Cuando se acerca el Día de la Mujer Trabajadora, las televisiones y la prensa nos presentan como modelo de ésta, un rosario interminable de profesionales liberales de buena familia, empresarias acomodadas o periodistas estrella con contratos millonarios que presentan programas de cotilleo en televisión. A su sombra están los millones de mujeres de la clase obrera, cuya voz se silencia sistemáticamente. Noso-tros reivindicamos a la mujer trabajadora que vive, sueña y lucha en las duras condiciones que le impone cada día el sistema capitalista. Hablamos con Libertad García Calleja, sindicalista, afiliada a la Corriente Sindical de Izquierdas y trabajadora durante más de treinta años en la empresa textil Obrerol, de Gijón.

El Militante.- ¿Cuándo comenzaste a ver la necesidad de participar política y sindicalmente?
Libertad.-
Viví esa atmósfera en casa desde siempre. Mi padre estuvo preso cuando terminó la guerra, a mis tíos los mataron, otro murió en México, de donde nunca pudo volver. Mi padre era comunista y cuando empezó la guerra se fueron él y mi abuelo con los rojos. A mi abuela entonces le quitaron la casa, todo. De la familia de mi madre, también todos estuvieron presos, mataron a su padre, con 11 años se quedó sola. En mi casa mi padre siempre nos decía "vosotras nunca os calléis", "hay que trabajar y exigir".
Así que cuando con 14 años empecé en la fábrica, yo ya tenía claro eso. Luego, vinieron los años de la transición, fue una época que recuerdo con mucho cariño. Lo poco que sé sobre la vida y la política lo aprendí en aquellos años, íbamos a todas las manifestaciones, contra el aborto, por la república. Fueron años de muchísima ilusión.
EM.- ¿Cuál ha sido tu experiencia en el sindicato, has tenido algún problema como mujer?
L.-
Cuando entré en CCOO, como era más joven, siempre algún moscón intentando ligar. Ahora eso no sucede porque como yo digo, ya no levanto pasiones, jaja... Hombre, machistas son todos, aunque yo siempre me sentí muy independiente. La principal dificultad es la de poder participar por el tema de los hijos, cuidar a los ancianos, etc.; en ese sentido, creo que debería haber más ayudas.
Otra cosa es el papel que jugaban los maridos de las compañeras cuando había algún conflicto. Cuando ellos iban a las asambleas si decían no, era no. Recuerdo una compañera que se casó durante un conflicto y volvió a trabajar porque se lo mandó el marido. No a todas claro, pero si que la pauta era la de incitarnos a volver a trabajar. Incluso en la empresa, los propios compañeros, quitando a alguno, tenían más miedo que nosotras durante las huelgas.
EM.- ¿Cómo valoras las medidas que ha llevado a cabo el PSOE en esta legislatura, y que supuestamente están orientadas a favorecer la igualdad entre ambos sexos?
L.-
Bueno, yo no tengo ninguna confianza en este gobierno, y por supuesto tampoco en el anterior. Por ejemplo, la ley de dependencia, yo la solicité porque cuido de mi madre, que tiene alzheimer. Me ofrecieron pagarme cuatrocientos y pico euros, una basura, y asegurarme. Les dije que lo que quería era que la atendieran a ella, para poder yo trabajar. Porque no quiero ahora dedicar mi vida exclusivamente a cuidarla. Así que tengo una señora que me cobra casi más de lo que gano... pero bueno, como mi madre tiene unos pequeños ingresos, nos arreglamos, si no sería imposible.
Con el tema del aborto, no son capaces de sacar una ley decente porque están más pendientes de la derecha y de la iglesia, de los mismos que han mandado toda la vida. Es igual que el tema de la salud laboral. En mi empresa hay muchas bajas por depresión, debido a la presión y a los ritmos de trabajo. ¿Por qué no se atajan esas causas en lugar de hablar tanto sobre ello los sindicatos y la patronal?
EM.- Desde tu experiencia ¿Cuál ha sido la participación de las mujeres en la lucha sindical en estos años?
L.-
Muy importante. Cuando había algún conflicto del textil, salíamos las de Obrerol e íbamos por el resto de fábricas, parábamos todo. Y se formaban unas manifestaciones enormes, muy combativas. Me da un poco de cosa cuando se habla de las luchas contra el cierre de empresas, del Naval y tal, a ellos se les reconoce y lo merecen claro, pero aquí tuvimos las luchas de Obrerol, la Berlis, Ike, conflictos muy duros, durísimos y algunos muy largos que no tienen el mismo reconocimiento.
EM.- ¿Cómo ves ahora la situación de la mujer en el sistema capitalista?
L.- Sigo pensando que lo básico para su emancipación es el trabajo, sin eso y sin unas condiciones sociales que te ayuden a desarrollarte no cambiará nada. Nosotras tenemos un salario que no llega a los 800 euros, un verdadero acoso laboral, y además una gran precariedad, porque ahora no les cuesta nada echarte a la calle. Y ves el aumento de asesinatos a mujeres, que es algo atroz. En la sociedad capitalista, si no tienes dinero no eres nadie. Creo que en eso, Cuba por ejemplo, tiene una base social mucho mejor que atiende a las necesidades de los niños y los ancianos, que es una de las limitaciones que tenemos las mujeres aquí, y claro, muchas que se separan vuelven por una necesidad económica. Además una mujer que tiene que quedarse en casa a cuidar los hijos, que no aporta nada material siempre se siente más sometida, también psicológicamente.
Hace años pensé honradamente que íbamos a cambiar la sociedad, fuimos ingenuas, aunque quizás no tanto, porque si no se hubieran firmado los pactos de la Moncloa y no nos hubieran hecho tantas trampas, se podía haber hecho. Pero empezaron a salir los piquitos de oro, a enredarnos y no supimos reaccionar. Ahora nosotras estamos ya acabando nuestra vida laboral, pero la gente que empieza lo tiene dificilísimo, la gente tiene hijos, quiere tener su piso, pero si te cobran 500 o 600 euros de hipoteca y ganas 800, ¿qué te queda? Ahí es donde yo veo que tiene que pasar algo, para que las cosas cambien.


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