Para lograr una política propia frente a la derecha del PP y el PNV hay que defender a ultranza los derechos democráticos y un auténtico programa socialista en beneficio de los trabajadores Álava

Tras dos semanas marcadas por una ofensiva terrorista sin precedentes contra concejales y representantes socialistas vascos y justo después del vil asesinato del compañero Priede, único edil socialista de Orio, tenía lugar en Donosti la celebración del congreso extraordinario del PSE-PSOE, el fin de semana del 23-24 de marzo.

El sábado, el compañero Patxi López, candidato propuesto por las ejecutivas vizcaína y guipuzcoana del partido, era elegido como secretario general con 308 votos de respaldo (57%), frente a los 200 (37%) que apoyaron a Carlos Totorika, representante del denominado sector redondista y a los escasos 19 sufragios que cosechaba la compañera Genma Zabaleta de la corriente denominada nuevo socialismo vasco.

Si bien es cierto que el apoyo logrado por López supera al obtenido en su momento por Redondo (57% frente a 51%) —y que posteriormente, al elegirse la CE, ésta alcanzó un 63% de los votos—, el fracaso de todos los intentos por parte de la Ejecutiva Confederal, encabezada por su secretario general, para lograr que al final hubiera una ejecutiva de consenso entre los distintos sectores pone claramente de manifiesto las profundas tensiones que subyacen detrás de la crisis del partido, que se expresó virulentamente con la dimisión de Redondo Terreros en diciembre pasado y que aún no han sido resueltas.

Las causas de la crisis

El terrorismo de ETA y la inacabable espiral represión-terror, a la que con mayor o menor intensidad asistimos desde hace 23 años, ponen de manifiesto de la manera más cruda la imposibilidad de solucionar la cuestión nacional vasca, ni por la burguesía central ni la vasca. Y aunque increíblemente algunos compañeros, como Totorika, planteen que no existe tal contencioso, la verdad es que el problema vasco se ha convertido en el principal test que permite evaluar la política defendida por todas las organizaciones, específicamente la planteada por las direcciones de los partidos obreros y en primer lugar por el PSOE.

La política de aceptar como único marco posible el sistema capitalista —defendida tanto por los distintos gobiernos de Felipe González como aquí en Euskadi (con los pactos y gobiernos de coalición con el PNV durante catorce años, entre 1984 y 1998)— y sus conocidas secuelas de ataques a las mejoras sociales y a las condiciones de vida y trabajo de las masas, todo ello unido a la corrupción y al vergonzoso episodio de la guerra sucia (GAL), fueron las causas que provocaron el hastío y la desmovilización electoral de los trabajadores, posibilitando el triunfo del PP.

Las conclusiones posteriores de Zapatero supusieron más de lo mismo, con su denominada oposición responsable y su afán por llegar a acuerdos con el gobierno de la derecha en los denominados "asuntos de Estado", especialmente en el tema del terrorismo.

Todo ello se concretó aquí en Euskadi en el vergonzoso espectáculo del pacto no escrito con el PP, para el que en absoluto se contó con las bases socialistas. Pacto que, a pesar de una campaña mediática sin precedentes, basada en la criminalización del nacionalismo vasco, quedó truncado dramáticamente con el varapalo que supusieron las elecciones autonómicas del 13 de mayo del 2001.

El fracaso de esta política de pactos con los partidos burgueses y la renuncia a defender una genuina política de clase y socialista han conducido inexorablemente a una debilidad cada vez mayor del partido en el terreno electoral, y más aún en lo que se refiere a su implantación, respaldo popular y militancia interna.

Precisamente es aquí donde podemos encontrar las claves que explican la crisis, que continuará si no se cambia de rumbo después del congreso extraordinario.

Las resoluciones políticas del Congreso o como insistir en los errores

En el discurso previo a su elección como secretario general Patxi López planteó, conectando con el sentimiento dominante entre los afiliados, la necesidad de que los socialistas vascos construyan su propio proyecto autónomo frente al PNV y al PP.

Desgraciadamente, tanto la ponencia política pactada con los redondistas, y aprobada casi por unanimidad, como las posiciones defendidas en sus intervenciones por López, se limitan a fijar un relativo distanciamiento del pacto de facto mantenido en el último período con el PP y a insinuar el acercamiento que ya se ha venido produciendo en acuerdos parciales con el PNV. Pero en lo fundamental, es decir, en lo que se refiere a los derechos democráticos y a la defensa de una política de clase y socialista que realmente signifique una salida a los problemas de los trabajadores y la juventud en Euskal Herria, lejos de variar el rumbo, se insiste en mantener la misma política que nos ha conducido a la actual encrucijada.

De hecho, coincidiendo con el congreso, Zapatero negociaba con el PP el borrador de un proyecto de reforma de la Ley de Partidos encaminado inicialmente a la ilegalización de Batasuna.

La única salida: recuperar las genuinas tradiciones de lucha del socialismo vasco

El acoso sectario y criminal que están sufriendo los representantes socialistas por parte de ETA representa una brutal amenaza a la que tenemos que oponernos con todas nuestras fuerzas, pero sólo podremos combatir eficazmente la locura terrorista logrando la movilización y el respaldo mayoritario de la clase trabajadora y la juventud vasca.

El problema central es que para lograr ese respaldo es necesario cambiar radicalmente el rumbo en las posiciones políticas que la dirección del partido ha venido defendiendo en Euskadi y en el resto del estado.

Los compañeros tienen que abrir los ojos y entender que las medidas represivas que ayer rubricaron ministros socialistas, como la ley antiterrorista, la denominada ley Corcuera o la auténtica batería de medidas represivas que viene llevando a cabo el gobierno Aznar, representan una amenaza mortal contra los derechos y libertades que conquistamos los trabajadores.

Debemos recuperar la memoria histórica y comprender que la genuina política del socialismo pasa por la defensa a ultranza de los más amplios derechos para el pueblo vasco —incluido el derecho de autodeterminación, que históricamente había figurado en todas las resoluciones del partido desde los años 30 hasta el 27 congreso—, unido a la lucha sistemática por defender la educación, pensiones y sanidad públicas y una política de lucha consecuente para acabar con la precarización del empleo, la carestía de la vivienda, el paro y las demás lacras que nos atenazan a los trabajadores. Sólo recuperando las señas de identidad combativas y de clase del partido podremos ganar el apoyo y respaldo entusiasta de la juventud y los trabajadores, lo que realmente sí nos posibilitará acabar con esta situación de pesadilla.


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