¡Un movimiento de masas por la vivienda digna surgido de la acción directa y la autoorganización!
Como era de esperar, los diputados de Junts, del PP y Vox han tumbado los dos decretos del Gobierno en el Parlamento. Estos partidos reaccionarios que sirven descaradamente a sus amos capitalistas, a los fondos buitres y a los rentistas, que se ríen con descaro del sufrimiento de nuestra clase, nos han declarado la guerra. Recogemos el guante.

En la historia hay momentos decisivos y este es uno de ellos. Frente a un Parlamento controlado por la reacción, y a un Gobierno que ha dado sobradas muestras de cobardía renunciando a políticas de izquierdas, tenemos la fuerza y la determinación para seguir ocupando las plazas y que este fin de semana seamos millones en las calles clamando por una huelga general hasta lograr el derecho a una vivienda digna, pública y universal.
La fuerza de este movimiento de masas es tan grande que hemos cambiado el eje político de una manera brutal. Del racismo y el fascismo dominando el debate público, hemos colocado la lucha por la vivienda digna, contra los desahucios y la dictadura rentista, en el eje de todo.
Hemos provocado un terremoto de tal magnitud que hoy se han discutido nuestras reivindicaciones en el Parlamento, y todos reconocen que es el fruto de nuestra batalla, y solo de nuestra batalla.
Carlos Ochoa, portavoz del Sindicato de Estudiantes, subrayando la enorme fuerza del movimiento y denunciando a esta derecha reaccionaria. Que los sindicatos de clase convoquen huelga general ya. ¡De Sol no nos vamos, nos quedamos! https://t.co/zIM1jnLnc0
— Sindicato de Estudiantes (@SindicaEstudian) October 2, 2026
Todo esto no sale de un cielo azul. El material inflamable que se está acumulando en los cimientos de la sociedad es extraordinario, y la polarización política no deja de crecer. Toda la rabia por el avance de la extrema derecha, por la carestía de la vida, la precariedad, los salarios miserables, por la degradación insoportable de los servicios públicos, por las decenas de miles de desahucios ejecutados, y por el robo a mano armada que sufrimos de los caseros, de los fondos buitres y los bancos, ha estallado con una fuerza colosal.
El brutal desahucio a Maricarmen y la violencia policial con la que se llevó a cabo, el desprecio de Ayuso y de la extrema derecha —serviles mayordomos de la oligarquía—, la orgía de españolismo y criminalización de los migrantes en Ceuta, las palizas del ejército a los jóvenes magrebíes que malviven en las playas, y la actitud lamentable de este Gobierno, incapaz de adoptar medidas de izquierda contundentes para responder a las aspiraciones de la clase obrera y la juventud, se han convertido en su contrario, actuando de catalizador de una furia que ha dejado a todos los actores políticos con la boca abierta.
La correlación de fuerzas se ha transformado gracias a la acción directa y la autoorganización desde abajo, impulsada por decenas de miles de jóvenes y activistas que han desbordado a los aparatos burocráticos de la izquierda gubernamental, política y sindical, y que han sacado muchas conclusiones de las luchas pasadas, especialmente del gran movimiento contra el genocidio sionista, y también de la experiencia frustrante de estos “Gobiernos progresistas”.
La lucha actual, protagonizada por una nueva generación, también representa un paso de gigante respecto al 15M de 2011. Los prejuicios antipolíticos han desaparecido de plazas y manifestaciones, que se han llenado de banderas rojas y de un componente clasista nítido, con consignas anticapitalistas claras, y que ha hecho de la expropiación de los rentistas y la huelga general su programa inmediato.
Esto es verdaderamente relevante. El avance en la conciencia entre amplias secciones de la juventud, que abrazan con entusiasmo las ideas del socialismo y quieren organizarse, es extraordinario. El mantra de que solo en el Parlamento se cambian las cosas, y no en la calle, ha quedado completamente desmentido en estas jornadas.
Quién se pasee estos días por Sol y por las acampadas de otros puntos del Estado podrá comprobar las enormes críticas hacia este Gobierno, la enorme desconfianza hacia una socialdemocracia que ha consentido, y alentado, la dictadura rentista que hoy padecemos.
Una actitud que viene acompañada de otro elemento que conecta, y de qué manera, con signos que han estado muy presentes en la lucha contra el genocidio al pueblo palestino, en la rebelión docente de Catalunya y el País Valencià, o en las huelgas obreras del metal de Cádiz y de Airbus: la determinación de emprender el combate hasta el final, de confiar exclusivamente en nuestras propias fuerzas y en nuestra capacidad de organización, y de reestablecer las tradiciones de nuestra clase, democráticas y asamblearias.
En definitiva, un auténtico varapalo para esa izquierda gubernamental que traga con todos los sapos, aunque hoy nos haya regalado discursos incendiarios para conectar con el sentimiento popular. Discursos que son tomados con mucho escepticismo por un movimiento que se hace cada vez más masivo, que no se resigna, y que va a por la huelga general.
La dirección tiene que estar a la altura
La actitud arrojada y valiente del Sindicato de Inquilinas poniendo el cuerpo durante el desahucio de Maricarmen, enfrentando la brutalidad policial y llamando a la movilización del sábado 26, le ha granjeado un enorme apoyo y autoridad entre decenas de miles, lo que es un hecho absolutamente positivo.
Este cauce ha sido fundamental para que muchas contradicciones derivadas de años de bonanza económica para una minoría, y empobrecimiento de los trabajadores y la juventud, hayan subido a la superficie con esta fuerza arrolladora, y en pocos días nos encontremos ante una explosión social de este calado.
Y es que estamos ante una explosión social, ante un movimiento de masas colosal, que se va a extender propulsado por el rechazo a los dos decretos.
Por eso mismo, cuando hablamos de un movimiento de masas de esta envergadura, y no de una manifestación de miles o decenas de miles, el papel de la dirección no es secundario. Es crucial. De su actitud depende, en un grado decisivo, llevarlo a la victoria o generar una enorme frustración.
Desde Izquierda Revolucionaria y el Sindicato de Estudiantes hemos participado activamente y en primera línea de esta lucha y de la acampada en Sol, planteando nuestras posiciones programáticas y ofreciendo también propuestas tácticas de gran importancia. En la manifestación de más de 300.000 personas el sábado 26 intervenimos con grandes cortejos y con pancartas gigantes con tres consignas centrales: ¡Expropiación de los rentistas!, ¡Por la vivienda digna pública y universal para la clase trabajadora!, ¡Huelga general para lograrlo!
El recibimiento a estas ideas que plasmamos en miles de hojas que distribuimos, fue de entusiasmo. Un entusiasmo desbordante.
¿Qué quiere decir esto? Que cientos de cientos de miles de personas, especialmente los jóvenes que son el motor de esta batalla tienen claro que hay que tomar medidas drásticas y emplear métodos de lucha que involucren activamente a la clase obrera. Que hay que paralizar el país, la producción, los transportes, los sectores públicos… para que podamos golpear donde más le duele a la burguesía y donde más fuerte somos, porque sin nuestro permiso no se mueve un tornillo.
La idea de la huelga general ha cautivado la conciencia de cientos de miles de trabajadores, en primer lugar, porque les implica directamente: son sus hijos e hijas los que están privados de vivienda, a los que se les ha arrebatado la posibilidad de independencia familiar, a las que se roba impunemente su salario por parte de los rentistas, y muchos de ellos saben, y recuerdan muy bien, como se consiguieron los derechos que hoy nos están arrebatando.
¡Que el próximo desahucio sea en el Palacio! Ahora ante el parlamento. Ni un paso atrás. No nos vamos de Sol. A la huelga general ya. https://t.co/vw2UQw27yF
— Sindicato de Estudiantes (@SindicaEstudian) October 2, 2026
Si este es el ambiente, una dirección a la altura de las circunstancias tiene no solo que escuchar al movimiento, tiene que proporcionar una hoja de ruta que sea capaz de ampliar sus fuerzas y lograr una presión excepcional para que las burocracias sindicales se vean obligadas a romper con su estrategia de paz social y den el paso de convocar efectivamente esta huelga.
El punto de partida es excepcional, porque hay miles de sindicalistas que lo ven claro, de trabajadores y trabajadoras que apoyan la idea con las dos manos, y porque las organizaciones de la izquierda combativa, de los movimientos sociales y de los sindicatos de inquilinas, de los que ha partido muchas de las iniciativas que hoy se están poniendo en práctica, están a favor de la huelga general.
Por estas razones es muy importante no plantear tácticas que dispersan nuestras fuerzas, que las empequeñecen, que las dividen, justamente en un momento tan decisivo, donde la voluntad de lucha ha quedado probada más que de sobra.
No tiene ningún sentido plantear levantar la acampada de Sol, ni en ningún otro sitio, y mucho menos defender que se debe levantar para “ir a los barrios a realizar trabajo de base” y no “romantizar las tiendas de campaña”. Contraponer el “trabajo de base” a la fuerza real que proporciona al movimiento tener más de 1.350 tiendas de campaña en el centro neurálgico de Madrid, al que todos los días acuden decenas de miles de jóvenes y trabajadores, carece completamente de sentido.
En el fondo, la esencia de estas posiciones que hemos escuchado defender estos días en Sol y en otras acampadas, es un profundo recelo hacia el movimiento de masas. Esto no es una asamblea, no es una pequeña movilización. Hay que ampliar la rebelión basándonos en todo su potencial, no constreñirlo.

Enfocar una movilización de esta envergadura como un grifo, hoy lo abro, mañana lo cierro un poco, luego lo vuelvo a abrir para cerrarlo después, y limitarlo con cálculos y estrategias políticas preestablecidas antes de esta explosión, muestra una ausencia importante de perspectiva y coloca intereses muy particulares por encima de los objetivos que persigue realmente esta lucha. Es una política ajena al marxismo revolucionario.
Es necesario adoptar una aproximación creativa a esta explosión de la lucha de clases, y entender que el cambio en la correlación de fuerzas se construye durante el propio desarrollo de la acción, dando confianza al movimiento en su propio potencial, planteando las medidas más contundentes y audaces para involucrar a cientos de miles por objetivos concretos que eleven y extiendan la lucha, con ideas y consignas que ganen la conciencia de millones.
Por eso mismo la agitación en torno a la huelga general y a la expropiación de los caseros rentistas, se tiene que poner en primer plano utilizando a fondo los focos de poder que ya hemos construido en las plazas, especialmente en Sol, y que son una referencia excepcional.
No tiene sentido abandonar las posiciones que hemos conquistado, teniendo en cuenta que las manifestaciones de este fin de semana serán multitudinarias en todo el Estado, y que las acampadas se están multiplicando en todos los territorios. La idea de dispersarnos, de disolver estos centros de poder, justo cuando el movimiento se extiende, se amplia y fortalece, es conceder una tregua a nuestros adversarios y darles un balón de oxígeno.
Si queremos también sortear correctamente los acontecimientos a los que nos vamos a enfrentar en las próximas jornadas, como la previsible convocatoria de elecciones anticipadas por parte de Pedro Sánchez, y no ceder el espacio público, es más importante aún permanecer unidos y unidas en todas las plazas, aumentar el nivel de ocupación extendiendo las acampadas a barrios y universidades, confluyendo con todas las luchas como la huelga general educativa que empieza en Madrid el próximo 14 de octubre, y dejando claro que exigimos a los sindicatos de clase, a todos, no solo a los que están involucrados en esta batalla, sino a las cúpulas de CCOO y UGT, que convoquen la huelga general no para el 2027 o el 2028, ahora, en octubre o a más tardar en el mes de noviembre, una huelga general contundente para golpear con toda la fuerza posible a la oligarquía rentista y a sus políticos a sueldo.




















