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correaliberado.jpgEste 30 de Septiembre un grupo policías del regimiento Quito N°1 secuestraron al Presidente ecuatoriano Rafael Correa durante varias horas. Los motivos aducidos, protestar por el cambio de la ley de la carrera funcionarial, tal como se vio posteriormente, eran una cortina de humo lanzada por sectores de la oposición contrarrevolucionaria ecuatoriana  (y en particular el ex presidente Lucio Gutiérrez, destituido hace años por una insurrección popular). Estos sectores intentaron utilizar la acción promovida por elementos descontentos  de la  policía para llevar a cabo un golpe de estado contra Correa que vienen discutiendo hace tiempo.

Este 30 de Septiembre un grupo policías del regimiento Quito N°1 secuestraron al Presidente ecuatoriano Rafael Correa durante varias horas. Los motivos aducidos, protestar por el cambio de la ley de la carrera funcionarial, tal como se vio posteriormente, eran una cortina de humo lanzada por sectores de la oposición contrarrevolucionaria ecuatoriana  (y en particular el ex presidente Lucio Gutiérrez, destituido hace años por una insurrección popular). Estos sectores intentaron utilizar la acción promovida por elementos descontentos  de la  policía para llevar a cabo un golpe de estado contra Correa que vienen discutiendo hace tiempo.

El propio Correa declaraba, tras el golpe en Honduras, que el próximo tras Zelaya podía ser él. El problema para los golpistas no fue solamente que su acción fuese aventurada y desorganizada sino que  provocó una masiva respuesta popular. Decenas de miles de partidarios de Correa se movilizaron desde distintos puntos de Quito y otras ciudades del país, rodeando tanto el lugar donde mantenían retenido al Presidente como la casa de gobierno: el palacio de Carandolet.

Como en Venezuela en abril de 2002, los jóvenes y trabajadores ecuatorianos demostraron su disposición a defender la "revolución ciudadana" y hacerla avanzar arriesgando sus vidas. El canciller Ricardo Patiño, explicó por televisión que fue esta movilización popular la que permitió aproximarse al lugar donde tenían retenido a Correa y finalmente liberarle. Esta disposición del pueblo a ir hasta el final fue determinante para paralizar el golpe de estado y que finalmente el ejército -tras varias horas de ambigüedad de la alta oficialidad- no se sumase al golpe y acudiese a liberar al Presidente.

La burguesía  intentará implementar un nuevo golpe de estado

La pérdida del control de un sector de la policía esta  pasividad que se pudo apreciaron en las primeras declaraciones y acciones de algunos altos oficiales del ejército muestra que no es posible acometer las reformas necesarias para modernizar Ecuador que plantea Correa manteniendo el estado burgués. Incluso medidas mínimas, como una ley de servicio público que , según el Presidente, no quiere rebajar los salarios policiales sino luchar contra la corrupción, el cobro de sobresueldos, etc. son utilizadas por la oligarquía y los sectores más reaccionarios del aparato estatal para intentar tumbar al gobierno.

Mientras exista el estado capitalista y el poder económico permanezca en manos de los burgueses será imposible erradicar la corrupción, la pobreza, la inseguridad y todos los demás males que hoy sufre el pueblo ecuatoriano. Por el contrario, en Ecuador, en Venezuela , en Bolivia y en cualquier otro país sólo se podrá cambiar la sociedad y resolver los problemas del pueblo mediante una revolución que termine de un solo golpe con el aparato estatal capitalista y nacionalice los medios de producción.  No hacer esto conlleva que la burguesía acabará con cualquier intento de avance del país, no gradualmente, si no  de un solo golpe como hemos visto anteriormente en Bolivia y Venezuela y vemos ahora en Ecuador.

 La única manera de evitar nuevos golpes es el armamento general del pueblo y los trabajadores y la formación de comité de defensa en fábrica y barrios.

Los gritos de los miles de manifestantes ante el palacio de Carandolet pidiendo castigo para los responsables del golpe (y en particular para el ex presidente Gutiérrez) muestran que los trabajadores y el pueblo comprenden de manera instintiva el peligro que supone dejar el poder de los contrarrevolucionarios intacto. En esta ocasión la movilización masiva del pueblo, aunque desarmado y sin una dirección que propusiese un plan de acción para tomar el control de los puntos vitales de la economía y la sociedad, bastó. Pero la próxima vez puede no ser así. Los enemigos de la revolución ciudadana dentro y fuera de Ecuador seguirán conspirando e intentarán más pronto que tarde volver al ataque pero preparándolo mejor.

 El primer paso debe ser depurar el ejército y la policía y encarcelar a todos los participantes y responsables del golpe. Pero no sólo eso. Los trabajadores deben tener armas para poder defender el gobierno, única garantía de que el ejército se ponga del lado del pueblo. Al mismo tiempo deben conformar comités de defensa en todos los centros de trabajo, universidades, escuelas y barrios, coordinarlos local, regional y nacionalmente para combatir cualquier nueva intentona golpista y paralizar el aparato estatal, que tratarán de utilizar nuevamente contra el gobierno de Correa y el pueblo. Como decíamos los marxistas de la CMR en el artículo escrito inmediatamente que se conoció la primera sospecha de golpe "estos acontecimientos pueden ser el inicio de un nuevo golpe contra la revolución en América Latina.  Tenemos la confianza de que la movilización y la lucha de la clase trabajadora Ecuatoriana desbaratarán los planes de la derecha y el imperialismo"


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