El pasado 3 de octubre se celebraron las primarias dentro del Partido Socialista de Madrid (PSM) para elegir el candidato del partido a las próximas elecciones regionales que deben celebrarse en 2011. La victoria ha sido para Tomás Gómez, secretario general del PSM, frente a la actual ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez. 558 votos (7.613 frente a 7.055, con una participación récord del 80,96%) ha sido la ventaja conseguida por el ganador, en unos comicios internos que han levantado una gran polvareda dentro y fuera del PSOE. Aunque ha habido zonas donde se han celebrado elecciones primarias y han ganado los candidatos que contaban con el aval de la dirección del partido, como en la Comunidad valenciana, Murcia, Canarias y Guadalajara, lo cierto es que desde Ferraz, al ir recibiendo los datos de la reacción dentro del partido ante las primarias, se ha visto este proceso con gran preocupación, y allí donde su resultado no estaba del todo claro han optado por suprimirlas, como en Andalucía y Leganés, o están intentando evitar que se celebren, como en Aragón.
Si había un sitio donde la dirección federal del PSOE no tenía previsto que se celebraran primarias para designar candidatos ése era Madrid. Su intención era la de proclamar un candidato para enfrentarse al PP de Esperanza Aguirre, arropado con entusiasmo por todo el partido. Alguien que, según el criterio de los dirigentes del partido, tuviera el suficiente carisma como para acudir a las elecciones regionales con posibilidades de arrebatar la mayoría absoluta al PP. Para ellos, no sabemos muy bien porqué, ese candidato era Trinidad Jiménez. La plana mayor de la dirección federal del PSOE la respaldó, empezando por Rubalcaba y José Blanco. El propio Zapatero tuvo una agria reunión con Tomás Gómez el pasado 7 de agosto para convencerle de la conveniencia de que no se presentara como aspirante a candidato por el PSM. La negativa del ex alcalde de Parla a renunciar en favor de Trinidad Jiménez, abrió la caja de los truenos.
Es evidente que hemos asistido a una batalla en la que se ha desvelado que Gómez no está dispuesto a ser un convidado de piedra dentro del partido y que él tiene aspiraciones por las que va a dar la batalla. Pero pecaríamos de superficiales si nos limitáramos a señalar las ambiciones personales de Gómez y no tuviéramos en cuenta toda una serie de elementos importantes que han emergido en esta contienda.

Guiños a la izquierda

La trayectoria política hasta hoy de Tomás Gómez no es precisamente la de un izquierdista; de hecho fue él el primero en proponer la supresión del impuesto sobre patrimonio que tan bien recibido fue por el gobierno de Esperanza Aguirre y posteriormente por el de Zapatero; desde que es secretario general del PSM la oposición del partido socialista a las medidas reaccionarias del PP en Madrid ha brillado por su ausencia y la separación del PSM de los trabajadores y jóvenes madrileños ha alcanzado su máxima expresión. También es verdad que su candidatura ha sido apoyada por Barrionuevo o Corcuera, elementos vinculados a los episodios más negros y lamentables en relación a la guerra sucia y el terrorismo de Estado protagonizados por los gobiernos de Felipe González.
Pero en su intento de ganar estas primarias, se ha visto obligado a recurrir a una serie de guiños a la izquierda haciéndose eco de un profundo ambiente crítico dentro del partido, reflejo del descontento existente entre los trabajadores en general con la política del gobierno, del rechazo de la militancia a lo que ha sido visto como una imposición completamente burocrática y de la importante falta de autoridad de la dirección del PSOE.
Se ha presentado como el candidato de la base frente al aparato central, intentando cultivar ante las agrupaciones la imagen de díscolo frente a Zapatero y, por otro lado, y esto tiene mayor interés, el hecho de presentar su candidatura en la sede de la UGT en pleno proceso de convocatoria de la huelga general del 29 de septiembre, dando un mitin en un salón de actos presidido por una pancarta anunciándola, es un gesto que no debe pasarnos desapercibido. Ha sido una acción dirigida en primer lugar y de forma evidente a la base ugetista que también tiene carnet del PSOE, pero también a la base social del partido a la que en estos momentos el gobierno de Zapatero se está enfrentando y atacando.
De momento Gómez no ha pasado de estos gestos. Ni en las declaraciones que está haciendo (en una entrevista realizada en el canal 24horas,  posteriormente a la huelga general, se desmarcó claramente de ella y dio un apoyo explícito a las medidas emprendidas por el gobierno), ni en el programa que defiende se observa ningún giro a la izquierda real. De hecho, la posibilidad de que alguien dentro del PSOE esté dispuesto a pasar de gestos a la izquierda a dar una batalla sistemática para girar el partido a la izquierda, es para la burguesía su mayor preocupación. Esto lo demuestra de forma clara el sibilino editorial de El País del pasado lunes 4 de octubre, donde podíamos leer: "Si Gómez es capaz de compaginar su imagen de candidato que resistió a Zapatero con la de político moderado podría acabar siendo un aspirante verosímil" (énfasis nuestro).
Al final es posible que todo este episodio quede en agua de borrajas, en guiños pasajeros a la izquierda y sólo hayamos asistido a poses para embaucar a la militancia y así ganar las primarias. Lo evidente es que esta victoria, que ahora es un gran logro para Tomás Gómez, puede salirle cara en su trayectoria dentro del PSOE si los resultados electorales frente al PP en Madrid son malos. Es probable que esta circunstancia no pase desapercibida para este experimentado político. Pero para que esto no sea así, la única posibilidad es que el PSM concrete un visible y claro giro a la izquierda y que vuelva a ser visto como una auténtica alternativa favorable a los trabajadores frente a Esperanza Aguirre.

Crisis de la socialdemocracia

Sin embargo, un giro hacia la izquierda real y mínimamente coherente de Tomás Gómez inevitablemente chocaría con una dirección federal embarcada en un acelerado y descarado giro hacia la derecha y que respalda a un gobierno que está siendo la punta de lanza de los ataques a la clase obrera. ¿Qué pasaría si Tomás Gómez exigiese la retirada de la reforma laboral o los planes de reforma de las pensiones? Provocaría, sin duda, una sacudida eléctrica en la base social del PSOE, una parte de ella instalada en la abstención desde hace ya muchos años. Crearía las mejores condiciones para una derrota de la derecha en Madrid. Sin embargo, eso implicaría una batalla interna en el PSOE ante la que la pugna con Trinidad Jiménez sería recordada como un juego de niños. Tomás Gómez, al menos de momento, no ha dado ninguna muestra de querer seguir este camino.
Más allá de lo que pase con Tomás Gómez en el futuro, lo que está claro es que su enfrentamiento y posterior victoria son un síntoma de la crisis interna que se está larvando en el PSOE y que hunde sus raíces en el distanciamiento de la política socialdemócrata de las necesidades de la clase obrera, un proceso que se ha acentuado desde que se iniciara la crisis pero que se viene gestando desde hace décadas. Probablemente, lo que ha pasado en el PSM sea el anticipo de choques cada vez más continuados y profundos en el PSOE, con independencia de las intenciones subjetivas de sus dirigentes.

 


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