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camacho-1Reproducimos a continuación una entrevista con Marcelino Camacho publicada en el nº 141 de El Militante (Julio de 2001 con motivo del 25 º Aniversario de la histórica Asamblea de Barcelona.Aquella fue la primera asamblea pública confederal de CCOO, después de años de intensa actividad sindical clandestina, CCOO se convirtió en un referente de lucha y organización para millones de trabajadores en los años sesenta y Marcelino Camacho en uno de los símbolos del combate por las libertades democráticas y sindicales. Veinticinco años después entrevistamos al líder histórico de CCOO.

El Militante.- ¿Cómo se empiezan a organizar las primeras CCOO?

Marcelino Camacho.- La forma de organización de CCOO fue completamente original, partiendo de una visión del sindicalismo revolucionario e inspirándonos en experiencias históricas como la de los consejos obreros.

Como tal, CCOO parte de los acontecimientos de la Camocha en los años 50 en Asturias y después se generaliza y extiende, impulsada por el Partido Comunista al resto del país. En un primer momento las Comisiones Obreras, que surgen del propio movimiento obrero en lucha por demandas puntuales y frente al aparato fascista del sindicato vertical, nacen y mueren con los conflictos. Analizando esta experiencia de lucha obrera contra la dictadura, los militantes del PCE más destacados del ámbito sindical tenemos reuniones en Madrid. Anteriormente el PCE había creado la Oposición Sindical Obrera (OSO) para desarrollar la actividad sindical del partido, pero eso fue una traslación mecánica de otras experiencias que el partido vivió en los años treinta cuando los sindicatos dirigidos por los comunistas son expulsados de la UGT y eso da lugar a la organización de la Confederación General de Trabajadores Unitaria (CGTU).

Nosotros siempre defendimos que la fuerza de la clase obrera asalariada es consecuencia de ser la más numerosa y de su papel en el proceso productivo. Esta fuerza, evidentemente, tiene que transformarse en fuerza organizada si quiere aspirar a cambiar la sociedad y eso también exige presentar alternativas. Los comunistas, en aquel momento como el de los años sesenta defendimos una central sindical única de masas y de clase.

Después de que saliera de los campos de concentración franquistas al final de la guerra y de mi exilio en Argel -también pasé por las cárceles argelinas- me incorporo a las actividades del partido en el interior, organizando el trabajo sindical clandestinamente. En aquella época empiezo a trabajar en la Perkins y trabar los contactos necesarios. La lucha de masas para nosotros, como militantes comunistas en las condiciones de la dictadura franquista, no era posible sin combinar la lucha legal y la ilegal. Los comunistas teníamos claro que teníamos que estar allí donde estaban los trabajadores, nosotros no elegíamos las condiciones del juego, estas las imponía la dictadura de Franco y el sindicato vertical.

Después de esas reflexiones decidimos integrar la OSO en las Comisiones Obreras que surgen de la lucha obrera desde la base del movimiento y participar allí donde las estructuras sindicales nos permiten defender los intereses de los trabajadores.

Muchos cuadros y activistas de comisiones nos convertimos en enlaces y jurados ganando la confianza de los trabajadores.

En Madrid CCOO adquiere fuerza y cohesión a mediados de los años sesenta en el sector del metal. Utilizábamos la escuela de La Paloma para celebrar reuniones y fortalecer nuestra organización. En aquella época incluso realizamos varias concentraciones públicas en demanda de mejoras salariales y laborales que acaban con detenciones y represión. Lo cierto es que en aquellos años conseguimos arrancar aumentos salariales a la patronal pero el gobierno se opuso. Nuestra reacción fue crear la primera comisión provincial de enlaces y jurados del metal que después cambiamos por el nombre de Comisión Obrera Provincial.

A partir de allí extendimos las comisiones a otros sectores y ramas, como la construcción. A partir de 1964 se generaliza la actividad en grandes empresas: CASA, Marconi, Standard, Pegaso.

Incluso el ministro de Trabajo franquista, Solís, nos llegó a recibir para conocer quién dirigía el movimiento y cuáles eran nuestras demandas, aunque su reacción fue de temor por el avance que ya se observaba de CCOO.

El papel de CCOO fue esencial en la conquista de las libertades democráticas y en el auge de las luchas obreras de los años setenta

camacho-2EM.- Muchas cosas han cambiado desde aquella época. ¿Cuál es tu opinión de la política que defienden los actuales dirigentes de CCOO? ¿En qué ha cambiado el sindicato?

MC.- Al conmemorar el 25 aniversario de CCOO hay que recuperar el sindicalismo de masas y de clase que inspiró la creación de CCOO.

No tenemos ni que irnos ni crear otro sindicato: si hemos combinado la lucha legal con la ilegal bajo el franquismo en condiciones realmente difíciles, ahora tenemos que luchar dentro de CCOO para que recupere sus principios y reoriente su acción hacia una huelga general que sirva para combatir los ataques del PP.

El cambio de dirección de CCOO no se puede atribuir a una persona, a Antonio Gutiérrez, o ahora a Fidalgo. Hay que situar los acontecimientos en un contexto de crisis del bloque del Este, de crisis del estalinismo y de la ofensiva ideológica del capital y esto influyó en mucha gente que aunque jugó un papel importante en otro momento, no era gente sólida ideológicamente, vacilaba y al final las presiones ideológicas pudieron más. Los principios políticos son fundamentales, especialmente para mantener la coherencia y la honestidad de los dirigentes obreros y hacer frente a la corrupción que reina en la sociedad capitalista.

EM.- El pasado 15 de junio los trabajadores gallegos han participado masivamente en la huelga general convocada por UGT, CIG y apoyada por el sector crítico de CCOO ¿Qué te parece la oposición beligerante de Fidalgo y la cúpula de CCOO contra la huelga?

MC.- La actitud de CCOO en Galicia el 15 de junio ha sido un auténtico desastre. No tiene precedente que nuestro sindicato se haya opuesto a una huelga general justa y además fomente la división sindical. Yo participé en la manifestación del pasado 22 de junio en solidaridad con los trabajadores de Síntel y manifesté que solamente por la lucha de los trabajadores de Síntel CCOO tenía que haber convocado una huelga general. Los compañeros de Síntel han realizado una batalla de masas ejemplar, pero no es suficiente con sus fuerzas, el sindicato tenía que haber convocado ya una huelga. Por otra parte el gobierno que tenemos es el representante directo del gran capital, la gran banca y los sectores más reaccionarios del país aunque se intenten camuflar con una apariencia centrista. En nuestro país sufrimos un paro que supera los dos millones, precariedad y según organizaciones nada sospechosas como Cáritas hay ocho millones de personas por debajo del umbral de la pobreza.

Cuando salí de la secretaría general de CCOO y fue elegido presidente del sindicato dejé muy claro que hablaría con entera libertad y defendí los principios que consideraba correctos. Ahora, como ayer, lo digo claramente. No puedo estar de acuerdo con Fidalgo cuando afirma que Aznar no se merece una huelga general. Se han abandonado por parte de la actual dirección del sindicato principios fundamentales y eso está detrás de los últimos acontecimientos.

Si consideramos desde un punto de vista general hemos transitado del dominio del gran capital bajo la forma de una dictadura fascista, al dominio del gran capital bajo apariencias democráticas. Obviamente valoramos las libertades que hemos conseguido pero las consideramos a todas luces insuficientes. Necesitamos otro orden social, ganando en la libertad, la auténtica democracia económica y social, es decir el socialismo. Pero un socialismo basado en la democracia y no en el burocratismo estalinista que supuso la degeneración del sistema en la URSS.

Nos encontramos en una crisis que es, en definitiva, la antesala de un nuevo cambio pero exige de nuestra participación consciente para que el cambio se oriente hacia el socialismo.


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