A solo dos años de las protestas históricas en Ferguson, Missouri, el movimiento Black Lives Matter ya ha tenido un amplio y profundo impacto en la política estadounidense. Ningún aspecto cultural se ha quedado indiferente, y en 2016 celebridades como Beyoncé y Colin Kaepernick han llevado el racismo a los medios de comunicación y la sociedad. Mientras que el movimiento ya ha triunfado en hacer avanzar enormemente la discusión sobre la cuestión de raza en Estados Unidos, aún busca medios para hacer que se produzcan cambios fundamentales y duraderos.

La cuestión que afronta el movimiento hoy evoca la historia del último gran periodo de lucha por la liberación negra, los movimientos por derechos civiles y el Poder Negro (Black Power), cuya máxima expresión fue el desarrollo del Partido Panteras Negras de Autodefensa. Valientes y combativas, las panteras unidas asustaban al establishment racista e inspiraban a la clase trabajadora negra, pobre y joven. A pesar de haber llevado a cabo su trabajo en múltiples frentes, son especialmente conocidos por sus patrullas armadas en comunidades negras. En el contexto de una constante y brutal violencia policial, las patrullas se entendían como una audaz defensa de las vidas y la dignidad negra.

Las Panteras Negras se fundaron hace 50 años el pasado octubre, en Oakland, California. El partido nació en un momento crítico entre la decadencia del movimiento por los Derechos Civiles del Sur y el inicio de la era del Poder Negro, mientras la experiencia de la lucha alentaba el debate sobre cuestiones de mayor alcance. El movimiento liderado por Martin Luther King Jr. y la Southern Christian Leadership Conference consiguieron derribar por la vía legal las Leyes Jim Crow (leyes que propugnaban la segregación racial en todas las instalaciones públicas) y su aplicación en espacios públicos así como la aprobación de la Ley de Derecho al Voto y la Ley de Derechos Civiles. Sin embargo, las condiciones básicas de existencia para la inmensa mayoría de las personas negras se mantuvieron en gran parte intactas, definidas por la segregación en materia de vivienda, discriminación en el acceso a una educación superior y trabajos decentes y mayores tasas de pobreza. Eso llevó a Martín Luther King a preguntar: “¿Para qué sirve el derecho a sentarse en una cafetería si no puedes permitirte comprar una hamburguesa?”

Tanto Martin Luther King Jr. como Malcolm X hablaron de los límites de las conquistas formales y legales del movimiento, pero ambos fueron liquidados por las balas de los asesinos a medida que aumentaban las preguntas sobre el capitalismo y cambios más esenciales.

Fueron las Panteras Negras quienes afrontaron el asunto en los años que siguieron. La actitud de las Panteras fue claramente expresada por Bobby Seale cuando dijo: “No combatimos el racismo con racismo. Combatimos el racismo con solidaridad. No combatimos el capitalismo explotador con capitalismo negro. Combatimos el capitalismo con socialismo básico. Y no combatimos el imperialismo con más imperialismo. Combatimos el imperialismo con internacionalismo proletario”.

Los cofundadores, Bobby Seale y Huey P. Newton, dieron forma al famoso programa de 10 puntos de las Panteras en la trastienda de un centro comunitario, el cual incluía demandas que exigían una reforma democrática radical y justicia económica.

Las Panteras crecieron rápidamente en el Área de la Bahía. Sin embargo, fue una atrevida acción en la Legislatura Estatal de California en Sacramento, en la cual entraron en el edificio armados con rifles y leyeron en voz alta una declaración en contra del Proyecto de Ley Mulford (cuyo objetivo era eliminar sus patrullas armadas en las comunidades), la que les hizo ser el centro de atención nacional y les llevó a su explosivo crecimiento en toda la nación.

Además de oponerse a la brutalidad policial, las Panteras organizaban huelgas de alquileres, desayunos gratuitos, programas de cuidados médicos y ropa que combinaban con educación revolucionaria y reclutamiento.En su apogeo, los Panteras tenían una circulación de 250.000 ejemplares de su periódico y 5.000 miembros del partido a jornada completa.

Pero tan rápido como comenzó su crecimiento, su descenso también empezó. El director del FBI J. Edgar Hoover, se refirió a las Panteras como la “mayor amenaza a la seguridad interna del país”. Si bien las patrullas armadas de las Panteras ciertamente llamaron la atención de Hoover y otros, lo que verdaderamente ponía nervioso al establishment eran las políticas socialistas de las Panteras y su potencial para desencadenar un movimiento revolucionario de masas de los trabajadores negros y la juventud.

Estos miedos se fueron intensificando a medida que las Panteras empezaban a construir alianzas aún más amplias con organizaciones que representaban latinos, nativos americanos, y blancos pobres, dirigiéndose a una lucha unificada de los oprimidos. El programa COINTELPRO del FBI de encarcelamientos, infiltraciones, distracción y asesinatos fue un duro golpe para las Panteras. El FBI asesinó brutalmente a 25 Panteras en un año, en 1969, y encarcelaron injustamente a varios cientos más.

Si bien se podía esperar la represión por parte de la clase dominante, no era inevitable que tuviese éxito, y otros movimientos revolucionarios en todo el mundo han resistido ataques mucho más graves. Desafortunadamente los errores en la estrategia revolucionaria de las Panteras Negras contribuyeron a su declive.

Las Panteras se centraron sobrecogedoramente en los sectores más oprimidos de la población negra que eran o bien permanentemente desempleados o subcontratados, mientras que establecían obstáculos para la afiliación y participación de millones de trabajadores negros (que incluía pedir a cada miembro dedicación a tiempo completo). Esto limitó dramáticamente sus dimensiones y peso social. Todo movimiento revolucionario debe organizar a los parados, pero también basarse en la clase trabajadora, la fuerza más progresiva en la sociedad con el poder social para detener la economía. Sí las Panteras hubiesen construido una militancia masiva con estructuras democráticas, en vez de seguir indicaciones de las revoluciones china y cubana, podrían haber construido una fuerza de decenas de miles que podría haberles protegido de la represión.

Finalmente, su uso de las armas tenía otra cara. Para muchos trabajadores negros y pobres, hizo de la organización un grupo de heroicos líderes que ellos podrían venerar y celebrar, pero no una a la que ellos pudieran unirse. El mismo Huey Newton se dio cuenta de esto, y más tarde escribió: “Pronto descubriríamos que las armas y los uniformes nos separaban de la comunidad. Se nos miraba como si fuésemos ad hoc un grupo militar, funcionando fuera de la comunidad y demasiado radical para formar parte de él. Tal vez alguna de nuestras tácticas entonces eran extremas”.

A pesar de los errores y las oportunidades perdidas, las Panteras Negras escribieron un vital y heroico capítulo en la historia estadunidense, y contribuyeron extensamente al avance de las libertades democráticas. Nuestra generación tiene una enorme lección que aprender de sus éxitos y errores, y hoy nos apoyamos en su ejemplo mientras continuamos luchando por la liberación de los negros y por el socialismo.


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