El pasado 21 de abril fallecía Juan Antonio Samaranch. El que fuera presidente del Comité Olímpico Internacional (COI) de1980 a 2001 y, hasta hoy, presidente de honor vitalicio, fue enterrado como si fuera un jefe de Estado, con todos los honores por parte de muchos sectores de la sociedad (monarquía, políticos, deportistas, iglesia...) gracias a que, supuestamente, democratizó el deporte y llevó a un nuevo nivel el olimpismo a partir de los años noventa. Pero como toda persona que estuvo en el poder en el franquismo, Juan Antonio Samaranch también tiene un pasado oscuro que los medios de comunicación burgueses no han querido enseñar.

Pasado franquista

Algún rotativo inglés destacó su pasado franquista en algún obituario y en respuesta los medios españoles, en vez de corroborar la información, clamaron contra estos subrayando la gran labor de Samaranch en el deporte. El especial de El País en su edición digital en ningún momento menciona su pertenencia a la Falange. Samaranch no sólo colaboró con Franco, sino que nunca se retractó de su actitud en este periodo. Fue uno de los aliados de Rodolfo Martín Villa, actual presidente de Sogecable, cuando siendo ministro del Interior del franquismo utilizó la represión sangrienta para apaciguar la resistencia obrera de aquella época. Samaranch en esos tiempos era presidente de la Diputación de Barcelona y anteriormente delegado nacional de Deportes. Presidió eventos deportivos, todo tipo de actos y conmemoraciones franquistas con el brazo en alto y la camisa azul. Sin dejar de ser franquista siguió ascendiendo en la dictadura y ya con la monarquía llegó a convertirse en presidente del Comité Olímpico Español y más tarde máximo mandatario del COI.
El COI estaba sumido en una profunda crisis económica. Cuando Samaranch cogió el mando pensó que debía reestructurarse el método de financiación de los juegos. En las olimpiadas de Los Ángeles en 1984, gracias a él, todo se financió a base de inversiones privadas. A partir de 1992 en Barcelona entraron en escena los deportistas profesionales y el COI se convirtió en una empresa extremadamente poderosa y rica además de ser una máquina de generar ingresos. La filosofía fue que sólo serían deportes aquellos que sacaran beneficios económicos, aunque eso llevara a una reducción de la participación. Esto es lo que la mayoría de los medios de comunicación parecen entender como el acercamiento del deporte al ciudadano de a pie o la democratización del deporte.
Pero la verdadera democratización del deporte se contrapone al hecho de que sea un gran negocio, con el malicioso argumento de que si no, no se invierte en él. Un ocio tan sano y beneficioso para la salud como éste debería ser un derecho, y poder ser practicado por todo el mundo, pero la realidad es que sus altos costes, impiden su acceso a miles y miles de personas con pocos recursos, y más en plena crisis. Si a pesar de todo esto, miles de niños y jóvenes lo practican, se debe gracias al esfuerzo de muchas asociaciones, centros cívicos, clubes modestos... que trabajan duramente por llegar a la capa más amplia de la sociedad y que no esperan obtener ningún beneficio económico por ello.

Cada vez más dependientes
de los capitalistas

Estos últimos años la popularidad de practicar deporte ha crecido considerablemente. Tanto que muchos empresarios han visto una nueva fuente de ingresos para seguir generando beneficios. A la vez, la práctica deportiva en competiciones populares va disminuyendo a causa de que éstas no producen  suficientes beneficios a los patrocinadores. Es patético ver cómo se suelen inflar los gastos de un presupuesto de cualquier competición con las excusas de los seguros, gastos de gestión, gastos de infraestructuras, alquiler de material... y muchos más gastos inimaginables. Al final la factura es tan grande, que los participantes tenemos que pagar más y más, elitizando y haciendo sólo partícipes a una minoría. Con esto se desmotiva a la gente a no acudir a más citas parecidas y en consecuencia a dejar la práctica deportiva.

· No a la privatización y elitización del deporte. El deporte es un derecho y no un negocio.
· Por una red de infraestructuras deportivas públicas, dignas y gratuitas con financiación suficiente y bajo el control de Ayuntamientos, asociaciones deportivas y vecinales.
· Potenciación del deporte en los centros de estudio públicos, mejorando sus instalaciones. No a la reducción de las horas de gimnasia.

¡Sí hay dinero para todo esto,
lo tienen los banqueros y
las grandes empresas del deporte!

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