El deterioro del cuerpo de bomberos y del Servicio Forestal junto a los Memorándums de la Troika causa de nuevo decenas de muertos y heridos

Más de 80 muertos, entre ellos niños y bebés, y más de 150 heridos, decenas de personas sin hogar y una destrucción incalculable de boques y terrenos forestales. Este es hasta ahora el resultado de los grandes incendios que tuvieron lugar en Ática, pudiendo aún aumentar el número de víctimas, ya que siguen siendo arrastrados hasta las playas cuerpos de personas que intentaron salvarse echándose al mar y aún no se sabe cuántas personas que se encerraron en sus casas no pudieron escapar.

En una tarde se produjeron al menos tres grandes incendios en Ática y quince en total en todo el país. Las dimensiones de esta tragedia recuerdan los incendios vividos en el año 2007, cuando, de nuevo, decenas de personas murieron y gran cantidad de bosques se quemaron en el Peloponeso y Parnitha.

Este número simultáneo de incendios en la zona de Ática, cuando existían altos factores de riesgo, temperaturas muy altas y fuertes vientos, y los puntos y horas en que comenzaron dichos incendios, llevan a la conclusión inevitable de que nos encontramos ante incendios provocados. Una de las zonas afectadas, Kineta, se encuentra a los pies de las montañas de Yerania, donde existían planes para establecer una mina de bauxita. La solicitud de cara a autorizar dicha mina fue rechazada en 2017 como consecuencia de la resistencia de los habitantes de la zona, y por el régimen especial de protección de los bosques de Yerania. La destrucción de gran parte de este bosque sin duda beneficiará las empresas mineras implicadas en dicho proyecto.

El propio Gobierno ya habla, directa o indirectamente, de incendios provocados y el primer ministro Tsipras de un "fenómeno asimétrico". Pero la cuestión realmente es la siguiente: ¿Se justifica esta tragedia solo como consecuencia de que algunas personas, cualquiera que sea la razón, causaran los fuegos? ¿Puede justificar el gobierno la magnitud de los daños y del desastre alegando que se trata de un "fenómeno asimétrico"? La verdadera pregunta es, ¿qué hace el gobierno para proteger al país y sus bosques de este tipo de amenazas?

Independientemente de lo que se pruebe con posterioridad, hay una realidad incontestable: Las deficiencias y recortes  padecidos tanto por los bomberos como por el Servicio Forestal, tanto en medios humanos como en medios materiales, que han supuesto, una vez más, que la respuesta ante los incendios resultara mucho más difícil si no imposible.

En 2007, los bomberos ya protestaron señalando que el 29% de las plazas necesarias en el cuerpo de bomberos estaban sin cubrir, y denunciaron también que el equipamiento y los materiales de extinción estaban obsoletos y defectuosos. ¿Quién no recuerda los vehículos que quedaron averiados de camino a apagar los fuegos, o los agujeros de las mangueras o el inexistente equipamiento de protección personal en los grandes incendios de 2007?

11 años después y tras varios memorándums de austeridad de la Troika la situación es aún peor. Cada año, el presupuesto del cuerpo de bomberos se enfrenta a nuevos recortes en las partidas para repuestos, mantenimiento, telecomunicaciones, ropa y equipamiento de protección personal. Actualmente, se estima que se han “perdido” 4.000 puestos de trabajo en el cuerpo de bomberos, puestos que se “perdieron” durante los años de crisis por distintas vías, jubilaciones no seguidas de nuevas contrataciones, etc. Además, el 25% de los vehículos de extinción de incendios están inmovilizados, mientras que otro 25% está obsoleto, con más de 15 años, implicando más averías, deficiencias, etc.

Por otro lado, el Servicio Forestal, responsable en gran parte de la prevención de los incendios forestales, se ha disuelto casi por completo. En 2007 se reveló que en Grecia solo había 1000 guardabosques responsables de 100.000 hectáreas de bosque. Ningún gobierno ha contratado desde entonces nuevos guardabosques, ni ha mejorado el Servicio Forestal, más bien al contrario, han impulsado recortes desmantelando el servicio y han procedido a privatizar gran parte de sus departamentos.

El profesor de silvicultura Sp. Dafis de la Universidad de Salónica escribió en 2007 acerca de la importancia del Servicio Forestal no sólo para prevenir los incendios y extinguirlos sino, sobre todo, para coordinar las operaciones de extinción de incendios.

"Si a pesar de todos los esfuerzos para prevenir e intervenir rápidamente, el incendio no pudo ser puesto bajo control, comenzará entonces la tarea más difícil, compleja y costosa, la extinción del incendio o mejor dicho tratar de detener la expansión del fuego. [...] La parte más difícil de esta tarea es la coordinación. Y aquí es donde empieza el caos en nuestro país, porque todo el mundo, sea ministro, secretario general, o general del ejército, se considera a sí mismo como el único capaz de coordinar una tarea tan difícil y compleja como esta. En todo el mundo, independientemente de las fuerzas involucradas en la lucha contra los incendios, el supervisor local tiene la responsabilidad de dicha coordinación. Él conoce mejor que nadie la zona, el terreno, las carreteras, los sitios de toma de agua, la inflamabilidad de los ecosistemas, los posibles puntos para facilitar la extinción de fuego, el personal disponible, conoce cualquier edificio y aldea que puedan verse amenazados y  al mismo tiempo conoce la ecología y las especificidades de los incendios forestales en la zona".

Más allá de la escasez de personal y de medios, ha sido evidente también la falta de planificación de la administración de cara a los habitantes que viven cerca de los bosques. Los vecinos y los turistas en estas regiones deberían haber sido informados acerca de cómo comportarse y cómo moverse en caso de incendio, y las autoridades deberían haber tenido planes para una rápida evacuación. En el incendio de la zona de Mati y sus alrededores vimos sin embargo todo lo contrario. 26 personas fueron incapaces de llegar a la Avenida Maratón, donde debían dirigirse, corrieron hacia el mar, y se encontraron ante un acantilado. Atrapados, los encontraron muertos en un campo, abrazados. Otros lograron llegar a la playa y comenzaron a nadar tratando de salvarse, siendo muchos rescatados por pescadores y embarcaciones.

Frente a todo esto, vale la pena mencionar, sin embargo, otra cara mucho más esperanzadora. La enorme solidaridad y la voluntad de ayudar que cientos de personas han demostrado, o los equipos de voluntarios de protección forestal, abandonados por el Estado, pero que se lanzaron a acabar con los incendios junto a bomberos y guardabosques. Se han realizado llamamientos en las redes sociales para conseguir todo tipo de recursos de cara a atender a los afectados por los incendios, respondidos masivamente. Los médicos se mantuvieron en sus consultas para tratar a los heridos, y veterinarios y protectoras de animales cuidando y atendiendo animales domésticos y salvajes, etc.

Partiendo de esta oleada de solidaridad tenemos poco a poco que recuperar fuerzas y entrar de nuevo en la lucha para acabar con las políticas que han conducido a esta tragedia, transformando por completo un sistema que pone las ganancias de los bancos y las grandes empresas por encima de nuestras vidas y por encima de la propia naturaleza que nos alberga.

              

 

 


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