¡Frenemos a la extrema derecha en las urnas y en las calles!

El pasado viernes 15 de marzo nos llegaba la terrible noticia del asesinato de 50 personas musulmanas durante la oración del viernes en dos mezquitas de la ciudad de Christchurch, Nueva  Zelanda, a manos de Brenton Tarrant, un ultra supremacista blanco de ideología abiertamente fascista.

Este individuo, vinculado con los grupos de extrema derecha de la ciudad, entró vestido con ropa militar, casco y gafas de sol en la mezquita de Al Noor con un arma automática y abrió fuego indiscriminadamente contra todo aquél que se cruzaba en su camino, yendo habitación por habitación buscando víctimas durante los casi 20 minutos que duró el asalto. De hecho, no teniendo suficiente con una primera incursión, volvió al coche para coger armas nuevas y entró de nuevo en la mezquita para continuar la matanza. Todo esto fue grabado y retransmitido por las redes sociales en directo a través de una cámara que llevaba en ña cabeza. Después de huir del lugar de los hechos, aún se desplazó 6,5km hasta la mezquita de Linwood y asesinó a 7 personas más, dejando además un reguero de heridos: niños, adultos, personas mayores…

¡No es un lobo solitario desequilibrado, es un militante de la extrema derecha! ¡No es un asesinato, es un atentado terrorista!

El terrorista, en un manifiesto publicado en Twitter titulado “The Great Replacement” (El Gran Reemplazamiento), había anunciado que tenía la intención de “cometer una barbarie”, y lo justificaba “para evitar otra mayor”, para “enseñar a los invasores” que “nuestra patria nunca será la suya” como mínimo “mientras quedase un hombre blanco vivo”. El odio que destila su largo alegado fundamentalista indica que comenzó a planear el atentado hace años, después de “inspirarse” en la matanza de Charleston (EUA) del 2015, y con el objetivo de buscar “venganza” en la Europa “invadida” por los inmigrantes, con referencias a los “enemigos de mi pueblo” que “crea una atmósfera de miedo” y “polarización”. Este asesino, que se autodefine como un “hombre blanco normal” pero que “cree en las diferencias raciales”, apuesta por “aplastar la inmigración” al estilo de Anders Behring Breivik, el fascista que en 2011 mató a 77 militantes de las juventudes del Partido Laborista en Oslo y la Isla de Utoya (Noruega).

En las armas que utilizó el terrorista se encontraba serigrafiada abundante simbología fascista y neonazi. Por ejemplo, se podía leer escritos en letras blancas los nombres de Luca Traini- militante de la Liga Norte y que en febrero del año pasado tiroteó a un grupo de personas negras en Macerata, Italia-, de Alexandre Bissonette- que mató a seis personas en una mezquita de Canadá en enero de 017- y de Josué Estébanez- que asesinó en 2017 en el metro de Madrid al antifascista Carlos Palomino-.

Brenton Tarrant pudo preparar minuciosamente y sin inconvenientes este atentado durante más de 2 años, a pesar de que el gobierno de Nueva Zelanda era consciente del crecimiento de la extrema derecha en el país, de la cual Christchurch es uno de los epicentros  más importantes. Hemos conocido que, en el otoño del 2017, el terrorista hizo donaciones de decenas de miles de euros a Génération Identitaire (Generación de Identidad, movimiento estudiantil del partido de extrema derecha francés Bloque Identitario), como una manera de financiar el Movimiento Identitario Austríaco, tal y como ha reconocido su líder Martin Sellner; este movimiento fascista, al mismo tiempo, mantiene una estrecha colaboración con partidos de extrema derecha como el Partido de la Libertad de Austria (FPÖ) y Alternativa para Alemania (AfD).

¡La hipocresía de los gobiernos capitalistas no tiene fin! En primer lugar, califican la masacre de “asesinato” y no hablan de terrorismo: reservan esta cualificación para los atentados yihadistas y así seguir criminalizando a la comunidad musulmana como una manera de enfrentar a los oprimidos y oprimidas a través de la diversidad religiosa y cultural y desviar la atención de las políticas capitalistas que aplican y provocan la miseria para millones en todo el mundo. Y, en segundo lugar, aceptan que este drama “no se podía evitar” porque el autor “actuaba solo y estaba fuera de nuestros radares”, ¡pero permiten la existencia legal de movimientos y partidos de extrema derecha, los otorgan enormes facilidades para organizarse (con financiación además sin ningún tipo de control) y una impunidad total respecto sus discursos y acciones!

Trump, Bolsonaro, Salvini, Le Pen, Vox… ¡alientan la violencia fascista!

Este atentado no es un hecho aislado. En los últimos años estamos viviendo un auge del terrorismo supremacista blanco, una tendencia creciente en las agresiones xenófobas y racistas a todos los niveles, y como punto más destacado la violencia terrorista. Un mínimo de 171 han muerto desde julio de 2011 en diferentes atentados perpetrados por este tipo de “hombres blancos normales” en América, Europa y Oceanía.

Por hacer un repaso de los más sonados, después del atentado de julio de 2011 en Noruega: en agosto de 2012 un militante neonazi exmilitar atacó un templo sij en Oak Creek (Wisconsin, EUA) y causó la muerte de seis personas en nombre de la “guerra santa racial”; en septiembre de 2013 el rapero y activista antifascistas Pavlos Fyssas resultó muerto en el puerto de Atenas después de una paliza de un dirigente de Aurora Dorada; en abril de 2014 Frazier Glenn Cross, un antiguo dirigente del Ku Kux Klan, asesinó a tres personas en una clínica judía para gente mayor de Overland Park (Kansas, EUA); en octubre de 2015 un supremacista blanco mató a tres jóvenes de la escuela Kronan, escogidos por el color de la piel, en Trollhättan (Göteborg, Suecia); en marzo de 2017 un militar retirado tiroteó en Nueva York a Timothy Caughman, un ciudadano afroamericano, “para entrenarse para un ataque más grande”; en julio de 2017 Darren Osborne atropeyó Makram Alí (y una docena de personas más resultaron heridas) en la salida de una mezquita de Finsbury Park, en Gran Bretaña; y en noviembre de 2018 un francotirador disparó contra la sinagoga Árbol de la Vida de Pittsburgh (Pensilvania, EUA), y mató a once personas porque “los judíos traen musulmanes a América, invasores que quieren matar a nuestro pueblo”.

En los últimos años hemos vivido un repunte del discurso racista, xenófobo y supremacista. En medio de la crisis económica, que se exacerba entre amplias capas empobrecidas de la población, las formaciones populistas y de extrema derecha no hacen más que aprovecharse de todos los prejuicios y planteamientos reaccionarios que anteriormente ha inoculado la derecha “democrática”, con la connivencia y complicidad de la socialdemocracia. Y es que el racismo y la xenofobia se encuentran en la base de la ideología burguesa, de sus partidos y sus organizaciones tradicionales. Además, estas formaciones de extrema derecha se disfrazan de antisistema para conectar con el rechazo y la desmoralización de amplias capas de la población, actuando de forma más decidida que la derecha tradicional. Así, ante la ausencia de una alternativa clara a la izquierda, estos partidos ultras sacan rédito de la frustración y la rabia de la pequeña burguesía y de los sectores más atrasados de la clase trabajadora apelando al nacionalismo, a la identidad de raza, sembrando de odio el discurso político contra inmigrantes, alternativas religiosas y minorías étnicas. Recorren a la demagogia para propagar un mensaje tóxico que asimila el inmigrante o el musulmán, o el africano, etc., o sencillamente el que no es de “raza blanca”, con la delincuencia, el terrorismo, etc. mientras que se eclipsa el verdadero origen de totas estas lacras, que es la pobreza y el sistema capitalista que la genera. El programa político de la extrema derecha está claramente orientado al beneficio de los grandes empresarios, y es por eso que éstos facilitan que su mensaje sea dulcificado y normalizado en sus grandes mensajes de comunicación.

No es casualidad que entre las figuras de las que Brenton Tarrant dice ser admirador se encuentra el presidente Donald Trump, al cual no valora como líder político sino como símbolo “renovador de la identidad blanca”. De hecho, la ONG Southern Poverty Law Center ha denunciado un aumento del 30% en el número de grupos de odio activo en los EUA desde que Trump empezó la campaña para la carrera presidencial . Y no es de extrañar si tenemos en cuenta el amplio repertorio de insultos, denigraciones y acusaciones que utiliza a la hora de referirse a latinos, negros, judíos, entre otros , hecho que ha provocado el aumento de las agresiones fascistas, racistas y sexistas . Paralelamente, da apoyo a movimientos ultraderechistas y de tendencia fascista y resta importancia a los ataques racistas y LGTBIfóbicos . La misma dinámica estamos viendo en Brasil e Italia con los gobiernos de Bolsonaro y Salvini.

¡No pasarán!

Desde el Sindicato de Estudiantes e Izquierda Revolucionaria queremos expresar nuestro pésame a los familiares de las víctimas de Nueva Zelanda así como la más hermana solidaridad con la comunidad musulmana de todo el mundo. Seguiremos luchando contra el racismo y la xenofobia y saldremos a las calles todas las ocasiones que hagan falta, como hicimos el pasado 23M en Barcelona en la manifestación antifascista convocada con el lema “Stop Vox”. La extrema derecha de Vox destaca por sus declaraciones franquistas, machistas y homófobas, pero también islamófobas, como dejó claro su secretario general, Javier Ortega Smith, el pasado septiembre en un acto en Valencia, afirmando que la “civilización” está en peligro por el “enemigo” de la “invasión islamista”.

Pero las ideas de Vox son en el fondo también las de PP y Cs. Desde el Sindicato de Estudiantes e Izquierda Revolucionaria contribuiremos con todas nuestras fuerzas a la derrota electoral de este bloque reaccionario en las elecciones generales del 28A, al mismo tiempo que impulsamos la movilización en las calles contra la derecha y la extrema derecha y defendemos la construcción de una izquierda combativa para poner fin al racismo y la islamofobia que alimenta el capitalismo y acabar con cualquier tipo de opresión transformando la sociedad en líneas socialistas.


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