Comunicado del Comité Nacional de Socialismo Revolucionario, CIT en Portugal

Socialismo Revolucionario – Comité por una Internacional de los Trabajadores en Portugal, se solidariza con las familias de las víctimas de los incendios forestales que han estallado en el país. Saludamos igualmente a todos los trabajadores de los servicios de emergencias y del Servicio Nacional de Salud, especialmente a los heroicos bomberos, que arriesgan y pierden sus vidas en el combate con las llamas, y a todos aquellos que contribuyeron a la gigantesca ola de solidaridad con las víctimas.

SR-CIT condena a los medios de comunicación social que buscan conquistar records de audiencia explotando la tragedia. Con este incendio podemos ver en su forma más cruel el verdadero carácter del capital. La propiedad privada de los periódicos, radios y televisiones no sirve sino para generar beneficio, y los capitalistas están dispuestos a todo con ese fin.

Pero el capital que hace de la información un negocio va más lejos, pelea por la defensa de los intereses de los capitalistas en cuanto clase, por la sacralización del derecho a la propiedad privada y al lucro. Así se explica como el más mortal incendio forestal de la historia del país sea sistemáticamente retratado como un “accidente” con “causas naturales”, y como el resultado de únicamente “condiciones meteorológicas hostiles” y de una gran “imprevisibilidad”.

Las condiciones meteorológicas extremas — consecuencia del calentamiento global — son solo una pequeña parte de la cuestión.

Fundamentalmente se trata de un problema de economía política y, por eso mismo, tiene responsables de carne y hueso. Así se explica que Antonio Costa, Primer Ministro de Portugal, insista en hablar de “unidad nacional” ante la “tragedia” y que Rebelo de Sousa, Presidente del país, llorando sus mejores lágrimas de cocodrilo, se apresure a decir que “no era posible hacer más”. La verdad es que quedó casi todo por hacer. El Primer Ministro y el Presidente de la República lo saben, y mienten.

En primer lugar, la responsabilidad recae sobre los sucesivos gobiernos del PS, PSD e CDS. Fue un gobierno del PS, con Antonio Costa como ministro de la Administración Interna, el que suprimió el Cuerpo Nacional de la Guardia Forestal. A lo largo de las tres últimas décadas se fue disolviendo casi toda la estructura pública de protección de los bosques, y se degradó el Servicio Nacional de Salud, los servicios de emergencia y los propios bomberos. La inversión pública en estas estructuras es marcadamente insuficiente, con los bomberos mal equipados y mal pagados, además de dependientes de un gigantesco cuerpo de voluntarios por todo el país.

Esos mismos gobiernos fueron también los responsables de dar cobertura legal al proceso de transformación de Portugal en el país europeo con la mayor área plantada de eucalipto — 812 mil hectáreas —, a pesar de tratarse de uno de los países más pequeños de Europa. En términos relativos, Portugal detenta el record mundial de área plantada de eucalipto, con el 8,8% del territorio nacional completamente ocupado por eucaliptos, o sea, el 26,6% del área forestal del país cubierta por una de las especies de árbol más inflamable.

Con todo, la principal fuerza detrás de estos incendios es el propio capitalismo. Es la propiedad privada de la tierra correspondiente a más del 85% de los bosques portugueses lo que implica la ausencia total de planificación de la producción y de la vigilancia, y la negligencia extrema de todos los aspectos del territorio que no sirvan para el beneficio. Los pequeños propietarios de las tierras (en su aplastante mayoría propiedades con menos de 5 hectáreas) son forzados por la legislación, y especialmente por la Política Agrícola Común (PAC) impuesta por la Unión Europea, a rendirse al monocultivo del eucalipto para vender la madera, a bajo precio, a los grandes beneficiarios de todo este proceso: los capitalistas de la industria papelera.

A esto se añaden los problemas de las condiciones climáticas mucho más propicias para los incendios y el abandono de las poblaciones envejecidas por el proceso de éxodo rural, sin acceso a las más elementales estructuras de servicios públicos de salud, educación, transportes o, como resultó tan trágico en este caso en particular, emergencias y socorro. De hecho, es esto lo que explica por qué una gran parte de las propiedades está hoy abandonada.

Lo que tenemos, en resumen, es una combinación mortal de fenómenos generados por la propia dinámica del capitalismo en tanto que modo de producción: la propiedad privada de la tierra, la fragmentación de esa propiedad a través del régimen de herencia, la división internacional del trabajo que atribuye a Portugal la función de productor de papel, la búsqueda ciega de la acumulación de capital, el calentamiento global y los consiguientes fenómenos meteorológicos extremos, la austeridad, la pauperización y la desertificación de las regiones rurales. He aquí, sucintamente, las bases económicas y políticas de los incendios anuales que sufrimos.

Nuevas tragedias de este tipo son, por tanto, inevitables bajo el capitalismo, y no solo en las zonas rurales y despreciadas por el Estado, sino también en los centros urbanos. El reciente incendio de Grenfell Tower, la torre de apartamentos en Londres, es otra horrenda demonstración de este hecho. Todo lo que el capitalismo tiene para los trabajadores, para los jóvenes y para los campesinos es la pobreza y la muerte.

Es por esto por lo que exigimos la reforma agraria y luchamos:

  • Por la nacionalización de todos los latifundios sin indemnización.
  • Por la nacionalización de todas las tierras abandonadas, con indemnización en base a la necesidad comprobada;
  • Por la realización de un plan nacional de producción agrícola, con la organización de unidades colectivas e democráticamente gestionadas de producción y de distribución de alimentos;
  • Por el apoyo financiero y técnico a todos los pequeños agricultores, de forma que puedan liberarse de la pobreza e integrarse en el plan nacional de producción agrícola;
  • Por un plan nacional de restauración de la fauna y de la flora autóctonas, con la creación de nuevos parques naturales y la expansión de los parques naturales existentes;
  • Por la nacionalización total de todos los sectores clave de la economía y los servicios públicos — energía, banca, salud, educación y transportes — sin los que no será posible cumplir las tareas que se imponen;
  • Por la planificación democrática de la economía de acuerdo con los intereses de la vasta mayoría — los trabajadores.

Esta lucha es la forma más eficaz de solidaridad con todas las víctimas de este sistema y la vía más segura para evitar nuevas tragedias. ¡Es la lucha por el socialismo, la lucha por un futuro!


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