“Conforme aumenta la escasez de alimentos, se extiende la cola de compradores alrededor de un supermercado en la sección arbolada de Altamira en el este de Caracas. Si cruzas la calle verás un escenario muy diferente: el Hotel Cayena, cuyos costos de producción alcanzaron 40 millones de dólares, se ha convertido en un refugio para los venezolanos que pueden pagar 1.000 dólares por una botella de champaña La Grande Année de Bollinger.(…) Ese precio equivale a 40 veces el salario mínimo mensual. Mientras tanto, bienes básicos como el aceite de cocina, azúcar, arroz y harina de maíz se vuelven cada vez más escasos y sus precios siguen subiendo”. “Es un oasis en medio del caos; todo funciona y puedes encontrar de todo”, dice un inversionista del hotel mientras mezcla un poco del queso italiano Grana Padano en su risotto de setas” (https://enterprise.ft.com/es/financial-times-en-espanol/los-ricos-en-venezuela-crean-su-propio-oasis/)

Venezolano rico, venezolano pobre

Otro oasis: “El elegante Caracas Country Club, fundado hace casi 100 años, tiene 3,000 miembros que disfrutan de bellos jardines, habitaciones llenas de antigüedades y un campo de golf de 18 hoyos. (…) En este ambiente es difícil percibir que el país está en medio de una crisis económica. A finales del año pasado, se inauguró una franquicia del reconocido Buddha-Bar en Caracas. En la fiesta de inauguración fluyó el champaña Taittinger, los invitados disfrutaron de los malabarismos de acróbatas y los percusionistas proporcionaron el ritmo para la celebridad de la noche, DJ Ravin. “Sigue habiendo gente bella con dinero que quiere disfrutar de la vida aquí”, dice el dueño (…)” (https://enterprise.ft.com/es/financial-times-en-espanol/los-ricos-en-venezuela-crean-su-propio-oasis/)

Estas descripciones, aparecidas en un periódico de la burguesía internacional como The Financial Times, coinciden con las denuncias realizadas a mediados de 2016 por el empresario vasco Agustin Otxotorena, simpatizante de la revolución bolivariana, en el periódico estatal afín al gobierno “El Correo del Orinoco”. “Si tienes dinero hay whisky 18 años, exquisito Ron Venezolano, champagne francés, vodka ruso o sueco, bombones belgas, carnes sabrosas, langosta, ropa de marca, restaurantes exclusivos, discotecas espectaculares, playas con yates, clubs de golf, de hípica, tenis, fútbol y todo un país dentro de otro país donde no hay pobres; las mujeres y los niños son rubios, van a colegios exclusivos, universidades exclusivas, y se divierten en la Isla Tortuga o el Archipiélago de Los Roques, donde los únicos negros o pobres son los camareros, el servicio o los de seguridad. El universo de la (Lilian) Tintori (esposa de Leopoldo López) y de sus acólitos no es de escasez precisamente”. (https://www.aporrea.org/oposicion/n291427.html)

Ambos testimonios chocan con todo lo que los medios de comunicación capitalistas machacan un día sí y otro también sobre Venezuela. Según ellos, las causas del desabastecimiento de productos básicos hay que buscarlas en las políticas “socialistas” e “intervencionistas” del gobierno. Dichas políticas tendrían atados de pies y manos y desmoralizados a los empresarios.

No se puede hacer una revolución a medias

Lo cierto es que durante estos años de revolución, el pueblo venezolano ha conquistado numerosas mejoras y derechos sociales que antes le eran negadas. Se redujo significativamente la pobreza, millones de jóvenes y trabajadores accedieron por primera vez a la educación superior y media. La expropiación de decenas de empresas cerradas por los empresarios, o que estos mantenían paralizadas para sabotear la economía, salvó miles de empleos y creó la expectativa de que se pudiese extender el control obrero. Pero todo ese proceso ha quedado cortado. La propiedad de las grandes empresas, los bancos y la tierra siguen en manos de los mismos de siempre.  

Con la caída de los precios del petróleo, y la negativa del gobierno bolivariano a expropiar al conjunto de la clase capitalista, la crisis económica empezó a golpear cada vez más duramente a millones de jóvenes y trabajadores y a las capas inferiores de la clase media. Mientras, una minoría formada por banqueros, empresarios y las capas superiores de la pequeña burguesía mantiene sus privilegios e incluso ha encontrado el modo de hacer negocio con la crisis. “A pesar de sus quejas, la mayoría de los ricos en el país viven sus vidas en dólares. Ya que la moneda local ha bajado, permanecer en Venezuela se ha vuelto mucho más asequible.” (https://enterprise.ft.com/es/financial-times-en-espanol/los-ricos-en-venezuela-crean-su-propio-oasis/)

“Las tiendas normales recurren a los pequeños importadores, a lo que el gobierno distribuye ahora, que es menos por la escasez de dólares y la bajada del petróleo... Sobre todo se surten del producto nacional, (hortalizas, frutas,...) que no es mucho, porque en muchos casos los empresarios dejan de producir hasta que el gobierno les sube los precios” explica el ya mencionado empresario vasco, simpatizante del gobierno bolivariano, Agustín Otxotorena. “Las grandes cadenas de distribución venezolanas (Macro, Excelsior Gama, Plaza's, etcétera...) importan directamente y trabajan con los importadores privados más fuertes. Su referencia es el dólar y sus productos están dolarizados a la venta. Por eso hay productos de lujo para aburrir. Porque no están sujetos a regulación.” (…) ”Mientras el precio del petróleo aguantó, el gobierno venezolano trajo comida y de todo, y dio dólares a los importadores que básicamente estafaban al gobierno poniendo sobreprecios en dólares, corrompiendo a los funcionarios para que certificasen que por ejemplo habían traído tres contenedores de repuestos de automóviles...cuando solo habían traído uno y lo habían pasado tres veces por la aduana. Miles y miles de millones de dólares se fueron así. Funcionarios corruptos y oligarcas corruptores, los que tenían experiencia histórica en el manejo de cuentas en paraísos fiscales, triangulación y manejo bancario internacional, y los contactos con las empresas suministradoras. Décadas de experiencia en estas lides, verdadero deporte nacional en Venezuela en todo el siglo XX, facultaban a la elite venezolana a seguir controlando el comercio de importación. Pegaban uno, tres, cinco o veinte pelotazos y se llevaban 1, 5, 100 o 500 millones de dólares al extranjero. Si, si, habéis leído bien las cifras”. (https://es-la.facebook.com/agustin.otxotorena/posts/10208018266351847)

Uno de los aspectos más increíbles (y significativos) de las denuncias realizadas por Otxotorena es que fueron difundidas profusamente en medios de comunicación estatales y saludadas por altos funcionarios y miembros del gobierno como prueba irrefutable de que, efectivamente, era mentira que en Venezuela “faltase de todo”. Pero, acto seguido, ¡no se hizo nada! ¡Los oasis para los ricos continúan existiendo! ¡Y los alimentos siguen sin llegar al pueblo!!

Las medidas capitalistas y los acuerdos con los empresarios incrementan las desigualdades sociales

La política adoptada por el gobierno de Maduro desde entonces ha sido buscar una gran alianza con los empresarios y las multinacionales cuyo resultado está siendo acrecentar las diferencias entre ricos y pobres en el acceso a los alimentos y otros bienes y servicios. Con el objetivo de apaciguar los ánimos de una parte de la población más necesitada, se han implementado los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) que venden quincenal o mensualmente bolsas con productos muy básicos y limitados a precios fijados por el gobierno. Según datos oficiales de éste, los CLAP llegan en este momento apenas a un 30% de venezolanos. Algo que (denuncias sobre corrupción y arbitrariedades en la distribución aparte) resulta totalmente insuficiente dadas las necesidades existentes no sólo en el pueblo pobre sino también en la clase obrera e incluso en una parte significativa de capas medias.

Por otro lado, los acuerdos con empresarios y multinacionales para que importen y vendan a precios del mercado internacional, e incluso superiores, toda una serie de productos ha puesto muchos de estos en los anaqueles de los supermercados. Pero a costa de aumentar la frustración del pueblo. ¿Qué trabajador puede comprar aceite, leche, mantequilla o arroz al mismo precio que se paga en Europa o EEUU cuando su salario, traducido en dólares o euros, no llega a 100 mensuales?

La lista de los venezolanos ricos, que no sólo no sufren esta situación sino que incluso están incrementando sus fortunas mientras el pueblo padece, es de escándalo empezando por los principales dirigentes de la propia derecha contrarrevolucionaria agrupada en la MUD. Leopoldo López, encarcelado por organizar ataques armados por parte de las bandas fascistas de su partido que causaron decenas de muertes en 2014, proviene de una de las familias históricas de la oligarquía venezolana. Además, junto a su tío y primo participa de un “amplio legado de saqueo financiero y neocolonización económica” que abarca “derechos comerciales de diferentes multinacionales” y “jugosas líneas de crédito internacional altamente especulativas para erigirse como un importante “empresario” de la construcción inmobiliaria, ramo asegurador, hoteles, casinos y clubes nocturnos” (http://www.resumenlatinoamericano.org/2015/09/14/venezuela-las-conexiones-financieras-de-leopoldo-lopez/)

La familia Capriles a la que pertenece otro de los principales líderes de la MUD, Henrique Capriles Radonski, es de las más ricas de Venezuela, con intereses en el sector inmobiliario, comunicacional y bancario, tanto venezolano (Mercantil, Banesco) como español (Abanca)

Otros de los grandes beneficiados de la crisis económica y alimentaria venezolana es Lorenzo Mendoza, propietario del principal grupo empresarial privado, Polar, y pieza clave del sabotaje económico. Mendoza utiliza su posición monopolística en la producción de alimentos para exigir constantemente divisas a precios preferenciales con las que especular y concesiones políticas al gobierno. Y éste, lamentablemente, tras amenazarle y denunciarle acaba cediendo siempre.

Otros destacados ganadores de la crisis son un amplio grupo de empresarios que llevan ya tiempo jugando con dos barajas. Mientras tienden puentes con la MUD de cara a un posible futuro, acuden sonrientes a las reuniones para la “reactivación económica” y el “reimpulso productivo” con el gobierno. ¡A cambio de un buen puñado de dólares, por supuesto! Juan Carlos Escotet, propietario de Banesco, es el ejemplo más descarado. Aparece en la lista Falciani y su banco, principal entidad financiera privada del país, además de sede en Venezuela también la tiene ahora en Panamá, habiéndose hecho en circunstancias poco claras con numerosas empresas y propiedades en diferentes países latinoamericanos y en el Estado español, donde compró Abanca.

Otra empresa venezolana, la cadena Sambil, está aprovechando también este momento para expandirse internacionalmente. Acaba de abrir un primer centro comercial en Leganés (Madrid) y tiene planes para extenderse a otras zonas.

Revolución dentro de la revolución para acabar con el capitalismo y la burocracia

Algunos funcionarios gubernamentales han llegado a presentar el hecho de que empresarios que eran denunciados como saboteadores y contrarrevolucionarios estén reuniéndose con el gobierno y suscribiendo acuerdos como una gran victoria. La realidad es que ver como estos elementos se llenan los bolsillos mientras el pueblo sigue teniendo problemas para acceder a toda una serie de alimentos básicos sólo contribuye a extender la desmoralización y el escepticismo. Lo mismo ocurre, o peor, con el desarrollo, junto a la burguesía tradicional y en un tiempo récord, de una burguesía de nuevo cuño (que en algún caso hasta se declara bolivariana) salida de las filas de la propia burocracia del Estado.

La corrupción de la burocracia es uno de los elementos que más ha dañado al proceso revolucionario. Chávez llamó a luchar contra esta lacra, varios altos cargos han sido denunciados y en algún caso incluso detenidos, pero la mayoría han huido impunemente y existen infinidad de denuncias de corrupción por parte de trabajadores de instituciones y empresas públicas, comités vecinales, campesinos, contra altos funcionarios y militares que permanecen en sus puestos o incluso son premiados con ascensos. El problema es que, así como permanece inalterada la propiedad capitalista de los bancos, la tierra y las grandes empresas, se mantiene un Estado que sigue siendo burgués. Esto, como en todos los países capitalistas, facilita la extensión de la corrupción y frena e incluso reprime los intentos de la clase obrera y el pueblo de controlar y sustituir a esos funcionarios y dirigentes.

Sólo una revolución dentro de la revolución encabezada por los propios trabajadores y el pueblo, tomando el poder político y económico en sus manos y gestionándolo de manera democrática, puede abrir el camino al socialismo y la igualdad. Sólo así se podrá resolver los graves problemas sociales que sufre Venezuela y en primer lugar el de la producción y distribución de alimentos a precios accesibles para el conjunto del pueblo, acabando con la desigualdad entre ricos y pobres que se está produciendo.


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