Avicu es una empresa situada en Guadalajara, que se dedica a la fabricación de piensos compuestos, cría y procesamiento de aves y elaboración de platos cocinados. El dueño de la empresa es Jesús Saboya, un conocido empresario de Guadalajara. Avicu es una empresa con beneficios, que no debería estar afectada por la crisis, ya que el pollo es sensiblemente más barato que otro tipo de carnes. Pero a pesar de ser una empresa rentable, los trabajadores llevan varios meses sin cobrar.
Todo apunta a que la empresa puede terminar cerrando, dejando en la calle a 400 trabajadores. De hecho, un juez ya ha nombrado a dos administradores para que "busquen una salida" para el conflicto, ya sea venderla a otro empresario o directamente liquidar su patrimonio.

La lucha se radicaliza

El 16 de diciembre los trabajadores se enteraron de que el hermano de Jesús Saboya estaba en una nave del polígono y le tuvieron dos horas retenido. Al día siguiente, 17 de diciembre, se enteraron de que Jesús Saboya iba a declarar ante el juzgado por un delito fiscal e inmediatamente cerca de un centenar de trabajadores se desplazaron hasta los juzgados y estuvieron concentrados hasta que el empresario intentó salir. En ese momento le exigieron el cobro de los salarios atrasados. Jesús Saboya, escoltado por la policía, volvió a entrar en los juzgados. Finalmente, tras nueve horas, la policía le sacó del edificio provocando una carga policial sin precedente en Guadalajara desde hace más de treinta años. El 22 de diciembre hubo una manifestación que contó con la asistencia de 4.000 personas para apoyar a los trabajadores de Avicu, una manifestación de las más grandes que ha visto la ciudad de Guadalajara.
En todas las movilizaciones obreras en defensa del empleo y los salarios que se han desarrollado durante los últimos años en Guadalajara, la Junta de Castilla-La Mancha se ha posicionado invariablemente del lado de los empresarios que querían destruir puestos de trabajo. Así lo hizo durante la emblemática y masiva lucha contra el cierre de Carrier, momento en que la Junta se opuso de forma sistemática a la nacionalización de la factoría. Es más, no movió un solo dedo para evitar que se destruyeran 400 empleos. En el caso concreto de Avicu está llevando una política que beneficia totalmente los intereses de Jesús Saboya.


El conflicto no ha acabado

Los trabajadores, conscientes del peligro que entraña la actual situación, están montando guardias en la empresa para evitar la descapitalización de la factoría y que salga maquinaria. Es un primer e importante paso. Sin embargo, en el momento en que se haga realidad la perspectiva del cierre de la empresa, habrá que dar el siguiente paso: los trabajadores de Avicu tienen que ocupar la fábrica y ponerla a funcionar bajo su control, eligiendo a un comité de fábrica que se encargue de controlar todo lo que entra, se produce y sale de la fábrica. Además es necesario que este comité sea elegido democráticamente por los trabajadores y que todos sus miembros sean revocables en cualquier momento. La actual situación de Avicu demuestra que los empresarios no sólo no son indispensables, sino que se convierten, como en este caso, en un obstáculo para el mantenimiento producción. La empresa funciona, da beneficios y su producción tiene salida en el mercado.
¡Por la nacionalización de Avicu sin indemnización! Así conseguiremos que los puestos de trabajo y la capacidad de generar riqueza de esta empresa sean preservados y controlados por los trabajadores.

banneringles

banneringles

banner

banner

banner

banneringles

banneringles

bannersindicalistas

bannersindicalistas