de un frente de la izquierda que lucha –incluyendo por supuesto a la izquierda abertzale, que sigue siendo representativa de decenas de miles de militantes abnegados con una larga tradición de lucha— vincular la defensa de los derechos democráticos nacionales, incluido el derecho a la autodeterminación, con la lucha por la transformación socialista de la sociedad, ya que ambas van indisolublemente unidas.


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