Para cualquiera que no haya bajado a un pozo, es muy difícil imaginar lo que supone pasar varios días encerrado en una galería, a más de 500 metros de profundidad, entre el polvo, sin luz natural y con un frío intenso a causa de la humedad y las fuerPara cualquiera que no haya bajado a un pozo, es muy difícil imaginar lo que supone pasar varios días encerrado en una galería, a más de 500 metros de profundidad, entre el polvo, sin luz natural y con un frío intenso a causa de la humedad y las fuertes corrientes de aire.

Siete trabajadores del pozo Pumarabule, en Siero (Asturias), han permanecido en estas condiciones durante doce días para oponerse al cierre del mismo contemplado en el último acuerdo minero firmado entre la SEPI y las direcciones de UGTy CCOO. En el exterior, el resto de la plantilla ha secundado durante este tiempo una huelga en solidaridad con ellos.

Hoy alguno de ellos, afiliados a la Corriente Sindical de Izquierdas, y el responsable de la sección sindical de este sindicato en el pozo, José Pidal, nos explican como se desarrollaba la vida en la séptima galería mientras Villa y Maximino García negociaban en Madrid el nuevo "plan de futuro" de Hunosa. Lo peor: el frío, la inactividad forzosa, las largas jornadas que no acababan nunca. Lo mejor: el vinculo de amistad que se creó entre todos ellos, el apoyo de la gente, las muestras de solidaridad...

EM.– ¿Que valoración hacéis del encierro y de la lucha de Pumarabule en general?

Pepe.– La decisión de hacer el encierro surgió después de entrevistarnos con todos los grupos políticos, a excepción del PSOE, que no quiso recibirnos. Vimos que nos daban muchas palmaditas en la espalda pero no planteaban ninguna iniciativa así que comprendimos que si no tirábamos adelante nosotros nadie lo haría.

Tardío.– La valoración el tiempo lo dirá. Si cuando llegue el 2003, que es cuando se acaban las ayudas al carbón, el pozo sigue adelante, pues haremos otra entrevista y diremos que el encierro sirvió. Pero de todas formas había que luchar. Si nos dicen que van a cerrar el pozo y no hacemos nada, yo reviento.

Pepe.– Las luchas siempre tienen aspectos positivos alcances o no todos los objetivos. Lo que sí nos ha dado ésta es una unidad muy fuerte entre la plantilla del pozo.

EM.– En el encierro participasteis, además de un trabajador sin afiliación sindical, trabajadores de CSI, CCOO, UGT y Asociación Minera... ¿Cómo encajaron los compañeros de UGT y CCOO la actitud de sus dirigentes de ignorar totalmente esta protesta?

Tardío.– Entre nosotros hubo una unidad total. Aunque seas de CCOO o de la CSI nadie te puede decir, como han dicho, "el pozo se cierra porque no hay mineral", porque eso es mentira. Ahora estos compañeros se han borrado del sindicato porque la conclusión es que nos vendieron.

Hilario.– Ya el hecho de que se firme un acuerdo habiendo gente encerrada... Eso no pasó nunca en la historia de la minería, nunca.

Pepe.– Nosotros convocamos una concentración diaria en el pozo durante la huelga, para apoyar el encierro, y los sindicatos mayoritarios mandaban a los afiliados que no vinieran.

EM.– Sin embargo, el Sector Crítico de CCOO era contrario al acuerdo. Si hubierais llevado la movilización conjuntamente, ¿habrían cambiado las cosas?

Pepe.– Hombre, en su momento fue una puerta abierta que vimos. El Sector Crítico tiene la mayoría en cinco pozos. Si hubieran apoyado estaríamos hablando de la paralización del acuerdo porque con cinco o seis pozos en lucha no se arriesgarían a firmar. Pero esta guerra no acaba aquí porque nadie tiene claro el futuro de Hunosa más allá de 2005.

EM.– ¿Qué credibilidad os merece el compromiso alcanzado entre la SEPI y las cúpulas de CCOO y UGT?

Pepe.– Estamos hartos de palabras: son ya doce años viendo cómo se incumplen los compromisos de reindustrialización. ¿Quién va a invertir en las comarcas mineras? El clásico tío que te coge la subvención y cuando se acabe, se acabó la empresa. ¿Qué empresa va a venir que cree 2.000 puestos de trabajo? Es imposible. Los empresarios que vengan serán como la Thyssen: sin querer hablar con los sindicatos, con condiciones a la baja..., chatarreros y vividores que se aprovecharán de los fondos mineros. Pero empresas serias, con empleos serios, ninguna.

Por eso decimos que a puesto de trabajo cerrado, otro alternativo. ¿Que quieres cerrar la mina? Muy bien: pones por ejemplo dos fábricas con 400 empleos cada una y, cuando estén funcionando, cerráis el pozo.

EM.– ¿Cuándo tomáis la decisión de abandonar el encierro y cómo recordáis ese día?

Tardío.– Todos teníamos muy claro que hasta que la firma no fuera un hecho no saldríamos: nunca sabes si en el último momento puede haber un cambio de actitud. Aguantamos hasta el final porque creíamos en lo que estabamos haciendo. La salida fue muy dura, emocionaba, en parte las gafas eran para que no se notara... porque, joder, cuando vas subiendo en la jaula y oyes a la gente aplaudiendo y tal...

Herminio.– Lo mejor de todo fue la actitud de la gente. Se volcaron con nosotros, durante el encierro, con la comida... Cada día nos la enviaba una asociación de vecinos o los bares...y el recibimiento a la salida. La gente se vuelca en situaciones así.

EM.– Como este nuevo acuerdo no soluciona el problema de fondo de las comarcas mineras tarde o temprano habrá nuevos ataques, nuevas luchas ¿Qué perspectivas veis?

Tardío.– Lo más triste es que no sólo tienes que luchar contra los empresarios, también contra la dirección de los sindicatos mayoritarios y, claro, eso también echa a la gente para atrás. Porque tú aquí hablas con cualquiera, y con afiliados de CCOO y UGT, y te lo dicen: "los que están acabando con esto son ellos".

EM.– Si hay que volver a la lucha, ¿volveríais a encerraros?

Tardío.– Por supuesto. Y nosotros invitamos al Sector Crítico de CCOO a luchar juntos por el futuro del pozo. Nosotros nos encerramos como trabajadores que somos. No es cuestión de protagonismo.


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