Desencanto de masas con el sistema político y avanza la izquierda del PSOL

La principal característica de las elecciones municipales del 2 de octubre en Brasil fue la derrota sufrida por el PT (Partido de los Trabajadores). Este hecho ha dominado el escenario político brasileño y ha permitido cierta recuperación de las fuerzas tradicionales de la derecha, al mismo tiempo que se ha intensificado el desencanto con todo el sistema político. En este contexto, una nueva izquierda representada por el PSOL (Partido Socialismo e Liberdade) ha dado pasos adelante significativos como alternativa al PT.

Ha pasado poco más de un mes desde que el Senado destituyó a la anterior presidenta y líder del PT, Dilma Rouseff, y estas elecciones han representado otro golpe importante para el PT. El proceso de destitución de Dilma, en la práctica un “golpe de Estado”, fue la oportunidad para una contraofensiva de la derecha y su plan de llevar a cabo una dura política neoliberal, algo que también se ha reflejado en estas elecciones.

El colapso electoral del PT ha sido de proporciones gigantescas y no se recuperará en la segunda vuelta electoral que se celebrará en 55 ayuntamientos el próximo 30 de octubre. El PT estará presente en la segunda ronda sólo en municipios donde tiene escasas posibilidades de ganar.

El PT pasó de ser el partido más votado en las elecciones de 2012 con 17,3 millones de votos, a ocupar el quinto lugar en éstas, con 6,8 millones de votos. El número de sus alcaldes ha pasado de 644 en 2012 a 261, pasando de tercero a décimo lugar en número de alcaldes electos. Ha desaparecido prácticamente en las capitales de los estados: sólo ha ganado en una, Rio Branco, la capital del pequeño estado amazónico de Acre, al norte del país. Pasará a la segunda ronda en Recife, la capital de Pernambuco, pero con pocas perspectivas de ganar.

El colapso del PT también se ha producido en sus feudos tradicionales. Fue el caso de los llamados distritos ABC de Sao Paulo, una zona con una historia intensa de luchas de los trabajadores metalúrgicos y automovilísticos y uno de los lugares de nacimiento del PT. Esto también vale para la nueva base social que conquistó en los años dorados del “lulismo” en el poder. La región nordeste del país, por ejemplo, era un bastión de Lula y del PT, y en esta ocasión los resultados han sido una ruina para el partido.

La derrota más simbólica la tuvo en Sao Paulo, gobernada hasta este momento por el gobernador del PT, Fernando Haddad. Era importante porque se esperaba que con la renovación de la dirección del partido podrían mantener esta posición. Haddad consiguió el 16,7% de los votos en la primera vuelta, el peor resultado del partido en la ciudad y también la primera vez que tendrá que pasar a la segunda vuelta.

El crecimiento del PSDB

Esta derrota del PT se produce al mismo tiempo que Joao Doria, el candidato del partido tradicional de la derecha, el PSDB (Partido Socialdemócrata Brasileño) conseguía una estruendosa, y hasta cierto punto sorprendente victoria, con el 53% de los votos de preferencia.

Doria procede de una familia muy rica con una historia de esclavistas, pero se presentó como un “trabajador y gestor” de la ciudad. El hecho de que no se presentara como un político profesional, fue un punto de atracción para muchos. Su discurso rabioso anti-PT, en algunas ocasiones contra la izquierda en general, también fue un factor que atrajo a sectores de las clases medias más conservadores ideológicamente que tienen un peso social significativo en Sao Paolo.

El PSDB fue el principal vencedor de estas elecciones. Aparte de Sao Paulo, ganó en más de 792 municipios y pasará a la segunda vuelta con la perspectiva de ganar más, en total posiblemente gane en 812. En 2012 logró 701 y 13,9 millones de votos, ahora ha obtenido 17,6 millones.

Esta victoria del PSDB no será suficiente para resolver la durísima disputa interna del partido y los elementos de crisis presente. La victoria de João Dória, en Sao Paulo, fortalecerá la posición del gobernador del estado, Geraldo Alkmin, que mantiene una disputa con el presidente del partido, Aecio Neves, y el actual Ministro de Exteriores, Josse Serra, respecto a quién será el candidato presidencial del PSDB en 2018. Existe incluso la posibilidad que los tres candidatos se presenten bajo distintas banderas del partido.

El PMDB (Partido Movimiento Democrático Brasileño), el partido del presidente ilegítimo Michel Temer, continua controlando la mayoría de las prefecturas, reafirmándose como el partido de los barones regionales basados en grupos corruptos locales. Obtiene 1.029 prefectos comparados con los 1.017 de 2012. El PMDB es un partido capitalista basado en dinastías regionales, que formaron parte de la coalición de gobierno con Dilma.

El control del PMDB de las autoridades locales ha seguido más o menos sin alteración alguna, aunque ha sufrido una derrota terrible en Rio de Janeiro, donde controlaba el ayuntamiento con el apoyo del gobernador del estado. A pesar de tener más horas de televisión y más dinero para la campaña, el PMDB no consiguió pasar a la segunda vuelta. En cambio, el PSOL sí pasó y se enfrentará a un candidato evangelista de derechas.

Está claro que los avances electorales del PSDB y la derecha favorecerán la ejecución de los ataques neoliberales planeados por el gobierno ilegítimo de Michel Temer. Pero esto no significa que el gobierno tenga el camino despejado para cumplir sus deseos. El presidente Temer es extremadamente impopular y las medidas que propone generarán mucha insatisfacción y resistencia entre los trabajadores, la juventud y amplios sectores de la población.

El crecimiento electoral de la derecha fortalecerá su posición neoliberal en las instituciones. Pero una gran parte de los que votaron a los candidatos de la derecha, como João Dória, se oponen a la agenda neoliberal de esa misma derecha. Estas personas votaron a la derecha como una forma de protesta contra el PT o por figuras que son percibidas al margen del sistema político tradicional. Los nuevos alcaldes elegidos por este último motivo han generado muchas expectativas que no cumplirán y provocarán el crecimiento de la oposición.

Además, tampoco podrán contar con el apoyo de millones de electores que simplemente no votaron a ningún candidato, anulando el voto, votando en blanco o simplemente no acudiendo a votar (a pesar de que en Brasil el voto es obligatorio). a la oposición de millones de votantes que simplemente votaron nulo o en blanco (ya que votar es obligatorio en Brasil). La continuidad de la dinámica de crecimiento de este tipo de votos, indica, en parte, una insatisfacción generalizada con el sistema político.

Aumento de la abstención

A pesar de la inédita victoria en la primera vuelta en Sao Paulo, João Dória del PSDB tuvo menos votos que el total de los que no votaron a ningún candidato. Los que optaron por votar nulo o en blanco sumaron 3.096.000 votos frente a los 3.085.000 conseguidos por Dória.

La suma de la abstención, los votos nulos y blancos fue más elevada en las 10 capitales que los votos conseguidos por los candidatos ganadores. En el caso de grandes ciudades como Rio de Janerio o Sao Paulo, éstos se concentraron en las zonas más pobres y marginadas. En las zonas ricas la abstención y el voto en blanco no crece o fueron menores.

Una interpretación correcta de este fenómeno es que una gran parte de los que optaron por no votar a ningún candidato, son electores desilusionados con el PT, que no se van para otras opciones y presentan desilusión y cuestionamiento con el conjunto del sistema político. Esa es una base que puede ser reconquistada por una nueva alternativa de izquierdas, como el PSOL, además de ser un contingente que puede apoyar y participar en las luchas de resistencia a los ataques de los nuevos gobiernos de la derecha en los municipios y también en el caso del gobierno federal. Movilizarlos es uno de los desafíos centrales de la izquierda socialista y de los movimientos sociales combativos.

Corrupción y crisis económica

El hecho de que Ministros, senadores, ex-Presidentes y tesoreros del partido y otros hayan sido encarcelados, explica el enorme desgaste del PT. La “Operação Lava Jato”, promotora de la mayor parte de las investigaciones y presuntamente inspirada en la “Operación manos limpias” de Italia, fue dirigida deliberadamente por la derecha contra el PT. La derecha supo utilizar toda la situación, precisamente cuando ella está envuelta en las tramas corruptas que implican al PT. Su objetivo hoy es evitar que Lula se presente a las elecciones presidenciales de 2018, aunque eso signifique la propia condena a prisión de Lula.

La “Operação Lava Jato”, continuará siendo crucial para el futuro de PT, sobre todo cuando el cerco de las investigaciones se aproximen cada vez más a Lula, la gran esperanza para recuperar apoyo en 2018, incluso aunque sea un factor desestabilizador en la situación política. De hecho, uno de los dos objetivos centrales de la maniobra golpista contra Dilma Rousseff era colocar límites en la investigación de “Lava Jato” que tendía a crecer sin control y arrastrar a todo el sistema político. El otro objetivo fue crear las condiciones para la aplicación de una política neoliberal brutal que Dilma quería introducir, pero no estaba en posición política de hacer. Este programa de contrarreformas es la respuesta del gran capital a la gravísmima crisis económica que afronta el país, tal vez la peor de su historia.

La razón de fondo de la debacle del PT no está, por tanto, sólo en la corrupción. Denuncias graves ya afectaron al PT en 2005, y aunque dirigentes fueron presos el mismo Lula fue reelegido con relativa facilidad en 2006. Pero esos hechos se daban en un país que crecía económicamente, había una sensación de pleno empleo y unas expectativas de mejora continua.

La razón fundamental de la actual la crisis del PT es la gravísima situación económica y social del país, y la incapacidad y falta de disposición política del PT para enfrentar esta situación movilizando a los trabajadores y ofreciendo una salida por la izquierda.

Brasil está inmerso en la que posiblemente se convierta en la peor recesión de toda su historia. La caída del PIB en 2016 fue de entre 3 y 3,5%, igual que el año anterior, cuando cayó un 3,8%. Si tenemos en cuenta que en 2014 el crecimiento fue prácticamente cero (0,1%) y para 2017 el crecimiento no superará el 1%, estamos ante uno de los peores resultados económicos de la historia del país.

Los efectos sociales de este escenario han sido terribles. La tasa oficial de desempleo está en el 12%, eso significa que 12 millones de personas no tienen trabajo en un año, y esta caída en la industria se refleja en otros sectores. Sólo en el sector industrial se han perdido en un año 1,3 millones de puestos de trabajo. En la industria automovilística, en un período de dos años se han destruido 200.000 empleos.

Además, el mercado informal del trabajo, caracterizado por la precarización y las pésimas condiciones, ya no es capaz de absorber la fuerza laboral que es expulsada del mercado formal, disminuyendo la población ocupada. Esto está provocando una tendencia clara al retroceso de los ingresos de la clase obrera.

La situación será aún peor con las contrarreformas que quiere aplicar el gobierno Temer, como la contrarreforma fiscal (congelando en la práctica el presupuesto por 20 años), la contrarreforma en la seguridad social y la contrarreforma laboral, lo que significará una reducción de los derechos sociales de los trabajadores.

Temer afirma en su publicidad que va a “acabar con el Brasil de rojo” haciendo referencia tanto a la crisis de gobierno como al “izquierdismo del PT”. Usa la retórica de que la culpa de la crisis es del anterior gobierno, ignorando que él era vicepresidente en el gobierno de Dilma. En las elecciones, el PT fue duramente castigado por esta situación. A partir de ahora, serán Temer y sus aliados del PSDB y de la derecha tradicional los que deberán asumir la culpa.

El espacio para una alternativa de izquierdas y el papel del PSOL

El PSOL ha emergido de estas elecciones como una referencia de izquierda alternativa al PT con mucha más visibilidad que antes. Esto no necesariamente se ha reflejado en el número de alcaldes y concejales electos, sino sobre todo por la importancia política de las conquistas electorales. El partido ha logrado 53 concejales (un 10% más que en 2012) y dos alcaldes (los mismos que en 2012). Pero el PSOL ha pasado a la segunda vuelta en dos importantes capitales de estado, Belem y Rio de Janeiro, y también en una ciudad del interior del estado de Sao Paulo (Sofocaba).

En un país de las dimensiones de Brasil, el PSOL no tiene la oportunidad de disputar en todos los municipios con los partidos burgueses que funcionan como verdaderas maquinas electorales apoyadas y sustentadas por gobiernos municipales y estatales con mucho dinero y tiempo en la televisión.

El PSOL ha tenido que disputar estas elecciones con mucho menos tiempo de televisión que en años anteriores, ya que el Congreso corrupto aprobó en el año anterior una nueva legislación que crea una especie de cláusula limitando el tiempo en TV para todos los partidos que no tuviesen al menos nueve diputados federales. Esto hizo que en la mayoría de los municipios el PSOL tuviera unos 10 o 12 segundos en la televisión para transmitir sus propuestas. Las nuevas leyes establecen también que los canales no están obligados a incluir al PSOL en los debates televisivos. En algunos municipios y capitales, la actividad realizada por los candidatos del PSOL presionó para que algunas emisoras incluyesen su participación.

A pesar de todo, en las capitales y grandes ciudades el PSOL fue capaz de presentarse y disputar al PT la hegemonía de la izquierda. Los dos partidos viven dinámicas opuestas, con el crecimiento del PSOL y la decadencia del PT.

Las elecciones han expresado la polarización política que ha marcado el último período en Brasil, con la diferencia que en varias regiones fue el PSOL quien desafió a la derecha conservadora y no el PT. El caso más emblemático fue Río de Janeiro, donde el PSOL está jugando el papel que históricamente desempeñó el PT en la izquierda brasileña.

En Río, el candidato del PSOL, Marcelo Freixo, consiguió avanzar para disputar la segunda vuelta contra Marcelo Crivella del PRB (un partido vinculado a la iglesia neo-pentecostal). En Río los concejales del PSOL son los que obtuvieron más votos, junto con un candidato de la extrema derecha populista.

En Belem (capital del estado de Pará) el PSOL y no el PT se enfrentará en la segunda vuelta contra el actual alcalde del PSDB. También logró más del 10% de los votos en cinco capitales de estado y en dos disputará la segunda vuelta, mientras que el PT sólo lo consiguió en siete capitales.

En Sao Paulo, a pesar del buen resultado del PSOL, que aumentó el número de concejales de uno a dos, el papel antagonista principal de la derecha todavía lo jugó el PT del actual alcalde, Fernando Haddad. El concejal con mayor número de votos en Sao Paulo también fue Eduardo Suplicy del PT, un ex senador que fue visto como el más honesto de los políticos brasileños, colocado en esa posición de candidato a concejal para intentar mejorar la imagen del partido y arrastrar votos. A pesar de esto, en las elecciones a alcalde el PT fue derrotado y el PSDB venció en la primera vuelta. La desilusión con el PT abre un espacio para que el PSOL avance también en Sao Paulo.

Las elecciones también reflejaron lo que se ha llamado “la primavera de las mujeres” debido a las luchas recientes por los derechos de la mujer. Muchas jóvenes mujeres, muchas de ellas negras y ligadas a la lucha LGTB fueron elegidas concejales del PSOL en varias ciudades, como en el caso en Sao Paulo, Belo Horizonte, Río y Porte Allegre (algunas de las capitales más importantes del país).

En la ciudad de Natal (Rio Grande do Norte) Amanda Gurgel, originalmente candidata del PSTU (Partido Socialista Unificado de Trabajadores), y que recientemente rompió con el partido a pesar de presentarse con sus siglas, fue la segunda candidata más votada. Sin embargo, no fue elegida debido a la negativa del PSTU de formar un frente de izquierdas con el PSOL y por tanto garantizar el coeficiente electoral mínimo para ser elegida en la ciudad.

En general, la actitud el PSTU mantiene el curso sectario que ha provocado numerosas rupturas en sus filas. Desde el punto de vista electoral, esta actitud le ha hecho perder votos, incluso en zonas donde tienen alguna influencia sindical.

El PSOL ha salido de este proceso electoral como alternativa al PT por lo menos en algunos de los principales centros urbanos. Su resultado para disputar la segunda vuelta en Río y Belém, además de Sofocaba (Sao Paulo), profundiza esta realidad. Eso no significa que el PT haya perdido su hegemonía sobre un campo amplio de la izquierda, teniendo en cuenta además que es un partido con una estructura mucho mayor que la del PSOL, que detenta el poder en cientos de municipios y todavía controla los principales sindicatos del país. Pero sin duda, el desafío a la izquierda del PT se ha fortalecido.

Los compañeros de la LSR (CIT Brasil) se presentaron como candidatos del PSOL en varios municipios obteniendo importantes resultados para la construcción de nuestras fuerzas. Nuestras compañeras candidatas a alcaldesa en Río das Ostras (estado de Rio de Janeiro) y Bauru (Sao Paulo) obtuvieron un 10% y un 2,8% de los votos respectivamente. En Sao Paulo, la candidata a concejal Marzeni Pereira, una dirigente sindical despedida de la empresa de agua Sabesp, fortaleció su posición en la zona oriental de la ciudad. La cuestión de la crisis del agua y la lucha contra su privatización fue un aspecto central también en la campaña de la compañera Ary Girota, sindicalista y trabajadora de CEDAE, como candidata a concejal en Niterói (RJ). En el estado de Rio, una nueva capa de militantes ingresaron en nuestra corriente como resultado de la campaña electoral. Lo mismo ocurrió en la campaña que realizamos en Natal (RN) con la candidatura de la compañera Aretha y en otras regiones.

Como parte del proceso de reorganización y recomposición de la izquierda socialista brasileña y en medio de las luchas decisivas que se abren, en el próximo periodo la LSR podrá fortalecerse tanto en el trabajo sindical y de los movimientos sociales, como en el campo electoral.


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