La Naval es el mayor astillero de Euskal Herria y una de las empresas emblemáticas de la industria de la Margen Izquierda, que llegó a tener 3.000 trabajadores en plantilla. Después de más de un año en proceso concursal está a punto de cerrar dejando a 180 trabajadores en la calle y comprometiendo el futuro de 400 empresas auxiliares que dependen directamente del astillero y que dan trabajo a otras casi 2.000 personas.

Éste es el último episodio de un proceso que viene de lejos. La estrategia compartida por el Gobierno del PSOE de Felipe González y por el Gobierno vasco del PNV de sacrificar la industria en favor de las actividades de servicios sacudió de lleno a La Naval que, con la complicidad de los dirigentes sindicales de CCOO y UGT, fue perdiendo peso y reduciendo plantilla hasta acabar pasando a manos privadas en 2006.

Es cierto que los accionistas privados han cometido graves errores de gestión, como la contratación de cuatro barcos a la vez sin la suficiente previsión de recursos y tiempo, pero la quiebra no puede explicarse sólo por esto. Llueve sobre mojado. Antes que La Naval cerró Babcock Wilcox, los Altos Hornos y otras muchas fábricas de gran tamaño. Ha habido una decisión política por parte de los diversos gobiernos estatales y del PNV de abandonar los sectores industriales para basar la actividad económica en el ladrillo y el turismo que da muchos más beneficios y mucho más rápido a las grandes familias de capitalistas vascos ligados al PP y al PNV.

¡Nacionalización del astillero ya!

Desde Ezker Iraultzailea pensamos que el problema de La Naval no es un asunto aislado. Los problemas de gestión —que en realidad esconden el trasvase de beneficios millonarios a los bolsillos de los industriales capitalistas—, la competencia de países asiáticos y otras excusas que ponen PSOE y PNV reflejan su poco interés en mantener la industria pesada. El Gobierno de Pedro Sánchez es el responsable de mantener todos los puestos de trabajo en Sestao, y para ello La Naval tiene que volver a manos públicas y reintegrarse en Navantia, incluyendo los 2.000 trabajadores de la industria auxiliar, como piden los trabajadores y algunos sindicatos. Durante todo este tiempo, y sobre todo desde su privatización, las empresas auxiliares han servido para hacer el mismo trabajo que se hacía en el astillero en los años 80 pero a un menor coste, atacando las condiciones laborales, y dividiendo a la plantilla para debilitar su lucha.

También denunciamos la actitud del Gobierno vasco, que durante los últimos meses ha chantajeado al comité de empresa pidiendo que no hiciera ruido en las calles ni en los medios de comunicación para no espantar a armadores e inversores. Aceptar este chantaje de la derecha ha significado enterrar el astillero. Las buenas palabras del PNV y la presencia de sus alcaldes en las movilizaciones buscan enmascarar el poco interés real que tienen los empresarios vascos en mantener el empleo en la industria. Ponen excusas y miran a otro lado. Han planteado que Europa no permite este tipo de rescates o nacionalizaciones, y que además se ha demostrado que eso no es eficaz y que no funciona. Lo que sí se ha demostrado es que la privatización es un fracaso total, y que la administración del PNV siempre ha defendido y continúa defendiendo los beneficios e intereses de los grandes empresarios frente a la clase trabajadora.

Hay que llevar a cabo una acción sindical contundente, que mire más allá de La Naval y unifique las luchas de todos los trabajadores de empresas en crisis de la Margen Izquierda, y extenderla con una huelga general a toda la industria de Bizkaia y de Euskal Herria. Es necesario crear una coordinadora de trabajadores para que los propios trabajadores sean los que planifiquen, decidan y extiendan la lucha con métodos democráticos y asamblearios. Sólo la acción sindical combativa, basada en la organización y la iniciativa de los propios trabajadores, sirve para parar los pies a los empresarios.


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