Estos cierres no son los únicos que hay encima de la mesa: Condesa con 200, Castmetal que ha dejado a cien trabajadores sin recolocar en la calle, TCA, Alestis, Osakidetza, EITB..., son la mejor prueba de que no existe la recuperación anunciada por el PP y el PNV.
Los trabajadores de ECN-Cable Group han ocupado la puerta de la fábrica instalando una caseta, han marchado el 27 de noviembre a Barcelona para protestar ante las oficinas centrales con los trabajadores de las plantas catalanas de Abrera, Manlleu y Montcada i Reixac donde la dirección del Grupo presentó también expedientes de regulación de empleo; y han organizado diversas manifestaciones con una gran fuerza por las calles de Vitoria, convocando el 29, coincidiendo con las Marchas de la Dignidad, una manifestación a la que llamaron a toda la clase trabajadora a unirse en la defensa de los puestos de trabajo, conscientes de que la lucha es el único camino.

‘Laminaciones no se cierra’

Este ha sido durante dos años el grito de lucha de los trabajadores de Laminaciones Arregui. Poco a poco se están incorporando a sus puestos de trabajo, según van llegando las sentencias que dan la razón a los 178 despedidos y que llevan dos años manifestándose todos los jueves, después de haber agotado el paro y haber sufrido una represión salvaje por parte de la empresa y un linchamiento de los medios de comunicación burgueses. Los compañeros de El Militante hemos estado codo con codo en su batalla durante estos dos largos años.
En Laminaciones se ha demostrado que sólo un sindicalismo combativo es capaz de defender los puestos de trabajo. La dirección de UGT que tenía mayoría en el Comité al iniciarse el conflicto, lo abandonó a medio camino haciéndose eco de los mismos razonamientos de la patronal, que culpaba a los huelguistas del posible cierre de la fábrica que la dirección había anunciado para enero de 2013. Por el contrario, el 9 de enero de 2015, las fábricas siguen abiertas y los últimos huelguistas recuperarán sus empleos, lo cual es una victoria de la resistencia y el tesón de los trabajadores. Sin embargo, los trabajadores de Laminaciones Arregui consideran que su lucha una vez que están incorporados a la fábrica debe continuar, ya que la empresa no está dando carga de trabajo para provocar una situación límite.

Fracaso de la ‘iniciativa privada’. Por la nacionalización de las empresas en crisis

Contrariamente a lo que defiende la dirección de ELA, una de las lecciones de Laminaciones Arregui es que la batalla por el empleo digno y con derechos no se puede librar de forma aislada, fábrica a fábrica; debe organizarse como una lucha clase contra clase en todo el Estado, para tumbar las reformas laborales y exigir por ley la prohibición de cerrar fábricas rentables desde un punto de vista social y laboral.
Las buenas palabras del PNV y del PP a los trabajadores de empresas en crisis van en la dirección de buscar nuevos inversores que las compren. Creando falsas expectativas intentan dividir a los trabajadores y debilitar la lucha. La realidad está demostrando que buscar el apoyo de la llamada “iniciativa privada” no representa ninguna solución. Así lo ha comprobado la plantilla de la antigua Novacero, una sociedad anónima laboral, comprada por la multinacional francesa Castmetal, que incumple los compromisos de recolocación: cien trabajadores siguen despedidos, y las condiciones laborales de los restantes han caído estrepitosamente, perdiendo antigüedad y derechos, mientras se están contratando en precario a través de ETTs. Esa es la realidad de las empresas adquiridas por multinacionales o empresarios sin escrúpulos que se quedan con la maquinaria, el patrimonio y la cartera de clientes, pero que tan sólo mantienen algún empleo precario o ninguno.
En el pasado Telefónica era pública y lo era Caja Postal, CAMPSA, y un largo etcétera de empresas rentables que ingresaban dividendos. Sin control obrero había un despilfarro brutal de recursos, pero con sus beneficios el Estado podía financiar la sanidad y la educación pública. Ahora están en manos privadas. La propiedad privada de las fábricas es un obstáculo para el bienestar colectivo. Cuando el criterio es únicamente lograr mayores beneficios, la industria productiva compite con la especulativa. ¿Para qué producir cables si con el capital que se puede obtener con la venta de la fábrica de Vitoria los actuales propietarios de Cable Group pueden ganar más dinero especulando con materias primas o acciones? Su lógica no es nuestra lógica. La sociedad necesita la producción de cables de ECN como necesitamos frigoríficos y lavadoras, sartenes y el acero de Laminaciones. La clase trabajadora queremos que no se destruya tejido industrial ni riqueza. Eso nos debilita.
Ante el cierre de una fábrica hay que exigir que sea nacionalizada y gestionada bajo control democrático de los propios trabajadores, como parte de un plan más amplio que debe incluir la nacionalización de la banca para dar soporte financiero a estas industrias y de los sectores estratégicos para asegurar una planificación democrática de la economía en beneficio de todas las personas.

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