Los días 22 y 24 de febrero, coincidiendo con el Mobile World Congress (MWC), los trabajadores del Metro de Barcelona fueron a la huelga de 24 horas para exigir el fin de la precariedad en Metro y TMB, y la recuperación de las condiciones laborales y salariales perdidas tras cuatro años de alcaldía de CiU. La huelga fue un éxito, con un seguimiento superior al 90%.

También hubo huelgas parciales de autobuses los días 23 y 25 de febrero, a pesar de que una parte de los sindicatos del comité de empresa firmaron un pre­acuerdo (aún sin ratificar) muy alejado de la plataforma reivindicativa aprobada por la plantilla en la última asamblea.

Tras varias semanas en las que las direcciones de Metro y TMB se negaron a negociar con el comité de Metro, finalmente presentaron una propuesta completamente inaceptable para los trabajadores, y que fue rechazada por unanimidad en las asambleas celebradas. El Ayuntamiento de Barcelona en Comú salió públicamente cargando la responsabilidad de la huelga sobre los hombros de los trabajadores. Ada Colau manifestó en rueda de prensa, con el fin de desautorizar la lucha de la plantilla, que los trabajadores de Metro cobran un sueldo medio de 33.000 euros. Al margen de que haya trabajadores que puedan cobrar dicho sueldo, no es así en la mayoría de los casos. Que la alcaldesa de un ayuntamiento del cambio salga de esta manera, insinuando que son unos “privilegiados”, es absolutamente inaceptable. Estos argumentos son más propios de la patronal y la derecha, la melodía de siempre para tratar de desacreditar las huelgas de la clase obrera. Compañera Ada Colau, ¡así no se logra el cambio!

La propia Ada Colau, en una carta publicada en Facebook, ha querido contestar a las críticas a su actuación en este conflicto reincidiendo en los mismos errores que la han llevado a esta situación. Que se plantee que los trabajadores de Metro tienen trabajo fijo y a tiempo completo, o que la huelga no está justificada porque la empresa no planteaba recortes, es una argumentación completamente falaz y deplorable. En primer lugar porque trata de señalar a los trabajadores de Metro como una “élite”, buscando enfrentar a los trabajadores precarios contra los fijos y con mejores condiciones. Los únicos privilegiados son los directivos de TMB, que cobran más de 100.000 euros de salario y complementos, el Consejero Delegado de TMB, que cobra 105.000 euros, o los Directores de Servicio, que cobran casi 90.000. Junto a estos cargos directivos hay otros, más de 300, opacos, y denunciados por ello por el comité de empresa, que incluso ha obtenido una sentencia favorable que obliga a hacerlos públicos. Ante la solicitud de los trabajadores de conocer dichos contratos opacos y sus condiciones, se ha indicado por parte de la alcaldía que no se puede por “impedirlo” la ley de Protección de Datos. ¡Increíble! Ada Colau y Barcelona en Comú tienen la obligación de dar luz y transparencia a lo que ocurre en TMB con esta casta de intocables, limpiar la empresa de corrupción y de privilegios inaceptables, y dejar de lanzar acusaciones contra una plantilla que solo defiende lo que es justo.

Atacar a los trabajadores de Metro solo beneficia a la derecha

La otra excusa planteada —que no se han puesto recortes encima de la mesa— demuestra la peligrosa pendiente argumentativa por la que se deslizan los compañeros de Barcelona en Comú, que consideran aceptable todo lo que no supongan recortes directos. Pues no compañeros, los trabajadores quieren recuperar el terreno perdido, y condiciones dignas para todos sus compañeros. No solo se trata de frenar los ataques, sino de pasar a la ofensiva, como la propia Ada Colau ha manifestado en multitud de ocasiones.

Las afirmaciones de Colau han permitido que rápidamente los medios de comunicación burgueses se lanzaran contra los trabajadores acusándolos de “privilegiados”. La propia patronal catalana, Foment de Treball, ha aprovechado esta situación para volver a exigir una ley de huelga que permita declarar ilegales huelgas como esta. La huelga ha sido además minimizada, especialmente el día 24, al acordarse por la Consejería de Trabajo de la Generalitat unos servicios mínimos completamente abusivos que llegaban al 65%. Incluso el magnate organizador del MWC, se ha permitido hacer un plante a la alcaldesa en señal de protesta por no haber impedido la huelga, poniendo en cuestión que el MWC se siga organizando en Barcelona. Toda esta situación solo ha beneficiado la demagogia de la derecha, que ha aprovechado la ocasión para atacar y minar a Ada Colau y al nuevo ayuntamiento, resaltando sus contradicciones.

En todo momento el aspecto que ha primado ha sido tratar de dar una imagen “responsable” de ciudad ante los multimillonarios organizadores del elitista Mobile World Congress, donde la entrada más barata era de 749 euros. Gobernar pensando en las inversiones de los capitalistas y en no causarles molestia alguna, tal y como ha ocurrido en este caso, lleva a una dinámica endiablada que obliga a aceptar toda la lógica del sistema. Ada Colau y el Ayuntamiento de Barcelona en Comú se han equivocado, y deben reflexionar y rectificar. La gestión de la huelga no ha fortalecido sino que ha debilitado al nuevo ayuntamiento alejándolo de la base social que lo defendió y aupó al poder. Es la hora de los hechos, y no solo de las palabras. Ada, compañera, recuerda el grito de guerra que te permitió llegar allí: ¡Sí se puede! ¡Ahora, sí se debe!


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