En los últimos años hemos vivido un empeoramiento de nuestras condiciones de vida. La precariedad y la sobreexplotación se han combinado con precios de la vivienda inaccesibles para la mayoría y una destrucción masiva de los servicios públicos. En este contexto, en el Estado español, los dirigentes de CCOO y UGT han apostado por una estrategia de desmovilización y bloqueo de la lucha en la calle que ha contrastado brutalmente con el sentir de su base. Han impuesto por la vía de los hechos una paz social que responde a una estrategia muy clara y muy bien pensada para garantizar y apuntalar los beneficios de los capitalistas, pero también para desmovilizar a la clase obrera organizada.

Sin embargo, y a pesar de todos los obstáculos, la lucha de clases, lejos de detenerse, ha seguido expresándose a través de diferentes formas. La lucha masiva contra el genocidio sionista en Palestina ha sido una de ellas, y muy poderosa. Pero, sin lugar a dudas, otra expresión de la furia y el descontento, que además apunta directamente al corazón del sistema y que ha provocado una reacción virulenta de la extrema derecha, es la irrupción de un nuevo movimiento feminista; un movimiento feminista de masas, con un carácter claramente clasista y anticapitalista.

Una década de tsunami feminista que ha sacudido todo el planeta

A partir de 2015-2016, asistimos a una explosión sin precedentes del movimiento de la mujer trabajadora por su liberación.

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Otra expresión de la furia y el descontento, que además apunta directamente al corazón del sistema y que ha provocado una reacción virulenta de la extrema derecha, es la irrupción de un movimiento feminista de masas clasista y anticapitalista.

Millones de mujeres que desde niñas habían sufrido el abuso, la violencia y la explotación, comenzaron a rebelarse en todo el mundo, comenzando por América Latina, con el movimiento Ni Una Menos contra los feminicidios. Un movimiento que se originó en Argentina a raíz del brutal asesinato de una adolescente y se extendió rápidamente por todo el continente.

En Estados Unidos la llegada de Donald Trump al poder provocó una respuesta masiva por parte de las mujeres, que en enero de 2017 protagonizaron la Marcha de las Mujeres, la jornada de protesta más grande en la historia de EE.UU.: 500.000 personas marcharon sobre Washington y más de 4 millones participaron en distintas manifestaciones organizadas por todo el país, no ya solo contra Trump, sino a favor de los derechos reproductivos, de la igualdad salarial, de los derechos LGTBI y de la reforma migratoria. Estas protestas sentaron también las bases de movimientos posteriores como el #MeToo.

En Europa, cientos de miles de mujeres polacas e irlandesas libraron una magnífica batalla por el derecho al aborto. Incluso en la India, donde las mujeres son consideradas “seres impuros”, 5 millones de mujeres formaron una cadena humana de 620 Km para reivindicar la igualdad y poner fin a su opresión ancestral.

En el Estado español, el movimiento feminista también dio un salto espectacular, sobre todo en 2018, a raíz de la infame sentencia de la Manada, que marcó un punto de inflexión. Basta ver los datos de participación en las manifestaciones del 8 de marzo en Madrid para hacerse una idea de la magnitud de este proceso: de 15.000 asistentes en 2016 se pasó a un millón en 2018, cifra que volvió a superarse en 2019.

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Millones de mujeres que desde niñas habían sufrido el abuso, la violencia y la explotación, comenzaron a rebelarse en todo el mundo, comenzando por América Latina, con el movimiento Ni Una Menos contra los feminicidios.

Intervenir en el movimiento de masas para impulsar las ideas de la revolución

Tal  y como explica el marxismo, el ser social determina la conciencia. Esto quiere decir que nuestra forma de pensar está determinada, en última instancia, por nuestras condiciones materiales de existencia. En aquel momento, en 2016, la opresión, la discriminación y la violencia que sufrimos las mujeres, se combinaron con las consecuencias económicas y sociales derivadas de la gran recesión de 2008 (paro masivo, recortes en sanidad, educación, vivienda, salarios… etc.), que golpearon duramente a la clase trabajadora, y en especial a las mujeres. Las ideas interclasistas que hasta entonces habían tenido un gran peso en el movimiento feminista, excluyendo conscientemente a la mujer trabajadora, fueron confrontadas por el paso a la acción de millones de oprimidas, dando a luz a este asombroso movimiento de la mujer por su liberación con un marcado carácter de clase.

Por eso, y para impulsar el carácter revolucionario y anticapitalista que latía en su seno, en 2017 tomamos la decisión de crear Libres y Combativas: no para reproducir las ideas y los tópicos del feminismo pequeñoburgués, sino como una herramienta de lucha para hacer avanzar la conciencia política y llevar las ideas del comunismo a miles de mujeres jóvenes.

Desde entonces hemos tenido muchísima actividad. Hemos organizado todo tipo de encuentros y actos públicos por los que han pasado cientos de mujeres; hemos convocado huelgas muy importantes contra el acoso en las aulas o por una asignatura de educación sexual inclusiva; también hemos participado en conflictos y luchas obreras de sectores feminizados y hemos llevado a cabo campañas muy importantes como Justicia para Paz o No esteu soles. Pero sobre todo, hemos tenido una intervención real en el movimiento de masas, dotándolo de un contenido de clase y socialista.

Este es un punto importante que nos diferencia de otras organizaciones con las que compartimos espacios, que desprecian la capacidad de la clase trabajadora y que aunque predican que el comunismo es la bandera de la liberación, se abstienen de participar en un movimiento de masas como este por considerar que es un movimiento interclasista, o que está dirigido por la pequeña burguesía. Un error que tiene como consecuencia, precisamente, dejar vía libre a los planteamientos de esos sectores que se pliegan a los argumentos que el sistema utiliza para descafeinar nuestra lucha y hacerla inofensiva para las y los capitalistas.

Y es que la conciencia socialista avanza a partir de los grandes acontecimientos que marcan la psicología de millones de personas, y en los que la intervención de las revolucionarias es fundamental para que amplios sectores de las oprimidas, empezando por su vanguardia más consciente, lleguen hasta sus últimas consecuencias, y conecten una experiencia práctica, pero parcial —como es la lucha contra la opresión patriarcal y machista—, con la necesidad de derribar el sistema capitalista y construir una organización revolucionaria.

Enlazar reivindicaciones democráticas, como la igualdad salarial o de derechos, el derecho al aborto libre y gratuito… etc., con reivindicaciones claramente socialistas, como la depuración del aparato del Estado, la abolición de la prostitución, la lucha contra el fascismo o la nacionalización de los grandes poderes económicos para realizar reformas sociales profundas en beneficio de la mujer obrera, es lo que Libres y Combativas hace, en la agitación y en la movilización de masas.

Sabemos que la liberación de la mujer es parte indisoluble de la lucha por el socialismo y mientras luchamos por ello, tenemos un programa con toda una serie de medidas muy concretas:

Para acabar con la violencia machista contra la mujer exigimos castigos ejemplares para los responsables de todas las agresiones, la expulsión de los jueces y policías que favorecen su impunidad y medios materiales y viviendas dignas para las víctimas de maltrato y sus hijos.

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Para impulsar el carácter revolucionario y anticapitalista que latía en su seno, en 2017 creamos Libres y Combativas, como una herramienta de lucha para hacer avanzar la conciencia política y llevar las ideas del comunismo a miles de mujeres jóvenes.

Aspiramos a liberarnos de las cadenas del trabajo doméstico y de los cuidados y para ello es necesario derogar la reforma laboral y todos los recortes sociales, aumentar los permisos retribuidos por maternidad y paternidad y el número de escuelas infantiles, dotarnos de servicios públicos de lavandería, comedores, limpieza del hogar… etc., así como incrementar drásticamente las ayudas públicas a la dependencia.

Por último, exigimos poder decidir libremente sobre nuestros cuerpos y esto solo será posible cuando se imparta una asignatura de educación sexual inclusiva en todos los centros de estudio, se garantice el derecho al aborto libre, gratuito y seguro y se acabe con la prostitución, la esclavitud sexual y de todo aquello que permita la mercantilización de nuestro cuerpo.

Este es a grandes rasgos el programa de Libres y Combativas, pero también es la manera de acercar a miles de mujeres al programa del socialismo porque para conquistar estas reivindicaciones hace falta una lucha de clases masiva y la unidad de los trabajadores y las trabajadoras. Nuestros compañeros de trabajo, de estudios, del barrio, del sindicato…, son nuestros aliados en esta batalla porque la lucha feminista, o es lucha de clases, o se convierte en una convención social para encumbrar a la mujer burguesa y pequeño burguesa a los círculos de poder y de dominación.

Frente a la extrema derecha: feminismo de clase y anticapitalista

La dictadura franquista ejerció una violencia salvaje sobre la mujer: la despojó de cualquier derecho y la confinó en el hogar, convertido en prisión, para atender al hombre, cuidar de la familia y, en definitiva, seguir reproduciendo la fuerza de trabajo. Si se pudo revertir esta situación, no fue por la voluntad o del deseo de ningún Gobierno de la Transición, sino gracias a la movilización de masas, al sacrificio y al compromiso de miles de luchadoras y luchadores. La ley del divorcio, la ley del aborto, la ley del Solo sí es sí… todas ellas han sido producto de la lucha. Y lo mismo se puede decir respecto a los derechos conquistados por las personas LGTBI o por nuestras hermanas y hermanos trans.

Pero bajo el capitalismo ningún derecho está garantizado. Siempre tratarán de arrebatarnos los derechos conquistados. Y ahora, en esta fase de polarización extrema que vivimos; de crisis de la dominación burguesa; de crisis de una democracia que se vuelve incompatible con las necesidades del capital, la extrema derecha trata de dar marcha atrás en la rueda de la historia y quiere aplastarnos otra vez.

En este escenario la socialdemocracia no es el dique para contener a estos reaccionarios. Al contrario: sus políticas capitalistas, sus recortes sociales, su cobardía para emprender medidas audaces en defensa de las mujeres les están tendiendo una alfombra roja.

¿Cómo se explica, si no, que más de 6,6 millones de mujeres se encuentren actualmente en riesgo de pobreza o de exclusión social? ¿O que la brecha salarial en nuestro país se sitúe en torno al 15%? ¿O que alrededor del 70% de las personas afectadas por desahucios sean mujeres?

La respuesta es sencilla: durante los últimos ocho años, el Partido Socialista no ha impulsado ninguna medida real en materia de empleo, de vivienda o de salarios para ayudar y favorecer a la mujer.

Y, por si fuera poco, nos siguen matando. Con el Gobierno “más feminista y más progresista de la historia”, la violencia contra la mujer, lejos de remitir, no deja de aumentar. Las cifras son terroríficas: en 2025, fueron asesinadas 49 mujeres por sus parejas o exparejas; en lo que va de año ya son 29. En cuanto a denuncias por violencia de género, el año pasado los juzgados recibieron 204.342 (560 al día; un 2,64% más que en 2024); solo en el primer trimestre de 2026, se han recibido más de 50.900.

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Rosa Luxemburgo escribió: “La lucha de masas a favor de los derechos políticos de la mujer es solo una expresión y una parte de la lucha del proletariado por su liberación. En esto radica su fuerza y su futuro”.

La razón es que el feminismo del Partido Socialista no cuestiona el sistema y considera que la emancipación de la mujer es posible manteniendo intactas las relaciones de producción capitalista y su orden social. Es un feminismo que deja fuera a las mujeres trabajadoras; que solo se centra en que las mujeres profesionales de clase media-alta cumplan sus expectativas. ¡No hay más que ver dónde acaban sus ministras cuando dejan el Gobierno!

Pero, además, este feminismo, pone nuestra protección y nuestra defensa en manos del Estado; un Estado controlado por una burguesía en proceso de fascistización, que lleva el machismo en su ADN.  Por eso tenemos jueces que dictan sentencias insultantes hacia las mujeres mientras dejan en libertad a los agresores; o una Policía Nacional, cuyo máximo responsable ha sido acusado recientemente por supuestos delitos de coacciones y agresión sexual.

¿En manos de quién estamos? ¿Estos son los que nos van a proteger?

Nosotras confrontamos con todas esas de feministas de salón, tránsfobas y burguesas que supuestamente defienden el abolicionismo mientras permiten que el Estado español sea el país con más consumo de prostitución y más burdeles de Europa. Y que, además, persigue y criminaliza a las mujeres prostituidas, y con sus políticas las impide huir de la esclavitud y la violencia sexual más salvaje.

Pero en esta batalla por nuestra emancipación no vamos a estar solas. Pelearemos codo con codo con los trabajadores del metal de Cádiz y de Ferrol; con los docentes de Catalunya, del País Valencià y de Madrid; con los trabajadores de la logística de Guadalajara…, con todos nuestros compañeros de clase.

Porque como explicó Rosa Luxemburgo: “La lucha de masas a favor de los derechos políticos de la mujer es solo una expresión y una parte de la lucha del proletariado por su liberación. En esto radica su fuerza y su futuro”.

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