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La revolución social y los tres años de lucha armada contra el fascismo  representan una de las páginas más memorables en la historia de la lucha de clases. Pero este desenlace no cayó de un cielo azul. Las contradicciones del capitalismo español, construido desde un acuerdo estratégico de la burguesía con los viejos poderes de la España feudal, dio lugar a un régimen monárquico autoritario sostenido por un ejército que jugó un papel de primer orden en la política nacional.

En el libro Revolución socialista y guerra civil, las raíces históricas, Juan Ignacio Ramos aborda en profundidad las bases de este capitalismo agrario, atrasado y corrupto, que a lo largo del siglo XIX y en las primeras décadas del siglo XX manifestó su oposición visceral a llevar a cabo ninguna de las tareas de la revolución democrático-burguesa.

Este desarrollo histórico, con semejanzas llamativas respecto a la Rusia del  mismo periodo, dio a luz un movimiento obrero alejado de las tesis reformistas, y que practicó desde sus inicios una acción directa revolucionaria. Desde la creación de los primeros núcleos de la Primera Internacional (AIT), el sexenio revolucionario y la proclamación de la Primera República en 1873, hasta la formación de la CNT, la huelga general de agosto de 1917 y el posterior trienio bolchevique, la historia de la lucha de clases en el Estado español está llena de acontecimientos que explican el predominio del anarquismo revolucionario en secciones claves del proletariado español.

De todo ello trata en profundidad este libro. Os dejamos con la entrevista que hemos realizado a Juan Ignacio Ramos, historiador y secretario general de Izquierda Revolucionaria.

El Militante. El periodo de la Segunda República y la Guerra Civil ha sido objeto de una infinidad de publicaciones. ¿Cuáles serían, en tu opinión, los elementos más destacados que se aportan en este libro?

Juan Ignacio Ramos. Sí es cierto, pocos acontecimientos de la historia contemporánea, con la excepción quizá de la Segunda Guerra Mundial, han producido una cantidad tal de literatura, memorias, trabajos científicos y ensayos. También hemos sufrido en los últimos años, como fruto de una estrategia cuidadosamente planificada desde la derecha, la avalancha de una masa de libros escritos por conocidos reaccionarios que han puesto su pluma al servicio de la revisión y la justificación de los crímenes del franquismo, materiales de desecho que no superan la categoría de folletines de propaganda falangista.

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En el Estado español hubo una auténtica revolución social. Millones de oprimidos tomaron en sus manos el destino de sus vidas y libraron un combate ejemplar por cambiar de raíz las estructuras sociales, económicas y políticas.

No obstante, dentro del universo de obras consagradas a la Segunda República y la Guerra Civil hay muchas que destacan por derecho propio. Son aquellas que conceden la palabra a los que combatieron en primera línea por la transformación social, a los que lucharon en las trincheras contra el fascismo o, simplemente, basándose en una investigación concienzuda y rigurosa, retratan el conflicto entre las clases con veracidad. Una parte de estas, hay muchas más indudablemente, se han utilizado como referencias obligadas para sostener el análisis que he realizado.

En Revolución Socialista y Guerra Civil (1931-1939) he intentado abordar la interpretación de aquellos años desde la perspectiva del materialismo histórico y el marxismo revolucionario, situando la lucha de clases como vértice del libro. No es un aspecto secundario. En mi opinión, la historia es en primer lugar un combate por la verdad, y la verdad es siempre concreta. Depende del punto de vista de clase que se adopte.

En el Estado español hubo una auténtica revolución social, que se prolongó al menos durante seis años y que finalmente adquirió la forma de una guerra civil. Millones de oprimidos tomaron en sus manos el destino de sus vidas y libraron un combate ejemplar por cambiar de raíz las estructuras sociales, económicas y políticas. La decisión de los trabajadores de la ciudad y del campo fue enfrentada por la burguesía, los terratenientes y la casta de oficiales con un levantamiento armado.

De hecho, en el Estado español se produjo una anomalía comparada con lo que sucedió en Europa, en concreto en Alemania e Italia. El triunfo de Mussolini en 1923 y de Hitler en 1933 tuvo unas características diferentes. En julio de 1936, después de intentos fallidos como el de agosto de 1932, el golpe militar fracasa por la tremenda respuesta obrera que se da en las principales ciudades del país, especialmente en Barcelona y Madrid. A partir de ese momento, el Estado burgués republicano se desmorona temporalmente y surge un poder obrero alternativo, en forma de comités obreros que imponen su control sobre la producción y la administración en fábricas y empresas; en las colectividades agrarias; en las patrullas de control y los tribunales populares de justicia; en las milicias obreras... este doble poder representó una amenaza mortal para el sistema capitalista en un momento en que el éxito de la revolución socialista en el Estado español podría haber cambiado la historia de Europa.

Durante décadas se ha pretendido ocultar la auténtica naturaleza de aquellos acontecimientos, camuflando una revolución que de verdad existió para darle un sentido equívoco, como si se tratara de una lucha en defensa de la democracia burguesa, cuando es obvio que no fue ese el objetivo por el que peleaban millones de trabajadores y campesinos en las trincheras.

Tanto en este primer volumen como en el que escribí posteriormente, Los años decisivos: teoría y práctica del Partido Comunista de España, he tratado de aclarar el hecho central: que los trabajadores y los campesinos protagonizaron una formidable revolución social, y que esta fue decapitada y traicionada no solo por los fascistas, sino por aquellos dirigentes de la izquierda que en lugar de ofrecer un programa, una táctica y una estrategia, en el plano político, económico y militar para coronarla con éxito, la ahogaron y asfixiaron por aplicar una política de colaboración de clases con la burguesía, política que ya había conducido al fracaso a otras crisis revolucionarias vividas anteriormente.

EM. El capítulo introductorio del libro se titula "Memoria Histórica". La lucha por la recuperación de la memoria histórica ha adquirido una expresión muy amplia en los últimos años. ¿Qué opinas de esto y qué relación guarda con el libro?

JIR. Tengo un profundo sentimiento de reconocimiento y admiración por miles de personas que, con su actuación tenaz y desinteresada, muchas veces sin apenas medios, y sometidos a muchas adversidades, están logrando que la verdad de los crímenes del franquismo se descubra y salga a la luz.

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En la introducción del libro se denuncia la política de exterminio contra la clase obrera y sus organizaciones, que esos crímenes se castiguen, que las víctimas y sus familiares sean reparadas y que se depure el aparato del Estado incrustado de franquistas.

El libro dedica la introducción a la Memoria Histórica, no solo con el fin de denunciar una represión que se convirtió en una auténtica política de exterminio contra la clase obrera y sus organizaciones, debidamente planificada y sostenida por los militares, por la jerarquía eclesiástica, por los empresarios y banqueros españoles. También insisto en la necesidad de que esos crímenes, que llevaron a los paredones de ejecución a más de 150.000 personas, no solo deben ser juzgados y castigados, que las víctimas y sus familiares deben ser reparadas moralmente y en todos los sentidos, sino que además es fundamental que se depure a fondo un aparato del Estado incrustado de franquistas, en la judicatura, en la dirección de la policía, de la Guardia Civil, en el Ejército, y que se acabe con la impunidad que la mal llamada Ley de Amnistía de 1977 ha proporcionado a estos crímenes. Una ley que en realidad es de punto y final, y que demuestra las tremendas y dramáticas concesiones que los dirigentes de la izquierda, del PCE y del PSOE, realizaron en los años de la llamada Transición.

Esta introducción es un modesto tributo a las víctimas, y una denuncia encendida de la hipocresía y la doble moral de un sistema que pone todas las trabas legales y judiciales posibles para que se juzguen los crímenes horrendos de una dictadura que duró cuarenta años, pero que ha premiado con títulos y honores, ya en los llamados años de democracia, a muchos de los responsables de esas atrocidades.

EM. El libro aborda una parte considerable de la historia contemporánea del Estado español, ¿en qué medida ha condicionado este periodo el proceso posterior, de revolución y guerra civil?

JIR. Una de las lagunas más importantes en muchos de los materiales que abordan la crisis revolucionaria de 1931-1939 es que no consideran, o lo hacen de manera muy superficial, las luchas de clases que recorren las décadas precedentes y que explican la naturaleza explosiva de los años de la Segunda República. Comprendiendo la configuración del régimen burgués español, y la alianza estratégica de la nueva clase capitalista emergente con la aristocracia terrateniente, la Corona y la Iglesia, se puede entender por qué cualquier reforma democrática, cualquier concesión a las masas, siempre chocó con una oposición visceral desde el poder económico y político. Esto es lo que explica los sucesivos abortos de la revolución burguesa en España, la persistencia del problema nacional, de la gran propiedad terrateniente, del poder omnipresente de la Iglesia, del papel de primer orden que el Ejército jugó en la vida política del país y, sobre todo, la dureza que adoptó la lucha de clases.

Desde la crisis del sexenio revolucionario (1869-1874) y la Primera República; en la Semana Trágica de Barcelona en julio de 1909; en la gran huelga revolucionaria de agosto de 1917, en el trienio bolchevique y los movimientos jornaleros y obreros de aquel periodo, se cimentaron las bases políticas y organizativas de las grandes organizaciones obreras, no solo de las socialistas, sino del gran movimiento anarcosindicalista, se establecieron sus tradiciones y sus raíces en la vanguardia campesina y proletaria, y se moldeó la conciencia del movimiento. Creo que analizando todos estos antecedentes se comprende mucho mejor el movimiento revolucionario que culminó con la proclamación de la Segunda República, el fracaso del Gobierno de conjunción republicano-socialista (1931-1933) y el posterior triunfo de la CEDA en noviembre de 1933, con lo que este primer volumen acaba, y el desarrollo de la lucha de clases entre 1936-1939 que abordé en el segundo libro mencionado.

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Hay que partir de las luchas que recorren las décadas precedentes, solo así se entiende la naturaleza explosiva de los años de la Segunda República; por ejemplo la Primera República; la huelga general revolucionaria de 1917, el trienio bolchevique, etc.

EM. Entre la gente de la izquierda, especialmente entre la juventud, hay una creciente identificación con la bandera de la república como símbolo de protesta, ¿qué conclusiones se pueden sacar de la experiencia de la Segunda República para su aplicación en la situación actual?

JIR. La identificación con la bandera tricolor es un fenómeno inevitable por varias razones. Aunque es cierto que aquellos años han sido mitificados por la historiografía progresista, presentando la Segunda República poco menos que como un paraíso para la clase obrera, cuando de hecho no fue nada semejante, lo importante es que en la conciencia colectiva la bandera republicana va aparejada a la lucha contra el fascismo y a las realizaciones revolucionarias. La conclusión de aquella experiencia es evidente.

Como señalaba Lenin, cualquier república, por muy democrática que aparente ser, si deja intacto el poder de los capitalistas, si se basa en la propiedad privada de los medios de producción, en la economía de mercado, y conserva un aparato estatal controlado por los burgueses aunque se califiquen de republicanos, no podrá satisfacer las necesidades ni las aspiraciones de los trabajadores, de la juventud, de los oprimidos. Llegados a un punto crítico, la Segunda República o, mejor dicho, los líderes republicanos y socialistas que la dirigían, para no "provocar" a los terratenientes y a los capitalistas dejaron a medias sus intentos de reformas, o directamente las abandonaron. La burguesía española saboteó la economía y se opusieron con uñas y dientes a cualquier intento de depuración del ejército, de poner fin al poder económico e ideológico de la Iglesia, de resolución del problema nacional, de reforma agraria, o de mejora en las condiciones de vida de la clase obrera, por citar lo más significativo, preparándose para el golpe definitivo.

Lo que defiendo es que todas estas dificultades se podrían haber superado enfrentado el golpe fascista en las mejores condiciones, si los trabajadores hubieran tomado el poder, como en Rusia en octubre de 1917, instaurando una república obrera. Los trabajadores dieron la pelea en este sentido, no en una sino en muchas ocasiones; pero sus dirigentes, incluidos socialistas y estalinistas, obraban en una dirección opuesta, planteando que no había que derrocar a la burguesía, que no había que instaurar una república socialista, que no había que provocar y asustar a los aliados "democráticos", a Francia y Gran Bretaña. Los resultados de esta colaboración de clases, de este frente populismo, a pesar del heroísmo de la clase obrera española, es conocido: la derrota más espantosa.

La lección por tanto es clara. La crisis del capitalismo mundial pone en el orden del día la transformación de la sociedad. Por supuesto, eso significa acabar con las formas políticas de la dominación burguesa: sí, queremos república, pero no una república capitalista, sino una república de los trabajadores, socialista e internacionalista.

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La crisis del capitalismo mundial exige la transformación de la sociedad. Eso significa acabar con las formas políticas de la dominación burguesa: queremos república, pero no capitalista, sino una república de los trabajadores, socialista e internacionalista.

 

Índice temático del libro

I. Corona, nobleza y burguesía Decadencia histórica · La unidad nacional · Guerra de la Independencia · El turno del pueblo · Juntas, Cortes y revolución burguesa · Una revolución frustrada · Alianza estratégica · Capitalismo atrasado: desarrollo desigual y combinado · Se prepara la tormenta · La revolución gloriosa. Golpe militar y poder revolucionario · La insurrección de 1869

II. El proletariado militante. Los inicios Lecciones de Europa · ‘Proletarios de todos los países, ¡uníos!’ · Marxismo y anarquismo · La Primera Internacional en la crisis revolucionaria española · Guerra y revolución. La comuna de París · Gobierno revolucionario · Derrocar el Estado · Internacionalistas bajo ataque · Mayoría anarquista en la Regional Española · La República de 1873. Una oportunidad perdida · Insurrecciones y levantamientos · Triunfo de la contrarrevolución

III. Socialistas y anarcosindicalistas La restauración borbónica · Reflujo obrero · En los orígenes del movimiento socialista · Clase contra clase · El arraigo del anarquismo · Sindicalismo socialista y sindicalismo revolucionario · La guerra de Marruecos · La Semana Trágica · Represión sangrienta · Viraje hacia la colaboración de clases: la conjunción republicano-socialista · La fundación de la CNT y el anarcosindicalismo

IV. La quiebra del régimen · El imperialismo y la lucha por la hegemonía · La Primera Guerra Mundial · Reformismo y chovinismo · Neutralidad y grandes negocios · El expolio marroquí y las juntas militares · La carestía de la vida · Agitación obrera · La crisis política se generaliza · Agosto de 1917. Huelga general revolucionaria · La quiebra del régimen

V. El trienio bolchevique La revolución rusa · La revolución permanente y las tesis de Abril · El Octubre soviético · La formación de la Internacional Comunista · Agitación campesina en Andalucía · Barcelona, capital obrera · Huelga general y revolución · El inicio de la represión · ‘Terceristas’ en el PSOE · Las Juventudes Socialistas y el bolchevismo · Hacia el Partido Comunista de España · Los anarcosindicalistas y la Tercera Internacional · Derrota obrera: la ofensiva armada del gobierno y la patronal

VI. La dictadura de Primo de Rivera y el colapso de la monarquía Revolución y contrarrevolución en Europa · El socialismo en un solo país · La amenaza fascista · La crisis española se profundiza. La derrota militar en Marruecos · El golpe de Primo de Rivera · La actitud de las organizaciones obreras · Una dictadura bonapartista · La guerra contra Abd-el Krim · Corporativismo político e intervención estatal en la economía · La colaboración socialista · La dictadura se desmorona · El fin de la monarquía

VII. El Gobierno de conjunción republicano-socialista Los republicanos · La fuerza de la izquierda en 1931 · La República y las tareas de los comunistas · La colaboración de clases · El bienio reformista ante la Iglesia y el ejército · La cuestión nacional · La reforma agraria · Tierra y libertad · La clase obrera en lucha · Indulgencia con los golpistas, brutalidad con los campesinos · Hacia los combates decisivos

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