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Trabajar sin descanso de sol a sol, sin respeto a una jornada establecida y por un salario miserable. Cualquiera diría que estamos describiendo la situación del jornalero andaluz durante buena parte del siglo pasado y que tantas veces hemos escuchado en boca de los "antiguos". Lamentablemente no es así. Estas terribles escenas no son cosa del pasado. La última campaña de la naranja ya nos ofreció situaciones similares, especialmente entre los trabajadores inmigrantes, con agotadoras jornadas de recolección que no acaban hasta que no se completan las cajas necesarias para llenar un camión-trailer y sin permitirles parar en todo el día para comer. Estas son escenas reales como atestiguan las denuncias sindicales a la inspección de trabajo y la subdelegación del gobierno, que como cabía esperar no han hecho absolutamente nada contra estos abusos criminales.
Trabajar sin descanso de sol a sol, sin respeto a una jornada establecida y por un salario miserable. Cualquiera diría que estamos describiendo la situación del jornalero andaluz durante buena parte del siglo pasado y que tantas veces hemos escuchado en boca de los "antiguos". Lamentablemente no es así. Estas terribles escenas no son cosa del pasado. La última campaña de la naranja ya nos ofreció situaciones similares, especialmente entre los trabajadores inmigrantes, con agotadoras jornadas de recolección que no acaban hasta que no se completan las cajas necesarias para llenar un camión-trailer y sin permitirles parar en todo el día para comer. Estas son escenas reales como atestiguan las denuncias sindicales a la inspección de trabajo y la subdelegación del gobierno, que como cabía esperar no han hecho absolutamente nada contra estos abusos criminales.
La Andalucía "imparable", la Andalucía de la "segunda modernización", según rezan las campañas publicitarias de la Junta, convive con otra realidad menos honrosa y moderna, la de la explotación laboral y el trabajo semiesclavo.

El comienzo de la campaña en septiembre

La cuestión es que no podemos esperar algo mejor en la próxima campaña de la naranja y mandarina. La plaga del desempleo y la precariedad en los pueblos, la presencia de importantes contingentes de inmigrantes en las zonas rurales, necesitados, desesperados por llevar algo a sus hogares, presuponen las condiciones propicias para que las mafias empresariales que se han instalado en el campo sigan aprovechándose de la situación. Las empresas de contratación, a través de su red de encargados y manijeros y siempre con la complacencia de los propietarios de las tierras, reclutan a las cuadrillas de jornaleros imponiendo las peores condiciones laborales y salariales, conscientes de que miles de trabajadores del campo deambulan por los bares, "sedes" de estas empresas, pidiendo trabajo. En esta competencia a la baja de la mano de obra, los sectores más indefensos de nuestra clase, como los inmigrantes, son los que sufren una mayor explotación. Al verse obligados a aceptar cualquier cosa, a trabajar de forma extenuante por 20 o 30 euros al día, las empresas los utilizan como carne de cañón y al mismo tiempo les hacen entrar en competencia con los trabajadores autóctonos, inoculando así el veneno del racismo y creando la ilusión de que son los inmigrantes los culpables de que no haya trabajo. Esto ya provocó brotes violentos en la anterior campaña. Las penosas condiciones de explotación impuestas a través del destajo y el chivo expiatorio de la inmigración están preparando un escenario imprevisible. El peligro del estallido de los conflictos más agudos en cualquier momento es una realidad de máxima actualidad en el campo andaluz. En este contexto, el papel de las organizaciones obreras será decisivo para contener las inevitables tendencias xenófobas, unir a los trabajadores y dirigir la rabia acumulada hacia los verdaderos responsables de la opresión y el paro: la patronal y las mafias subcontratistas.
Una alternativa de clase

Para ello es imprescindible que las organizaciones obreras defiendan ante los trabajadores de forma consecuente una alternativa en líneas de clase. La experiencia del pasado año en la lucha que se originó en la localidad cordobesa de Palma del Río, nos marca el camino. El Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) convocó una asamblea en la plaza del pueblo para tratar la problemática de la naranja que congregó a más de 500 personas. Lo cierto es que muchos de los asistentes pensaban que aquello se organizaba para impedir que los rumanos les quitasen el trabajo. Cuando los dirigentes del SAT explicaron la necesidad de acabar con el trabajo a destajo en la campaña de la naranja, base de todo este sistema de explotación y corrupción, del respeto al convenio, al salario establecido y sobre todo a la jornada legal de trabajo, cuando defendieron la movilización y la huelga hasta que no se cumpla el convenio, el ambiente se transformó hacia la unidad de todos los trabajadores sin distinción de nacionalidad. ¡Basta ya de trabajar como bestias para llenar el camión!, ¡basta ya de impunidad para las empresas ilegales de subcontratación que mercadean y trafican con los trabajadores imponiéndoles condiciones miserables!
Tras varios días de una huelga que se extendió por las poblaciones limítrofes, con piquetes donde participaban trabajadores rumanos, la patronal tuvo que aceptar las reivindicaciones fundamentales reflejadas en el convenio, la jornada laboral, el salario, y algo muy importante contra el paro, el aumento del número de trabajadores por cuadrilla y la composición mixta de estas cuadrillas entre inmigrantes y autóctonos para impedir los abusos a los inmigrantes y las contradicciones que de ello se derivan.

Hay que preparar la huelga indefinida

No hay otra salida para la campaña que se avecina. O las organizaciones obreras plantean desde el primer momento, una lucha planificada y organizada en todas las poblaciones, que no puede ser otra que la huelga indefinida en la naranja, llamando a las asambleas, a la participación consciente de todos los trabajadores locales e inmigrantes, o la barbarie puede adueñarse del campo con explosiones incontroladas donde los sectores más atrasados de la población pueden dar rienda suelta a su desesperación emprendiéndola contra el colectivo inmigrante. Ya hemos visto en el pasado las consecuencias de esta espiral de violencia tan perjudicial para la necesaria unidad de los trabajadores en esta lucha. He aquí la disyuntiva y la responsabilidad a la que se enfrentan CCOO, UGT y el SAT.
Es imposible afrontar esta situación tajo a tajo, empresa a empresa, interviniendo puntualmente en éste o aquél conflicto, por más sacrificios que se emplee en esta tarea.  Precisamente esta ha sido la política sindical de CCOO y UGT en estos años donde las prácticas esclavistas se han consolidado y las redes de las empresas contratistas no han hecho otra cosa que crecer y adueñarse del mercado de trabajo.
Vencer la resistencia de estas empresas, de la patronal y el entramado de lacayos que han tejido a su alrededor requiere unir a los trabajadores y concentrar las fuerzas en una lucha decisiva: la huelga indefinida. CCOO, UGT y SAT tienen ante sí la responsabilidad de lograr esta unidad que pasa por convocar conjuntamente la huelga indefinida en la campaña de la naranja, reivindicando el cumplimiento del convenio, la desaparición del destajo y la ilegalización de la subcontratación en el campo. Tenemos confianza en que, tal como ocurrió en Palma del Río, la mayoría de los trabajadores seguirán esta bandera.

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