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"Más de cinco millones de portugueses viven con menos de 900 euros, 1,4 millones de ellos son trabajadores precarios y jóvenes; los desempleados reales son 700.000; hay 1,8 millones de pensionistas con pagas mínimas o sin apoyos, y centenares de miles de empleados que reciben sólo el salario mínimo. Todo eso es un contingente enorme de personas que corren un riesgo social grave y que además sufren la más grande de las campañas, que intenta convencer de que el desempleado es un privilegiado por cobrar el subsidio, de que el jubilado es un privilegiado porque los demás trabajan para él, y que el joven que tiene un trabajo precario es un privilegiado sólo por trabajar". Así respondía Manuel Carvalho da Silva, secretario general de la Confederación General de los Trabajadores Portugueses (CGTP), en una entrevista con el diario La Voz de Galicia, el 18 de octubre, para explicar el contexto social en el que se producía la convocatoria de huelga general del 24 de noviembre contra las nuevas medidas de ajuste del gobierno del Partido Socialista (PS) portugués, incluidas en los presupuestos generales para 2011, finalmente aprobados el viernes 26 de noviembre con la abstención del principal partido de la oposición, el derechista PSD, y el rechazo tanto del PCP como del Bloco de Esquerdas.

El 24 de noviembre Portugal amaneció paralizado. Según los sindicatos, más de tres millones de trabajadores secundaron la huelga (el 75%) y acudieron masivamente a las manifestaciones. Especialmente importante fue el paro en los transportes (los ferrocarriles suprimieron el 77% de las conexiones, los aeropuertos cancelaron prácticamente el 100% de los más de 500 vuelos previstos, el transporte marítimo también se paralizó, el metro de Lisboa cerró por completo y el de Oporto al 90%, sólo circularon el 30% de los buses urbanos) y en el sector público (90%), así como en la gran industria. Lo más significativo fue el paro de la factoría de Volkswagen en Autoeuropa, con más de 9.000 trabajadores, y el de los astilleros navales de Viana do Castelo en el norte del país. También el seguimiento ha sido muy importante en el sector metalúrgico, energético, del corcho, calzado, papel, etc. La sanidad redujo su actividad un 40%, con más de 20.000 médicos en huelga, al igual que la educación, donde el seguimiento fue mayor del 75%. Pararon importantes empresas de servicios, entre ellas 400 agencias de la Caixa Geral de Depositos, el banco más importante del país. Fue significativa la adhesión en las grandes superficies e hipermercados, aquí para muchos miles de trabajadores era su primera huelga.
Por primera vez desde hace 22 años la UGT (dirigida por Joao Proença y miembro del PS) convocaba conjuntamente con la CGTP (principal sindicato y más combativo), lo que ha desembocado en "la mayor huelga de la historia, mayor que la de 1988" y en una respuesta contundente a lo que los propios sindicatos califican del "retroceso social más grave desde el 25 de abril".

Un plan de ajuste que prepara más ataques

Entre las medidas aprobadas con el objetivo de recortar el déficit público (en 2009 superó el 9% del PIB) al 7,3% este año y al 4,6% en 2011 se encuentra el recorte del 5% a los salarios de los funcionarios, la eliminación de 45.000 empleos en la administración en tres años, la congelación de las pensiones en 2011, por segundo año consecutivo, y el aumento en dos puntos porcentuales del IVA, hasta el 23%, después de haber subido ya un punto hace pocos meses (algunos alimentos como subirán 17 puntos, pues hasta ahora se gravaban con un IVA del 6%). Disminuirán un 7% los recursos para los desempleados en comparación con 2010, en un momento en el que más del 40% de los parados registrados no tienen protección (56% si tomamos la cifras reales) y se recortarán los subsidios que reciben las familias más pobres (420 euros al mes es el umbral de pobreza), agravando una situación desesperada para millones de personas. Según la Red Europea Antipobreza, el número de pobres asciende a casi uno de cada cinco habitantes y para Cáritas las cifras oficiales no reflejan aún el efecto de la crisis, siendo más de dos millones las personas que se encuentran en situación límite de pobreza. Según el Banco Alimentario de Portugal, 260.000 personas requirieron su ayuda en 2009, en lo que va de año se han incorporado 40.000 más. El impago de alquileres se está disparando.
Además, el gobierno de José Sócrates, decidió congelar las inversiones públicas y tiene un plan de privatización de empresas estratégicas como Galp, EDP o TAP.

Perspectiva de rescate

Ante las presiones del FMI, el BCE y las agencias de calificación de riesgo ­-Stan-dars&Poor's rebajaba la calificación de la deuda portuguesa justo después de aprobarse los presupuestos ya que según Frank Gill, analista de crédito de S&P: "las políticas del gobierno han hecho muy poco para impulsar la flexibilidad laboral y la productividad"-  el gobierno luso habla ya de abaratar y facilitar el despedido, a través de la modificación del Código de Trabajo.
Este es el escenario de pesadilla al que se enfrenta la clase obrera portuguesa, y que mantiene en vilo, tras el rescate de Grecia e Irlanda, a la economía europea. La posibilidad de que Portugal sea el tercer país en caer (las previsiones del FMI para la economía lusa son de recesión en 2011, -1,4%) abre un escenario de dimensiones imprevisibles ya que arrastraría con seguridad a la cuarta economía más grande de la zona euro, la española, especialmente expuesta a la economía portuguesa, con más de 80.000 millones de euros (siendo el BBVA y sobre todo el Banco Santander los principales afectados), lo que representa el 33% de la deuda, pública y privada, de Portugal.
En este contexto no es raro que fuera creíble, como informaba la BBC el 24 de noviembre, un falso comunicado de prensa atribuido al primer ministro portugués y en el que se podía leer: "Dada la situación actual de nuestras finanzas públicas y ante la necesidad de cortar el gasto público, la luz al final del túnel será apagada hasta próximo aviso".


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