“El paro no para” no solo fue la consigna más secundada en la huelga general del pasado 9 de octubre en Ecuador, sino que es una realidad incuestionable. Acudiendo a la llamada unitaria de las organizaciones indígenas, obreras, campesinas y estudiantiles, cientos de miles de personas tomaron el país dando un paso más en la insurrección que estalló en respuesta al ataque brutal implementado por Lenín Moreno y el Fondo Monetario Internacional. Los cinco compañeros asesinados por las fuerzas policiales dejan claro el completo aislamiento del régimen de Moreno, y la determinación del pueblo ecuatoriano por llevar su lucha hasta el final.

El Estado incrementa la represión y el movimiento responde

Las imágenes de la ofensiva represiva de Moreno y el Estado contra el levantamiento popular hablan por sí mismas. Gaseamiento de campamentos de campesinos, cargas indiscriminadas contra los manifestantes pacíficos, palizas, torturas y detenciones selectivas. Los vídeos y fotos de escenas escalofriantes no paran de aparecer por las redes sociales, especialmente después de conocer el asesinato de cinco compañeros —entre ellos un dirigente de las comunidades indígenas— a lo largo de la jornada de huelga, que elevan a siete el número de muertos, a lo que hay que añadir los 554 heridos y 929 detenidos desde el inicio de las protestas.

Se han visto persecuciones en moto a jóvenes manifestantes hasta aislarlos uno a uno, y poder golpearles y detenerles indiscriminadamente. Heridos por disparos de balas de goma en la cabeza y zonas vitales. Incluso el lanzamiento de dos jóvenes por un puente por parte de elementos uniformados no identificados. La descripción de estos intentos por aplastar el movimiento usando las fuerzas represivas podría llenar páginas enteras.

Pero eso no es todo: las asambleas masivas en las que participan miles de campesinos pobres y trabajadores convocadas por la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE) son espectaculares. En las mismas se ha denunciado enérgicamente la represión además se realizar un juicio público y popular a una serie de policías detenidos. También, dirigentes de la CONAIE llamaron a “radicalizar la lucha” hasta que Lenín Moreno ceda en la aplicación de “El Paquetazo” y “se vaya el FMI”.

Tras la jornada de huelga, que conectando con las heroicas tradiciones del pueblo ecuatoriano fue de una envergadura extraordinaria, se registraron movilizaciones masivas para despedir a los manifestantes asesinados por las fuerzas policiales.

Fortaleza de las masas y debilidad de la burguesía: una auténtica situación prerrevolucionaria

La revuelta popular, que ha cumplido ya sus primeros diez días, se extiende por todo Ecuador. Si Quito la capital ha sido el escenario de movilizaciones masivas y de la ocupación de la Asamblea Nacional por parte de los manifestantes durante unas horas, en las provincias de Pastaza, Napo, Morona Santiago y Azuay la ocupación de las sedes de Gobernación ha sido permanente, y existen conatos de Asambleas Populares Autónomas en donde, según diferentes informaciones, participan miles de personas. En otras tantas provincias, el acceso está controlado por consejos de campesinos pobres (indígenas), y las fuerzas de represión han sido expulsadas o retenidas.

Por su parte, el gobierno de Lenín Moreno está sumamente debilitado y se mantiene atrincherado en Guayaquil. La elección de esta ciudad, tradicionalmente conservadora, no ha sido casual: es la segunda en importancia y el principal puerto del país, cuenta con una amplia capa de pequeña burguesía blanca ligada al comercio, beneficiaria de “El Paquetazo”, que ha mostrado su disponibilidad a defender el gobierno de Moreno, movilizándose en la “defensa de la paz y la libertad”. No obstante, estas manifestaciones han sido muy modestas: siendo generosos, de unos pocos cientos.

La campaña desesperada de Moreno por romper este aislamiento le ha llevado a señalar al Gobierno de Venezuela, al que acusa de injerencias y conspiraciones para desestabilizar el país, en cooperación con el expresidente Correa.

Es importante señalar que Nicolás Maduro y su gabinete, si bien han mostrado un apoyo netamente simbólico a las movilizaciones para guardarse las espaldas de cara a la base chavista honesta y luchadora, no tiene ningún interés en que la situación en Ecuador se mantenga fuera de control y llegue más lejos. Un proceso revolucionario en el continente puede suponer un catalizador para reactivar la organización y lucha de la clase trabajadora venezolana, que no olvida como las conquistas sociales y económicas de la Revolución Bolivariana han sido socavadas por el aparato burocrático del PSUV. El actual Gobierno Maduro tiene una estrategia centrada en defender los privilegios y negocios de la casta de burócratas, arribistas y militares a la que representa, garantizar los acuerdos a los que han llegado con el imperialismo chino, y no extender una revolución social que les puede afectar directamente.

En la misma línea, Rafael Correa solo ha podido agrupar a unos cuantos jóvenes universitarios alrededor del periódico en internet “La Kolmena”, que fuera de las redes sociales no juega ningún papel en los sucesos. Con una pérdida de apoyo creciente entre las masas, Correa ha llamado al anticipo electoral a la vez que ha insinuado su intención de presentarse a éste. Lejos de generar simpatía, las masas han reaccionado a su anuncio con escepticismo. En medio de la crisis orgánica del capitalismo mundial, la guerra comercial, la debilidad del gobierno venezolano y la caída del precio del petróleo, no habría ninguna diferencia entre la gestión de Lenín Moreno y un nuevo gobierno de Correa.

Por su parte, Pedro Sánchez, presidente del Gobierno español en funciones, al igual que hizo con el golpista venezolano Juan Guaidó, no ha dudado en salir en defensa de Lenín Moreno ofreciéndole todo su apoyo. En esto consiste la política internacional de la socialdemocracia, que no es más que la continuación de su política nacional: defender incondicionalmente a la oligarquía y el Estado capitalista frente a la rebelión de los oprimidos.

La cuestión del poder está encima de la mesa

La situación de debilidad y falta de control por parte la burguesía no podría ser más clara. Aunque la cúpula militar cierra filas con Moreno, en las calles se han visto leves escaramuzas entre el ejército y la policía, que son un síntoma de la simpatía que puede generarse hacia el movimiento en las filas de estos cuerpos armados.

La respuesta revolucionaria de las masas ecuatorianas ha demostrado en la práctica que el poder puede estar en manos de la mayoría oprimida. Pero la dirección del Frente Obrero Unitario y de la CONAIE se está limitando a exigir la retirada de las medidas de Lenín Moreno, y no son pocos los que apelan a que una delegación de la ONU intervenga para frenar la represión y que se “respeten” los derechos humanos. Esto es un error.

Lenín Moreno, y la oligarquía que le secunda, ya han demostrado que no tienen ningún respeto por la vida de los más pobres. No solo reprimen y asesinan al pueblo, también quieren condenarlo al hambre. Es imposible conciliar con los enemigos declarados de los trabajadores, los campesinos, los indígenas. Cualquier tipo de negociación sobre estas bases sólo tiene como objetivo desactivar la movilización, para aplastarla acto seguido.

La salida a la actual crisis revolucionaria no pasa por mantener un diálogo fraudulento con un régimen asesino, ni por la convocatoria de nuevas elecciones burguesas, sino por continuar y ampliar la movilización hasta el derrocamiento del régimen capitalista. Hay que levantar milicias de autodefensa, controladas democráticamente por los sindicatos obreros y las comunidades campesinas, para repeler los ataques de las fuerzas represivas y que sirvan de garantía para ejecutar las decisiones  de las asambleas populares. Y hay que lanzar un plan de acción contundente: ocupar las sedes de gobierno, las fábricas, los latifundios, carreteras, puertos, aeropuertos, hospitales, universidades y centros de estudios, y establecer Asambleas revolucionarias de representantes de trabajadores, campesinos pobres, indígenas y estudiantes, como órganos de este nuevo poder revolucionario, para dirigir la seguridad, el transporte, la alimentación y el resto de aspectos que rigen la vida de las masas. Estas Asambleas revolucionarias deben coordinarse a nivel de todo el país como una alternativa al Estado capitalista y su gobierno.

Por supuesto, la retirada de “El Paquetazo” de medidas neoliberales del gobierno y del FMI es clave, pero de lo que se trata es de echar abajo a Moreno y reemplazarlo por un Gobierno revolucionario que represente a los trabajadores y a los campesinos pobres en lucha.

No hay salida bajo el capitalismo: ¡Por la República Socialista del Ecuador!

¡Por el poder obrero y socialista!

¡Por la Federación de Repúblicas Socialistas de América Latina!

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