“Huelga por la libertad y la dignidad” es el nombre de la huelga de hambre que están realizando cientos de prisioneros palestinos en las cárceles israelíes, una protesta que comenzó el 17 de abril coincidiendo con el Día del Prisionero Palestino. Los presos exigen el final de la discriminación en líneas nacionales dentro de la prisión y acabar con la detención arbitraria sin cargos o juicio (‘arrestos administrativos’). Entre otras cosas los prisioneros protestan contra la negligencia médica, el aislamiento carcelario, la violación de los derechos de visita, la prohibición de las llamadas telefónicas y la negativa del derecho a estudiar.

Cada semana se producen docenas de redadas militares en las casas de los residentes de Cisjordania. Levantarlos de sus camas en medio de la noche se ha convertido en una rutina. De acuerdo con las cifras del Servicio Israelí de Prisiones (IPS) a finales de abril más de 6.100 presos palestinos calificados como ‘prisioneros de seguridad’, incluidos casi 500 detenidos administrativos, estaban internados en las cárceles israelíes. Según la asociación de derechos de los presos palestinos, A-Dameer (La Conciencia), trescientos son menores de edad. Aparte de los prisioneros de seguridad citados por el IPS, hay cientos de palestinos más retenidos después de haber sido criminalizados por las autoridades de la ocupación como ‘ilegales persistentes’ —llegan a esta situación normalmente por buscar trabajo en Israel—, además de docenas de palestinos que se encuentran dentro de las instalaciones militares y policiales antes de ser transferidos a las manos del IPS.

En una declaración especial publicada antes del Día del Prisionero en nombre del Comité Palestino para Asuntos de Prisioneros, de la Asociación de Prisioneros Palestinos y del Buró Central Palestino de Estadísticas, se señala que, desde 1948, aproximadamente un millón de palestinos han estado encarcelados en las instalaciones de detención israelíes. Desde octubre de 2015, al principio de la ‘erupción’ de protesta y la escalada de violencia, unos 10.000 palestinos han sido detenidos por Israel, más o menos un tercio de ellos tenían menos de 18 años de edad.

Discriminación en las condiciones de encarcelamiento

La propaganda del régimen israelí, con la ayuda generosa de los medios de comunicación a sueldo, busca sistemáticamente marcar como asesinos a todos los ‘prisioneros de seguridad’ palestinos. Incluso si esto fuera cierto, que no lo es, los criminales asesinos tienen mejores condiciones de encarcelamiento. No obstante, lo que se pretende es silenciar la crítica pública y torpedear la discusión sobre la realidad de la ocupación.

En este contexto, el Estado de Israel no diferencia entre los encarcelados después de participar en manifestaciones o actividades militares contra las fuerzas de ocupación israelíes en los territorios de 1967, y los convictos por asesinar a civiles inocentes por motivos que no están relacionados con el conflicto nacional. En cualquier caso, los ‘prisioneros de seguridad’ palestinos, ya sean ciudadanos israelíes o residentes de Jerusalén Este, Cisjordania o Gaza, están discriminados tanto en los procedimientos legales como en las condiciones de encarcelamiento.

Ami Popper, un ‘prisionero de seguridad’ judío que mató a siete trabajadores palestinos por motivos nacionalistas, tiene derecho a permisos carcelarios, llamadas telefónicas regulares a familiares e incluso tiene un trabajo fuera de la prisión. Sin embargo, los ‘prisioneros de seguridad’ palestinos no tienen derecho a nada de esto. Desde 2011 se les ha privado del derecho a estudiar en la Universidad Abierta porque no son judíos, fue una medida cínica de castigo colectivo implantada con el pretexto de servir como un medio de presión a Hamas para que liberase al soldado israelí Gilad Shalit. La medida política continuó en vigor incluso después del acuerdo de intercambio del prisionero que se llevó a cabo ese mismo año.

La principal demanda de los presos palestinos es que se instalen teléfonos públicos en sus pabellones de la prisión para que puedan hablar con sus familiares. Los pabellones de criminales sí cuentan con ello e incluso al prisionero de seguridad judío más famoso, Yigal Amir (que asesinó al primer ministro israelí Rabin en 1995), se le permite hablar por teléfono con su familia. Los palestinos lo tienen prohibido. Los presos dependen del contrabando de teléfonos móviles. Por supuestamente ayudar a este contrabando, el ex parlamentario palestino Bassel Ghattas (de la Alianza Democrática Nacional) fue condenado a principios de año a dos años de prisión.

Las huelgas de hambre amenazan al establishment

Durante el medio siglo de ocupación en los territorios de Cisjordania, Jerusalén Este y Gaza, los presos palestinos consiguieron mejorar sus condiciones de encarcelamiento mediante huelgas de hambres colectivas e individuales. La protesta actual es la huelga de hambre más numerosa desde 2012 cuando unos 1.500 prisioneros estuvieron durante casi un mes en huelga de hambre y lograron algunas mejoras en sus condiciones, incluida la renovación parcial de las visitas familiares de Gaza. Varias huelgas de hambre de detenidos administrativos consiguieron la liberación de detenidos sin acusación, lo que confirmó que eran arrestados arbitrariamente y no eran ‘presuntamente’ peligrosos.

En 2014 hubo una extensa huelga de hambre en la que llegaron a participar 250 detenidos administrativos, finalmente fueron aislados y la huelga fracasó en un contexto de ofensiva militar en Cisjordania —la operación Shuvu Ahim (‘Regresad Hermanos’)— y las detenciones de masas que la acompañaron. Pero el establishment israelí sigue considerando las huelgas de hambre de presos palestinos como una amenaza. Además de la crítica internacional a Israel, las huelgas de hambre pueden iniciar enfrentamientos militares: el ala militar de Hamas y las Brigadas Izz al-Din al-Qassam ya han amenazado con emprender acciones si las peticiones de los prisioneros no se cumplen, pero más significativas son las protestas de masas, que aumentarán en la medida que las vidas de los prisioneros y los líderes de la huelga están en peligro.

La ley de alimentación forzosa aprobada por el Knesset en 2015 está diseñada para ayudar al Estado a controlar las huelgas de hambre, restaurando de facto la práctica de la tortura realizada en el pasado por Israel y que irónicamente sólo ha llevado a la muerte de huelguistas de hambre.

La Asociación de Médicos Israelíes (sindicato de médicos), como parte de la política de la Asociación Mundial de Médicos, criticó la ley y ordenó a los médicos no cooperar con ella. Los médicos en los hospitales de Ashkelon y Beersheba se negaron en 2015 a alimentar por la fuerza al detenido administrativo Muhammad ‘Allan, y el año pasado los médicos en el hospital de ‘Afula hicieron lo mismo con el periodista Muhammad al-Qiq, que también era un preso administrativo. La falta de médicos dispuestos a colaborar para quebrar la huelga de hambre ha llevado a los funcionarios de Netanyahu a valorar la contratación de médicos extranjeros para que hagan este trabajo. Mientras tanto, el Ministro de Sanidad está informando a los administradores de los hospitales para que se preparen ante la posibilidad de la alimentación forzosa, al mismo tiempo el IPS, la MDA (servicio médico de urgencias) y el ejército preparan la creación de clínicas en las prisiones.

El IPS dice que el número de huelguistas ha caído a 850 en las primeras dos semanas de la huelga, pero las organizaciones de derechos de los prisioneros estiman que el número en realidad ha subido a 1.500. En cualquier caso, las autoridades carcelarias no ocultan su preocupación por que la huelga se extienda, especialmente si el movimiento de solidaridad se acelera. La mayoría de los huelguistas están identificados con Fatah. Unos 3.000 prisioneros apoyan a Fatah y, a pesar de las divisiones políticas, existe la posibilidad de que a muchos de ellos se les convenza y más tarde se unan a la protesta. Además, cientos de prisioneros más identificados con Hamas y el PFLP (Frente Popular para la Liberación de Palestina) ya están participando, y la huelga de hambre puede extenderse también entre los seguidores de estos movimientos políticos. El 4 de mayo se unieron varios prisioneros que habían servido como comandantes superiores en la milicia de Hamás, además se unió el secretario general del PFLP, Ahmad Sa’adat.

“Israel transformó los derechos básicos en privilegios”

El líder más destacado de la huelga es Marwan Barghouti, uno de los 13 parlamentarios palestinos (miembros del Consejo Legislativo Palestino) encarcelados por Israel. En la actualidad es considerado como el líder palestino más popular, algunas veces se le denomina el “Nelson Mandela palestino”. En todas las encuestas constantemente aparece como el candidato que arrastraría más apoyo si en el futuro se presenta, como planea, a la presidencia de la Autoridad Palestina.

En un artículo publicado en The New York Times al principio de la huelga, Barghoutti escribía que el Estado de Israel ha “convertido los derechos básicos que deberían estar garantizados por la ley internacional, incluidos algunos logrados gracias a otras huelgas de hambres previas, en privilegios que su servicio de prisiones decide si nos los garantiza o nos priva de ellos”. Además añade: “Israel ha establecido un régimen legal dual, una forma de apartheid judicial que prácticamente otorga impunidad a los israelíes que cometen crímenes contra los palestinos, mientras criminaliza la presencia y resistencia palestina. Los tribunales de Israel son una charada de la justicia, son claramente instrumentos de la ocupación militar y colonial”. Y concluye, “sólo poniendo fin a la ocupación acabará esta injusticia y marcará el nacimiento de la paz”.

Barghouti, que fue uno de los líderes de las milicias afiliadas a Fatah, el Tanzim y las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa, sobrevivió a un intento de asesinato en 2001 (“prevención dirigida”) por el ejército israelí. Fue detenido durante una redada militar en Ramallah al año siguiente y condenado en un tribunal civil por la responsabilidad de aprobar acciones terroristas contra civiles a ambos lados de la Línea Verde, en los que murieron cinco personas. Barghouti negó las acusaciones, renunció a la defensa legal como protesta contra el juicio y afirmó que estaba en contra de dañar a personas inocentes.

Hay que insistir en que la izquierda socialista se opone al uso de métodos terroristas en la lucha. A diferencia de la propaganda del establishment israelí, no todas las personas que participan en la lucha armada contra la ocupación son terroristas. Las milicias de Fatah han realizado acciones militares contra la ocupación militar. Sin embargo no se han contenido a lo largo de los años en asesinar a civiles y, en la práctica, aunque estos ataques no han dañado la ocupación han permitido al régimen israelí utilizarlos políticamente respondiendo con ataques más brutales contra civiles palestinos. Es razonable asumir que, como comandante de la milicia, Barghouti también ha sido responsable del asesinato de civiles. Pero ¿qué pasa con el ex primer ministro Menahem Begin quién como comandante del Irgun fue directamente responsable, entre otras cosas, del ataque terrorista masivo en el Hotel Rey David en 1946 en el que murieron 91 británicos, árabes y judíos? ¿No es el actual primer ministro israelí Netanyahu responsable de dar las instrucciones para bombardear zonas muy pobladas de Gaza en las que han muerto muchos palestinos? Sólo en la guerra de 2014 el número de palestinos asesinados fue dos veces el de israelíes muertos en todos los años de la segunda Intifada.

La popularidad de Barghouti es una causa de preocupación para el establishment israelí. Mientras que Abbas, el presidente de la Autoridad Palestina, se ha dado prisa en elogiar a Trump y reunirse el 3 de mayo con él, y continúa trabajando para mantener todos los arreglos con el régimen de ocupación, Barghouti respondió públicamente contra el presidente palestino, que por otro lado está llegando al final de su camino. Como explicó en un artículo publicado en el diario palestino al-Quds el año pasado, Barghouti ataca el gobierno autoritario de Abbas, explica que las negociaciones con Israel y la campaña diplomática de la Autoridad Palestina a nivel internacional han fracasado y exige que la AP termine la “coordinación de seguridad”. En los últimos años ha defendido una nueva Intifada popular. Su desafío a la dirección de Abbas también es la razón por la que, a pesar de quedar primero en las elecciones de diciembre al Comité Central de Fatah, Abbas se negó a nombrarle para el puesto de presidente del movimiento Fatah. Abbas ha apoyado de boca para fuera la huelga de hambre, pero no tiene interés en ella. No quiere que Barghouti se beneficie políticamente de la huelga de hambre ni el desarrollo de un movimiento popular de protesta a su alrededor, menos en un momento en que ha depositado su confianza en Trump y quiere demostrar que tiene el control sobre el terreno de los enclaves de la Autoridad Palestina.

Al principio de la huelga Barghouti fue aislado. El IPS dice que con una cámara secreta de vigilancia puede demostrar que Barghouti ha comido en dos ocasiones desde el inicio de la huelga. En 2004, durante otra huelga de hambre en la que participaron 2.200 presos y en la que Barghouti fue uno de los líderes, el IPS también anunció que le había grabado en secreto comiendo dentro de su celda de aislamiento. Estas acusaciones son negadas enérgicamente por los activistas de los prisioneros palestinos, que acusan al PS de intoxicar deliberadamente utilizando viejas secuencias de video hechas cuando no había huelga de hambre de los prisioneros y que la cara del hombre que come los alimentos se ve muy oscura.

Si Barghoutti es evacuado para recibir tratamiento médico, es obligado a alimentarse o si su vida corre peligro, es de esperar una escalada de las protestas de solidaridad fuera de las prisiones. No es inconcebible que si uno de los huelguistas muere en las próximas semanas, más si es uno de los líderes de la protesta, que estalle una protesta de masas similar a la respuesta a las muertes de los huelguistas de hambre en Irlanda del Norte en 1981, liderada por el prisionero republicano Bobby Sands, quien durante la huelga fue elegido parlamentario en Westminster. En este momento la huelga de hambre ya sirve como factor movilizador y unificador de capas significativas de la población palestina, a ambos lados de la Línea Verde.

Protestas de solidaridad

Muchos miles participaron en las marchas de protesta celebradas el Día del Prisionero en toda Cisjordania, particularmente en Ramallah, Hebrón y Belén. En varias ciudades y pueblos se han montado carpas de solidaridad con la huelga de hambre. El 27 de abril hubo una protesta de los servicios públicos y pequeñas empresas en los territorios gobernados por la Autoridad Palestina y en Jerusalén Este. Al día siguiente hubo manifestaciones y enfrentamientos con el ejército y la policía fronteriza en al menos 15 puntos de Cisjordania, las protestas formaban parte del “Día de la Rabia” convocado por Fatah.

Las protestas en Cisjordania se enfrentan a la represión militar israelí y ésta podría empeorar aún más. Durante las dos primeras semanas de la huelga de hambre se registró el número de palestinos heridos por las fuerzas israelíes en Cisjordania más elevado desde principios de 2017, con 191 heridos, incluidos 45 menores (cifras de OCHA). La gran mayoría resultaron durante las protestas de solidaridad con la huelga de hambre y uno de cada diez fueron heridos por munición viva.

Dentro de la Línea Verde se han organizado varias vigilias de protesta locales y se han montado carpas de solidaridad en Umm al-Fahm. Ha habido manifestaciones de solidaridad en varios países de todo el mundo y la Confederación Sindical Internacional (ITUC), a la que está afiliado el Histradut (organización sindical israelí), publicaron una declaración de solidaridad.

Como es habitual, el gobierno israelí y la cúpula del IPS dicen que ellos no se mueven por las protestas y que no tienen intención de negociar con los prisioneros. En estos últimos años ha habido varios casos donde el Estado, bajo los gobiernos de Netanyahu, ha estado dispuesto a llevar a los presos en huelga de hambre al borde la muerte antes que llegar a un acuerdo. Mientras, el IPS castiga a los prisioneros con la presión psicológica, el aislamiento, la transferencia entre prisiones, confiscación de la ropa y equipamiento personal e incluso les quitan la sal utilizada por los huelguistas para mejorar su condición física durante la huelga.

Según algunos informes hay negociaciones entre los presos y el IPS pero se celebraron durante las semanas previas que condujeron a la huelga, pero si la huelga se intensifica, probablemente se reiniciarán. Es posible que el gobierno Netanyahu pueda estar dispuesto a intentar ir más allá en esta ocasión para demostrar inflexibilidad frente a las demandas de los prisioneros, pero están jugando con fuego y podrán perder el control de los acontecimientos.

Que se extiendan las acciones de protesta de palestinos e israelíes de apoyo a la huelga de hambre representa una amenaza potencial para el gobierno derechista fanático de Netanyahu. Los manifestantes israelíes podrían ponerse al lado de los palestinos. La Asociación de Médicos Israelíes en este tema es un ejemplo para otros sindicatos, es necesario rebelarse contra la legislación draconiana y los ataques del gobierno de derechas. La protesta contra la alimentación forzosa, la discriminación, las condiciones de encarcelamiento y las detenciones administrativas debería servir para fortalecer el movimiento contra la ocupación y la perpetuación del conflicto nacional, contra la guerra a los trabajadores y los pobres, por la paz, la igualdad y el cambio socialista.

Socialist Struggle Movement defiende:

  1. Apoyo a las protestas de solidaridad con la huelga de hambre de los prisioneros. El Histradut debe apoyar la declaración de solidaridad del ITUC de la que es miembro.
  2. ¡No a la tortura de los presos en huelga de hambre! ¡No a la alimentación forzosa! Derogación de la Ley de Alimentación Forzosa. Las organizaciones obreras deben apoyar la oposición de la Asociación de Médicos Israelíes a forzar la alimentación.
  3. ¡No a la discriminación en las condiciones de los presos basada en la nacionalidad! Apoyo a las demandas básicas de los prisioneros para mejorar sus condiciones, incluido el derecho a llamadas telefónicas.
  4. ¡No a la detención arbitraria! No a los arrestos arbitrarios y la encarcelación sin juicio. Es necesario proteger el derecho de todo prisionero a conocer las acusaciones en su contra, a ser representado por un abogado y a tener un juicio justo.
  5. ¡Fuera el ejército de los territorios! Abolición de los tribunales militares en Cisjordania y fin de la ocupación de los territorios palestinos y los asentamientos.
  6. Liberación de todos los prisioneros palestinos. Juicios justos, mediante un procedimiento designado, bajo la supervisión de las organizaciones obreras y de derechos humanos independientes de ambas partes del conflicto, a los israelíes y palestinos sospechosos de la responsabilidad de las atrocidades relacionadas con el conflicto.
  7. Por un estado palestino independiente, democrático y socialista junto a un Israel democrático y socialista, como parte de la lucha por un Oriente Medio socialista y la paz regional.


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