En diciembre, el Tribunal Supremo anuló definitivamente el IV Convenio de Navantia, que eliminaba muchos de los derechos conquistados en cuatro décadas de negociación colectiva. Es una gran victoria de los trabajadores, y por partida doble: frente a la empresa y frente a la burocracia sindical. En el otoño de 2013, todo el aparato de CCOO, desde las secciones sindicales a la federación estatal, hizo todo lo posible para que los trabajadores aceptásemos ese convenio, hasta que el masivo rechazo de la plantilla de Ferrol les impidió firmarlo. Pero algunos no se resignaron y, encabezados por José Antonio Oliva, el máximo responsable de CCOO en la negociación (que estaba vendido a la empresa, como demostró su posterior nombramiento como jefe de Personal en Cádiz), lo firmaron un año después, pero de forma tan chapucera que ha sido anulado judicialmente.

Esta lucha encierra valiosas lecciones. La primera y más importantes es que SÍ SE PUEDE. Pero para que la posibilidad se convierta en realidad tienen que darse determinadas circunstancias.

En el terreno de la conciencia, los trabajadores no pueden estar resignados, tienen que estar dispuestos a luchar. Se daba esta circunstancia. En el terreno de la organización, tiene que haber un grupo de trabajadores que impulsen un sindicalismo combativo, con una trayectoria que permita que la plantilla sepa quiénes son, qué defienden, cuál es su coherencia. Ese grupo existía y hoy está en GanemosCCOO.

Ideas, organización y voluntad firme

A estas dos circunstancias tiene que sumarse una tercera: capacidad para analizar todos los factores de la situación, evaluar la correlación de fuerzas, determinar los puntos fuertes y los débiles, decidir los métodos correctos y plantear las propuestas adecuadas. Esa capacidad sólo la puede proporcionar una ideología política.

Pero todavía hace falta otro factor: confianza total e ilimitada en los trabajadores. Demasiadas veces vemos actitudes que se quedan en el lamento o en la denuncia de la burocracia sindical. En un individuo es comprensible: está aislado, ve un panorama sindical desolador, el aparato aparece como todopoderoso..., le parece imposible cambiar las cosas. Pero en el caso de una organización, refleja escepticismo y desconfianza en los trabajadores. Por eso la ideología necesaria es el marxismo, las ideas de la clase obrera. Esta circunstancia también se daba: Izquierda Revolucionaria tiene militantes en la factoría de Ferrol, la más grande de Navantia y la decisiva en todo el proceso.

Con la fuerza que dan las ideas correctas y la organización, los marxistas de Izquierda Revolucionaria-EL MILITANTE y los trabajadores de GanemosCCOO nos lanzamos a la batalla para defender las conquistas del movimiento obrero. Informamos a la plantilla de los pasteleos a sus espaldas, denunciamos que el comité renunciaba al III Convenio y exigimos una asamblea decisoria. Y cuando el comité la rechazó de forma totalmente burocrática (“las asambleas generales las convoca el comité cuando lo considera conveniente, y ahora no lo considera conveniente”), nos apoyamos en el artículo 77.1 del Estatuto de los Trabajadores y recogimos firmas para convocarla. No sabíamos si conseguiríamos las necesarias, pero confiamos en nuestros compañeros e hicimos un llamamiento público a colaborar en la recogida.

El resultado fue espectacular: decenas de trabajadores se involucraron y en día y medio, sin nadie con horas sindicales, recogimos las firmas del 42% de la plantilla. Esa asamblea fue decisiva porque el comité sufrió una derrota brutal, demostrando que había fuerza para ganar porque, excepto los “dirigentes”, todo el mundo rechazaba el IV Convenio. A partir de entonces, los partidarios de firmarlo (mayoría unánime en el aparato sindical) tuvieron que introducir en sus cálculos una variable que hasta entonces despreciaban: los trabajadores, que tenían mil veces más voluntad de lucha y estaban mil veces más a la izquierda que sus supuestos dirigentes. Esto, unido a que los trabajadores encontraron una dirección sindical alternativa, fueron las claves de esta gran victoria.

Iniciamos la batalla solos frente a todo el aparato, pero el hecho de ser los únicos que luchábamos consecuentemente en defensa de los trabajadores hizo que obtuviésemos el respaldo de éstos.

Todo esto no cayó del cielo. Para llegar ahí hubo que quedar en minoría en muchas asambleas a lo largo de años. Pero, aun sabiéndolo de antemano, salimos igual a defender nuestras opiniones. Pasar por esto es inevitable. No se puede esperar que los trabajadores confíen en el primero que hable, hay que ganarse su confianza. Y esto exige compromiso, coherencia, esfuerzo. No hay atajos, no se les puede pedir apoyo incondicional ni mucho menos darles ultimátum. Hay que convencerlos. Y sólo hay una manera de lograrlo: que se convenzan por sí mismos a través de su propia experiencia. Y esto depende de dos cosas: de los acontecimientos y de que las ideas marxistas sean parte de esa experiencia. El IV Convenio demostró que en Navantia-Ferrol lo son.

La guerra sigue

Y precisamente esa demostración de nuestra capacidad para ser decisivos en una fábrica emblemática y de gran peso político provocó que el CNI haya catalogado oficialmente a nuestro compañero Xaquín García Sinde como un riesgo para la seguridad nacional, imponiéndole limitaciones profesionales y de movimientos dentro de la factoría.

La lucha contra el IV Convenio ha aumentado la autoridad de GanemosCCOO. Pero esto no suficiente. Si en 2013 el IV Convenio no se pudo firmar con todas las de la ley fue, en última instancia, porque los que defendemos un sindicalismo combativo y de clase, en definitiva, revolucionario, somos un factor en Navantia-Ferrol. Los trabajadores ganamos una batalla, pero la guerra sigue. Habrá más batallas, y debemos estar preparados.

Como demuestra el IV Convenio, la mejor preparación es construir una alternativa a las actuales direcciones de los sindicatos, plagadas de gente que no sabe distinguir entre los intereses de las empresas y los de los trabajadores. Nuevas direcciones significa nuevas ideas, nuevas propuestas, nuevos métodos. Pero también nuevas caras: es imposible construir una nueva dirección sin compromisos personales. Por eso dirigimos un llamamiento a todos los trabajadores que simpatizáis con nosotros: es el momento de dar un paso al frente y fortalecer GanemosCCOO e Izquierda Revolucionaria-EL MILITANTE para que nuestras ideas y este periódico lleguen directamente a más trabajadores. La lucha por un sindicalismo de clase es parte de una lucha más amplia por acabar con el sistema capitalista y construir una sociedad socialista. ¡Únete a nosotros y ayuda a construir la herramienta política que los trabajadores necesitamos para defender nuestros derechos!


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