Theresa May y los odiados tories sufrieron una completa humillación en las pasadas elecciones generales. May las convocó buscando fortalecer su mandato y regresó arrastrándose al número 10 de Downing Street sin mayoría y perdiendo 19 diputados. Su gobierno se apoyará en los Unionistas Democráticos, la organización reaccionaria y pro-austeridad de Irlanda del Norte. May ha descrito al DUP como “sus amigos”. Pero es un partido que se opone a la igualdad de derechos de las mujeres. En realidad, será un gobierno desgarrado por la crisis, las divisiones y terminará cayendo. “Fuerte y estable” no será la descripción con la que se le recordará, “hecho unos zorros” será una descripción más adecuada. El partido de May probablemente también se dividirá por la cuestión del Brexit y esta división puede romperles en pedazos.

Su intento de formar un nuevo gobierno “estable” fracasará. Los sindicatos, Corbyn y los millones que le apoyaron deben pasar a la ofensiva inmediata para derribar al gobierno y derrotar su agenda de austeridad. Jeremy y los dirigentes sindicales en particular deben convocar acciones de masas, incluidas manifestaciones y huelgas contra los recortes, por la defensa de los salarios y los servicios públicos como el NHS. El TUC debe convocar ya una gran manifestación. Bajo una presión de masas, May podría verse obligada a convocar nuevas elecciones. Es tal la inestabilidad y la falta de base de apoyo al gobierno tory y su política que es muy posible que se celebren unas segundas elecciones generales en 2017.

Millones apoyan a Corbyn

Millones de trabajadores y jóvenes aprovecharon la oportunidad de revertir una década de austeridad y creciente desigualdad lanzando un torpedo contra los tories y el establishment que esperaban cien años más de mayoría tory. Como comentó hace seis semanas el Socialist Party Scotland: “Apoyamos muchas de las políticas de Jeremy Corbyn y si se unen para formar un manifiesto claro e inequívoco antiausteridad podría derrotar a May”. La existencia del manifiesto claramente de izquierdas y antiausteridad de Jeremy Corbyn electrizó las elecciones. De estar un 20% detrás de los tories al principio de la campaña, el laborismo y específicamente la candidatura de Corbyn ganó unos asombrosos 12,8 millones de votos y un 40% de los votos. El voto popular fue mucho mayor que el logrado por Ed Miliband en 2015, Gordon Brown en 2010 y Tony Blair en 2005 y 2001. Y fue el mayor aumento de votos de un partido desde la arrolladora victoria laborista de 1945.

El enorme apoyo a las propuestas políticas de Corbyn de un salario mínimo de 10 libras la hora, propiedad pública de los ferrocarriles, impuestos a los ricos y a las empresas, fin de la austeridad, tasas gratuitas para los estudiantes en Inglaterra y otras más motivaron a millones para votar. Los medios de comunicación propiedad de multimillonarios y la BBC se movilizaron para defender los intereses capitalistas pero no consiguieron detener la oleada de apoyo a Corbyn y su manifiesto de izquierdas que contenían muchas propuestas apoyadas por los marxistas.

El número de jóvenes que acudieron a votar, especialmente en Inglaterra, no tiene precedentes, desafiando la sabiduría popular sobre que los jóvenes “no tienen interés” o están “apáticos”. Lo que hacía falta era alguien a quien votar. Corbyn también movilizó a cientos de miles en sus mítines por toda Gran Bretaña, incluso Michael Crick de las noticias de Channel 4 tuiteó: “Probablemente en 2017 ha celebrado los mítines más grandes que ha hecho cualquier líder desde Churchill”.

Nadie quedó más conmocionado por la oleada hacia el laborismo que el ala de derechas blairista que ha intentado sabotear y atacado activamente a Corbyn desde su elección a la dirección laborista en 2015. Muchos de ellos se negaron incluso a hacer referencia a Corbyn en su material electoral. En Escocia, los blairistas Kezi Dugdae e Ian Murray ni siguiera asistieron al mitin de Corbyn en Glasgow.

Escocia

Los mayores perdedores en estas elecciones, a parte de Theresa May, fue el Scottish National Party (SNP). En un contraste asombroso con el arrollador resultado de 2015 cuando el partido de Nicola Sturgeon ganó 56 de los 59 escaños disponibles, el SNP perdió 21 diputados y medio millón de votos. Ha pagado el precio por no cumplir su retórica antiausteridad y enfrentarse a una enorme polarización en la cuestión nacional: su voto ha caído del 50% de 2015 al 37% actual. El anterior líder del SNP, Alex Salmond, perdió su escaño y también su vicepresidente Angus Robertson, ambos ganados por los tories. En total el SNP ha perdido doce escaños a favor de los tories, tres a los Demócratas Liberales y seis al Laborismo.

Una vez más, como pasó después de las conquistas tories en las elecciones municipales en mayo de este año, se ha hablado mucho de la recuperación tory en Escocia. Es verdad que la parte del voto tory en Escocia pasó del 15% a casi el 29%. Estos avances se han hecho en zonas como el noreste, Perthshire, Stirling, los Borders, etc., que hasta 1997 eran tradicionalmente tories. Principalmente son zonas rurales, más ricas y conservadoras, que los tories y el SNP llevan décadas disputándose. El Partido Conservador y Unionista de Escocia de Ruth Davidson basó su campaña en un eje: “no a un segundo referéndum de independencia”. Ha conseguido captar una parte significativa de bloque anti-independencia presentándose como el vehículo más efectivo para protestar contra la propuesta del SNP de un segundo referéndum.

Laborismo

Una vez más el Laborismo escocés y su dirección blairista y anti-Corbyn convirtieron la oposición a la independencia en el punto central de su programa y, como resultado, no consiguieron la recuperación que era posible. Sin embargo, hubo giros significativos en zonas de la clase obrera de Glasgow y el oeste de Escocia donde el mensaje de izquierdas y antiausteridad de Corbyn tuvo su mayor impacto. La realidad es que al inicio de la campaña hace seis semanas, el laborismo partía con un 18% en las encuestas en Escocia y terminaron con un 27%.

Si el laborismo escocés hubiera modificado su desastrosa oposición a la independencia y hubiese hecho campaña por el programa antiausteridad de Corbyn, podría haber doblado sus resultados en Escocia. Por ejemplo, el laborismo no consiguió derrotar al SNP sólo por 74 votos en Glasgow East y por 60 votos en Glasgow South West. El aumento modesto de escaños de un parlamentario a siete y un 3% comparado con su resultado de 2015 podría haber sido mucho mayor.

El Socialist Party Scotland hizo campaña a favor del manifiesto de Corbyn, aunque señalamos la necesidad de adoptar una posición más sensible hacia la cuestión nacional. Como mínimo defender el derecho del pueblo escocés a la autodeterminación y aceptar el derecho a un segundo referéndum de independencia. Corbyn y la izquierda laborista podrían, como hicimos nosotros, defender la unidad de la clase obrera en toda Gran Bretaña a través de una confederación socialista voluntaria, al mismo tiempo que se apoya una Escocia socialista independiente. Además defendíamos que los concejales laboristas dejaran de votar a favor de recortes de empleos y servicios.

A pesar del revés del SNP el apoyo a la independencia aún mantiene unos niveles históricos de alrededor el 46%. Esto confirma que una gran parte de las pérdidas del SNP se deben a su giro a la derecha y su aplicación de la austeridad tory en Escocia, y no a una caída abrupta del apoyo a la independencia. Sin embargo, el movimiento hacia un segundo referéndum de independencia se ha parado por la escala de las pérdidas del SNP. En esta etapa es poco probable que Nicola Sturgeon esté interesada en seguir adelante, por lo menos hasta que no haya un cambio decisivo en el ambiente sobre la cuestión nacional en Escocia.

Echar a los blairistas

Ahora una tarea vital para Jeremy Corbyn es completar la revolución necesaria para transformar el laborismo en una izquierda real, un partido socialista y antiausteridad. Los blairistas se están lamiendo las heridas. Muchos de ellos, irónicamente, tienen que agradecerle a Corbyn tener todavía sus escaños pero el laborismo son dos partidos en uno. Corbyn y sus seguidores deben utilizar su mandato para asegurar la completa democratización del laborismo, incluido el derecho a obligar a que se vuelvan a reseleccionar los parlamentarios. Parecen inevitables las elecciones generales anticipadas cuando la débil figura de May provoque una oposición de masas a su política y sus indecisiones sobre el Brexit. Con Corbyn el laborismo puede ganar la mayoría absoluta si es capaz de luchar sin el sabotaje de la derecha laborista. Como parte del movimiento antiausteridad Jeremy debe defender que los ayuntamientos laboristas dejen de aplicar los recortes.

Luchar por el socialismo

Esta campaña de las elecciones generales ha introducido las ideas socialistas a una nueva generación. Eso es enormemente positivo. También ha dado una visión de hasta dónde están dispuestos a llegar los capitalistas para sabotear cualquier intento de introducir políticas que vayan en interés de los muchos y no de los pocos. La hostilidad a la que se enfrenta Jeremy Corbyn en la oposición es sólo una sombra pálida de cómo intentarán descarrilar un gobierno encabezado por él.

Para evitar esta situación hay que plantear la necesidad de ir más allá en las medidas socialistas incluida la nacionalización de las principales corporaciones y bancos que dominan la economía británica, para ser capaces de introducir un plan socialista democrático. Esto permitiría a un gobierno socialista comenzar a dirigir la economía de una manera planificada bajo el control y gestión democráticos de los trabajadores, eso realmente sí sería gobernar “para los muchos, no para los pocos”.

Las elecciones generales han dejado entrever el poder de las políticas socialistas radicales y el potencial para construir un apoyo de masas para ellas. Los tories han salido de las elecciones hechos pedazos. Ahora necesitamos construir un movimiento para obligarles a dejar el poder. El 8 de junio fue el comienzo no el final. Fue el principio de un movimiento para echar a los tories y crear una sociedad socialista que proporcione educación gratuita, vivienda decente y buenos salarios.


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