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El 20 de octubre el gobierno británico, presidido por el tory David Cameron y con el liberal Nick Clegg como vicepresidente, anunció uno de los mayores recortes del gasto público de la histórica británica: 81.000 millones de libras en los próximos cuatro años que afectará a los sectores más pobres de la población. Se trata del mayor ataque a los niveles de vida de la clase obrera en ochenta años. Los gastos en ayudas sociales se reducirán 18.000 millones de libras. Una de las áreas más afectadas es la vivienda, los inquilinos de las nuevas viviendas sociales tendrán que pagar mucho más por los alquileres, que se situarán en el 80% de los precios de mercado. Se retirarán muchas de las ayudas que existen a la vivienda pública, afectando a miles de personas con bajos ingresos, una medida que significará en muchos casos el desahucio. El subsidio por incapacidad por enfermedad mental o física se limitará a un año, transcurrido ese plazo el trabajador tendrá que aceptar un empleo o pasará directamente a las filas del paro. Se eliminan las ayudas de movilidad para inválidos, aumenta la edad de jubilación de los 65 a los 66 años para el 2020, también están en el punto de mira las madres solteras o el subsidio de desempleo.
El recorte del gasto público significa la pérdida de 600.000 empleos públicos hasta 2015. Según ha evaluado la empresa Princewaterhouse Cooper, habría que añadir otro medio millón de puestos de trabajo en el sector privado por la pérdida de contratos de subcontratación de servicios.
Brendan Barder, secretario general del TUC, la confederación de sindicatos británicos, ha calificado este ataque como "la mayor amenaza en una generación". El sindicato ha elaborado un informe titulado Where The Money Goes, sobre el efecto que tendrán estos recortes. Y no puede ser más concluyente. "Para el 10% más pobre de la población la pérdida de servicios sociales equivale a una reducción del 20% de sus ingresos; para el segundo 10% más pobre el 13% y para el tercer 10% más pobre el 10%, mientras que para el 10% más rico sólo representa una pérdida del un 1,5%".

Los estudiantes pasan a la acción

El sistema educativo sufre un ataque sin precedentes. Se calcula que 40.000 profesores perderán su empleo en los próximos cuatro años, según cifras oficiales. Se reducirá un 25% la financiación para la enseñanza secundaria. Pero es la enseñanza universitaria la que se lleva la peor parte.
El presupuesto de universidades pasará de 7.100 a 4.200 millones de libras para 2014. Algunas universidades perderán toda la financiación pública, sobre todo aquellas especializadas en carreras relacionadas en tecnología de la información, ciencias sociales o arte. Algunas facultades para sobrevivir tendrán que recurrir a la financiación privada o directamente desaparecerán, además según los sindicatos los recortes supondrán la pérdida de 22.000 empleos, entre personal docente y laboral.
Por si esto fuera poco, las matrículas universitarias subirían hasta 9.000 libras anuales. Actualmente cuestan unas 3.200 libras. Este precio se remonta a 2004, cuando el gobierno de Blair aumentó su precio de 1.200 al actual. Los estudiantes hacen frente a este gasto recurriendo a préstamos a bajo interés que concede el Students Loan Company, un organismo estatal. Los estudiantes no empiezan a devolver ese dinero hasta que no consiguen un empleo en el que cobren un mínimo de 15.000 libras anuales.
La indignación de los estudiantes con la política del gobierno es enorme, ya no sólo se trata de que cada vez son mayores las trabas que tienen los hijos de los trabajadores para acceder a la universidad, sino que además, la perspectiva es que una vez han accedido, terminarán los estudios con una montaña de deudas y un futuro sin empleo. Así que toda esa rabia se ha expresado masivamente en las calles el 10 y 24 de noviembre con las manifestaciones estudiantiles más numerosas que se han visto en Gran Bretaña en décadas. Más de 50.000 estudiantes en Londres en la primera manifestación, y el día 24, en todo el país, más de 130.000, la mayor movilización educativa en 25 años. Sorprendió incluso a los organizadores, las dos principales organizaciones estudiantiles, el National Union Students (NUS) y el University and College Union (UCU). Desde entonces el movimiento ha ido cobrando fuerza con ocupaciones de institutos y facultades. Actualmente hay 13 universidades ocupadas (Oxford, Newcastle, Manchester o East London, entre otras) y tienen planificadas nuevas movilizaciones durante el mes diciembre.
La clase obrera tampoco parece dispuesta a aceptar sin luchar los ataques. La plantilla del Metro de Londres acaba de protagonizar la cuarta huelga contra los despidos, los trabajadores de la BBC en noviembre han hecho una huelga de 48 horas para defender sus pensiones, también están en lucha los bomberos de Londres. La dirección del TUC ha apoyado el movimiento estudiantil y ha propuesto unidad de acción con los trabajadores, ahora es necesario que eso se concrete con la convocatoria de una huelga general como ha sucedido en Francia o Portugal. Las movilizaciones estudiantiles son el primer síntoma del inicio  en Gran Bretaña de un auge de lucha de clases como en el resto de países europeos.


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