A poco más de dos meses de las elecciones generales en Alemania la canciller Merkel parece tener una posición segura y con opciones de elegir quien será su socio de coalición. El odiado partido ‘liberal’, Partido Democrático Libre (FDP), expulsado del parlamento en las últimas elecciones tiene probabilidades de regresar, las encuestas le dan un 10% del voto. Hace sólo unos meses parecía que el Partido Socialdemócrata (SPD) podía alcanzar a los conservadores demócrata-cristianos (CDU/CSU), tras el nombramiento del expresidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, como nuevo presidente del partido y candidato. Pero dos meses después el SPD comenzó a caer de nuevo en las encuestas.

La recesión mundial de 2008/09 golpeó duramente a Alemania, pero salió de ella como el “ganador de la crisis”, exportando las consecuencias de la crisis económica a otros países europeos. Esto se hizo mediante una política de bajos salarios, competencia agresiva y el uso del poder político y económico alemán para imponer la austeridad al resto de Europa.

Mientras en muchos otros países de la UE esta política llevó al crecimiento del desempleo y a recortes masivos en servicios sociales, etc. Alemania consiguió un nivel de empleo récord, aumentar los salarios reales para algunos sectores de trabajadores y – aunque muy limitadas– algunas reformas sociales, como el aumento del salario mínimo (demasiado bajo) primero a 8,50 euros y ahora a 8,84 euros la hora.

Esto no ha significado que la situación social para la mayoría de los trabajadores en Alemania haya mejorado o que sea buena. Al contrario, Alemania tiene el sector con bajos salarios más grande de Europa, la presión laboral ha crecido dramáticamente para muchos trabajadores y los alquileres se han disparado en las grandes ciudades. El recorte del estado del bienestar, que comenzó en muchos países de la UE con la llegada de la recesión de 2008/09, en Alemania fue introducido en 2004 por la coalición SPD/Verdes con el nombre de ‘Agenda 2010’.

Sin embargo, actualmente la conciencia popular no está determinada por esta situación sino más bien por el hecho de que Alemania parece estar rodeada de países con crisis crecientes, inestabilidad, un mundo donde la guerra y el terror dominan y personas como Trump o Marine Le Pen se fortalecen. Para muchos alemanes la relativa estabilidad en casa es algo que se debe defender y consideran a Merkel una garantía de esta estabilidad. Éste ha sido el factor principal para que la conservadora CDU haya ganado este año tres elecciones regionales y haya aumentado en las encuestas, según se acercan las elecciones de septiembre. Pero esto es sólo una cara de la moneda.

Volatilidad subyacente

Otros acontecimientos demuestran la volatilidad subyacente en esta situación. En primer lugar, las subidas y bajadas en las encuestas del SPD. En enero el partido dio un golpe de efecto, que parecía muy inteligente. El entonces presidente del partido, Sigmar Gabriel, dimitió y Martin Schulz fue nombrado presidente y candidato del SPD para las elecciones generales. Schulz presidió el Parlamento Europeo durante muchos años. Este millonario, defensor de la actual gran coalición, de la Agenda 2010, del chantaje de la élite de la UE a Grecia, fue presentado como un supuesto “desconocido”. Para ello se basaron en que no forma parte del gobierno alemán y que no había jugado un papel decisivo en la dirección del SPD.

Además, Schulz prometió volver a poner la “justicia social” como punto central de su campaña electoral. De la noche a la mañana, el SPD subió casi diez puntos en las encuestas (desde un mínimo histórico). Más de 10.000 personas se afiliaron al partido y los medios de comunicación de manera orquestada mostraron su entusiasmo con Schulz. Desde enero a marzo se discutió ampliamente si el SPD podría convertirse en el partido más fuerte y si era una opción realista un gobierno de coalición “rojo-rojo-verde”, con Die Linke (Partido de la Izquierda) y los Verdes. Sería el reflejo del sentimiento entre amplias capas de la sociedad de que no hay justicia social y que la política se hace en interés de una minoría rica. Pero Schulz se comportó como un jugador de fútbol que antes de lanzar un penalti amaga a la izquierda y después… no dispara.

Después de algunas semanas quedó claro que su discurso sobre la justicia social sólo eran palabras vacías sin ninguna promesa política concreta. Tras las elecciones regionales del Sarre, en marzo, donde el SPD perdió frente a una fortalecida CDU, Schulz dejó claro que no planeaba una coalición “roja-roja-verde”, manifestándose abiertamente a favor de una coalición con los liberales, el FDP, el “pequeño partido de las grandes empresas”. Lo que empezó como un movimiento por el cambio se convirtió en el viejo vino en botellas nuevas. Aquellos que quieren un cambio real no consideran que éste pueda llegar de la mano del SPD, mientras que los que piensan que nos enfrentamos a los peligros de la guerra, la crisis y el populismo de derechas, en definitiva el statu quo, defienden la opción de Merkel. Muchas personas no participan en las elecciones porque no se sienten representados.

Por supuesto la amenaza del populismo de derechas no ha desaparecido. El relativamente nuevo partido populista de derechas Alternativa para Alemania (AfD) en los últimos años entró en 13 de los 16 parlamentos regionales. Aunque el apoyo al AfD parece haber caído, aún se mantiene entre el 7 y el 9% en las encuestas de opinión nacionales y lo más probable es que entre en el Bundestag (parlamento nacional) en septiembre. Pero la dinámica ascendente que llevaba la AfD en este tiempo con la denominada “crisis de los refugiados”, de 2015 a 2016, ha desaparecido. Si el año pasado aumentó la participación en las elecciones y principalmente benefició a la AfD, este año muchos antiguos no-votantes suyos obviamente irán a las urnas para frenar a los populistas de derechas.

La AfD está pasando por una serie de fricciones internas serias, con un ala abiertamente de extrema derecha, incluidas conexiones ideológicas con el neofascismo. De hecho, una mayoría de votantes de la AfD dicen que el partido debería ser menos de extrema derecha. Pero las dos alas se necesitan mutuamente y la tregua llegó en el último congreso del partido en abril.

Hacer frente a la AfD seguirá siendo una prioridad importante para la izquierda. Pero estos acontecimientos subrayan la idea defendida por el Alternativa Socialista, SAV, de que no se trata de un giro a la derecha en la sociedad. Se ha producido un proceso de polarización que se reflejó en la solidaridad de masas con los refugiados después de 2015, en las manifestaciones de masas contra el TTIP y contra el racismo y la AfD. Esta polarización ha retrocedido este año con un movimiento electoral hacia el “centro”, en torno a Merkel.

Merkel se presenta con éxito como la defensora de los “intereses alemanes” contra, por ejemplo, Trump, mientras mantiene una política “sobria” y “humana” hacia los refugiados. Esto le ha permitido ganar apoyo entre muchos trabajadores que desgraciadamente no comprenden lo que hacen Merkel y compañía. En realidad, los “intereses alemanes” son los intereses del capitalismo alemán, no el bienestar de los trabajadores y de la población en general. En parte esta respuesta se debe a que los dirigentes sindicales defienden la “paz social” y la política económica basada en la exportación como hace la clase capitalista. En realidad, el gobierno Merkel ha endurecido la legislación de asilo, es responsable de deportaciones inhumanas, incluso de niños en edad escolar a Afganistán y apoya dictaduras como Arabia Saudí.

El Brexit

El Brexit y la crisis de la Unión Europea también son vistos por muchos como un peligro para la estabilidad económica de Alemania. Al mismo tiempo, hay muchas personas que son muy críticas con la UE y sus instituciones. La reacción de Merkel al Brexit, junto con Macron y demás, está presionando para una integración mayor de la UE, presentada como un movimiento contra el nacionalismo y la inestabilidad. En realidad, está motivada por los intereses económicos del capitalismo alemán y llevará a una mayor militarización de la UE. Podría ser la preparación de la creación de un “núcleo duro de la UE” formado por Alemania, Francia, la antigua e informal “zona del marco alemán” (Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Austria) y algunos estados de Europa del Este (Polonia, República Checa), ante la posibilidad de que algunos países como Italia, España o Portugal intenten abandonar la eurozona siguiendo el ejemplo del Brexit, o como en el caso de Grecia, porque se produzcan nuevos estallidos sociales y políticos.

En esta situación Die Linke actualmente está entre el 6 y el 10% en las encuestas (en 2013 logró un 8,6%), aunque perdió votos en las elecciones regionales del este de Alemania, donde tradicionalmente tiene una base más fuerte pero, a la vez, es visto como un partido del establishment pues forma parte de los gobiernos de coalición regionales en tres estados federales. Sin embardo, aumentó sus votos en las regionales de los estados occidentales de Schlewxig-Holstein y Renania-Wetsfalia del norte, partiendo de un nivel muy bajo en ambos casos logró superar el 5% necesario para entrar en los parlamentos regionales. Estos resultados muestran que Die Linke puede aumentar sus votos si se presenta con un perfil más de izquierdas.

En realidad, Die Linke aún es dos partidos en uno: un ala que ha adoptado una orientación parlamentaria con el objetivo de participar en gobiernos procapitalistas junto al SPD y los Verdes, y otro ala formada por muchos reformistas de izquierda y personas con mentalidad anticapitalista. En la medida que la dirección del partido, de una forma u otra, siga declarando su disposición a entrar en coaliciones con el SPD y los Verdes, el partido será visto por muchos como el ala de izquierdas del establishment y no como una fuerza combativa que defiende y lucha por los derechos de los trabajadores, parados y oprimidos. Esto idea se refuerza por la política que lleva a cabo de Die Linke en los gobiernos regionales en los que participa.

Recientemente, en el Bundestag votó contra la legislación que incluía la preparación de la privatización de las autopistas. Pero en la cámara alta del parlamento, formada por representantes de los gobiernos federales, los miembros de Die Linke votaron a favor de ello porque si los gobiernos transforman esta medida en ley dará a los estados federales una mayor parte del ingreso nacional por impuestos. De esta manera, los tres gobiernos regionales en los que participa Die Linke votaron a favor de este paquete en el Bundesrat y, por tanto, saltándose la posición de principios contra la privatización de Die Linke. El primer ministro Turingia, Bodo Ramelow (Die Linke), lo justificó hablando de la “solidaridad entre los estados federales” y afirmando que en un gobierno Die Linke no representa sólo a los trabajadores sino “a todos”.

Este voto y comportamiento fue criticado y rechazado por el Comité Nacional del partido y por su Congreso nacional, celebrado en junio. En el Congreso se votó un manifiesto electoral que es un paso a la izquierda en comparación con el manifiesto de 2013. Dado que, por el momento, a nivel nacional una coalición con el SPD y los Verdes está descartada –las encuestas de los tres partidos no darían y además el SPD no quiere–, algunos miembros de la dirección de Die Linke, como la parlamentaria, Sahra Wagenknecht, utilizan un tono más radical y de oposición. Otros, como la copresidenta Katja Kipping, intentan presionar al SPD para que cambie su posición.

El congreso de Die Linke

Militantes de SAV participamos en el congreso de Die Linke junto con otros sectores de la izquierda del partido, exigiendo mantener una posición más clara contra la participación en los gobiernos procapitalistas y defender una perspectiva anticapitalista y socialista. Entre los 400 delegados y otros asistentes, los compañeros del SAV vendimos 85 periódicos y libros por valor de 500 euros en el stand de nuestra editorial Manifest.

La campaña electoral sólo es el principio, y los militantes de SAV haremos campaña a favor del voto a Die Linke, intentando conectar la campaña electoral con las luchas sindicales, locales y la lucha contra la extrema derecha. En los frentes industrial y sindical actualmente no hay muchas luchas. Sin embargo, la lucha continuada para conseguir más personal en los hospitales es muy importante y plantearemos esto como una prioridad en las actividades de nuestra campaña electoral. Después del triunfo de la lucha de los trabajadores del hospital Charité en Berlín, el mayor de Europa –y donde el SAV están jugando un papel dirigente tanto en el sindicato como en el comité de solidaridad–, por un acuerdo en la negociación colectiva de niveles mínimos de plantilla y regulaciones de seguridad, trabajadores de hospitales y secciones sindicales en todo el país han seguido el ejemplo. Esto presiona a la dirección del sindicato ver.di para que actúe. Ha habido huelgas en hospitales en el Sarre y preavisos de huelga en 20 hospitales para septiembre. Al mismo tiempo, la dirección de ver.di carece de una estrategia combativa y clara. En una reciente conferencia de activistas sindicales de hospitales, miembros de SAV obtuvieron una respuesta buena a sus propuestas de una acción más coordinada en esta lucha. La sección sindical del hospital Charité está preparando una nueva acción huelguística porque se está incumpliendo el acuerdo de negociación colectiva de hace un año.

Alemania vive una crisis social y una polarización muy inferior a la de otros países, con un ambiente dominante en la sociedad de estabilidad en medio de un mundo inestable. Esto es un fenómeno temporal que cambiará una vez lo haga la situación económica, algo que ocurrirá seguro dada la fuerte dependencia que tiene la economía alemana de las exportaciones. Al mismo tiempo hay malestar e insatisfacción acumulado bajo la superficie, en el que se pueden basar Die Linke y los sindicatos. Sin embargo, a menos que se produzcan acontecimientos repentinos, en las elecciones generales de septiembre veremos un triunfo de los conservadores CDU/CSU e incluso un cambio de coalición (CDU/CSU-FDP-Verdes) es una posibilidad. No está descartado que un nuevo gobierno tenga que realizar rápidamente nuevos ataques económicos y sociales, aprovechando que en 2018 no habrá elecciones regionales importantes.

Pero la reelección de Merkel no significará un largo período de dominio conservador. La estabilidad de Alemania depende de la economía mundial, muy frágil. Incluso ya hay signos de inestabilidad en la política alemana y que se han expresado en los resultados “sorpresa” en varias elecciones federales. La inestabilidad de la política alemana y también la flexibilidad de la clase dominante alemana se ven en el hecho de que actualmente haya 13 tipos diferentes de coalición en los 16 estados alemanes.

Un cambio en la situación podría desencadenar grandes protestas, como vimos en el movimiento de masas que comenzó desde abajo, en 2003, contra las reformas neoliberales de la Agenda 2010 del entonces gobierno SPD-Verde. La situación internacional, tiene elementos negativos, como la agudización de los conflictos en el mundo o la presidencia de Trump, pero también positivos, como hemos visto con los nuevos procesos que se están dando en la izquierda, el surgimiento de Podemos en el Estado español, el movimiento de Sanders en EEUU y, más recientemente, el éxito electoral de Corbyn en Gran Bretaña, que tienen un efecto y abren el camino a las ideas socialistas y marxistas. Por eso somos optimistas en cuanto al fortalecimiento de las fuerzas del CIT en Alemania, y nos preparamos para las grandes luchas que se avecinan.


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