A pocas semanas de las elecciones en Gran Bretaña, y una semana antes de su presentación oficial, se filtraba a la prensa británica el Manifiesto del candidato laborista a las próximas elecciones. Se trata del programa más a la izquierda que ha tenido el laborismo desde los años setenta. Los feroces ataques, tanto de los tories y capitalistas a través de sus medios de comunicación como de la derecha del Partido Laborista, no se han hecho esperar. Evitar la victoria de Jeremy Corbyn a toda costa, esa es su máxima. Para ello blairistas, tories y las grandes corporaciones utilizarán todos los medios a su alcance.

Un programa en beneficio de la mayoría

Algunas de las medidas contenidas en el programa son la nacionalización de la industria energética, de varias empresas de agua, de la compañía ferroviaria y Correos, así como la eliminación de las tasas universitarias (9.000 libras), que impusieron los gobiernos conservadores. También se propone el aumento del gasto público en sanidad, educación (creación de más escuelas infantiles) y vivienda pública (construir 100.000 al año), la subida de los sueldos de los funcionarios y del salario mínimo (de 7,5 a 10 libras la hora), combinado con un aumento de los impuestos a las grandes rentas con el objetivo de ingresar 50.000 millones de libras para sufragar esta inversión.

Tras conocerse el Manifiesto, aumentaron las expec­tativas del voto laborista, superando ampliamente el 30%. A una semana de las elecciones, la distancia respecto a los tories en las encuestas se ha reducido a 3 puntos. Y no es de extrañar, pues el contenido de algunas de estas propuestas ha conectado con los cientos de miles de hombres y mujeres movilizados en el último periodo contra las políticas de austeridad de los conservadores y ha llevado a que, desde la convocatoria de las elecciones, se hayan registrado para votar más de un millón de personas que antes no figuraban en el censo electoral. El 42% de ellos son jóvenes, unos porque han alcanzado la edad legal para votar, pero otros muchos probablemente con la intención de votar el programa de Corbyn. Es significativo que su candidatura aventaje a los tories entre los votantes con menos de 40 años de edad.

Las presiones capitalistas dentro del Partido Laborista

Theresa May convocó elecciones con el objetivo de lograr una amplia mayoría electoral y fortalecer su gobierno. No olvidemos que May no tiene ni siquiera la legitimidad de haber pasado por las urnas, y lo necesita de cara a los ataques contra la clase obrera que tiene entre manos y a las propias negociaciones del Brexit. Se trata sin duda de un movimiento arriesgado por parte de la burguesía británica, aunque cuenta con el abrumador apoyo de los grandes medios de comunicación que ya se han lanzado a degüello en una campaña sin descanso contra Corbyn y lo que éste representa.

Sin embargo, el mayor peligro para Corbyn y su posibilidad de victoria electoral no proviene de las filas conservadoras sino de quienes dentro del Partido Laborista han lanzado una guerra sin cuartel contra él y después de sus dos victorias contundentes en las primarias laboristas. Algunos parlamentarios blairistas ya han declarado que no tienen nada que ver con el manifiesto y que no apoyarán a Jeremy Corbyn en caso de ser candidato a primer ministro.

La tibieza con la que en demasiadas ocasiones el propio Corbyn ha respondido a estas agresiones, y sus intentos constantes de tratar de llegar a acuerdos con los blairistas mediante concesiones políticas han hecho que entre sectores de su base social se extienda un cierto escepticismo respecto a su viabilidad. Sectores y activistas de la izquierda ya han mostrado su decepción con las concesiones al ala de derechas del partido que el propio Manifiesto recoge: renovar el programa nuclear Trident (que cuenta con una enorme rechazo social), que la renacionalización de los ferrocarriles se produzca al finalizar las actuales concesiones a empresas privadas, que no se recoja el compromiso de revertir los recortes a la seguridad social o los retrocesos en los planes de construcción de viviendas. Otro tanto se puede decir de la posición de Corbyn frente al Brexit. Si bien se opone claramente al racismo y defiende los derechos de los inmigrantes de la UE, y habla de un Brexit a favor de los trabajadores y de las capas medias empobrecidas, no denuncia el carácter capitalista de la UE y su papel en la imposición de la austeridad.

Con sus claros y oscuros, el programa de Corbyn representa un paso adelante, reflejando la presión y radicalización del movimiento obrero y la juventud. De llevarse adelante las medidas que incluye el manifiesto podrían transformar la vida de millones de personas. Para llevarlas adelante no sólo basta una declaración de intenciones: las presiones de los grandes capitalistas son colosales. Sólo basándose en la organización y movilización de la base social que le ha empujado a liderar el Partido Laborista contra los intereses del aparato blairista será posible llevarlas a término.


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