El pasado 12 de febrero se llevó a cabo la manifestación “Vibra México”, raquítica concentración convocada por el gobierno priista, sus aliados políticos, y algunos supuestos intelectuales, para supuestamente “protestar” contra Trump. Aquellos que durante años nos han acusado de violentos, de violar el derecho de la ciudadanía al libre tránsito cuando por nuestras protestas se ve alterada su apacible cotidianidad, e incluso nos llaman holgazanes por marchar, se envolvieron en la bandera nacional para intentar convencernos de que explotadores y explotados estamos en el mismo barco. Pero el fracaso de la marcha demuestra que la clase trabajadora y la juventud de México sabe muy bien quienes son sus enemigos y quienes sus aliados.

De forma oportunista y descarada una capa de intelectuales reformistas y de derechas, empresarios y políticos, ocultándose con su desfachatado disfraz de ciudadanos, impulsaron esta marcha para “defender a México” ante las medidas políticas, económicas y discursivas de Donald Trump. Aunque existe un descontento real y muy marcado contra el presidente de EEUU, el grueso de los trabajadores y la juventud no hicimos caso a esta convocatoria por demás farsante y miserable. La clase empresarial pretendía repetir la asistencia a la “Marcha blanca” convocada en el año 2004; sin embargo, para los trabajadores y jóvenes estos 13 años no han pasado de largo: hemos aprendido que el gobierno y los empresarios que dicen defender México de la violencia y corrupción, y de Trump, son los mismos que aplican las medidas más atroces contra los trabajadores en las fábricas, en el campo y centros de trabajo, y siempre se han mostrado como mayordomos serviles de los intereses del imperialismo estadounidense.

El descontento real y legítimo que los explotados y explotadas de México manifestamos contra Trump, es el mismo rechazo que tenemos contra nuestro gobierno asesino, corrupto y ladrón. La misma clase que ahora llama a marchar contra el gobierno norteamericano y en defensa de los connacionales y sus derechos democráticos en los EEUU, son los mismos que han apoyado, solapado y aplaudido durante décadas todas las medidas del Régimen contra los trabajadores mexicanos en materia laboral y social y también apoyando la represión abierta y directa.

No está de más decir que estos mismos convocantes se han visto beneficiados por los acuerdos comerciales con Estados Unidos, y sólo ahora que la política proteccionista de Trump amenaza sus negocios saltan a la palestra de la movilización en defensa de sus intereses más mezquinos y cobijando al gobierno que les ha ayudado a conseguir estos beneficios.  

Los trabajadores decimos fuerte y claro: ¡No nos engañan! Su defensa de la Patria es la defensa de sus intereses empresariales y capitalistas, su defensa patriótica es cobijar a un gobierno asesino, empresarial y el principal causante de que 34 millones de trabajadores mexicanos vivan en los EEUU. Si su defensa fuera legítima ¿por qué no los vimos marchando y movilizándose en defensa de PEMEX y contra su privatización, a favor de los maestros y contra la reforma educativa que, entre otras cosas, privatiza la enseñanza y despide a docentes; por la aparición con vida de los compañeros normalistas de Ayotzinapa? ¿Cuándo los hemos visto marchar con las madres y familiares de las miles de mujeres desaparecidas recorriendo el país desde Ciudad Juárez hasta Ciudad de México, cuándo convocar a las manifestaciones contra la mineras canadienses y norteamericanas que expropian las tierras de nuestros pueblos indígenas y campesinos, cuándo defender a los migrantes que son asesinados, secuestrados y maltratados en nuestro país, cuándo repartir comida a los migrantes en la Bestia o apoyarlos en las fronteras? ¡Nunca! sólo silencio y condena.

Pero ¡oh sorpresa! al parecer todo esto es nuevo para estos “ciudadanos” que marcharon de forma cómoda las calles del DF: gorra, lentes oscuros y tenis deportivos de marca, un recorrido de apenas unos 3 kilómetros, distancia que hijos de indígenas y campesinos tienen que cubrir todos los días para ir a su escuela más cercana. ¡Vaya fatiga para aquellos que en un día soleado dejan sus confortables autos para defender el TLC y todos los acuerdos que esclavizan al pueblo de su amado México!

La juventud y la clase trabajadora debemos de levantar la resistencia contra el gobierno de Trump y solidarizarnos con los trabajadores norteamericanos a la vez que luchamos contra el gobierno de Peña. No permitamos que la falsa defensa de la Patria nuble nuestra vista y nos impida ver nuestros verdaderos enemigos tanto nacionales como extranjeros. Los trabajadores somos internacionalistas, los ataques que están sufriendo los compañeros norteamericanos son el complemento de los que nosotros en México vivimos día con día, la clase que los explota es la misma que nos explota a nosotros. Debemos de levantar la bandera de unidad con los trabajadores y campesinos pobres y no con los empresarios o intelectuales que a lo largo de la historia han demostrado estar del lado contrario a nuestra barricada. Levantemos un programa de independencia de clase frente a la burguesía ya sea nacional o extranjera, continuemos las movilizaciones, extendiéndolas e impulsando la unidad en líneas de clase y no nacionalistas. En cualquier parte del mundo los trabajadores somos los mismos, en cualquier parte la burguesía es el enemigo.

Peña y Trump el mismo enemigo.

Ni guerra entre pueblos, ni paz entre clases.


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