Después de 22 años, el Partido Popular tiene que desalojar el Palau de Manises, así como la mayoría de los principales ayuntamientos, incluidos Valencia, Alicante y Castellón. Ni siquiera el concurso de Ciudadanos alivia su situación. Un torrente de rabia acumulada durante lustros, y de energía, ha barrido a Alberto Fabra, Rita Barberá y todos estos personajes de pesadilla. La misma noche electoral, miles de personas tomaron las calles de Valencia para celebrar la salida de la odiada alcaldesa. El beneficiario del desastre del PP no ha sido el PSOE, que continúa su particular carrera hacia la insignificancia, sino Compromís y Podemos. La dirección “socialista”, comprometida hasta la médula con este sistema, es corresponsable de tantos años de dominio electoral del PP.

Previsiblemente, Joan Ribó (Compromís), que ha quedado en segunda posición en la ciudad de Valencia (tras el PP), será el nuevo alcalde con el apoyo de PSOE y València en Comú. La composición de Les Corts, el parlamento autonómico, queda así: PP 31 escaños (26% de los votos), PSOE 23 (20%), Compromís 19 (18%), Ciudadanos 13 (12%), Podemos 13 (11%). El giro a la izquierda ha sido muy contundente. Si la derecha, en su conjunto (PP, UPyD) en 2011 obtuvo el 51,05% del voto, ahora, contando con la entrada en escena de Ciudadanos, el conjunto de la derecha obtiene el 39,7%. A su vez, la izquierda a la izquierda del PSOE, que sumaba en el 2011 el 13,32% del voto, ha pasado a un 33,68% (Compromís, Podemos y EU).

Desastre para el PP, fuerte caída del PSOE

La caída del PP ha superado todas las previsiones de sus dirigentes. El único ayuntamiento importante que podrá mantener será, si Ciudadanos quiere, el de Gandía. También pierde las diputaciones de Valencia y Alicante. La salida a la luz de todo el entramado corrupto de apropiación de los recursos públicos, en comandita con la élite empresarial valenciana y estatal, le va a hundir aún más. Alberto Fabra ha recibido un castigo mayor que otros barones (ha perdido 22 puntos porcentuales, el récord negativo a escala estatal), y ya ha planteado que no presentará su candidatura a presidente del PP valenciano en el próximo congreso. La crisis del PP es total: los pesos pesados que todavía quedaban sin ser apartados por corrupción están ahora, además, tocados por el desastre electoral. Especialmente los hasta hace muy poco todopoderosos Rita Barberá y Alfonso Rus. Rus, representante del más clásico caciquismo, ha visto cómo su candidatura en Xàtiva pasa de la mayoría absoluta a la tercera posición, por detrás de Esquerra Unida.

Ciudadanos ha llegado al 12,31% en las autonómicas. A pesar de la descarada promoción por parte de los medios de comunicación burgueses, sólo ha podido reunir a una cuarta parte del voto huido del PP. Insuficiente para apuntalar el edificio en ruinas de la derecha.

El PSOE ha tenido un 20,3% del voto, 490.000 sufragios. Un impresionante varapalo a un partido que está en caída libre. Hasta 2011 nunca había sacado menos del 34%, ese año obtuvo el 29%, y ahora nueve puntos menos. En votos pierde más de una cuarta parte, con respecto a 2011. La tendencia es evidente. Es muy significativo el resultado de las municipales en Valencia, que marca la pauta de las próximas convocatorias: el PSOE queda ¡como cuarta fuerza!, por detrás de PP, Compromís y Ciudadanos, con un 14%. En las autonómicas mantiene la segunda posición pero por muy poco, a tan solo dos puntos por encima de Compromís.

Compromís y Podemos recogen el ansia de cambio profundo

Compromís y Podemos son las candidaturas que han encauzado de forma nítida el ansia de cambio profundo de la población. Entre ambas suman 732.000 votos, más del 29%, y más diputados que el PP. Y si lo sumamos a los 106.000 de EU, son 838.000, casi el 34%. Un tercio de los votantes ha buscado en estas elecciones una alternativa a la derecha y a la socialdemocracia, pilares tradicionales de este sistema capitalista en crisis.

En concreto, el resultado de Compromís es espectacular. Casi ha triplicado sus papeletas (de 176.000 a 453.000), y su porcentaje ha pasado del 7 al 18%. Es más. Aunque obviamente su peso electoral varía de una localidad y comarca a otra, su remontada es generalizada. Demostrando que Compromís cubre un claro vacío, superando con mucho el tradicional y muy minoritario voto nacionalista, esta coalición saca extraordinarios resultados en las localidades obreras del cinturón rojo valenciano, donde se concentra un alto porcentaje de población castellanoparlante de origen andaluz, castellano o aragonés… Así, obtiene el 24% en Paiporta, Picanya y Cata-roja, el 20% en Mislata, Picassent, Xirivella, Alaquàs y Manises, el 18% en Torrent, Quart de Poblet y Aldaia, el 17% en Alfafar… Incluso en Requena, capital de la zona conocida como la Castilla valenciana, donde el voto valencianista siempre fue testimonial, Compromís ha sido apoyado por un 9%.

Si Compromís ha encauzado una gran parte de la sed de cambio, es en gran medida por Mónica Oltra, que es la política valenciana más valorada desde 2009. Ella ha utilizado Les Corts para denunciar sin tapujos la política del PP, y en especial la corrupción; sus camisetas reivindicativas, lucidas en el parlamento autonómico, y la reacción airada del PP, que llegó a expulsarla un mes de Les Corts, le han granjeado la simpatía popular. Ha utilizado el parlamento como altavoz de las luchas más emblemáticas, como la de las víctimas del accidente de metro, los trabajadores de Canal 9, o los vecinos de El Cabanyal. En esta conexión con la lucha ha cimentado Compromís su gran éxito. Cientos de miles de electores han visto en Compromís lo que necesitaban ver: una alternativa clara de izquierdas, sin hipotecas, sin burocracia.

Por su parte, Podemos, a nivel autonómico, y las candidaturas municipales en las que ha jugado un papel decisivo (València en Comú, Castelló en Moviment, etc.), han obtenido un importante apoyo. En las autonómicas, 280.000 votos (un 11,23%). Castelló en Moviment tuvo el 13% de las papeletas, València en Comú casi el 10%. En cuanto a Guanyar Alacant (candidatura de confluencia en la capital alicantina, con participación de EU, Podemos y movimientos sociales), sacó muy buen resultado: tercera posición, con un 19%, a sólo un punto del PSOE, en primera posición; si lo sumamos al 9% de Compromís, sería un 28%. Resultados que reflejan la potencialidad de candidaturas unitarias de la izquierda que lucha.

Esquerra Unida, en cambio, con 106.000 sufragios (no llega al 5%), ha perdido un tercio de sus votantes, a favor de Podemos y Compromís. Por primera vez, no tendrá representación en Les Corts, y volverá a quedarse sin concejales en Valencia. Es cierto que en la mayoría de las Comunidades Autónomas (donde rige un mínimo electoral del 3%, y no del 5%) habría obtenido tres diputados. También lo es que a nivel municipal ha obtenido un apoyo mayor (7%, 60.000 papeletas más). Sin embargo, el balance es negativo. Fundamentalmente, ha pagado el precio de no defender, de forma generalizada y contundente, la confluencia con otras candidaturas combativas, como en Madrid, donde IU ha desaparecido del parlamento autonómico y del ayuntamiento.

Se abre una nueva etapa en el País Valenciano. Realmente la principal fuerza de oposición es el tándem Compromís-Podemos (32 diputados frente a los 23 del PSPV), que representa el deseo de ruptura con la política de recortes y la corrupción. En este contexto, si los dirigentes de Compromís y Podemos tienen total legitimidad para encabezar la formación de un gobierno de la Generalitat basado en un programa que anteponga, por encima de cualquier otra cosa, los intereses sociales: paralización de los desahucios; inversión masiva en sanidad, educación y los servicios públicos en general; creación de empleo público de calidad; nacionalización del crédito bancario y medidas impositivas drásticas a las grandes empresas; destape de todo el entramado de corrupción, castigo a los culpables, devolución de todo el dinero y control democrático de la Administración pública y las empresas públicas, incluyendo una nueva Ràdio-Televisió Valenciana; normalización del valenciano; renta básica. Esta propuesta contaría con el apoyo entusiasta no solo de su base electoral de esas formaciones, sino también de la de EU y buena parte de la del PSPV, cuya dirección se vería muy presionada para no obstaculizar la formación de un gobierno encabezado por la izquierda que lucha. Sin duda, la convocatoria de una gran manifestación a favor de un gobierno de estas características contaría con una participación masiva.

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