¡Por un Frente de la Izquierda contra los recortes y por el derecho a la autodeterminación!

Las elecciones del 27S han puesto de manifiesto la profundidad de la crisis del Régimen del 78 y la intensidad que ha alcanzado la lucha de clases tanto en el Estado español como en Catalunya. Con una participación histórica (77,46%), los resultados indican tendencias aparentemente contradictorias pero que forman parte de un mismo proceso: por un lado, el retroceso de CIU y ERC, unidos en la candidatura Junts pel Si, y el crecimiento de las opciones que vinculan la independencia a la lucha contra los recortes y el capitalismo (CUP); por otro, la división del voto de los trabajadores en líneas nacionales —con y contra la independencia— y que en este último caso manifiesta una corriente de rechazo frontal a la política de Mas y Convergencia pero de la que saca beneficio fundamentalmente Ciudadanos.

Las elecciones también constituyen una decepción para Catalunya si que es pot, y concretamente para Podemos, que ha pagado un alto precio en las urnas por su indefinición ante el derecho a decidir y su giro a la derecha de estos últimos meses. Pero, sin duda, el gran derrotado de la noche electoral es el PP.

Elecciones plebiscitarias: Convergencia no consigue sus objetivos

Considerados por Convergencia y Esquerra Republicana como un plebiscito “a favor de la independencia”, los comicios del 27S no han cumplido con sus expectativas. Tras la prohibición de la consulta del 9-N, cientos de miles de personas tomaron el 27S como una oportunidad para reivindicar sus derechos democrático-nacionales, y dar una sonora bofetada a la campaña agresiva de la derecha españolista del PP y las medidas del aparato estatal contra el derecho a decidir. Y aunque es cierto que las candidaturas independentistas (Junts pel Sí y la CUP) han obtenido 1.957.348 votos (47,7%), superando en casi 100.000 los cosechados en la consulta del 9-N por el voto del “Sí-Sí”; si los analizamos en detalle queda claro que el objetivo de Mas y sus aliados de ganar ampliamente las elecciones se ha frustrado.

Junts pel Sí se mantienen en número de sufragios (1.616.962 frente a 1.608.633 de 2012), pero reduce el porcentaje de apoyo que recibieron por separado CiU y ERC en 2012, del 44,27% al 39,54%; también retroceden en escaños (se quedan en 62 diputados, 9 menos que los 71 de 2012) y dependen para la formación de gobierno de los diputados de la CUP, que se han apresurado a decir que no investirán a Artur Mas. En definitiva, unos resultados que no se pueden calificar de éxito si tenemos en cuenta la gran movilización por los derechos democrático nacionales de estos años.

Para alcanzar estas cifras, la derecha nacionalista que representan Mas y Convergencia han tratado por todos los medios de esconder sus vergüenzas tanto en lo que se refiere a su política de recortes sociales como en los numerosos escándalos de corrupción que les afectan directamente; por supuesto han querido borrar las huellas de su expediente represivo y de su constante criminalización de la protesta social, por no mencionar sus apoyos al PP en la reforma laboral y en otras medidas antiobreras. No es ninguna casualidad que CDC se haya disuelto en una candidatura “nacional”, con Esquerra Republicana —la formación que tenía más proyección de crecimiento— y entidades de la sociedad civil independentista (ANC y Òmnium Cultural), y que unidos en Junts pel Sí hayan tenido que colocar como cabeza de lista a un ex miembro de ICV, Raül Romera y acentuar su “perfil progresista”. Esto demuestra dos cosas: la capacidad de maniobra de Mas para ocultar el verdadero balance de su política y su debilidad política.

Es evidente que la parte más importante de los votos de Junts pel Sí proceden de las capas medias, de la pequeña burguesía urbana y rural. Sus resultados en Lleida (55,6%), en Girona (55,16%) y Tarragona (41,6%) son contundentes y contrastan con los de la provincia de Barcelona (36,03%). Pero incluso en la capital sus resultados han sido importantes, ganando en todos los distritos excepto Nou Barris, y obteniendo la victoria en la mayoría de los municipios de Catalunya, aunque en los más poblados, como Hospitalet, Badalona, Sabadell o Terrassa se ha impuesto con un margen menor o no ha sido la primera fuerza.

Municipio Población Posición Voto 2015 Voto 2012 (CiU+ERC
Hospitalet 253.518 3º 18,83% (23.195)
22,26% (24.795)
Badalona 217.210 1º 24,55% (28.782) 29,27% (29.423)
Terrasa 215.517 1º 32,79% (38.671) 35,92% (37.463)
Sabadell 207,444 1º 33,72% (40.377) 35,92% (37.463)

Por supuesto, Junts pel Sí también ha arrastrado un sector del voto de izquierdas y de los trabajadores, de la aristocracia obrera y empleados de la administración pública, muy sensibles al problema nacional y que anteriormente habían apoyado a ERC. Pero incluso entre estas capas, sobre todo entre la juventud, cede también terreno a la CUP.

Crece el voto contra la independencia

El carácter plebiscitario de las elecciones —que con tanto énfasis resaltaban Mas y sus aliados— ha tenido el efecto de proporcionar un apoyo mayor del previsto a las fuerzas que se presentaban como garantía de “unidad” con el Estado español: Ciudadanos, PSC y PP. Claramente contrarios a la independencia, este “bloque” (incluyendo a Unió), alcanza 1.708.433 votos cerca del 42%, y 350.000 más respecto a 2012. Pero hay que ser cuidadosos en el análisis, pues meter todos estos sufragios en una misma bolsa o considerar que sociológicamente representan a la derecha es una completa simplificación y, por tanto, un error.

Más allá de la lectura habitual de la prensa española y de los tertulianos de “extremo centro”, el hecho innegable es que el PP vuelve a hundirse: pasa de 19 a 11 diputados, y en un contexto de máxima movilización electoral pierde 120.000 votos. La contestación a su política reaccionaria, a los recortes y a la corrupción endémica no puede ser más contundente. Pero no sólo esta caída es resaltable. Por primera vez otra opción españolista, que ha votado en el Parlament junto al PP en casi todas las cuestiones decisivas, y que le disputa una parte de su electorado en Catalunya y en el resto del Estado, le ha duplicado en sufragios. Nos referimos a Ciudadanos.

Ha sido la gran sorpresa de estas elecciones. Ciudadanos se convierte en la segunda fuerza política con un 17,93%, 732.147 votos (prácticamente triplican los obtenidos en 2012 y casi los mismos que el PSC en el año 2006, con el segundo Gobierno del Tripartit ). Su ascenso es muy significativo en áreas tradicionales de la burguesía y la pequeña burguesía, pero también en zonas obreras. En localidades prósperas y conservadoras de la provincia de Barcelona como Sarrià-Sant Gervasi, consigue la segunda plaza (21,62%); en Sant Cugat del Vallès (17,6%) o Sant Quirze del Vallès (18,27%). En Girona, pasa de ser la séptima fuerza en 2012 con 12.325 votos (3,58 %), a convertirse en la segunda en 2015, con 48.244 (12,55%). En Lleida ocurre lo mismo: de sexta fuerza con 6.877 votos (3,34 %), pasa a segunda posición con 26.543 (11,61 %); y en Tarragona, del quinto lugar, con 25.998 (7,28 %) al segundo 80.273 votos (19.41 %). (1)

En la provincia de Barcelona obtienen resultados similares, pero en esta ocasión en los caladeros del voto de izquierdas. En el distrito de Nou Barris, el de menor renta per capita de la capital, y donde Ada Colau arrasó en las elecciones municipales del 24M, Ciudadanos se coloca como primera fuerza con el 22,71% de los votos. También ha conseguido alzarse con la primera posición en numerosas localidades del cinturón rojo como Hospitalet (23,6%), Sant Boi (24,13%), Rubí (25,88%), Viladecans (28,19%) o El Prat de Llobregat (23,54%).

Denunciando demagógicamente el proceso soberanista como una cortina de humo para que Mas oculte sus recortes y la corrupción; con su retórica sobre la regeneración política, completamente genérica y vacía de contenido; y manifestando una rotunda oposición españolista al derecho a decidir, Ciudadanos ha conseguido robar mucho voto al PP, y penetrar en sectores abstencionistas de la clase trabajadora, que en esta ocasión se han movilizado en las urnas para decir un no rotundo al modelo independentista de Mas y Convergencia. También ha cosechado apoyos entre capas que antes apoyaban al PSC, y de sectores que en las últimas elecciones incluso votaron a las candidaturas de la Unidad Popular pero que desconfían mucho de las maniobras de Mas.

Entre una parte de los trabajadores que tradicionalmente hacen “ascos a la política” y no votan, de sectores castigados por la crisis y que se sienten despreciados y explotados por la burguesía catalana, la independencia de Artur Mas y Convergencia se identifica como un tinglado más al servicio de las elites. Un terreno propicio para sembrar los prejuicios del españolismo y para la demagogia reaccionaria de Albert Rivera. Barrios como Torre Baro o Ciudad Meridiana en el distrito de Nou Barris, los más pobres de Barcelona, son un buen ejemplo de esto: Ciudadanos alcanza el 31% y el 27% de los votos respectivamente, y a su vez la abstención sigue manteniéndose más alta de la media (42% y 36% respectivamente). Pero a pesar de lo que indican estas cifras, estos sectores también son susceptibles de apoyar y ser ganados a una política de izquierdas consecuente, pero que no sólo haga discursos, que defienda el derecho de autodeterminación y que levante una alternativa coherente para mejorar sustancialmente sus condiciones de vida.

En cuanto al Partido Socialista (PSC), a pesar de las numerosas escisiones sufridas y de encuestas que le auguraban una auténtica catástrofe electoral, consigue aguantar el chaparrón: mantiene prácticamente los mismos votos que en 2012 (522.209 frente a 523.33) aunque por el aumento de la participación sufra un retroceso de 1,5 puntos (del 14,44% al 12,72%). En Barcelona ciudad y Hospitalet incluso incerementa levemente sus votos, en 3.000 y 2.000 respectivamente, manteniendo posiciones en sus feudos tradicionales. Estos resultados están muy lejos de los que el PSC cosechaba hace una o dos décadas, y reflejan una crisis muy profunda; pero con todo, un sector de la clase obrera ha visto en el discurso de Miquel Iceta, favorable a una “reforma constitucional que dé un nuevo encaje a Cataluña y que la reconozca como nación”, la manera de votar contra la independencia diferenciándose de las posturas intransigentes de la derecha españolista.

En cualquier caso, el balance de los resultados obtenidos conjuntamente por Ciudadanos y el PP, un total de 1.079.505 votos, constituye un auténtico record en Cataluña para el españolismo; son casi 260.000 votos más que en las elecciones del año 2012 y más de medio millón respecto a las municipales del pasado 24 de mayo. La lección es clara en este sentido: la cuestión nacional puede ser un punto de apoyo muy importante en la lucha contra el capitalismo, pero también convertirse en su contrario. El avance del nacionalismo españolista en Catalunya es una seria amenaza, y plantea más que nunca la necesidad de levantar una alternativa revolucionaria, internacionalista, de independencia de clase, que rompa cualquier intento de dividir a los trabajadores en líneas nacionales.

Podemos y Catalunya si que es pot. Lecciones a sacar de unos malos resultados

Catalunya si que es pot, la alianza de Podemos con ICV-EUiA, partía con unas expectativas formidables antes del verano, pero sufre un importante descalabro: aumenta sólo 10.000 votos respecto a lo obtenido por ICV-EUiA en las elecciones del año 2012, y reduce el porcentaje del 9,9% a un 8,94%. En ciudades como Barcelona retroceden en 10.000 votos (de 95.676 a 85.853), pero el desplome es mucho mayor si consideramos los resultados de Barcelona en Comú con Ada Colau al frente, cuando el 24M alcanzó la primera posición con 176.337 votos y un 25,21 %. Cuatro meses más tarde, las formaciones que impulsaban aquella candidatura, y que ahora se presentaban como Catalunya si que es pot pierden más de 90.000 votos, un 48,6%, votos que en gran parte van a la CUP, y en menor medida recupera el PSC o pasan a ciudadanos.

La otra cara de estas cifras tan magras es el brutal ascenso de la CUP, que triplica los votos obtenidos en el año 2012, pasando de 126.219 a 336.375 y de un porcentaje del 3,48% al 8,2%. Un avance muy significativo que muestra a la CUP como la opción combativa del independentismo de izquierdas.

La otra cara de estas cifras tan magras es el brutal ascenso de la CUP, que triplica los votos obtenidos en el año 2012, pasando de 126.219 a 336.375 y de un porcentaje del 3,48% al 8,2%. Un avance muy significativo que muestra a la CUP como la opción combativa del independentismo de izquierdas.

Globalmente las formaciones a la izquierda del PSC crecen respecto a 2012, pasando de un 13,38% y 16 diputados a un 17,13% y 21 diputados. Sin embargo, respecto a las municipales, el estancamiento y descenso de la marca de Podemos e IU no logra ser compensado por el ascenso de la CUP. A pesar de que el voto conjunto de ambas candidaturas alcanza los 702.869 votos, es decir 100.000 más que los obtenidos por las distintas candidaturas de unidad popular en las municipales, porcentualmente, ante el aumento de la participación, sufre un retroceso de 3 puntos. Esto es aún más claro en los principales núcleos urbanos, especialmente en las ciudades del cinturón rojo de Barcelona y en la propia Barcelona, donde el retroceso es mayor

Municipio Municipales 2015 Catalunya 2015
Barcelona 32,63% 19,8%
Hospitalet 22,8% 19,33%
Badalona 24,25% 17,87%
Sabadell 34,65% 20,17%
Terrasa 25% 18,35%
Cornellà 25% 22,59%

Los malos resultados de Catalunya si que es pot no pueden explicarse exclusivamente, tal y como han tratado de hacer sus dirigentes, como una consecuencia del carácter plebiscitario de las elecciones. Las causas del retroceso son mucho más amplias y responde a factores políticos muy claros. En primer lugar, la nula participación de Ada Colau en la campaña electoral ha sido un elemento muy negativo por que se ha dejado de utilizar un capital político de gran importancia. Ada Colau, como figura representantiva de los movimientos sociales, de esa izquierda que lucha en la calle, podría haber jugado un papel esencial en la movilización electoral a favor de Catalunya si que es pot, pero los prejuicios institucionales, y otros motivos seguramente no confesados, han malogrado esta oportunidad. Pero este aspecto, aunque relevante, no es el fundamental.

En los últimos meses observamos un continuado descenso en las encuestas de Podemos, a consecuencia de su giro a la derecha hacia posiciones que apenas lo distinguen de la socialdemocracia clásica. Las bochornosas declaraciones de sus dirigentes respecto a Venezuela, sus justificaciones de la traición de Tsipras en Grecia, la gala con la que llevan la “responsabilidad de Estado”… les asemejan cada vez más con un partido parlamentario respetuoso con las reglas del sistema. El nervio y el contenido anticapitalista de su discurso se ha ido disolviendo progresivamente hasta hacerlo irreconocible.

Un claro ejemplo de ello ha sido su postura sobre la cuestión nacional. No han sido contundentes en su denuncia de la opresión que el aparato del Estado franquista, y la derecha españolista, ejercen sobre el pueblo de Catalunya; y cuando han defendido el “derecho a decidir”, en vez de basarse en el movimiento de masas y la lucha en las calles para lograrlo, lo han hecho formalmente apelando a que se ejerza siguiendo los cauces legales y constitucionales, un completo sin sentido cuando dicha vía ha sido continuamente bloqueada por el PP y el aparato del Estado. Las afirmaciones de Pablo Iglesias en campaña, cuando interpelado sobre una posible declaración unilateral de Independencia respondió que en ese caso serían los tribunales españoles los que deberían hablar, son un completo error.

La deriva de Podemos en este terreno, donde se han colocado nuevamente de perfil como si la cosa no fuera con ellos, demuestra que la política de escabullirse en los asuntos espinosos no es más que una variante del oportunismo más descarado y conduce directamente al desastre. En lugar de hacer constantes apelaciones a la responsabilidad, a la manera de los viejos partidos de “la casta”, confiando además todas las expectativas de cambio al frente electoral, Podemos debe volver a aquello que le catapultó: su vinculación con la lucha de masas y su programa rupturista con el sistema.

La CUP, anticapitalismo e independencia

La CUP ha cosechado unos grandes resultados y sí ha sido identificada como una alternativa más radical, con un discurso abiertamente anticapitalista. Los ataques desde el Estado y el PP, de la banca o la Iglesia católica contra el proceso independentista han radicalizado a sectores importantes de la juventud obrera que ha apreciado el que la CUP no edulcore su discurso y plante cara desde posiciones de izquierdas a dichas amenazas.

En varios debates su candidato ha denunciado la política de chantaje seguida contra Grecia, sin dar apoyo explicito a Tsipras. Tras conocerse los resultados, Antonio Baños, llamó a la desobediencia contra todas las leyes que atacaran a las clases populares, planteando la necesidad de un programa de emergencia social que pare los desahucios, los despidos, los recortes y la privatización de los servicios públicos.

La CUP tiene ahora una gran oportunidad para hacer avanzar el movimiento en líneas de clase, acabando con la subordinación a la derecha nacionalista y a CiU. Las primeras manifestaciones contrarias a investir a Mas como President van por el buen camino, pero todavía no esta claro que harán finalmente. Derrotar a Mas, desenmascarar a Convergencia, es un objetivo fundamental del movimiento de masas que lucha por los derechos democráticos nacionales de Catalunya. Una Catalunya independiente bajo el dominio de la gran banca, del gran capital, de los mismos que votan la reforma laboral, nos reprimen y nos desahucian, no es ninguna alternativa para la clase obrera, para la juventud, para la población que sufre la crisis.

Derecho de autodeterminación y socialismo

Las perspectivas para la formación del nuevo gobierno catalán son bastante complejas. Si Mas no recibe el apoyo de la CUP, y esto es fundamental, se abrirían diferentes posibilidades: un nuevo candidato, lo que sería una derrota para Convergencia y por tanto no está claro que sea aceptado por sus dirigentes; en ese caso la pelota seguiría estando en el tejado de la CUP, y su voto debería seguir siendo negativo, pues un gobierno de Junts pel Si, lejos de ser un ariete para hacer avanzar los derechos democráticos y nacionales de Catalunya, sería el ejecutor de los recortes y la austeridad. Mas y Convergencia pueden también esperar a los resultados de las generales, pensando en abrir una negociación con el Estado si es el PSOE quien alcanza la Presidencia del gobierno. No se puede descartar que el PSC actuara entonces como punto de apoyo de Junts pel Sí para apuntalar una mayoría estable en el Parlament. Incluso hay más posibilidades, como la convocatoria de nuevas elecciones.

Más allá de los pactos y la aritmética parlamentaria en la nueva legislatura, lo verdaderamente importante es comprender que la cuestión nacional, como hemos visto en Cataluña en estas elecciones, es un terreno de grandes oportunidades revolucionarias pero que también entraña serios peligros. La burguesía —tanto la españolista como la catalana o vasca— no duda en utilizar esta cuestión de forma reaccionaria, para dividir a la clase trabajadora y enfrentarla en el terreno nacional tratando de perpetuar sus intereses de clase.

Los marxistas revolucionarios luchamos contra la opresión nacional, esa herencia putrefacta perpetuada por la burguesía española contra Catalunya, Euskal Herria y Galiza, y lo hacemos con una política de clase: defendiendo el derecho a la autodeterminación, que no es otra cosa que el derecho a decidir de la población de estas naciones y territorios sobre el tipo de relación que quieren mantener con el Estado, incluida la independencia. Pero para conseguirlo no nos subordinamos a la burguesía nacionalista, que explota en su propio beneficio estas aspiraciones democráticas, sino que levantamos la bandera de la revolución socialista y el internacionalismo

Consideramos que la conquista del derecho efectivo a la autodeterminación va unida a la lucha por el socialismo, a la capacidad de los trabajadores y del conjunto de los oprimidos —unidos por encima de fronteras nacionales— para acabar con la dictadura de la banca, de los grandes monopolios, de la elite empresarial, y de sus políticos e instituciones. Sólo así podremos arrancar a esos sectores de la clase obrera de la influencia perniciosa del nacionalismo españolista, y convertir la lucha por la libertad de Catalunya, de Euskal Herria y Galiza en la de todos los oprimidos del Estado español. Nuestra alternativa no es levantar más fronteras en el marco del capitalismo, sino establecer una República Socialista Federal, en la que todas las naciones y territorios que componen la Península Ibérica puedan vivir fraternalmente libres de toda opresión y explotación.


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