En diciembre pasado, tuve la suerte de participar en el segundo encuentro de fábricas ocupadas que se celebró en Joinville (estado de Santa Catarina, en el sur de Brasil). Además de conocer la experiencia de la fábrica de plásticos donde se celebró el encuentro, Cipla, en funcionamiento desde hacía cuatro años bajo control obrero de los mil trabajadores, pude sentir la fuerza y el latido del movimiento obrero y sindical que ha estado y está dando apoyo a los trabajadores de las fábricas ocupadas en Brasil. cipla.jpg
Los sindicalistas de la CUT, MST, los estudiantes, intervinieron al lado de delegaciones de trabajadores de fábricas ocupadas de Venezuela, Argentina, Uruguay y Paraguay. Como preámbulo al encuentro, hubo un hecho que me impactó por encima de las demás. Fue la asamblea que hicieron los mil trabajadores de la Cipla para votar a mano alzada el acuerdo colectivo (el convenio) por el cual pasarían a trabajar seis horas diarias, de lunes a viernes. Es decir, ¡la jornada semanal de 30 horas sin reducción salarial! El acuerdo se aprobó por una mayoría abrumadora. Sólo hubo un par de abstenciones. Pero lo que era realmente expresivo eran las caras de los trabajadores y las trabajadoras de Cipla. Una sonrisa de oreja a oreja demostraba la satisfacción que tenían por las conquistas que estaban logrando, después de muchos esfuerzos y de una lucha intensa y larga. Una lucha que a lo largo de cuatro años les llevó a hacer cuatro marchas a Brasilia y muchas movilizaciones contra las amenazas de cierre de la planta. Y que ahora les permitía realizar aquello de "repartir el trabajo": de resultas del acuerdo de reducción de jornada ampliaron la plantilla en setenta trabajadores en enero.
Parece que todo esto es demasiado para el juez federal Dr. Oziel Francisco de Souza. ¿Qué es eso de que los trabajadores puedan producir sin patrones? ¿Qué es eso de reducir la jornada laboral? El pasado 31 de mayo, basándose en una acción promovida por la Seguridad Social y a pesar de los intentos de acuerdo con los organismos públicos en relación a las deudas heredadas de los antiguos propietarios de la fábrica, el juez envió 150 policías federales a tomar la fábrica. El Consejo de Fábrica elegido por los trabajadores en asamblea ha sido reemplazado por orden del juez por un interventor. Los miembros del Consejo de Fábrica y algunos trabajadores elegidos a dedo por el interventor Rainoldo Uessler han sido despedidos por carta y se les impide entrar en la fábrica. Los que se han quedado trabajan bajo un régimen de terror, con vigilantes armados circulando y asediándoles. Además, el interventor, en menos de una semana, ya ha aumentado la jornada diaria a ocho horas.
La respuesta a este ataque ha sido inmediata y un campamento se ha instalado delante de la Cipla con los despedidos y los trabajadores que vienen a dar apoyo. Hay en marcha un campaña internacional, "Quitad las manos de la Cipla", para reclamar el fin de la intervención judicial-militar de la empresa y por el reingreso de los trabajadores despedidos.

Los trabajadores de Flaskô resisten contra la intervención

El pasado 20 de junio, una comitiva de interventores, al frente de la cual iba el interventor de la Cipla-Interfibra, Rainoldo Uessler, se presentó ante la fábrica ocupada de Sao Paulo, Flaskô, para presentar la decisión judicial de intervención de la fábrica y el despido del coordinador general del Consejo de Fábrica, Pedro Alem Santinho y de otros dos representantes de los trabajadores.
En la asamblea del día anterior, los trabajadores habían decidido que no aceptarían ningún despido y, en respuesta a la visita del interventor, pararon las máquinas durante todo el día. Al inicio de la noche, el interventor, presionado, salió de la fábrica, pero amenazó con traer la Policía Federal para asumir el control de Flaskô, tal como hizo en la Cipla e Interfibra. Se convocó un piquete para el día 21.
Una vez más, la misma comitiva de interventores apareció para entrar en la planta y se encontró con la determinación de los trabajadores de mantener la fábrica bajo control obrero. Así, se invitó a los interventores a que se retirarsen y, después de una asamblea general, los trabajadores de Flaskô retomaron la producción. El movimiento de las fábricas ocupadas por los trabajadores exige al presidente Lula y al ministro de Seguridad Social, Luis Marinho, la retirada de la intervención de la Cipla-Interfibra, y la reincorporación de los despedidos y el derecho al funcionamiento pleno del Consejo de Fábrica elegido por los trabajadores. Además de esto, la asamblea de Flaskô pide el apoyo nacional e internacional de la clase trabajadora para "blindar" la empresa contra la intervención, que pretende cerrar las fábricas recuperadas y derrotar este ejemplo histórico de lucha por una sociedad sin explotados y explotadores.
El Consejo de Fábrica de Flaskô ha publicado una carta a los trabajadores de todo el mundo en la que se puede leer:
"(...) No aceptaremos ninguna intervención judicial con el objetivo de cerrar la Flaskô o de transformarla en una cooperativa, despidiendo a los trabajadores y acabando con los derechos, como se está haciendo en la Profiplast, en Joinville, y con ayuda del aparato militar quieren hacer en la Cipla e Interfibra.
"(...) Ocupamos la fábrica hace más de cuatro años y hemos conseguido mantener la fábrica abierta con nuestro sudor y con el apoyo del movimiento obrero, democrático y popular de todo el mundo. Hicimos cuatro marchas a Brasilia para reivindicar que el presidente Lula cumpla su promesa de salvar los empleos de las fábricas ocupadas. Organismos públicos como el BRDE y BNDES proponen tras un estudio que el gobierno asuma las fábricas (a través de la nacionalización). Pero el gobierno Lula calla ante todo esto (...).
"(...) Sabemos que las fábricas ocupadas son la prueba viva de que los trabajadores no necesitamos de parásitos destruyendo y robando a la sociedad, como prueba la lista pública de los deudores del INSS, entre ellos el Banco Itaú, Unibanco y Vale do Rio Doce (...).
Mantendremos la Flakô bajo el control democrático de los trabajadores (...) ¡No aceptaremos la intervención! ¡No aceptaremos ningún despido! ¡Ningún ataque a cualquiera de los trabajadores! ¡Un ataque a uno es un ataque a todos!".

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