LOS CAMBIOS EN EL CONTEXTO MUNDIAL

La caída de los regímenes de la URSS y del Este de Europa tuvo un gran impacto en Cuba. Fue en ese momento cuando la economía cubana pasó por el momento más crítico de su historia.

La desaparición de los regímenes del Este significó también la irrupción de una nueva situación en las relaciones mundiales. Los imperialistas se frotaron las manos con la caída de los regímenes de economía planificado y se apresuraron a pronosticar una nueva era de la historia de la humanidad, marcada por la paz, la prosperidad y hasta la supresión de las desigualdades. Pero el capitalismo ha deparado un panorama completamente distinto. La existencia de una sola potencia militar y económica mundial, EEUU, combinado con una situación de aguda crisis de sobreproducción capitalista, ha creado un escenario nuevo cuyo rasgo más general y esencial es la enorme inestabilidad del capitalismo en todos los terrenos: más tensiones ínter imperialistas, la vuelta a guerras imperialistas en las que procurar un dominio militar directo (Iraq), crisis de las estructuras políticas que durante años habían sido un soporte clave para la estabilidad (ONU, OTAN, OMC, Unión Europea), tensiones proteccionistas y también, cambios en las relaciones entre las clases. El siglo XXI empezaba con la revolución en Ecuador, abriendo una etapa de ascenso revolucionario en América Latina. En los países capitalistas desarrollados la burguesía se ha lanzado a una batalla a tumba abierta contra todas las conquistas sociales que han hecho posible una vida algo decente en las últimas décadas. En esta nueva etapa del capitalismo observamos cada vez más síntomas de una crisis del modelo de consenso social practicado durante años por los partidos socialdemócratas y de origen estalinista. Existen enormes síntomas de descontento social, expresados en las numerosas huelgas generales que se han sucedido por toda Europa o las masivas manifestaciones contra la guerra. La propia oposición a la guerra entre la población norteamericana es un síntoma de todo ese malestar.

Este es el contexto en el que se sitúa hoy la Revolución Cubana. Haber resistido a la tremenda oleada de reacción que sucedió a la caída de los regímenes de economía planificada es en sí mismo una gran conquista. Cuba sigue siendo un poderoso símbolo anticapitalista en el mundo, especialmente para las masas latinoamericanas, pero no sólo. Ciertamente el acoso imperialista no ha cejado, el bloqueo sigue ahí, las dificultades de una pequeña economía que intenta sobrevivir en el gran océano del mercado mundial permanecen. Pero esa realidad también tiene otra cara: la crisis económica, social y política que está sufriendo el capitalismo a escala mundial no tiene precedentes desde los años 30. El péndulo político vuelve a girar a la izquierda, siendo América Latina el exponente más claro de esta situación. Un gran interrogante planea sobre el capitalismo en países como Venezuela, Bolivia, Perú, etc… Los derroteros de la historia vuelven a atar, más claramente que nunca, el futuro de la Revolución Cubana al futuro de la revolución mundial.

Y es en ese contexto —en el que Cuba ya no puede apoyarse en la existencia de la URSS y los países del Este para mantenerse, al mismo tiempo que se abren procesos revolucionarios en América Latina y otros países del mundo— cuando se pone más en evidencia, más a las claras, la necesidad de una orientación genuinamente revolucionaria para la defensa de la revolución cubana.

LOS CAMBIOS EN LA CUBA DE LOS 90

La caída de los regímenes de la URSS y de Europa del Este constituye el telón de fondo de toda una serie de medidas y transformaciones en la sociedad cubana que son clave para entender la situación actual y las perspectivas que se abren para la Isla. Más del 40% del comercio exterior se realizaba con la URSS y el 80% de los intercambios se realizaban con los antiguos países de Europa del Este y de Asia. La URSS vendía petróleo muy barato a Cuba, que posteriormente era revendido, en parte a precios internacionales, consiguiendo así importantes divisas. Al mismo tiempo era la URSS quien compraba la mayor parte de la producción de azúcar cubano, principal recurso productivo de la Isla. La desaparición del bloque estalinista tuvo consecuencias catastróficas para la economía cubana. Entre 1989 y 1993 el PIB —es decir, la riqueza creada en la Isla, cayó un 35%, una cantidad brutalmente alta.

Ante la catástrofe económica los dirigentes cubanos lanzaron en 1991 el llamado Período Especial: la instauración de una “economía de guerra” para hacer frente a la crisis, que se concretó en un descenso importante del nivel de vida de la población, recortando gastos y estimulando la producción de bienes de consumo para la exportación, a costa del mercado interno, para obtener el máximo de divisas con las que comprar productos esenciales de los que carecían. Es interesante señalar que a pesar de la acusada contracción de la economía las variaciones del gasto social a lo largo de toda la década de los 90 tuvieron un signo positivo, salvo el año 1991.

Pero más allá de las restricciones económicas, con el Período Especial se aplicaron toda una serie de medidas cuyos efectos desestabilizadores en la economía y en la sociedad ponen en peligro la economía planificada y todas las ventajas que de ella se derivan en el desarrollo y el bienestar social. Entre las medidas más destacas están la autorización a que se creen empresas mixtas con capital extranjero y que las empresas con 100% de capital nacional puedan operar en dólares (1992), la doble circulación monetaria, o sea la coexistencia del peso y el dólar (1993), el fomento de la autonomía empresarial y la descentralización del comercio exterior... Todos esos factores, combinados con la falta de un control efectivo por parte de los trabajadores y la existencia de una burocracia, que no está sujeta a ningún control político por parte de la población, tienen un efecto corrosivo en la moral, en la planificación económica y acelera el proceso de diferenciación social, echando agua en el molino de la contrarrevolución capitalista.


DOLARIZACIÓN

Según un estudio, “la dolarización se ha ido extendiendo a lo largo de la economía cubana, no sólo en el comercio y servicios minoristas hacia el sector de la población que de una forma u otra tiene acceso al dólar, donde cada vez más, se realizan aperturas de nuevas Tiendas de Recuperación en Divisas (TRD) y servicios de cafetería, restaurante, entre otros. También este efecto (la dolarización), se ha extendido con fuerza al sector productivo donde el combustible, la energía, piezas de repuestos, materias primas fundamentales, entre otros; su pago en moneda convertible debe ser asumido cada vez más por los Organismo. En los últimos años el índice de dolarización se ha incrementado, González A. en su trabajo El Nuevo Modelo de las Finanzas Internas, publicado en la Revista CUBA: Investigación Económica del INIE no. 2 de abril-junio de 1999 página 22, plantea: ‘En los últimos años el índice de dolarización se ha incrementado de 45% en 1996, a 49% en 1997 y 53% en 1998, lo cual es indicativo de un deterioro en las funciones de la moneda nacional, con la sustitución relativa en los ingresos y en el consumo de la moneda nacional por el dólar’. Algunos especialistas estiman que este índice se ha continuado incrementando y que al cierre del año 2000 pudiera estar alrededor del 58-60%” (Economía y dolarización, pág. 2, del Dr. Armando Nova González, del Centro de Estudios de la Economía Cubana, Universidad de La Habana, extraído de la web Cuba Siglo XXI).

Es evidente que la doble circulación monetaria introduce graves desequilibrios sociales y económicos, potenciado además por la gran diferencia que hay entre el cambio oficial y el del mercado negro.

Hay un abismo cada vez más grande entre los que poseen dólares y los que no. Según un informe de la CEPAL, “entre 1989 y 1992 los envíos de divisas a Cuba aumentaron de manera significativa, a partir de la legalización de la tenencia de dólares en 1993 las transferencias privadas tuvieron el mayor efecto macroeconómico, constituyéndose en una importante fuente de ingresos netos de moneda convertible”. Se estima por otras fuentes que al cierre del año 2000 sobrepasan los 1.100 millones de dólares recibidos en la Isla por esta vía.

La disminución del nivel de vida, sobre todo durante la primera mitad de los noventa fue de casi un 50%, lo que marcó un auténtico éxodo de trabajadores de todos los sectores de la economía rumbo al sector turístico. Esto ha redundado en un empeoramiento constante de los demás servicios y en la productividad del trabajo, ¿para qué trabajar por pesos que no valen nada?

Las diferencias sociales se reflejan claramente en la evolución de las cuentas bancarias. “En el período comprendido entre 1994 y 1997 es posible distinguir que el número de cuentas de mayores montos disminuye su representatividad de 14,1% a 13,2% y sin embargo, el monto que ellas concentran se hace cada vez mayor, pasando de controlar el 77,8% del efectivo al 85%, lo cual implica desigualdad para el aprovechamiento de las oportunidades” (Cuba: efectos sociales de la crisis y el ajuste económico de los 90’s, Viviana Togores González, Web Cuba Siglo XXI ).

COMERCIO EXTERIOR

Como hemos visto, la dolarización tiene implicaciones en el funcionamiento del sector productivo y a eso se suma el resquebrajamiento del monopolio estatal del comercio exterior. De hecho, determinadas empresas del Estado pueden recurrir por su cuenta al mercado mundial. Las ventas en el exterior posibilitan la obtención de dólares y ventas a un precio más alto que en el mercado interno. Si a eso añadimos que muchas empresas estatales tienen objetivos concretos de alcanzar un cierto porcentaje de dólares para su funcionamiento, no es difícil imaginar la presión que supone para los jefes de las empresas estatales vender sus productos en dólares en las tiendas de dólares que existen en Cuba y que ya abastecen un 47% de los productos (Elena C. Álvarez González, Descentralización y diversificación en la economía cubana: nuevas bases para la cooperación internacional, Revista Cuba XXI).

Eufemísticamente los directores de las empresas estatales se encuentran con la “dificultad para hacer una oferta en pesos”. En la práctica eso redunda en una subida de precios, es decir en inflación, una enfermedad gravísima en una economía planificada.

Según Bohemia (revista cubana de análisis general) entre enero y octubre de 2003 la policía descubrió 181 talleres ilegales, 525 fábricas clandestinas y 315 locales que servían de almacén, y de todas las inspecciones realizadas en ese período (316.000) el 35% evidenció violaciones en los precios.

La inflación se come el salario real. Cierto que la subida de precios no afecta al salario social —es decir, los alimentos, servicios, etc. que el Estado provee gratuitamente a la población—, pero en la medida que la canasta básica no se puede suplir completamente con la producción estatal de precios fijos, se tiene que recurrir a las tiendas en dólares. Además, según un estudio del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas, con sede en La Habana (CIPS), más de un 90% de las familias cubanas recurren a algún tipo de actividad ilícita para llegar a fin de mes. Así, fenómenos extintos como la inflación resurgen de modo alarmante.

PARTICIPACIÓN DEL CAPITAL EXTRANJERO

El capital externo afecta a todos los sectores claves de la economía como el turismo, níquel, combustibles, telefonía, industria alimenticia, las sideromecánicas y los servicios. El número de asociaciones con el capital extranjero han ido en aumento, de 20 en 1990, 226 en 1995, 403 en 2002. Según un estudio (El papel de la inversión directa extranjera en el desarrollo económico. La experiencia cubana, Dr. Omar Everleny Pérez Villanueva, Centro de Estudios de la Economía Cubana, extraído de la web Cuba Siglo XXI) entre 1993 y 2001, el peso de la Inversión Extranjera Directa (IED) en el total de la Formación Bruta de Capital Fijo (FBCF), ha sido de un 8,2%, comparable con las cifras de otros países capitalistas.

Comparadas con las exportaciones totales de bienes del país, las exportaciones de las asociaciones económicas con el capital extranjero han tenido una participación elevada y sobre todo creciente… por encima del 40% en los últimos años. En el 2001 se logró un nivel histórico de producción de níquel con 74.000 toneladas y de éstas, casi el 50% se obtuvo en la empresa mixta Moa Nickel, de participación canadiense. La empresa ha logrado mantener siempre por encima del 40% (entre 1995 y 2001) su participación en las exportaciones totales de níquel. En la búsqueda y explotación de petróleo hay firmados decenas de contratos de exploración a riesgo, donde participan empresas importantes de Canadá, Francia, Reino Unido, Suecia, Brasil, España, entre otros. En el 2001, el 40% del petróleo que se extrae de Cuba es obtenido por ENERGAS, empresa mixta con la empresa canadiense Sherritt.

 

Existen empresas mixtas de telefonía, alimentación, productos cárnicos, etc… Los Portales SA es una asociación entre la empresa cubana Córalas y el grupo suizo Nestlé. Esta empresa se dedica a la producción y comercialización de los más importantes refrescos y aguas minerales que se comercializan en el país.

La Inversión Extranjera Directa ha sido potenciado por las Zonas Francas, espacios muy utilizados para fomentar la IED en actividades de exportación.

EXPORTACIONES, TURISMO, AZÚCAR, MATERIAS PRIMAS

Según el informe oficial (publicado en El País, 12/02/2004), referente a 2003, el turismo experimentó un incremento superior al 12% del número de visitantes, se llegó a la cifra record de 1,9 millones de visitantes y el aumento de los ingresos turísticos fue del 16%, superándose los 2.000 millones de dólares de ingresos brutos. El peso relativo del turismo en las exportaciones totales de Cuba se ha incrementado enormemente, en el año 2000 el sector generó unos ingresos brutos de 2.000 millones de dólares, de los 5.000 millones que Cuba obtiene anualmente por sus exportaciones (El País, 14/10/2001).

Hasta la caída de los regímenes del Este el azúcar representaba el 80% de las exportaciones cubanas (El País, 23/08/2002), pero las dificultades relacionadas con la productividad y los precios internacionales han provocado una auténtica reconversión del sector, lo que ha supuesto el cierre de 70 de las 156 fábricas que producen azúcar en el país, la reducción en un 60% de los cultivos de caña y la “reubicación” de 100.000 de los 400.000 cubanos que trabajan en el sector. Por supuesto esos trabajadores no correrán la misma suerte que las reconversiones del sector realizadas en países pobres capitalistas, (seguirán cobrando el sueldo, podrán acudir a cursos de reciclaje, etc…) pero el problema es que no está claro dónde van a poder emplearse. La cosecha de azúcar de 2004 ha sido la más baja en 70 años. Tanto es así que por primera vez en la historia Cuba ha tenido que importar azúcar de EEUU para cumplir con los compromisos internacionales que había asumido.

Además, cerca de un millón de personas, el 10% de la población de la Isla, viven en los bateyes y comunidades rurales establecidas alrededor de los ingenios azucareros que cerrarán. Según El País (30-08-04): “El objetivo es producir azúcar a costes bajos. Para ello los 71 ingenios que seguirán moliendo azúcar y los 14 que se dedicarán ahora a procesar los derivados de la caña se regirán por las leyes de mercado”.

PESO DEL CAPITAL PRIVADO EN EL EMPLEO

Según datos del Anuario Estadístico de Cuba, en el año 2000, el sector estatal emplearía al 77,5% de la fuerza laboral (2.978.200 trabajadores), frente al 22,5% del sector no estatal (864.800). Sin embargo, habría que hacer algunas consideraciones para apreciar con más exactitud la dependencia real del empleo en función de la titularidad pública o privada de las empresas. Por ejemplo, se cuenta en el sector estatal a “los trabajadores de las Empresas Empleadoras encargadas de controlar la fuerza de trabajo que labora en las Empresas Mixtas”, pero no se cuantifican. Es decir, con esas cifras no se puede estimar qué cantidad de trabajadores, aun estando bajo control de un organismo estatal, están trabajando en empresas con participación privada. Es evidente que no se refleja el peso real que las empresas de ese tipo están alcanzando en el mercado laboral. Así, el grueso de lo que entra en el sector no estatal sólo está constituido por cooperativas de créditos y servicios (8,7%) y sector privado nacional (13,4%) que engloba a campesinos independientes, parceleros y trabajadores por cuenta propia. También se cuenta en el sector estatal los trabajadores de la Sociedades Mercantiles Cubanas, que, siendo de capital público, son organizadas “en forma jurídica como sociedades anónimas”. En ese caso sí están cuantificadas: en ellas se emplea el 4,2% de la fuerza laboral (160.300 trabajadores). Según El País 100.000 cubanos trabajan en el sector turístico (14/10/2001).

La cantidad de empleos dependientes del sector privado, con todo, no indica por sí mismo el nivel de fragmentación de la economía planificada y de cómo se está viendo desnaturalizada la propiedad estatal. Esas cifras hay que analizarlas en combinación con los efectos de la dolarización, de la autonomía empresarial, etc. que antes hemos señalado.

CAMBIO DE TENDENCIA

Aunque en los primeros momentos —en pleno colapso económico derivado de la caída de la URSS y de los países del Este— las medidas liberalizadoras tuvieron un efecto positivo en la recuperación económica, ésas han revelado ya sus límites. En realidad se trata de un proceso parecido al que está ocurriendo con las mal llamadas por la prensa capitalista “economías emergentes” en los últimos años. Después de un período de boom de la inversión extranjera, ligado sobre todo al proceso de privatizaciones, el flujo de capital se ha estancado bruscamente. En parte porque los planes de privatización se han ido agotando y en parte por la delicada situación de la economía mundial. Los capitales se van, pero las consecuencias negativas se quedan.

Después de un período de recuperación del 6,2% en el 99, se pasó a 5,3% en el 2000, 2,5% en 2001, 1,4% en 2002 y 1,6% en 2003 (de 2000 a 2003, cifras de CEPAL). El turismo, después de los atentados del 11-M, ha crecido más lentamente y la caída de los precios de las materias primas ha tenido un efecto también negativo en la economía cubana. Según algunos cálculos, el azúcar, el níquel y el tabaco suponen en total dos terceras partes del total de las exportaciones de bienes cubanas, y en todos los casos está habiendo una caída de los precios en el mercado mundial.

Parece claro que las medidas liberalizadoras han agotado las ventajas que podían tener pero no por ello han desparecido los efectos perniciosos que esas medidas han tenido en la sociedad y en la economía planificada. Tanto es así que este fenómeno ha tenido un reflejo clarísimo en los diferentes giros que ha dado el gobierno cubano a lo largo de los últimos años. Es evidente que a principios de la década de los 90 había ilusiones, al menos entre un sector significativo de los dirigentes cubanos, en que el mercado podría resolver todos los problemas, aunque había que alcanzar una especie de “capitalismo controlado” de una forma gradual.

Sin embargo muchos factores han incidido en el sentido contrario en el último período.

Fue muy sintomática la declaración de un alto ejecutivo de una empresa turística extranjera, que interpreta así la intensa campaña contra la corrupción que se está haciendo en todos los sectores de la economía, no sólo el turístico: “Se han dado cuenta de que se trata de un cáncer que está corroyendo por dentro a la revolución y que es más peligroso que cualquier bomba de EEUU” (El País, 7/03/04). En la campaña contra la corrupción han cesado a varios directivos de la empresa estatal CIMEX, que controla 80 empresas y un millar de tiendas, gasolineras, cafeterías y otros establecimientos que brindan servicio en divisas. Es obvio que la dolarización y otra serie de medidas que ya hemos comentado, combinado con la falta de democracia obrera, han dado rienda suelta a la avaricia de un sector de la burocracia, sobre todo la que más contactos tiene con el dólar, con los empresarios extranjeros y con el “modo de vida occidental”.

En febrero de 2004 fue cesado el ministro cubano de Turismo, Ibrahím Fernández, sin que se explicara oficialmente los motivos de su cese. En el mes de diciembre fueron cesados varios directivos de Cubanacan, el grupo turístico cubano más importantes, por “falta de exigencia y control”, “graves errores”, etc. Es obvio que este cese está ligado a la corrupción ligada al contacto con el dólar, creación de cuentas en el extranjero, etc.

Según un artículo reciente de El País, “en enero de este año funcionaban en la Isla 342 asociaciones mixtas con empresas extranjeras, un 15% menos que en 2002” y un economista apuntaba que “los márgenes de autonomía dados en los noventa a ciertas empresas estatales para operar con dólares y realizar sus inversiones, así como la capacidad que poseían para importar y exportar directamente, casi han desaparecido” (9/06/2004).

Sigue el artículo: “Hasta los funcionarios más leales admiten que la apertura de pequeños espacios a la iniciativa privada y la descentralización empresarial favorecieron un nuevo ‘modo de pensar’ y una nueva ‘clase’ más interesada en el dinero que en la ideología, y las autoridades han entendido que esto, junto a la corrupción, es un cáncer más peligroso para la revolución que los misiles de EEUU”.

Según el mismo artículo, en un vídeo oficial destinado a los cuadros políticos y responsables económicos del país, Raúl Castro critica abiertamente la forma en que se ha administrado el sector turístico en los últimos años, revelando que será él quien atenderá directamente el desarrollo de esta industria —la que más dólares aporta a la economía nacional, más que las exportaciones de tabaco, níquel y azúcar juntas— junto con el nuevo ministro del ramo. “Raúl Castro, según las fuentes, señaló entre los principales males del Mintur [Ministerio de Turismo] el descontrol y ese ‘actuar’ a su libre albedrío, sin rendir cuentas a las instancias superiores; ahora, anunció, se volverá a una etapa de centralización y control estricto. Criticó, por ejemplo, las recepciones y fiestas costosas y los ‘numerosos’ viajes al extranjero de algunos dirigentes del sector, advirtiendo que ahora cada caso sería aprobado por el ministro”.

Sin embargo, todas las medidas punitivas por arriba, que también se tomaron en el caso de la URSS y también en el pasado en Cuba, no atacan el problema de fondo. ¿Cómo se ha podido llegar a esta situación? Se habla de control por arriba, pero ¿y por abajo? El problema es que no existen.

Antes de esos hechos, los síntomas en el sentido de intentar cortar esas tendencias descontroladas ya eran evidentes. En verano de 2001 ser crea el Ministerio contra la contaminación capitalista, dentro de una fuerte campaña por recuperar la “pureza revolucionaria”. En el mismo año se produce un cambio constitucional en el que se plantea la irreversibilidad del carácter socialista de Cuba.

Sin embargo, los efectos corrosivos provocados por las medidas liberalizadoras, combinadas con la ineficiencia y la corrupción consustancial a la existencia de burocracia, siguen ahí. Recientemente, Haroldo Dilla, investigador social de la universidad de la República Dominicana y que no hace mucho trabajaba en labores programáticas del Partido Comunista de Cuba, manifestó que la Fuerzas Armadas cubanas constituyen el grupo de poder más organizado y con proyectos extendidos en la economía, y serán “un factor clave en la transición, pivote de cualquier negociación”. Para Dilla, los militares ‘son duros en la esfera política y liberales en la economía’, y estarían dispuestos a buscar una salida china para Cuba, pero el futuro resulta imprevisible…” (El País, 6/12/2003).

Si China es el espejo en el que tiene que mirarse Cuba el futuro no puede ser más desalentador para el pueblo cubano. En este país se está combinando el despotismo burocrático más salvaje con la explotación capitalista más despiadada. Todo indica que la transición al capitalismo está a punto de completarse y lo más bochornoso es que todo ha sido orquestado desde la mismísima cúpula del PCCh. La gran mayoría de los trabajadores y campesinos chinos han empeorado sus ya precarias condiciones de vida, pero es evidente que aún no se ha llegado al tope de la putrefacción social que se podría alcanzar si el proceso continúa en esa dirección, y no es descartable que un gran estallido social pueda truncarlo. Además, incluso desde un punto de vista puramente “macroeconómico”, cuyas cifras parece que causan bastante embriaguez entre algunos sectores, no todo será coser y cantar. Una China capitalista estará sometida a contradicciones brutales.

PERSPECTIVAS

En el caso de Cuba las tendencias procapitalistas existen, y la propia dinámica de las medidas que se han tomado, aunque no pretendan conscientemente la vuelta al capitalismo, está claro que alimenta esas tendencias. Sin embargo, las diferencias del caso cubano, con el de China y con el de la antigua URSS son importantes. Es muy improbable que se produzca en Cuba una restauración capitalista “en frío”, sin graves enfrentamientos sociales que muy probablemente afectarían al propio aparato estatal y a la misma dirección del PCC.

Uno de los factores más importantes es la experiencia del propio pueblo cubano. La revolución de 1959 fue un acontecimiento relativamente reciente en términos históricos y las conquistas de la revolución se ven subrayadas por la penuria y la miseria que se vive en los países de América Central y el Caribe bajo el capitalismo. La comparación es evidente y constante. El pueblo cubano siente la revolución como una conquista propia y además contra unos enemigos que nunca han dejado de intentar por todos los medios recuperar sus posiciones en la Isla. A diferencia de la Revolución Rusa la burguesía gusana que vive en Miami sí aspira a recuperar sus propiedades y su posición social en la Isla, lo que supone una amenaza directa no sólo para el pueblo cubano sino para la burocracia dirigente. En una Cuba capitalista no habría espacio para todos y ahí no sólo entran consideraciones de tipo económico sino también político. Con todas las distorsiones que supone un sistema como el cubano, muchos militantes y dirigentes del PCC han atado su vida y su trayectoria política a la defensa de la revolución y la lucha contra el acoso imperialista. En una hipotética restauración capitalista habría poco espacio para esos sectores que se han mostrado más comprometidos con el proceso revolucionario, muchos de los cuales participaron, o sus generaciones anteriores, directamente en los acontecimientos de 1959. Por último está el propio papel del imperialismo. Una Cuba capitalista inexorablemente volvería a ser el patio trasero de EEUU como lo fue antes de la revolución. La humillación al pueblo cubano sería completa: tanto por la vía económica, como militar y por supuesto nacional y cultural. En el proceso de restauración capitalista que se está produciendo en China o el que vimos en Rusia, esos factores no estaban presentes, al menos de forma tan aguda.

Tarde o temprano veremos acontecimientos decisivos en la Isla. Es inevitable que las presiones de clase incidan en el Estado y en la dirección del PCC y que se tienda a una polarización entre los que quieren dar el paso definitivo a la restauración capitalista y los que, por todos los factores apuntados más arriba, se resistan a dar ese paso. Parece que lo que predomina por ahora es este último sector, mientras que aquellos que más descaradamente postulan por medidas procapitalistas no están en su mejor momento. Sin embargo, con métodos burocráticos es imposible combatir una tendencia de fondo producida por la misma naturaleza del sistema. Sí, se puede castigar ejemplarmente a los casos más escandalosos de corrupción, pero eso tiene efectos muy limitados. Sólo afecta a los exponentes más alarmantes de corrupción ilegal. Los privilegios legales, el despilfarro y la ineficacia de un régimen burocratizado, los contactos legales con el capital internacional, la creciente diferenciación social, los desequilibrios provocados por la dolarización y todo lo que hemos apuntando anteriormente, incide en el afianzamiento de tendencias contrarrevolucionarias. La idea de que pueda coexistir en la Isla una economía planificada con medidas capitalistas y de mercado es una utopía. Al final, uno de los dos sistemas se tiene que imponer definitivamente.

Uno de los factores que está conteniendo una división más abierta en la cúpula dirigente del Estado y del partido es la tremenda autoridad de Fidel Castro, que además, está decidido a poner límites a las reformas económicas de tipo capitalista. En la historia el factor personal también cuenta. ¿Qué pasará cuando Fidel ya no esté? Pueden emerger a la superficie todas las tensiones acumuladas durante los últimos años, pasándose de un enfrentamiento soterrado a un enfrentamiento abierto. Es difícil pronosticar qué ocurrirá, pero una división abierta por arriba puede llevar a una rápida polarización por abajo en la que no sería descartable un enfrentamiento civil en líneas de clase. En todo caso, sea ese u otro el desarrollo de los acontecimientos, parece claro que estarán enmarcados dentro de una disyuntiva clara: o la revolución avanza (adoptando una línea clara y decidida hacia fuera, en el sentido de apoyar el derrocamiento del capitalismo en América Latina y combatiendo dentro el cáncer del burocratismo y de los privilegios con la democracia obrera) o va hacia la contrarrevolución capitalista.

LA ACTITUD DEL IMPERIALISMO

Una de las variantes en la situación es la actitud que tenga el imperialismo norteamericano. El hecho de que se hayan metido en un atolladero en Iraq no significa que estén descartadas otras intervenciones militares. Los acontecimientos en Venezuela, Ecuador y Perú, por no mencionar a todos los demás, están al rojo vivo. En un momento determinado, el Plan Colombia podría pasar a la siguiente fase, en un intento de aplastar a la Revolución Venezolana en marcha. Recientemente el gobierno norteamericano ha dado una nueva vuelta de tuerca en la política de hostilidad hacia Cuba, endureciendo el embargo y tomando medidas como la restricción de los viajes a la Isla, con el fin de cortar los ingresos por turismo y el flujo de dólares a la Isla, para incrementar las dificultades económicas.

No es esa política, sin embargo, la única posible. La situación es muy volátil en todo el mundo, incluido EEUU. Es evidente que sectores importantes de la burguesía norteamericana son conscientes de que hay que ser más pacientes y creen que la opción más realista es facilitar que las medidas de corte capitalista que ya se han emprendido sigan su curso o incluso se aceleren. Un reblandecimiento del embargo, un incremento de las relaciones comerciales y una mayor penetración del capital extranjero en la Isla podría consolidar aún más las tendencias procapitalistas que existen en la sociedad cubana. De hecho, existe una postura abiertamente favorable a la supresión del embargo por parte de los “estados graneros” del sur de EEUU, interesados en incrementar sus relaciones comerciales con Cuba y de una parte de la burguesía europea. El imperialismo podría tratar de basarse en un sector del aparato estatal para emprender la restauración capitalista en la Isla. En todo caso esa opción no está exenta de dificultades y peligros para el imperialismo, por todo lo que hemos apuntado anteriormente.

DEFENDER UNA SALIDA REVOLUCIONARIA

Cuba ha entrado en un momento decisivo de su historia, en el que las ideas auténticamente marxistas pueden jugar un papel trascendental. En estos momentos es seguro que muchos revolucionarios cubanos, incluso muchos que están en posiciones de dirección en el PCC y en el Estado cubano, buscan una alternativa al impasse al que se ha llegado.

En realidad no existe una salida dentro de las fronteras de la Revolución Cubana. No existe ninguna fórmula mágica que pueda eludir el hecho de que Cuba es una pequeña Isla, cuya economía tiene un peso ínfimo en una economía mundial dominada por las potencias imperialistas. La propia dinámica del comercio mundial y el intercambio de productos menos elaborados por otros más elaborados juegan en contra de la economía cubana, como ocurre con los demás países capitalistas de América Latina. Según datos proporcionados por Elena Álvarez, del Instituto Nacional de Investigaciones Económicas, del Ministerio de Economía y Planificación, si en 1990 se compraban 1,9 toneladas de petróleo con una de azúcar, en 2002 la cantidad de petróleo se redujo a 0,7 toneladas por esa misma cantidad de azúcar. “La desfavorable evolución de los precios ha determinado que en los últimos cinco años las pérdidas de relación de intercambio ascendieron a casi un 40% (en relación con los precios de 1997)” según la especialista cubana. Por más medidas que se tomen con el fin de mejorar la eficiencia y disminuir la dependencia de la economía cubana —ha habido avances claros en la producción de petróleo, por ejemplo— es evidente que hay límites insuperables en el marco de unas relaciones comerciales mundiales marcadas por una división internacional del trabajo desfavorables y que pueden acabar sometiendo a la economía cubana a una situación crítica en la que se ponga en peligro las mismas conquistas sociales de la revolución.

No se pueden resolver los problemas derivados de una economía planificada en el mar del capitalismo mundial más que con la extensión de la revolución mundial y en primer término en América Latina. Eso no significa que mientras haya que resistir no se puedan tomar toda una serie de medidas de excepción. Para los marxistas hacer concesiones limitadas a inversiones de capital privado en situaciones económicas extremas, no supone la violación de ningún principio. Los bolcheviques, asfixiados también por una situación económica insostenible, recurrieron a la NEP (Nueva Política Económica) que permitía el desarrollo de actividades económicas privadas como una forma de favorecer la producción agraria y abastecer de productos básicos de consumo a las ciudades. El peligro no es la inversión extranjera en sí, que por supuesto supone fortalecer elementos procapitalistas dentro del Estado obrero, sino cómo es controlada y cuál es la perspectiva trazada.

Lenin explicó con toda sinceridad a las exhaustas masas soviéticas, que la NEP era una concesión producto de la enorme debilidad del joven Estado soviético, un paso atrás que permitiría un respiro económico en la obligada espera del triunfo de la revolución en un país capitalista avanzado. Los bolcheviques jamás pusieron sus esperanzas en que la NEP resolvería los problemas de transición al socialismo y, lo más importante, es que todas esas concesiones se hacían en un contexto de democracia obrera y poder de los sóviets.

La diferencia es cualitativa. Aunque a veces, desde el gobierno cubano, se insista en que las medidas son accesorias, temporales y que no ponen en cuestión el carácter socialista del sistema cubano, al no haber ningún control real por parte de los trabajadores de los miles de directivos, funcionarios y demás miembros del aparato estatal se convierten en tendencias de fondo que tienen su propia dinámica y son muy difíciles de revertir. La represión ejemplar, las destituciones y todo lo demás, no resuelven el problema. La democracia obrera es insustituible en una economía planificada. Así, la democracia obrera y la libertad de organización y expresión de todas las tendencias que defienden la economía planificada y el socialismo, lejos de ser un estorbo serían un verdadero aliciente para las masas, daría un margen de maniobra mucho mayor a la revolución, cuyo destino, al igual que la misma Revolución Rusa, se dirimirá en la arena internacional.

Para Lenin y sus camaradas la clave era el triunfo de la revolución en Europa occidental, especialmente en Alemania. Sólo así se podría romper el aislamiento de la Revolución de Octubre y garantizar el éxito del socialismo. La consecuencia lógica de sus análisis fue la construcción de la III Internacional como el instrumento más eficaz para garantizar el triunfo de la revolución en Rusia y el resto de la Europa capitalista.

También en Cuba, en última instancia, la única de forma de combatir exitosamente la ofensiva contrarrevolucionaria del imperialismo es extendiendo internacionalmente la revolución, empezando en primer lugar con el resto de América Latina. La experiencia histórica de la Unión Soviética demuestra que es imposible construir el socialismo en un solo país. Ahora la situación en América Latina es favorable, como hemos podido ver en los recientes acontecimientos revolucionarios de Venezuela, la victoria de la izquierda en Brasil, los movimientos revolucionarios en Bolivia, Ecuador, Argentina…

Desgraciadamente, en lugar de basarse en la revolución en América Latina, Fidel Castro ha recurrido a acuerdos diplomáticos y, en el mejor de los casos, a campañas de presión internacional contra el embargo. Pero esto tiene unos efectos limitados. Probablemente teme provocar a EEUU. Pero esta política sólo consigue los efectos contrarios a los que pretende obtener. Mientras la revolución siga enclaustrada en los estrechos límites nacionales de Cuba corre el riesgo de ser estrangulada. Esto es lo que quiere hacer el imperialismo USA. Y la derrota de la Revolución Cubana sería un golpe contra la revolución en toda América Latina.

En un reciente discurso pronunciado por Fidel Castro —realizado el 26 de mayo y publicado en Granma (http://www.granma.cu/documento/espanol03/016-2.html)—, en la facultad de Derecho de Buenos Aires, decía: “Nosotros no recomendamos fórmulas dogmáticas, no nos ponemos a recomendar que tengan tal y más cual sistema social. Conozco países con tantos recursos, que con el uso adecuado de los recursos no tendrían ni necesidad, vean, de hacer un cambio revolucionario con relación a la economía, de tipo radical, como el que ha hecho nuestro país”. Nadie puede ignorar el colosal papel de Fidel en la Revolución Cubana. Sin embargo, la propia experiencia de Cuba demuestra que sólo rompiendo con el capitalismo, expropiando a las multinacionales y a los bancos fue posible elevar las condiciones de vida de la población cubana, alcanzar la alfabetización, el pleno empleo y una educación y sanidad digna y gratuita. No completar los procesos revolucionarios que se han abierto y se abrirán en América Latina con la nacionalización y planificación de las palancas fundamentales de la economía es dejar abiertas las puertas de la contrarrevolución en estos mismos países. Y una derrota en países como Venezuela, donde precisamente, los pasos más decisivos que debe dar para derrotar el peligro de la contrarrevolución son de carácter socialista, sería un desastre para el destino de la Revolución Cubana. ¡Esta fue la gran lección de la Revolución Cubana! Por el contrario, si la Revolución Venezolana llega hasta el final, hasta el derrocamiento del capitalismo, se podría constituir una Federación Socialista de Cuba y Venezuela que abriría las puertas a una Federación Socialista de América Latina. El viejo sueño de una unidad fraternal y próspera de América Latina y el Caribe, esa idea por la que lucharon José Martí y el Che, podría ser una realidad. Basándose en la enorme riqueza natural de muchos de esos países y en la planificación democrática de la economía, podría poner fin de forma inmediata a la miseria, a la desigualdad y a la explotación salvaje a la que están sometidos los pueblos latinoamericanos.

Una vez más la Revolución Cubana tiene que avanzar para no retroceder y en esta ocasión, más que nunca, sólo las ideas del marxismo y del internacionalismo proletario indican el camino. Ahí encontraremos las palancas para desatar esa fuerza imparable que es la del proletariado, en Cuba, en América Latina y en el mundo.

Verano de 2004


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