El sábado 10 de octubre, miles de personas salieron a las calles de Lisboa, Oporto y otras ciudades para participar en las manifestaciones “No podemos seguir viviendo así” contra el aumento del coste de la vida que nos está empujando a la pobreza.
Album de fotos de la manifestación de Lisboa
A la cabeza de este aumento del coste de la vida se encuentra, sin duda, la crisis de la vivienda, que tiene responsables muy concretos: los fondos inmobiliarios, la banca, los grandes propietarios y las constructoras que tratan las viviendas como “activos” para especular. Y, por supuesto, este Gobierno del capital y de los propietarios, que acaba de aprobar una nueva Ley de Arrendamientos que deja a los inquilinos totalmente desprotegidos frente a la codicia de esos propietarios.
El Gobierno de la derecha y el partido ultraderechista Chega intensifican nuevamente sus ataques —tras haber quedado en una situación muy difícil durante la última huelga general el pasado mes de junio— gracias a que las direcciones sindicales burocráticas de la CGTP les dan un balón de oxígeno al negarse a convocar una nueva huelga general. Chega, que había quedado eclipsado por la huelga general de junio, encabeza ahora la intención de voto, según algunos sondeos.
La clase trabajadora y la juventud del Estado español han mostrado el camino para combatir la crisis de la vivienda y el ascenso del fascismo: mediante manifestaciones masivas y acampadas, impusieron a las burocracias sindicales una huelga general para el 11 de noviembre, tras 14 años de paz social, y entre las reivindicaciones que se exigen está la expropiación de las viviendas en manos de los especuladores que la burguesía utiliza como negocio.
En Lisboa, la plaza del Intendente y la plaza de São Domingos resultaron pequeñas para albergar a semejante multitud. La enorme participación en la manifestación sorprendió al Bloque de Izquierda y a las organizaciones afines que la habían convocado.
Pero es algo perfectamente natural. Ante la falta de una dirección sindical consecuente que convoque una nueva huelga general —y sabiendo que ese es también el camino en Portugal para derrotar al Gobierno, frenar el avance del fascismo y conquistar una vivienda digna—, la clase trabajadora y la juventud de los barrios obreros han visto en esta manifestación una oportunidad para expresar su indignación y presionar a favor de una huelga general, poniendo la cuestión de la vivienda en primer plano.
Por eso mismo, las consignas que impulsamos desde Esquerda Revolucionária y otras organizaciones y que generaron mayor entusiasmo, escuchándose con más fuerza, fueron: “¡Francia, España y Portugal: huelga general!”, “¡Huelga general, de España a Portugal!”, “¡Lisboa será la tumba del rentismo!” y “¡Solo hay una solución: revolución, expropiación!”.

Con el fin de potenciar la ofensiva de la clase trabajadora contra el capital en ambos países y reforzar el internacionalismo y la solidaridad proletaria, en nuestro bloque de Lisboa defendimos que la huelga general en Portugal se convoque también para el 11 de noviembre, al igual que en el Estado español.
Es necesario presionar desde abajo a las burocracias sindicales para que lancen esta nueva huelga general, construyéndola desde la base en los centros de trabajo y mediante grandes manifestaciones, tareas que todos los activistas y sindicalistas combativos deben asumir con determinación.
Sin embargo, son evidentes las limitaciones tanto de las direcciones sindicales como del sindicalismo mismo a la hora de transformar la sociedad tal como necesitamos. La tarea fundamental es la construcción del partido revolucionario, capaz de llevar a la práctica la toma del poder por parte de la clase trabajadora mediante un programa socialista.
¡Únete a Esquerda Revolucionária!




















