Anna Gabriel, la familia y la pequeña burguesía

La diputada de la CUP en el Parlament de Catalunya, Anna Gabriel, declaró el pasado 11 de mayo que le gustaría “formar parte de un grupo de personas que decidiesen tener hijos e hijas en común, en colectivo” porque, en su opinión, la “concepción de la maternidad o de la paternidad no está tan individualizada, no se centra con un núcleo tan pequeño como aquí —la familia nuclear—. La concepción es que quién educa es la tribu.” Añadió también que el “modelo que tenemos me parece pobre y me parece que enriquece muy poco y, esto que diré ahora puede que sea muy polémico, pero este modelo tiende a convertir las personas que tienen niños y niñas en muy conservadoras”.

Estas declaraciones merecieron una reacción histérica por parte de los medios de comunicación de la derecha y de numerosos políticos de la reacción. Los defensores de la “familia, la propiedad y el orden” salieron en tromba para desacreditar a Anna Gabriel como enemiga de las tradiciones culturales de occidente. Son los mismos que justifican las políticas criminales de la UE, que permite hoy y ahora que multitud de niños permanezcan encarcelados sin las más mínimas condiciones de sanidad, higiene y nutrición en los mal llamados campos de refugiados. Los mismos que apoyan los recortes sanitarios y en la educación pública, los mismos que defienden la economía de “libre mercado” que nos condena al desempleo de masas, a la pobreza, a la exclusión. Los mismos que aplauden las guerras imperialistas que masacran pueblos y reducen países a escombros.

Sin embargo, muchos militantes de la izquierda que hemos escuchado estas declaraciones, y que hemos luchado siempre contra el patriarcado capitalista, contra la opresión de la iglesia, contra la familia burguesa, nos preguntamos si contribuyen realmente a defender los derechos de los más débiles, de los oprimidos. En definitiva ¿Qué posición defiende Anna Gabriel en este asunto? ¿La posición de la clase trabajadora o las posturas individualistas de la pequeña burguesía?

Somos millones los trabajadores y trabajadoras que en estos momentos luchamos en condiciones francamente difíciles por el presente y el futuro de nuestros hijos e hijas. El peligro inmediato que amenaza y hace sufrir a nuestros niños y niñas no proviene del conservadurismo que irradiamos a través de nuestras familias nucleares, sino de los recortes que el Partido Popular desde el gobierno central, así como CiU y el PNV desde Catalunya y Euskadi, y también la dirección del PSOE donde gobierna, llevan años ejecutando.

En Catalunya, por ejemplo, casi un tercio de los niños y niñas viven en la pobreza. Por eso sorprende esta lección, esta crítica velada, esta actitud de autosuficiente superioridad hacia los padres y madres de familias trabajadoras por parte de una dirigente política que sostiene con su voto al gobierno de la Generalitat. La Convergencia de Mas y Puigdemont, la formación de la burguesía catalana, permanece en el poder gracias a los votos de la CUP. Y es este gobierno el responsable de los desahucios, de los recortes en becas de comedores y libros de textos, de la privatización de la sanidad pública, de la imposibilidad económica de financiar estudios superiores, del desempleo y la precariedad laboral, de las dificultades para atender a seres queridos en situación de dependencia, de la pobreza energética, de los salarios miserables…

¿Niños “conservadores” o arrogancia pequeñoburguesa?

Y no se trata solo de las políticas sociales que la derecha, catalana, vasca o española, pone en práctica. Se trata también de identificar a los responsables que quiere inculcar el conservadurismo ideológico en nuestros niños y jóvenes, y que tanto Anna Gabriel, como millones de personas que nos consideramos de izquierdas, queremos erradicar de su educación. ¿De verdad cree Anna Gabriel que una madre trabajadora es tan responsable de este asunto como el señor Carles Puigdemont, aunque ambos críen a sus hijos biológicos en una familia nuclear?

En el primer caso, se trata de un individuo que pertenece a la elite económica y social, que dispone de incontables recursos materiales y propagandísticos para perpetuar su ideología conservadora destinada a que nada cambie, es decir, a garantizar sus privilegios. Como muy bien denunció el Sindicato de Estudiantes, y muchas de las organizaciones convocantes de las movilizaciones contra la LOMCE y el decreto 3+2, los recortes educativos como parte de los recortes presupuestarios en gastos sociales llevan aparejado un fin muy concreto: vetar el acceso al conocimiento de los hijos de las familias trabajadoras y condenarlos a la ignorancia, una de las mejores compañeras de la ideología conservadora y la sumisión.

En el otro lado, tenemos a hombres y, fundamentalmente a mujeres, que luchan cada día por llegar a fin de mes, por robar tiempo a jornadas laborales extenuantes para estar con sus niños y niñas, que hacen todo tipo de sacrificios para que sus hijos e hijas vivan mejor que ellos. Y no se trata tan solo del ejemplo cotidiano de lucha individual que dan en el marco de su familia nuclear. Cientos de miles, millones de madres y padres, enseñan a la juventud a rebelarse contra el poder establecido y las injusticias participando en las mareas ciudadanas, apoyando a los jóvenes del 15-M frente a la represión, participando en huelgas, votando a partidos de la izquierda que defienden el derecho a decidir del pueblo catalán, vasco y gallego, paralizando desahucios…

No estamos de acuerdo con esta tabla rasa, con esta equiparación de responsabilidad. Aquellos que pertenecen a la tribu de Puigdemont, a la tribu de la burguesía, merecen ser expulsados de los gobiernos. Quienes pertenecen a la tribu de la clase obrera, quienes hacen un esfuerzo día a día por garantizar el bienestar de los niños y las niñas golpeados por la crisis capitalista, merecen un reconocimiento y no un comentario desdeñoso. Ese es precisamente el tono arrogante con que la pequeñaburguesía trata cuestiones que afectan a la mayoría de la población oprimida, y de las cuales piensan que es fácil evadirse con “salidas individuales”.

La lucha colectiva por transformar la sociedad, y no la colaboración con la burguesía, es el único camino para luchar contra la opresión

¿Se trata entonces de defender el modelo de familia que esta sociedad establece como mayoritario, es decir, la familia burguesa? No. Las peores y más crueles lacras que perpetua la organización social capitalista, el machismo, la homofobia, la prostitución o el maltrato infantil y de género, hunden sus raíces en este modelo. El problema es que luchar contra ellas a través de salidas individuales, como es la de la “crianza en tribu”, es completamente estéril e impotente. No sólo no combate el fondo del problema, la opresión capitalista que se reproduce en el ámbito familiar, sino que representa una mera vía de escape individual, factibles solo para la pequeña burguesía, y que no evitará que todos los roles patriarcales y los prejuicios sociales sigan siendo predominantes, incluso dentro de la “tribu”. Tan sólo pensar en las dificultades físicas de este tipo de crianza en viviendas de 40 o 60 metros cuadrados, en las que las modestas familias nucleares tienen ya grandes dificultades para garantizar espacios adecuados para el estudio, por no hablar de la dificultad de mantener la casa caliente en invierno, basta para entender el carácter pequeñoburgués e idealista de una propuesta que sólo sirve para colmar la conciencia de algunos y algunas, pero que esconde una carga reaccionaria muy profunda. Si el camino es este tipo de salidas ¿Para qué entonces la lucha colectiva y organizada contra el sistema capitalista en crisis que es la causa de la degradación que sufre la familia?

No se trata de que el que pueda construya su particular isla de bienestar, encubriendo sus favorables condiciones económicas tras un manto de progresismo “radical”. Para acabar con la opresión, con los modelos conservadores, represores y reaccionarios es necesario emancipar al conjunto de la población. Hay formas de luchar contra el machismo, contra el racismo, contra la persecución de la libertad sexual mucho más eficaces y amenazadores para el capitalismo. Por ejemplo, con lavanderías y comedores públicos de calidad que ayuden a la mujer trabajadora a librarse del yugo de las tareas del hogar. Con reducciones de la jornada laboral y ampliaciones de la baja por maternidad y paternidad sin reducción salarial, que permitan a los padres y madres participar más activamente en la crianza de sus hijos. Con escuelas infantiles y colegios públicos de calidad, que permitan que los niños y niñas se socialicen desde edades muy tempranas, y que involucrando a madres y padres en las decisiones educativas permitan ampliar sus conocimientos sobre pedagogía y formación emocional. Sacando la religión de los centros públicos y desarrollando programas de educación sexual que permitan a los jóvenes disfrutar sana, natural y libremente de su sexualidad. Con una universidad pública, gratuita, democrática, a la que puedan acceder todos los jóvenes, no sólo los de las familias pequeñoburguesas o burguesas, también los que provienen de la clase trabajadora.

Todas estas medidas golpean los planes económicos y la ideología conservadora de los Mas y los Puigdemont, de los Rajoy, y debilitan el conservadurismo de la tribu de la derecha.

A la vez, la organización y la lucha de la clase obrera y la juventud en torno a estas reivindicaciones desnuda a los auténticos responsables del sufrimiento que existe en la sociedad, nos eleva de la sumisión ideológica a las que los explotados estamos condenados, allanado el camino hacia una nueva sociedad igualitaria y justa. Una sociedad sin explotación, sin opresión, sin clases. Una sociedad en que todos los seres humanos serán iguales en derechos, serán cuidados, atendidos y queridos sin importar a quién pertenece el óvulo y el espermatozoide que los engendró. Una sociedad que alumbrará otro tipo de familia. En la consecución de este ambicioso objetivo, la tribu de Puigdemont, a la que se han aliado los diputados y diputadas de la CUP, presentará la más rabiosa de las oposiciones. Y, por el contrario, los hombres y las mujeres de la clase trabajadora, nacidos y criados en familias nucleares, serán los protagonistas indiscutibles de la lucha que acabará con este sistema criminal.


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