Carli, como sus amigos y compañeros le conocían, fue abogado laboralista y militante de la izquierda, junto con otros abogados creó la red de defensores de activistas sindicales y políticos. Fue secuestrado y torturado en marzo de 1976, durante el gobierno de Isabel Perón, nueve días antes del golpe de Videla. Su secuestro fue ejecutado por la Triple A (Alianza Argentina Anticomunista). Estuvo 20 meses detenido en los “mejores centros”, entre ellos la ya famosa ESMA. En 1977 fue liberado y exiliado a España. Y una vez aquí comienza a ejercer como laboralista en 1979, apoyando legalmente a los exiliados argentinos y al resto de latinoamericanos exiliados.

En esa época, el Estado español arrastraba las secuelas del franquismo, pesadas cadenas que aún hoy cuelgan de nuestro cuello. Pululaban el Batallón Vasco Español, antecesor del GAL; el jefe de la escolta de Fraga Iribarne (padre de la Constitución) era nada menos que Rodolfo Almirón, que había sido jefe de la Triple A y de quien fue abogado Ruiz Gallardón. La embajada Argentina en Madrid albergaba miembros del servicio secreto de la dictadura de Videla, que controlaba los movimientos de los ciudadanos argentinos e intentaba infiltrarse en él. De hecho, en 1980 fue asesinada en Madrid una de las Madres de Plaza de Mayo, Noemí Ester Gianetti de Molfino. Este contexto rodeó cierto “accidente” que sufrió Carli, que le condicionó su vida y también su temprana muerte a los 67 años.

En 1982, Carli defendió a un grupo de jóvenes que estaba siendo agredido por un hombre en estado de ebriedad, que resultó policía y manejaba pistola. Aunque no estaba de servicio, le pegó un tiro por la espalda en la zona lumbar. Esto determinó que para el resto de su vida su estado de salud fuera sumamente delicado, sufriendo varias operaciones y, finalmente, terminara en silla de ruedas.

Lo importante de Carlos Slepoy es que a pesar de estas circunstancias continuó su lucha por una sociedad mejor buscando la aplicación de la justicia universal a favor de los más débiles y de los que luchan por un mundo mejor. Combatiendo desde su trinchera de la justicia a los que detentan el poder y utilizan la legislación para ello.

Así, en 1998 se dio a conocer internacionalmente por su acción legal contra Pinochet junto a Baltasar Garzón, lo que permitió su detención durante su viaje al Reino Unido, para una intervención médica. Formó parte de la acusación particular contra otros dictadores y represores como Videla, Ríos Mont (exdictador de Guatemala) y Scilingo, condenado en el Estado español a cadena perpetua, por los llamados “vuelos de la muerte”.

En 2010 conjuntamente con otros miembros de la abogacía impulsó en Buenos Aires, coordinando con asociaciones de víctimas, fiscales y jueces argentinos una querella contra los crímenes del franquismo. Recogió testimonios en Argentina y en el Estado español, y pidió la extradición de una veintena de imputados por 113.000 asesinatos, enterrados en fosas comunes y cunetas en el Estado español. Por primera vez se abrieron los juzgados para tomar testimonio a víctimas o familiares, e incluso se logró que por primera vez desde el fin de la dictadura un guardia civil, Muñecas Aguilar, y el inspector de policía González Pacheco, alias Billy el niño, acusados de crímenes de lesa humanidad, tuvieran que comparecer ante un tribunal español.

En 2015, el gobierno de Rajoy deniega la extradición de estos dos personajes. Por las mismas fechas, Slepoy intervino en el Parlamento Europeo denunciando, en el marco de unas jornada llamadas “Con impunidad no hay democracia”, el retroceso español con respecto a la Justicia Universal.

El compañero Carlos Slepoy ha sido un ejemplo de integridad y de dignidad, que ha buscado llevar a la práctica del día a día sus ideas y sus convicciones, y proseguir su lucha contra un sistema de opresión en donde la justicia está al servicio de unos pocos. Pero él, en muchos casos, ha logrado conseguir penetrar en esos resquicios que pueden llegar a hacerla vulnerable, apoyándose también en la valentía y la lucha de las víctimas de sus verdugos.

Debemos tomar su ejemplo y decir: Compañero, ¡¡Hasta la Victoria Siempre!!


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