ÁFRICA

  • En los últimos meses, Sudán ha vivido una situación revolucionaria. Desde que en diciembre de 2018 el Gobierno del dictador Al Bashir anunciara el fin de los subsidios estatales a los productos básicos, lo que suponía triplicar el precio del pan, las movilizaciones se extendieron por todo el país

  • El derrocamiento del dictador de Sudán, Omar al-Bashir, apenas nueve días después de la caída de Buteflika en Argelia, rememoró los acontecimientos revolucionarios de la Primavera Árabe de 2011. Los regímenes capitalistas de la región y las potencias imperialistas temen, con razón, una nueva ola de insurrecciones revolucionarias no sólo en los países árabes sino en el continente africano.

  • Argelia se encuentra en un punto decisivo de su historia. Tras décadas sufriendo la corrupción y la miseria generada por el régimen de Buteflika, un poderoso movimiento tomó las calles de todo el país para exigir la dimisión del presidente y de sus principales aliados. Tras varios meses de movilizaciones, la cúpula dirigente terminó por claudicar y anunció el cese de Buteflika el pasado 2 de abril.

  • Las masivas movilizaciones del pueblo argelino, que desde el 22 de febrero sale cada viernes a las calles para protestar contra la corrupción del régimen y contra la pobreza, han creado graves grietas en la cúpula del poder. Inicialmente las manifestaciones tenían como objetivo protestar contra el intento del régimen de perpetuarse presentando a Abdelaziz Buteflika, presidente del país desde 1999, como candidato a su quinta reelección en las próximas elecciones.

  • El pasado 1 de marzo, por segundo viernes consecutivo, el pueblo argelino se echó masivamente a las calles para protestar contra el intento del régimen de perpetuarse presentando a Abdelaziz Buteflika, presidente del país desde 1999, como candidato a su quinta reelección en las elecciones presidenciales del próximo 18 de abril.

  • Desde el 19 de diciembre Sudán está siendo sacudido por protestas sin precedentes, tanto por la extensión geográfica como por la duración, contra el Gobierno. También, muchos sudaneses que se fueron del país han protestado frente a las embajadas de Sudán en todo el mundo, mostrando su solidaridad con la lucha heroica de sus hermanos y hermanas.

  • La población de la ciudad minera de Jerada, en el noreste marroquí, lleva movilizada durante más de tres meses en contra de la miseria, la marginalización económica y la represión del estado. El pasado 22 de diciembre la muerte de dos hermanos, Houcine y Jedouane, en un pozo de carbón subterráneo en desuso, transformó la rabia latente en una rebelión abierta. En las siguientes semanas otros dos jóvenes murieron en circunstancias similares.

  • Dos meses después de su elección como presidente del Congreso Nacional Africano en la conferencia nacional del Partido en diciembre de 2017, Cyril Ramaphosa dio buena cuenta de lo que, según un amigo cercano de la infancia, era su ambición desde que estudiaba en la escuela secundaria...

  • En junio, Ciudad del Cabo, con 4 millones de habitantes, podría ser la primera gran ciudad del mundo en quedarse sin suministro de agua corriente. Sus habitantes ya sufren restricciones, no pudiendo consumir más de 50 litros al día, y se preparan para el llamado “Día Zero”, cuando los embalses que surten la ciudad, si sigue sin llover, queden a un 10% de su capacidad...

  • El compañero sudanés del CIT/ CWI, Mohammed Satti (Hamudi), fue liberado el jueves 2 de febrero por la noche. Ha estado detenido por el estado durante más de dos semanas por su participación en una manifestación contra el régimen en la capital Jartum.

  • Un simpatizante de CIT/CWI Mohamed Diaeldin Mohamed Satti, de 21 años, conocido como "Hamudi", se encuentra entre los manifestantes arrestados por el Estado sudanés la semana pasada como parte de la brutal respuesta del régimen de Al Bashir a la ola de protestas contra el incremento de los precios y las medidas de austeridad. El arresto de Hamudi tuvo lugar el miércoles por la tarde cuando participaba en una marcha pacífica por el centro de la capital Jartum.

  • Una ola de protestas contra el brutal incremento de los precios y contra las medidas de austeridad impulsadas por el gobierno se ha extendido por Sudán durante el transcurso de las últimas dos semanas.

  • El estallido de las protestas esta semana contra el nuevo Presupuesto de 2018, que supone una batería de medidas contra la clase trabajadora y la clase media, ha vuelto a poner en evidencia a todos aquellos que hablaban de la "exitosa transición democrática" de Túnez. En realidad el país sigue siendo un campo de batalla entre las fuerzas de la revolución y la contrarrevolución.

  • Todas las alarmas han vuelto a sonar. Las imágenes difundidas el pasado 17 de diciembre por la CNN en las que se mostraba una verdadera subasta de seres humanos en Libia, donde migrantes eran vendidos por 300 y 400 dólares, han recorrido las televisiones y periódicos de todo el mundo, causando un enorme impacto e indignación.

  • La toma del poder por las fuerzas armadas de Zimbabue es un golpe de Estado en toda regla. Representa un punto de inflexión en la era post-independencia en Zimbabue y casi cierto fin del reino de Mugabe.

  • Las masivas protestas de noviembre pasado tras la muerte de Mouhcine Fikri, vendedor ambulante de pescado, en un oscuro suceso con implicación policial, se han convertido en un movimiento popular (Hirak Chaabi) profundo, cada vez más organizado, y con reivindicaciones sociales, políticas y de identidad cultural. Se trata del mayor levantamiento social desde 2011, al calor de la primavera árabe.

    Las masivas protestas de noviembre pasado tras la muerte de Mouhcine Fikri, vendedor ambulante de pescado, en un oscuro suceso con implicación policial, se han convertido en un movimiento popular (Hirak Chaabi) profundo, cada vez más organizado, y con reivindicaciones sociales, políticas y de identidad cultural. Se trata del mayor levantamiento social desde 2011, al calor de la primavera árabe. Y, aunque la lucha se concentra especialmente en el Rif norteño, territorio de mayoría bereber y una orgullosa historia de rebelión, ha demostrado tener el potencial para extenderse a todo Marruecos.

    El epicentro del terremoto social es Taghzut, la ciudad conocida aquí como Alhucemas, y escenario del crimen come­tido con Fikri. Esta ciudad, sometida a control militar desde hace 60 años, está más que nunca asfixiada por todo tipo de efectivos militares y policiales. Se ha establecido un campamento militar para los soldados provenientes de todo el país y los habitantes sufren controles, abusos, o redadas en sus casas, como en Palestina o cualquier zona ocupada del mundo.

    El movimiento, encabezado por un Comité de Dirección, se ha dotado de reivindicaciones claras y muy sentidas. La primera, la liberación de los presos políticos (ha habido centenares de arrestados, siendo 86 los pendientes de juicio). También, por supuesto, una investigación seria de la muerte de Fikri, y de las sospechosas muertes de manifestantes en 2011. Denuncian el bloqueo económico al que está sometido el Rif, y la corrupción de mafias vinculadas al Majzén (la camarilla real) que oprimen a pescadores y agricultores. Exigen inversiones para la creación de institutos, una universidad, biblioteca o teatro públicos… También demandan cesar la represión contra los pequeños productores de hachís, acabar con la precariedad del trabajo de los pescadores, la paralización de las confiscaciones de tierras por supuestos “intereses públicos” y la utilización oficial del tamazight (el idioma bereber mayoritario en el Rif). Muy importante también es la reivindicación de un hospital oncológico, clave en una zona que tiene el doble de casos de cáncer que la media, debido al uso masivo de gas mostaza y otras armas químicas por parte del colonialismo español.

    Potencial de extensión a todo Marruecos

    El levantamiento tuvo un punto de inflexión el 29 de mayo. El desempleado Nasser Zefzafi, que se ha convertido en un referente del movimiento, fue detenido y acusado de perturbar el desarrollo de la oración de los viernes, en la mezquita. Nasser se había atrevido a cortar la palabra al imán, denunciando su sermón, que era pura propaganda al servicio del Majzén y criminalizaba la lucha.

    Muchos de los activistas ya habían sido detenidos, y con Nasser entre rejas la camarilla dominante pretendía haber descabezado el Hirak. Sin embargo, la represión provocó el efecto contrario al deseado. La liberación de Nasser —conocido ya como el Guevara del Rif— y del resto de presos políticos se convirtió en bandera para los oprimidos de Marruecos, traspasando las fronteras imaginarias del norte rifeño. El 11 de junio se realizó en Rabat, la capital marroquí, una manifestación de cientos de miles de personas, la mayor desde 2011. También hubo manifestaciones en Casablanca, Marrakech, Tánger, Tetuán… Las bases para la exten­sión de la lucha están dadas. La pobreza, la hogra (el desprecio y la arbitrariedad que la camarilla del poder aplica a la mayoría), el abuso de las mafias económicas vinculadas al Majzén, el hostigamiento policial, la falta de inversiones más allá de grandes obras vinculadas a intereses de una pequeña minoría… son problemas que afectan a todo el país. En febrero y mayo del año pasado hubo dos huelgas generales, y a finales de 2016 se destapó el caso de los “servidores del Estado”, que implica a un largo número de altos funcionarios que compraban terrenos del Estado al 10% de su valor…

    La detención de Nasser no ha descabezado el movimiento. Rápidamente, se puso al frente el sector más oprimido: las mujeres. Empezando por Nawal ben Aissa, de 36 años y madre de tres hijos, que dirige ahora la lucha. Decenas de mujeres se encuentran en primera línea, ocupando en muchos casos el papel dejado por sus maridos o familiares detenidos. Un aspecto que no puede pasar desapercibido: el protagonismo de la mujer oprimida es síntoma inequívoco de la profundidad de la crisis social y de la cercanía de la revolución, independientemente de cómo se desarrolle este heroico levantamiento.

    La reacción quiere aislar la lucha

    En estos momentos el Hirak está en un momento decisivo. Está organizando una gran manifestación en Taghzut para el 20 de julio (aniversario de la victoria de los rifeños en 1921 sobre los colonialistas españoles en Annual, que permitió la creación de la República del Rif). Por su parte, el régimen está organizando todos sus recursos para ese mismo día, contraprogramando una “gran marcha de amor por nuestro país y nuestro rey”, para “demostrar que Marruecos es sólo uno”. Es evidente que el poder pretende movilizar a los sectores más atrasados para echarlos encima del levantamiento y aislarlo.

    Casi desde el principio, el régimen ha intentado calumniar la lucha, acusándola de separatista e incluso de querer crear un Estado yihadista (ya se sabe, un espantajo muy recurrente). A principios de mayo los seis partidos del Gobierno firmaron un comunicado intentando criminalizar el movimiento y aislarlo, con argumentos como éstos, pero les salió mal: provocaron, el 18 de mayo, la mayor movilización en el Rif hasta entonces, y obligaron a una delegación de seis ministros a viajar hasta Taghzut para pedir disculpas y escuchar a los manifestantes… Un poco de zanahoria entre tanto palo, y ningún efecto calmante ni de la una ni de lo otro.

    Pero es evidente que ésa es la baza principal de la dictadura burguesa de Mohamed VI y su camarilla. Presentar la unidad del país como amenazada, y movilizar todos los medios de comunicación, clérigos y fuerzas policiales, al servicio de acarrear a las masas más sumisas o atrasadas. Más que nunca, aprovechar todo el potencial de la extensión de la lucha por todo Marruecos es clave. Hay que luchar por todos los medios contra el aislamiento, el confinamiento de la movilización al Rif. Cada activista, cada oprimido con conciencia, en todo el país, debe ser un altavoz de la lucha. Un llamamiento de la dirección del Hirak a los pobres, a los campesinos, trabajadores y jóvenes marroquíes, independientemente de su etnia o cultura, para luchar unidos contra el mismo régimen político y el mismo sistema capitalista que les oprime, tendría un efecto poderoso. En particular, un llamamiento a formar comités de lucha en cada barrio, en cada fábrica, en cada universidad, a realizar manifestaciones el 20 de julio en cada localidad, y a organizar una huelga general contra la represión, en solidaridad con el Rif, con reivindicaciones muy concretas a nivel económico y social, y con un objetivo muy claro: “¡Abajo el Majzén!”. Que caiga el dictador y su camarilla y el sistema capitalista que se esconde tras ellos.

  • ¡La rebelión del Rif debe extenderse! ¡Hay que derribar a todo el régimen!

    La noche del 28 de octubre de 2016 un pescadero, Mohsen Fikri, fue asesinado en Al Hoceima (en la región del Rif al norte de Marruecos) después de un control policial. Las impactantes imágenes de su muerte desencadenaron uno de los movimientos de protesta más grandes de Marruecos desde el Movimiento 20 de Febrero en 2011.

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    Hace seis meses, a consecuencia de la muerte del vendedor de pescado triturado en un camión de basuras, comenzaron las movilizaciones de masas en la ciudad de Alhucemas (Norte de Marruecos) pidiendo justicia por la muerte de Mohsin Fikri. Estas movilizaciones se han transformado en un auténtico levantamiento popular (el Hirak Chaabi) que reclama acabar con la corrupción...

  • A continuación publicamos una versión de la octavilla distribuida en las calles de Túnez el pasado 14 de enero, ligeramente editada y extendida, con motivo del sexto aniversario del revolucionario derrocamiento del dictador Ben Ali.

  • En la tarde del viernes 28 de octubre fue asesinado Mohsin Fikri, un vendedor de pescado pobre en la ciudad de Al Hoceima (en la región del Rif) tras ser interceptado por la policía. Las impactantes imágenes de su muerte circularon por Internet provocando una enorme conmoción, su cuerpo fue aplastado por un camión de basura. Este hecho se convirtió en el desencadenante en todo el país de las mayores protestas desde 2011 y del denominado “Movimiento 20 de Febrero” que desafió en ese momento a la monarquía.