A pesar de que el parón de la economía europea es un hecho incuestionable, a pesar de que la Comisión Europea ha rebajado significativamente las previsiones de crecimiento de la economía del Estado español y a pesar del incremento del paro en el mes de octubre en casi 80.000 personas, circunstancias que ponen en evidencia la inconsistencia de los pronósticos del gobierno, el Partido Popular sigue intentando mantener en pie la campaña de propaganda sobre el supuesto buen estado de la economía lanzada en la presentación del Proyecto de Presupuestos Generales del Estado para 2015, una campaña que resulta muy necesaria para intentar encubrir los graves recortes que estos Presupuestos encierran y para mitigar en lo posible el próximo descalabro electoral del PP que todas las encuestas anticipan.

Pero por mucho optimismo que exhiba el PP la realidad desmiente rotundamente su propaganda. Los datos del estudio sobre exclusión social publicados por Cáritas a finales de octubre muestran el rápido crecimiento de la pobreza en el Estado español, que afecta ya al 25% de la población total y, lo que es mucho más grave, al 35% de los niños y jóvenes. Esa es la dura realidad que el PP quiere ocultar mientras sigue gobernando en beneficio de una ínfima minoría.

Creatividad contable

Los nuevos Presupuestos se basan en el nuevo cálculo estadístico que, a base de considerar la prostitución y el narcotráfico como generadores de “riqueza” y de convertir el gasto militar en “inversión”, ha conseguido engordar el PIB de un día para otro en 35.000 millones de euros, que, como es evidente, sólo existen sobre el papel, aunque facilitan una supuesta “reducción” del déficit público de 2.000 millones de euros.

El optimismo del PP tiene una base extremadamente endeble. El gobierno se aferra como un desesperado a los pocos indicadores que en los últimos meses han mostrado un comportamiento positivo, obviando todos los demás – evolución de la deuda pública y privada, incremento de la morosidad bancaria, caída de la producción industrial, deterioro de la balanza comercial, etc. Pero incluso esos escasos indicadores positivos, que se reducen a un incremento del número de turistas y a un leve aumento de las exportaciones, lejos de augurar una recuperación, ponen de relieve que si la economía española se ha revitalizado ha sido exclusivamente por los salvajes recortes salariales, que han facilitado precios competitivos en la hostelería y en los sectores industriales que, como el automóvil y su industria auxiliar, se orientan fundamentalmente hacia el exterior.

Pero esta ventaja basada en los bajos salarios tiene una vida muy corta, cortísima en el caso del turismo, donde la persistente caída de las pernoctaciones y del gasto medio por turista muestra el callejón sin salida de un sector hostelero basado en salarios de miseria y jornadas de trabajo extenuantes.

Y respecto a la industria exportadora la perspectiva inmediata no es mucho mejor. A la debilidad general de la economía europea, que es el principal destino de las exportaciones españolas, se une la inminencia de que Francia e Italia adopten las mismas políticas de recortes salvajes aplicadas en Grecia, Portugal y el Estado español, de modo que la ventaja competitiva de las exportaciones españolas se esfumaría rápidamente, a menos claro está, que se planteasen nuevos y más drásticos recortes salariales.

Caída de la inversión productiva y destrucción de capital

Si volvemos la vista hacia los indicadores que revelan la verdadera situación de los cimientos de la economía española, los propios datos oficiales desmienten rotundamente el optimismo del Gobierno.

A largo plazo, las economías dependen del volumen de la inversión. Sin inversión productiva cualquier economía está condenada a sufrir un declive y un empobrecimiento de la inmensa mayoría de la población. Y esto es lo que está pasando actualmente en el Estado español, donde los indicadores de la Formación Bruta de Capital Fijo en la Contabilidad Nacional del INE muestran un descenso continuo de la inversión, hasta tal punto que desde Enero de 2013 la inversión ni siquiera cubre los 193.000 millones de euros anuales necesarios, según estudios de la Fundación BBVA, para simplemente reponer el stock de capital depreciado.

Es decir, desde hace más de año y medio la economía española ha entrado en la senda de la destrucción de capital y nada indica que ese rumbo vaya a variar, sino todo lo contrario, ya que los últimos datos disponibles, correspondientes al 2º trimestre de 2014, registran un nuevo record de caída de la inversión.

Y no solamente disminuye el volumen de capital, sino que su composición es cada vez más improductiva. Años y años de inversión inmobiliaria puramente especulativa, en detrimento de la inversión en maquinaria, equipos industriales e investigación, que es la que realmente ayuda a incrementar la riqueza a largo plazo, han provocado que la productividad del capital desde enero de 2000 a enero de 2014 se haya reducido en un 22%.

Por supuesto, bajo el capitalismo no cabe esperar otra cosa sino que este empobrecimiento derivado de su funcionamiento irracional lo paguen los trabajadores. Precisamente la caída de la inversión productiva ha ido acompañada de records en la liquidez en manos de las empresas. Solo en el mes de agosto los depósitos bancarios de las empresas alcanzaron los 3.548 millones, hasta un total de 207.805 millones que la burguesía española prefiere dejar ociosos en lugar de dedicarlos a la inversión en la economía real.

¿Qué nos traen los Presupuestos de 2015?

La verdadera magnitud del desplome de la economía del Estado español se percibe en el borrador de Presupuestos para 2015. Las fanfarrias del Gobierno no pueden ocultar que van a aplicar una nueva vuelta de tuerca al conjunto de la clase trabajadora. El gasto no financiero se reduce en un 1,7%, frente a un aumento del 12% del coste de los intereses de la deuda, lo que significa que en 2015 pagaremos a los bancos 35.940 millones de intereses, la gran mayoría por cuenta de la deuda contraída precisamente para salvar a esos mismos bancos.

La reducción del gasto corriente recae fundamentalmente en los pensionistas - que recibirán una subida simbólica del 0,25% - en los trabajadores del sector público - que verán sus salarios congelados por quinto año - o en las prestaciones por desempleo, que caen en un 15%, a pesar de que según la última EPA más de 768.000 familias carecen de cualquier ingreso.

También la sanidad, y muy especialmente la educación, sufrirán bajo estos presupuestos. Las becas se congelarán, y capítulos tan necesarios como la enseñanza compensatoria verán rebajada su asignación en un 90%.

En abierto contraste con estas agresiones a los trabajadores, los beneficios fiscales a las empresas suben en un 7%. También sube un 8,5% la inversión en obras, y muy especialmente la partida de infraestructura ferroviaria de Alta Velocidad, que se lleva más de la cuarta parte de este capítulo. Si tenemos en cuenta que en la agenda del Gobierno está la próxima privatización de Renfe y Adif, está inversión masiva es un regalo encubierto a las empresas del sector privado que se preparan para apoderarse del sector ferroviario, demostrando una vez más al servicio de quién gobierna el PP.


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