Nueva publicación de la Fundación Federico Engels

…Pero la única manera de desarmar su hostilidad (la de nuestros partidarios de clase media y de la aristocracia) es asegurándoles que en una Irlanda libre sus ‘privilegios’ no se verán afectados. Esto es, garantizar que cuando Irlanda sea libre de la dominación extranjera, los soldados irlandeses protegerán los fraudulentos beneficios del señorito capitalista de las ‘delgadas manos de los pobres’ sin remordimientos y con la misma eficacia que los emisarios de Inglaterra hoy día. Bajo otra condición no se unirán a nosotros.

¿Cree alguien que las masas lucharán por esos ideales?

Las clases trabajadoras en la historia de Irlanda es una de las obras más importantes del gran revolucionario irlandés James Connolly. En sus páginas se desgranan los principales acontecimientos de la historia del país, y específicamente las raíces del nacionalismo irlandés. A lo largo de este recorrido conocemos el cruel destino del maltratado pueblo trabajador irlandés, y vemos a los campesinos padecer el expolio de sus tierras, morir literalmente de inanición o convertidos en una masa ingente del proletariado más miserable, vegetando en condiciones inhumanas a los pies de las fábricas insalubres durante la revolución industrial.

Pero Connolly nos muestra también la lucha incansable de este mismo pueblo por sacudirse una y otra vez el yugo de la opresión, tanto del imperio británico como de los capitalistas y terratenientes irlandeses, y por organizarse para resistir —por todos los medios a su alcance— los abusos que sufren en el campo y la explotación brutal que padecen en las ciudades.

Frente al comportamiento heroico de unos hombres y mujeres anónimos que, en numerosas ocasiones lo dieron todo para cambiar su suerte, aparecen también las “grandes figuras” del nacionalismo irlandés que, envueltas en la bandera de la causa de Irlanda, traicionarán una y otra vez, a veces de forma sangrienta, las aspiraciones de las clases populares.

Contra ellos, contra estos nacionalistas burgueses de clase media, con sus componendas y vacilaciones ante el gobierno británico, y su desconfianza endémica hacia el pueblo trabajador, desarrolla Connolly una crítica implacable, demostrando, con la fuerza de los hechos históricos, la imposibilidad de conciliar los intereses entre las clases poseedoras y las clases oprimidas y levantando, frente al estrecho y mezquino nacionalismo burgués, la bandera del internacionalismo proletario y de la lucha de clases como la única forma de conseguir la liberación de Irlanda.

Las clases trabajadoras en la historia de Irlanda es ante todo un libro de combate, que pretende superar las divisiones sectarias entre los oprimidos, y unirlos en una lucha por la independencia de Irlanda que sólo puede ser, a la vez, una lucha por la liberación social. Más allá del contexto histórico en el que fue escrito, el texto de Connolly es un tratado soberbio sobre la cuestión nacional, abordada desde un punto de vista marxista, que nos ofrece aún hoy las claves para abordar la lucha por la liberación de las naciones oprimidas.

Un revolucionario internacionalista e insobornable

James Connolly fue, sin duda, uno de los más grandes revolucionarios del siglo XX. Hijo de una familia de irlandeses emigrados a Escocia, comenzó a trabajar a los once años y a los catorce se alistó en el Ejército Británico. Destinado a una localidad rural, la brutalidad colonial despertaría en él el odio hacia la ocupación inglesa, y le llevaría a desertar y a huir de nuevo a Escocia. Allí ingresaría en la Federación Socialista Escocesa, de la cual se convertiría en secretario en 1895.

Posteriormente, ya en Dublín, participaría en la fundación del Partido Socialista Republicano Irlandés, aunque pronto mostraría su desacuerdo con la línea adoptada por éste. Como tantos irlandeses, la situación económica le obliga a emigrar a EEUU en 1903.

Allí formará parte de varias organizaciones de tendencia socialista, y del sindicato IWW (Industrial Workers of the World). En 1910 regresa a Irlanda, llegando a ser secretario general del ITGWU, el sindicato de transportistas, y en 1912 funda el Irish Labor Party, vinculado a las Trade Union irlandesas.

En 1913 las terribles condiciones de vida del proletariado desencadenan en Dublín una serie de huelgas económicas que son rápidamente respondidas por la patronal con una virulenta caza de brujas hacia los trabajadores sindicados. La reacción de la clase obrera ante este ataque es, de facto, la huelga general. La patronal responde con el cierre patronal y la represión más feroz. Será durante estos duros acontecimientos cuando Connolly, junto a otros miembros del sindicato, y con la ayuda de un ex oficial británico, el Capitán Jack White, fundaría el Ejército Ciudadano Irlandés, una milicia obrera para defenderse de los ataques de los esquiroles y de la policía.

La gran huelga de 1913 fue finalmente derrotada tras meses de heroica resistencia y la amenaza de extenderse a la propia Inglaterra, donde los trabajadores habían mostrado su simpatía por la lucha de sus camaradas irlandeses haciendo gala de una solidaridad extraordinaria. Tras la huelga de 1913, el Ejército Ciudadano Irlandés continuaría agrupado y pronto definiría sus objetivos políticos: la lucha por la liberación de Irlanda y el establecimiento de una República Obrera.

En abril de 1916, con Inglaterra sumida de lleno en la carnicería imperialista de la Primera Guerra Mundial, una parte de los Voluntarios Irlandeses (brazo armado de la Hermandad Republicana Irlandesa) encabezada por Patrick Pearse, así como el reducido Ejército Ciudadano Irlandés de Connolly, llevarán a cabo una rebelión contra la dominación inglesa, conocida como el Alzamiento de Pascua.

Los revolucionarios pretendían tomar el control del país y proclamar la República de Irlanda, pero el intento quedó aislado y tras varios días de combate sus principales líderes fueron apresados y sentenciados a la pena de muerte. Gravemente herido durante los enfrentamientos de Dublín, Connolly fue fusilado por soldados del ejército inglés atado a una silla, pues no era capaz de mantenerse en pie. Era el 12 de mayo de 1916.

El Alzamiento de Pascua fue sangrientamente sometido por el ejército inglés. Sin embargo, el sacrificio de quienes participaron en él no fue en vano. En 1919, tras el triunfo de los candidatos republicanos en las elecciones irlandesas, se redacta en Dublín la Declaración Irlandesa de Independencia, y en 1922 se constituye el Estado Libre Irlandés.

Pero la República que surgiría tras el acuerdo con Gran Bretaña, que partía en dos el cuerpo vivo de la isla, profundizaba las diferencias sectarias y mantenía la dominación capitalista en todos los ámbitos de la sociedad. Nada tenía que ver con aquella que soñó y por la que dio la vida el gran revolucionario irlandés. Aunque Connolly no fue ya testigo de esta nueva traición de la burguesía irlandesa, sus palabras no dejan lugar a dudas sobre cuál sería su posición de haber vivido:

“Como socialista, estoy preparado a hacer todo lo que un hombre es capaz de hacer para que nuestra patria alcance su legítimo derecho: la independencia; pero si se me pregunta si modificaría una coma en la reclamación de justicia social para así apaciguar a las clases privilegiadas, entonces debo rechazar este derecho. Tal acción no sería ni digna ni realizable. Recordemos que el que camina de lado del Diablo nunca alcanza el cielo. Proclamemos abiertamente nuestro credo, la lógica de los acontecimientos está de nuestra parte”.

Las clases trabajadoras en la historia de Irlanda

James Connolly

180 páginas • 12 euros


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