Lejos de representar una nueva forma de hacer política, el nuevo presidente francés, Emmanuel Macron, ya ha dejado claro que continuará con los recortes y contrarreformas que han deslegitimado a Hollande en estos últimos cinco años y que han provocado el hundimiento electoral del PSF. La composición del gobierno Macron y sus primeros anuncios y acciones lo demuestran.

Entre ellas, su viaje a Berlín para reunirse con Angela Merkel. En una rueda de prensa conjunta, Macron señaló que “necesitamos ser más eficientes” y se comprometió a aplicar las contrarreformas económicas y sociales exigidas por la Unión Europea. Pretende aprobar una nueva reforma laboral a la vuelta del verano, prepara recortes presupuestarios por valor de 60.000 millones de euros y el despido de 120.000 empleados públicos, en los próximos cinco años.

Otro de sus primeros gestos ha sido vi­sitar a las tropas francesas en Malí, y el mensaje ha sido diáfano: agradecer al ejército su papel como “vanguardia de la República” y recalcar que éste ocupará un papel central en su presidencia; dentro del país, garantizando el cumplimiento del Estado de emergencia, prolongado nuevamente tras el atentado de Manchester; y en el frente internacional, dar continuidad a las intervenciones imperialistas en Libia, Siria o Malí.

En cuanto a la composición del gobierno, aunque Macron prometió nuevas caras, la realidad es que todos los ministros elegidos son figuras conocidas procedentes de cuatro de los partidos tradicionales de la política francesa. Para empezar, el nue­vo primer ministro es Édouard Phillippe, antiguo dirigente del PSF que abandonó hace años el partido para pasar directamente al campo de la derecha (Los Republicanos). El resto del gobierno lo integran firmes representantes del sistema capitalista y de la burguesía francesa.

El ministro de Exteriores, Jean-Yves Le Drian, fue ministro de Defensa con Hollande y el supervisor del despliegue del ejército en suelo francés bajo el estado de emergencia. Será el encargado junto con el gobierno alemán de reorganizar toda la política exterior europea. Al frente del Ministerio de Interior estará el actual alcalde socialista de Lyon, Gérard Collomb; un periodista de Le Monde describió su paso por la alcaldía como “un laboratorio de macronismo incluso antes de que Macron intentara jugar en las grandes ligas de la arena política”.

El responsable de Economía será Bruno Le Maire, ministro de Agricultura bajo el gobierno de Sarkozy.

El Ministerio de Justicia estará a cargo de François Bayrou, líder del partido de derechas MoDem. Los dirigentes de su partido se han integrado en las listas de En Marche!, la formación política de Macron. Bayrou es un veterano en la política francesa, y ha participado en diversos gobiernos de la derecha desde los años ochenta. En 1994, al frente del Ministerio de Educación propuso aumentar el dinero público destinado a la enseñanza privada, medida que sacó a las calles a profesores y estudiantes, provocando que en enero de ese año un millón de personas se manifestaran en París contra esa medida. Ahora ocupa uno de los cargos más importantes, pues tendrá que aplicar algunas de las principales promesas electorales: el plan “tolerancia cero” que prevé la creación de 15.000 nuevas plazas carcelarias, el incremento del número de centros de detención para jóvenes o el endurecimiento de las sentencias para pequeños delitos.

Preparando una nueva contrarreforma laboral

La nueva ministra de Defensa será la eurodiputada del MoDem Sylvie Goulard, conocida también por haber sido una de las principales asesoras del Romano Prodi; mientras que la decisiva cartera de Trabajo la ocupará Muriel Pénicaud, alta ejecutiva de grandes empresas privadas, como Danone, y a la que han descrito como “la vendedora de Francia a la inversión extranjera”. Será la responsable de llevar adelante una nueva reforma laboral, ampliando la actual Ley del Trabajo, que provocó el año pasado una auténtica rebelión social. Ahora tendrá que aplicar las medidas prometidas por Macron, que precisamente son las que tuvo que retirar el gobierno de Manuel Valls debido a la presión de la movilización de los trabajadores en las calles: despido prácticamente gratuito, acabar con el derecho a la negociación colectiva en favor de la negociación individual en cada empresa o la reducción de la capacidad de actuación de los sindicatos en la empresa.

El 11 y 18 de junio se celebrarán las elecciones legislativas. Aún es pronto para hacer un pronóstico, pero sí parece improbable que el partido de Macron consiga la mayoría necesaria para gobernar en solitario. Será un gobierno débil e inestable, que tendrá a la clase obrera y a la juventud enfrente. Poco después de convertirse en presidente una encuesta de Le Polls le daba un apoyo del 45%, el más bajo de un presidente al llegar por primera vez al cargo, y esto antes de la formación de un gobierno que representa una auténtica declaración de guerra para los trabajadores.


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