La dirección de la izquierda abertzale recibe un nuevo aviso

Siguiendo la misma corriente de fondo que en el resto del Estado, los resultados del 20D en la Comunidad Autónoma Vasca (CAV) sólo pueden calificarse como de un fortísimo avance de la izquierda, expresándose en una victoria sin paliativos de Podemos, la candidatura más votada con 316.441 votos, el 26% del total —el porcentaje más alto que ha logrado esta formación en una comunidad autónoma y sin ir en coalición con ninguna otra fuerza—, y dejando al PNV como segunda fuerza a 15.000 votos de distancia (el 24,75%, pierde más de 20.000 papeletas y casi tres puntos respecto a 2011).

Por su parte, tanto PSE-EE como PP continúan su particular y penosa caída, quedando en cuarto y quinto lugar respectivamente. El primero, con un 13,2% de apoyo, retrocede casi ocho puntos y 93.000 votos desde 2011, mientras que el PP se queda en el 11,6%, perdiendo 70.000 y más de seis puntos. Ciudadanos, con escasos 50.000 votos (el 4,1%) tampoco consigue compensar esa sangría. Por otro lado, Unidad Popular-IU con 35.800 votos, obtiene el 2,9% de las papeletas.

Pero, sin duda, uno de los grandes derrotados de estos comicios ha sido la izquierda abertzale. El tercer lugar obtenido por EH-Bildu con 183.600 votos (el 15,1%) muestra un fuerte retroceso desde la segunda posición alcanzada en 2011, cuando Amaiur consiguió 284.500 sufragios (el 24,12%). EH Bildu pierde más de 100.000 votos y pasa de 6 a 2 escaños en el parlamento. Esto sólo puede explicarse por la política de la dirección de la izquierda abertzale de subordinación a la burguesía nacionalista representada por el PNV y su apuesta por las instituciones en lugar de promover y organizar la lucha en la calle por los derechos democrático-nacionales y sociales.

El ciclón electoral de Podemos cambia el panorama político

Podemos ha sido la fuerza más votada en Guipúzcoa (25,3%), superando a EH Bildu en más de cuatro puntos, y Álava (27%), a una gran distancia, casi nueve puntos, del segundo: el PP. En Vizcaya ha quedado en segunda posición (con el 26,1%) pero a escasos votos del PNV. El voto masivo a Podemos es generalizado en los barrios de las grandes ciudades y pueblos de Álava, en Vitoria-Gasteiz (27,51%), Llodio (28,04%), Armiñón (35%), Oion (24,26%), Lantarón (23%), Trebiñu; también en Vizcaya: Bilbao (25%), Arrigorriaga (30,32%), Basauri (28,34%), Erandio (31,76%), Etxebarri, Leioa (30%) y en la margen izquierda, Abanto, Baracaldo (32,1%), Ortuella, Portugalete (30,53%), Santurtzi (32,18%), Sestao (33,22%), Trapagarán. En Guipúzcoa: San Sebastián (25,78%), Irún (32%), Andoain (29,4%), Astigarraga (29,19%), Lasarte-Oria, Urnieta, Pasaia, Lezo, Errentería,... También en pueblos donde nunca había ganado un partido de carácter estatal, como es el caso de Arrasate (25,48%). Podemos emerge con absoluta contundencia en un auténtico ciclón electoral que se ha llevado todo lo que ha encontrado a su paso.

Este huracán electoral se ha alimentado, como hemos señalado más arriba, de la crítica interna hacia la dirección de la izquierda abertzale, que ha perdido más de 100.000 votos, y de la crisis que vive el PSE-EE que ha perdido 90.000 votos. Pero Podemos ha capturado también el voto de abstencionistas, nuevos votantes, votos blancos y nulos en pasados comicios lo que demuestra la ilusión y entusiasmo que existen. Ha habido una actitud militante de la gente con dos mensajes: hay que ir a votar, es obligado, y hay que votar a Podemos. La gente mostraba orgullosa su voto en las mesas electorales en los barrios obreros, para que quedase claro a quién se votaba. El “Sí se puede” ha recorrido cada ciudad y pueblo de Euskal Herria con una fuerza inusitada haciendo temblar a la burguesía vasca.

Las elecciones generales del 20D en Euskadi han cambiado por completo el panorama político y la correlación de fuerzas a favor de la izquierda, abriendo un horizonte de enormes oportunidades para acabar con casi cuatro décadas de gobiernos de la derecha. Las fuerzas de la derecha vasca: PP (5º lugar) y PNV (2º) no han sido compensadas por el aumento de votos de ciudadanos (6º). Si en las elecciones generales de 2011 en conjunto la derecha obtuvo 556.806 votos, ahora han obtenido 493.334, esto es 63.472 votos menos, a pesar de una mayor participación y una fuerte caída de los votos blancos y nulos.

Por el contrario, los votos de la izquierda, EH-Bildu, PSE, EB/Irabazi y Podemos suben de 584.364 en 2011 a 697.898 en 2015: 113.534 votos más. Con lo cual la diferencia de votos entre la izquierda y la derecha, que hace cuatro años era de 27.558 a favor de la izquierda, ahora es de 204.564 votos. Una mayoría aplastante que en porcentaje de votos se traduce en el 62,2% en Guipúzcoa, el 56,6% en Álava y el 54% en Vizcaya. Una victoria por goleada.

Además el avance de la izquierda no se da únicamente en términos cuantitativos, también cualitativos, la izquierda que lucha se ha llevado todo ese ascenso y más. Los partidos a la izquierda del PSE-EE han pasado de tener 329.113 votos (27,8%) en 2011, cuando Amaiur obtuvo unos resultados históricos, a los 536.304 votos (44%).

Derecho a la autodeterminación y unidad de la clase obrera

La realidad en Euskadi es muy diferente a como la pintan el PNV y la dirección de la izquierda abertzale, que ha abandonado las calles cuando más sufrimiento hay. El 16,7% de la población de Euskadi (521.751 personas) vive en riesgo de pobreza o exclusión social. El porcentaje asciende a casi el 20% en el caso de los menores de 18 años, es decir, 104.764 jóvenes. Además, el 4% de la población total sufre carencia material grave, lo que se traduce en imposibilidad de cubrir las necesidades más básicas. Se trata de familias que no pueden asumir el pago de un alquiler, que no pueden abonar sus facturas o no pueden mantener su hogar caliente en invierno. Situaciones en las que influyen multitud de factores, desde el desempleo hasta los recortes sociales. Ni siquiera tener un puesto de trabajo es garantía para poder mantener un nivel de vida digno.

A esto se suman los miles de afectados por el escándalo de las preferentes vascas, los ahorristas de Fagor, Caja Laboral y Erosky, a los que se les ha estafado sus ahorros mientras el PNV y la dirección de la izquierda abertzale les han dado la espalda, y la crisis del Grupo Mondragón. ¿Es una casualidad que haya ganado Podemos en Mondragón donde han gobernado la izquierda abertzale y el PNV desde la transición? Por supuesto que no.

El mito de que Euskadi es diferente ha quedado en evidencia, también por las huelgas del sector sanitario, de los estudiantes, de los trabajadores con EREs, por el empobrecimiento de la población, también de un sector de los pequeños autónomos y de capas medias afectadas por la crisis que han girado a la izquierda. Barrios y pueblos tradicionales de la derecha como San Martín en Vitoria-Gasteiz, por ejemplo, han votado a Podemos.

La clase trabajadora y la juventud vasca ha acudido a los colegios electorales y ha votado a Podemos para cambiar el gobierno central junto con la clase trabajadora, la juventud y la izquierda que lucha en todo el Estado. Esto demuestra el tirón que los procesos estatales están teniendo también en Euskadi. Este proceso no es nuevo. En las luchas de la juventud contra la LOMCE, organizadas por el Sindicato de Estudiantes, la juventud vasca ha respondido masivamente y con entusiasmo. Ahora lo ha hecho en el terreno electoral. La estrategia de dividir el movimiento obrero vasco y ocultar en Gara (con el objetivo probable de facilitar el acercamiento al PNV) de las grandes mareas en defensa de la educación pública y de la sanidad pública que ha habido en Madrid, ha fracasado. La unidad de la clase trabajadora por encima de fronteras nacionales a nivel estatal, europeo y mundial es cada día más necesaria ante la gran ofensiva y la crisis del capitalismo.

Decenas de miles de votantes de la izquierda abertzale han dado un toque de atención a la dirección de la EH-Bildu para que cambie de rumbo, para que abandone los corsés que le impone su coalición con Eusko Alkartasuna y organice una oposición y una lucha seria contra el PNV. De hecho, la crítica en la izquierda abertzale es tal que ha provocado ya una escisión por la defensa de la amnistía, encabezada por el colectivo ATA que recientemente convocó una manifestación multitudinaria en Bilbao. La consigna “etapista” de la dirección de la izquierda abertzale de primero luchar por la independencia y luego por el socialismo, se traduce en la práctica en que nunca llega la lucha por las conquistas sociales, ni la amnistía, etc, etc.

Si en lugar de ofrecer diálogo y paz social al PNV, intentando ganar la confianza de la burguesía vasca, dando al PNV la alcaldía de Vitoria, negociando los presupuestos en la Diputación alavesa, apoyando plataformas interclasistas presididas por Arzalluz o Ibarretxe, la dirección de la izquierda abertzale hubiese defendido un programa socialista y revolucionario, y luchado por formar un frente de la izquierda que lucha, sus resultados hubieran sido muy diferentes, fortaleciendo su base social y electoral de apoyo. Los resultados de Podemos y EH Bildu llegan al 41% en la CAV, al 38% en Vizcaya, al 39% en Álava y al 46% en Guipúzcoa. La conclusión es clara: el movimiento obrero y la juventud vasca han dejado muy claro que quieren cambiar la pesadilla que les impone la derecha, española y vasca, por eso es fundamental articular este frente de izquierdas entre Podemos y la izquierda abertzale con un programa revolucionario, que luche por la liberación nacional (incluyendo, por supuesto, el derecho a la autodeterminación) y social, que gane y una a la mayoría de los trabajadores, jóvenes y sectores oprimidos, y que luche por la transformación socialista de la sociedad junto a sus hermanos de clase del resto del estado y de Europa.


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