¡Retomar la movilización por la república catalana de los trabajadores y la juventud!

La decisión del presidente del Parlament de Catalunya, Roger Torrent, de ceder a la ofensiva autoritaria del gobierno del PP y el Estado suspendiendo la investidura de Carles Puigdemont es la culminación de meses de maniobras para traicionar la voluntad del pueblo de Catalunya. Despreciando la movilización de cientos de miles de jóvenes, trabajadores y ciudadanos que han protagonizado una lucha ejemplar desde el 1 de octubre, los dirigentes de ERC y del PDeCAT se han plegado al bloque del 155.

Queda claro que estos políticos burgueses y pequeñoburgueses pretenden dar carpetazo definitivo a la lucha por la república catalana, y reestablecer el “diálogo” con un Estado que busca la humillación de todo un pueblo. La suspensión de la investidura, aceptando el chantaje de la derecha españolista y los tribunales, se suma a la cascada de declaraciones de dirigentes del PDeCAT y ERC renegando del referéndum del 1 de octubre y apostando por olvidar todo lo sucedido. En este sentido hay que enmarcar las declaraciones de Oriol Junqueras justificando que las circunstancias puedan obligar a “combinar una presidencia legítima, aunque simbólica, con una ejecutiva”. “Hay que poner las luces largas —afirma Junqueras—, a menudo las cortas no te dejan ver todo el recorrido ni el horizonte.” Más claro el agua.

Ofensiva autoritaria

Siguiendo órdenes de La Moncloa, el Tribunal Constitucional (TC) ha negado al Parlament el derecho a designar presidente a Puigdemont, quien contaba con mayoría absoluta para ser investido. De esta manera, un órgano judicial que nadie ha votado, e integrado por magistrados designados a dedo por los partidos del régimen del 78, viola impunemente la voluntad de las urnas.

¿Dónde queda la democracia cuando las funciones legítimas del Parlament, elegido por el pueblo, son socavadas y anuladas por unos tribunales que siguen dócilmente las instrucciones de un partido que en Catalunya ha obtenido cuatro diputados y ni siquiera puede formar grupo parlamentario? ¿Cómo calificar que el gobierno del PP y su Estado centralista puedan destituir a un Govern o disolver un Parlament si adoptan decisiones que no son de su gusto? ¿Qué diferencia hay entre esta situación que sufre Catalunya y las democracias tuteladas típicas de los regímenes coloniales o las llamadas “repúblicas bananeras”?

El auto del TC desvela toda la falsedad del discurso oficial acerca de la “división de poderes”, el “Estado de derecho” o la tan cacareada “independencia del poder judicial”. El Consejo de Estado se pronunció el pasado 25 de enero contra la impugnación presentada por el gobierno al Constitucional con un argumento irrefutable: no se puede declarar ilegal algo que no ha ocurrido. El propio TC no tuvo más remedio que aceptar este argumento como incuestionable. No obstante, para evitar una derrota pública del PP en este asunto tan trascendental, los jueces del TC se sacaron de la manga una burda argucia para impedir que Puigdemont pudiera ser elegido salvo que acudiera presencialmente a la sesión de investidura, lo que implicaría su detención inmediata y que fuese el juez Llarena, del Tribunal Supremo, quien le concediera permiso para asistir a la votación o no. 

Paralelamente, ese mismo juez ha acelerado las querellas interpuestas contra Puigdemont y otros dirigentes independentistas con el objetivo de tener una sentencia inculpatoria en abril, para así inhabilitarles y que no puedan presentarse a cargo público alguno.

El resultado obvio de todas estas medidas del gobierno del PP, de sus aliados políticos (Ciudadanos y PSOE) y de todo el aparato del Estado puesto en acción, es anular el resultado de las elecciones del 21 de diciembre que, aunque se celebraron bajo una situación de excepción antidemocrática, arrojaron una nueva mayoría absoluta independentista y una derrota estrepitosa del bloque del 155. Con la decisión del TC, que los dirigentes de ERC parecen dispuestos a aceptar, la voluntad popular es impugnada por un juez del Supremo, el mismo que encarceló a los Jordis y a Oriol Junqueras por el delito de “rebelión” y “sedición”. Esto, además de resultar esperpéntico, refleja la deriva autoritaria, reaccionaria y recentralizadora del régimen del 78.

La reacción quiere dar una lección inolvidable

Los derechos democráticos no sólo están amenazados en Catalunya; inevitablemente la escalada represiva también se ha endurecido en el conjunto del Estado, acompañada de la ensordecedora campaña de nacionalismo españolista. Cualquiera que ose cuestionar a la monarquía, al régimen del 78, y al gobierno y a los políticos corruptos que lo defienden; que proteste contra los recortes o los desahucios, participe en manifestaciones contra la represión o por la reparación a las víctimas del franquismo, o simplemente luche por el derecho de autodeterminación y la república catalana, está en el punto de mira. El encarcelamiento de los Jordis, los consellers del Govern de Catalunya, de activistas como Alfon, Andrés Bódalo y muchos más, la apertura sistemática de causas judiciales por supuestos “delitos de odio”, que siempre afectan a militantes de la izquierda política y social, dibujan un panorama orwelliano de pesadilla que se adapta como un guante a los intereses estratégicos de un gobierno desbocado.

Frente a toda esta situación, los dirigentes del PSOE —con Pedro Sánchez a la cabeza— participan del españolismo más rancio apoyando incondicionalmente las decisiones antidemocráticas del PP. Por su parte, los dirigentes de Unidos Podemos han elegido mirar a otro lado. Esto les incapacita para ponerse al frente de la lucha por la liberación nacional de Catalunya, y con su política “equidistante” permiten al Estado aumentar su margen de maniobra para llevar adelante sus planes represivos. Por lo que respecta a los dirigentes de ERC, sus llamamientos al “realismo” para “recuperar las instituciones” sirven, sobre todo, para que la reacción se sienta fuerte y actúe con mayor agresividad.

El ensañamiento del Estado contra los derechos democráticos no es casual. Las burguesías catalana y española han entendido perfectamente lo que los dirigentes de la izquierda no quieren comprender. Cuando las masas enfrentaron y derrotaron la represión salvaje mediante su acción directa el 1-O, y paralizaron Catalunya el 3-O con una de las huelgas generales más unánimes de su historia, abrieron una crisis revolucionaria.

Desde ese mismo momento el objetivo de las burguesías española y catalana, de la Corona, del Estado heredado del franquismo ha sido borrar de la conciencia de millones de personas la idea de que es posible romper con el régimen del 78 y conquistar la república. Por eso mantienen encarcelados a los presos políticos incluso cuando acceden a declarar lo que les exigen. Por eso responden con más ataques a cada intento de los dirigentes de ERC y PDeCAT de meter la lucha por la república en el congelador. Quieren dar una lección a las masas de Catalunya que sirva para escarmentar a cualquiera que pretenda desafiar el orden establecido.

¡Ni un paso atrás! ¡Por la república catalana de los trabajadores y el pueblo!

Tras derrotar al bloque del 155 en las urnas, millones de personas esperaban un plan que recuperase la movilización en la calle. Sin embargo, desde la histórica manifestación por la libertad de los presos políticos del 11-N, que reunió millón y medio de personas en Barcelona, no se ha vuelto a convocar ninguna manifestación de masas bien organizada. Al contrario, en este momento crucial los dirigentes de ERC y PDeCAT están planteando abiertamente la retirada.

Los dirigentes de la CUP han criticado las declaraciones claudicantes de ERC y PDeCAT y hablan de materializar la república. Pero para lograrlo se requiere de una estrategia de lucha concreta y diferenciada. Si siguen subordinados a los políticos burgueses y pequeñoburgueses del PDeCAT, JxCat y ERC será imposible derrotar la ofensiva del bloque del 155.

Sólo hay un modo de enfrentar la represión: la movilización masiva y continuada, defendiendo una alternativa política que rompa con la lógica del capitalismo y sitúe la conquista de una república en beneficio del pueblo, los trabajadores y la juventud como eje de la batalla. Como vimos el 1-O, cuando millones de personas impusimos nuestro derecho a votar frente a la brutal represión de miles de guardias civiles y policías, durante las huelgas generales del 3-O y 8-N, o en las elecciones del 21-D, cada vez que hemos tomado masivamente las calles la reacción se ha visto con serias dificultades para llevar adelante sus planes represivos. En cambio, cuando los dirigentes han mostrado dudas, ya no digamos cuando han retrocedido, la respuesta ha sido nuevos ataques y más agresivos.

No falta fuerza, lo que falta es convicción y decisión por parte de muchos dirigentes y un plan claro y consecuente para llevar la lucha hasta el final. La movilización de masas necesita un programa sólido para triunfar. Es imprescindible una estrategia para ganar a la inmensa mayoría de la clase obrera catalana, incluidos muchos trabajadores castellano-hablantes llegados de otras zonas del Estado, que rechazan al PP pero ven con desconfianza al independentismo ya que los dirigentes del PDeCAT (y también de ERC) son los mismos que han aplicado recortes y ataques contra sus derechos.

Para conseguir este objetivo, la CUP y toda la izquierda que luchamos por la república debemos arrebatar la dirección del movimiento a estos políticos que no quieren romper con el capitalismo, y que buscan desesperadamente acuerdos y pactos con el Estado.

Unir a los oprimidos de Catalunya, a los trabajadores —independientemente de su lugar de origen—, a la juventud, a las capas medias empobrecidas pasa por levantar la bandera de la república socialista catalana, ligando el combate contra la represión neofranquista del PP a la lucha contra los recortes y los desahucios, la precariedad y los bajos salarios; por el empleo estable y una vivienda digna y asequible; por una sanidad y educación públicas, gratuitas y de calidad; por la nacionalización de la banca y las grandes empresas de la oligarquía catalana y española, y utilizar todos estos recursos en un plan de choque que resuelva las necesidades de la inmensa mayoría de la población.

Con este programa, basándonos en la movilización masiva, convertiríamos la república catalana en la causa de los trabajadores y la juventud del resto del Estado. Ése es el camino para frenar al PP y Ciudadanos, y derrotar la represión del Estado.

¡Únete a Esquerra Revolucionària/Izquierda Revolucionaria!


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