C. Ejecutiva CCOO Galicia

El último Consejo Confederal de CCOO, celebrado el pasado 6 de marzo y que acabó como el rosario de la aurora con acusaciones públicas de pucherazo, confirmó la fractura entre los oficialistas.

Este Consejo era el primero tras la destitución de Rodolfo Benito, y se iban a medir las fuerzas en la votación del informe del secretario general. Fidalgo y Toxo podían contar con los votos negativos de los 34 críticos del Consejo, pero la gran incógnita era cómo iba a repercutir el cisma entre los oficialistas, ya que los seguidores de Benito habían decidido abstenerse (lo que no deja de ser incongruente después de votar en la Ejecutiva Confederal contra su destitución).

De los 156 miembros del Consejo, asistieron 152. Según la mesa, votaron 151, de los cuales 80 lo hicieron a favor, 34 en contra y 37 se abstuvieron. Nada más proclamarse estos resultados, Benito pide una nueva votación, a lo que increíblemente la mesa se negó. Según afirmaban seguidores de Benito al remate de la reunión, tenían las firmas de 42 miembros del Consejo que afirmaban haberse abstenido. Con estos datos, Fidalgo sólo habría obtenido 75 votos, mientras le habrían negado el apoyo 76 (34 más 42), es decir que habría quedado en minoría por un voto, pero, a mayores, los de Benito afirmaron que Fidalgo sólo recabó 65 votos y que se apuntó los votos de personas que no habían votado.

Desde luego, que la mesa se negase a repetir la votación es harto sospechoso. En cualquier caso, todo esto refleja una profunda división y una situación inestable. Pero hay más elementos. Algún partidario de Benito ya ha denunciado maniobras del aparato para desestabilizar organizaciones y empiezan a aflorar las críticas. El 11 de marzo, la Televisión de Galicia entrevistó al anterior secretario general de CCOO en Galicia, Suso Díaz, que empezó diciendo que la elección de Fidalgo como secretario general había sido "un error, por no decir un horror", para a continuación criticar la desmovilización frente al PP, el apoyo a la privatización de empresas públicas por parte de la Federación del Metal, etc. Como se suele decir, no dejó títere con cabeza.

Los oficialistas están rotos en dos pedazos. El sector de Benito se irá diferenciando progresivamente de sus antiguos aliados. El ritmo del proceso dependerá de dos factores, uno interno y otro externo. El interno será los ataques que reciban. Conociendo las pasadas actuaciones de Toxo contra el Sector Crítico (por ejemplo en el País Valenciano), cabe esperar que intente aniquilarlos. El externo será la propia realidad laboral. El problema que tiene ahora Rodolfo Benito es que, por un lado, para dar la batalla necesita dotarse de un discurso diferente al de Toxo-Fidalgo, pero, por el otro, no puede salir de la noche a la mañana diciendo todo lo contrario de lo que defendió durante estos últimos años. En este sentido, aprovechará cualquier oportunidad (la reforma del Inem, una gran lucha obrera, lo que sea) para marcar distancias.

Por supuesto que las razones subjetivas o de oportunismo que puedan llevar a Benito a diferenciarse tienen su importancia, sobre todo para saber qué grado de confianza o desconfianza se puede tener en él. Pero si mañana el PP amenaza con un nuevo decretazo y el sector de Benito defiende la movilización como respuesta, o incluso la huelga general, esto sería lo realmente importante por sus repercusiones positivas para el movimiento obrero. No olvidemos que los mismos dirigentes sindicales italianos que ahora convocan huelga general, ayer defendían el pacto social a ultranza como Fidalgo o Toxo (o Rodolfo Benito hasta hace unas semanas). La lucha de clases tiene su propia dinámica.


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